Una relación especial en una encrucijada
«Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso; ser su amigo es letal» (Henry Kissinger).
A menudo se dice en geopolítica que el dinamismo es la clave de las relaciones internacionales, donde, a cada minuto, cambian las perspectivas y se crean y rompen alianzas. Incluso los aliados de décadas pueden encontrarse en una encrucijada ante circunstancias difíciles. Y, para ser honestos, Estados Unidos e Israel han entrado ahora en esta fase, en la que el vínculo cercano entre ambos se está desvaneciendo (Céspedes, 2026). Su relación ya no está definida por una alineación estratégica incuestionable. Más bien, ha comenzado un escenario de toma y daca, particularmente bajo la administración Trump 2.0, que es mucho más transaccional que su predecesora.
De la asociación estratégica a la fricción estratégica
Toda asociación o alianza en el ámbito internacional atraviesa altibajos, pero eso no significa que la relación haya dejado de servir a los intereses de las partes. La asociación entre Estados Unidos e Israel podría ser su mejor manifestación. Desde la Guerra Fría, Israel ha sido el principal rostro de la proyección de poder de Estados Unidos en Medio Oriente. Cada intervención de Estados Unidos en la región tuvo, de una manera u otra, el propósito de servir a los intereses de Israel. Ha habido momentos de desacuerdo en los que surgieron diferencias menores entre ambos.
Un ejemplo de ello fue la crisis del Canal de Suez en 1956, cuando Israel, junto con Gran Bretaña y Francia, ideó un plan para atacar Egipto tras la decisión del presidente egipcio de tomar el control del Canal de Suez. El presidente estadounidense Eisenhower se opuso firmemente a la invasión. Incluso amenazó con imponer sanciones económicas a Israel y obligó a Gran Bretaña, Francia e Israel a retirarse (Broadwater & College, 2018). A pesar de todo esto, Israel se mantuvo como el principal importador de armas estadounidenses a lo largo de la historia.
Pero, más recientemente, desde el inicio de la administración Trump 2.0 en enero de 2025, Estados Unidos e Israel vuelven a estar siguiendo políticas divergentes. Parece que las prioridades regionales y globales de Estados Unidos se están alejando de las de Israel, lo que ha generado fisuras entre ambos socios. Los dos países ya no están siguiendo el mismo guion estratégico. La alianza sigue siendo sólida, pero la convergencia estratégica ya no puede darse por sentada.
La guerra de Gaza y los límites del apoyo estadounidense
Desde que comenzó la guerra tras los ataques del 7 de octubre de 2023, Estados Unidos proporcionó armas a Israel, pero no sin tensiones. Por ello, la administración del presidente Biden detuvo en 2024 un envío de bombas de 2,000 libras debido al elevado número de muertes de civiles y retrasó la entrega de excavadoras utilizadas para demoler viviendas en Gaza, aunque las ventas de armas no se bloquearon (Lukiv et al., 2024).
Sin embargo, cuando el presidente Trump asumió el cargo en 2025, modificó estos límites. Amplió la pausa en los envíos de bombas y finalizó una norma que exige a Israel comprometerse a no atacar a civiles con armas estadounidenses. Además, la administración de Trump aprobó decenas de miles de millones de dólares en nuevas ventas, incluido un paquete de helicópteros y vehículos por 6,000 millones de dólares en septiembre de 2025 y un acuerdo de misiles por 6,400 millones de dólares (Stone & Pamuk, 2025).
Por lo tanto, en la práctica, la asistencia militar estadounidense a Israel no se ha detenido, sino que ha cambiado por primera vez en décadas, y el Congreso está debatiendo si debe reducirla. En julio de 2026, la Cámara de Representantes votó una propuesta para poner fin a los 3,300 millones de dólares de ayuda militar anual, pero esta fracasó debido al resultado de la propia votación (Zengerle & Cowan, 2026). Grupos como J Street exigen que existan leyes que permitan a Israel facilitar el ingreso de ayuda humanitaria a Gaza. Esto no fue implementado adecuadamente ni por Biden ni por Trump.
La guerra con Irán y los cálculos estratégicos divergentes
Uno de los factores más determinantes detrás del descontento persistente entre Estados Unidos e Israel es Irán. Desde el 28 de febrero de 2026, Irán ha sido atacado repetidamente por Estados Unidos. Inicialmente, el presidente Trump estableció diversos objetivos para la guerra, entre ellos limitar el programa nuclear de Irán, su capacidad balística, la armada iraní y sus aliados regionales. Sin embargo, ninguno de estos objetivos se ha cumplido hasta ahora. En cambio, Estados Unidos e Irán firmaron el Memorando de Entendimiento de Islamabad (IMoU) bajo la mediación de Pakistán y Catar (Agency, 2026). A pesar de que Israel es la principal parte beligerante contra Irán, Estados Unidos nunca lo incorporó a las negociaciones para la firma de un acuerdo de alto al fuego.
Además, el memorando incluía el cese de la agresión israelí en Líbano, una condición que la administración de Trump aceptó. Sin embargo, Israel la negó categóricamente y se negó a cumplirla. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, responsabilizó al presidente Trump por impedir que el Estado judío eliminara por completo a Hezbolá en Líbano. Afirmó: «Tener una alianza con Estados Unidos implica ciertas limitaciones» (Doornbos, 2026).
De manera similar, después de firmar un acuerdo de alto al fuego con Irán, el presidente Trump se apartó de sus objetivos bélicos iniciales y declaró explícitamente que, si otros países pueden tener misiles balísticos en la región, entonces ¿por qué no Irán? Sin embargo, Israel mantiene sus objetivos, en contradicción con los de Estados Unidos.
El lobby israelí y el descontento estadounidense
Las organizaciones del lobby proisraelí, como AIPAC (‘American Israel Public Affairs Committee’), son consideradas entre las más influyentes del país. Durante el ciclo electoral de 2025-2026, AIPAC, junto con sus aliados, destinó alrededor de 28 millones de dólares a campañas políticas; este fue el gasto más alto entre todas las organizaciones registradas por la Comisión Federal Electoral (Lacy, 2024).
Sin embargo, este gasto ha comenzado a generar consecuecnias. En febrero de 2026, AIPAC gastó más de 2 millones de dólares en contra de un candidato demócrata en Nueva Jersey y sufrió una derrota contundente, lo que generó acusaciones de que exige una lealtad total a la política hacia Israel (Strauss, 2026). Un número cada vez mayor de legisladores, incluido el demócrata centrista Seth Moulton, ha declarado públicamente que ya no aceptará dinero de AIPAC. Nuevos grupos de vigilancia, como Track AIPAC, y nuevos super PAC rivales, como American Priorities, fueron creados específicamente para contrarrestar la influencia del lobby.
Aunque Israel y Estados Unidos son socios estratégicos, según una encuesta de Gallup, antes de octubre de 2023, el 54% de los estadounidenses simpatizaba más con Israel y el 31% con los palestinos (Vigers, 2026). Esta situación fue reemplazada por un 41% de estadounidenses que expresaban mayor simpatía hacia los palestinos y un 36% que se inclinaba a favor de los israelíes. Las opiniones favorables hacia Israel disminuyeron del 67% al 52%, según reveló Pew Research (Alper & Silver, 2026).
El apoyo republicano a Israel también ha disminuido, aunque sigue siendo mucho mayor, y los republicanos continúan simpatizando más con Israel, a pesar de que este es el nivel más bajo de apoyo republicano desde 2004 (Staff, 2026). Esto también se debe a la división generacional dentro del Partido Republicano. Los más jóvenes apoyan las políticas de «Estados Unidos primero» y son escépticos ante la continuidad de la ofensiva militar en Gaza. Por otro lado, los cristianos evangélicos de mayor edad apoyan a Israel.
Políticas exteriores divergentes
Tanto Estados Unidos como Israel están adoptando ahora, por primera vez en la historia, enfoques contradictorios en materia de política exterior. Esto ocurre gracias al surgimiento del momento multipolar, en el que las percepciones tradicionales sobre las amenazas han cambiado y han aparecido múltiples centros de poder. Para Estados Unidos, la prioridad ahora es contener a China en el Indo-Pacífico. La Federación Rusa ya no representa para Estados Unidos la misma amenaza que en el pasado. En la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (2025), China ha sido denominada «competidor de igual nivel» (House, 2025).
Además, Estados Unidos está aplicando ahora una política de internacionalismo conservador, en la que ya no se favorecen las intervenciones extranjeras prolongadas (Nau, 2008). En cambio, se llevan a cabo ataques tácticos y posteriormente se reanudan las negociaciones. Israel, sin embargo, continúa aplicando sus políticas tradicionales, de carácter realista y desproporcionado. Para Israel, ni China ni Rusia son relevantes; lo que más importa es la hegemonía regional. Cualquier potencia regional, ya sea Irán o Turquía, que desafíe la superioridad israelí será duramente atacada por Israel.
Del mismo modo, debido al creciente descontento entre los aliados del Golfo, el presidente Trump ha firmado recientemente un acuerdo nuclear con Arabia Saudita, que, según muchos analistas, parece representar el establecimiento por parte de Estados Unidos de una nueva potencia nuclear frente a Irán, en caso de que no logre eliminar la amenaza nuclear iraní en la región (Gordon & Kalin, 2026). Una vez más, Israel se opone a Estados Unidos. En la misma línea, el presidente Trump ha dado luz verde a Turquía para la exportación de F-35, que había sido suspendida durante la administración de Biden debido al creciente acercamiento de Turquía a Moscú. Como afirmó explícitamente el exprimer ministro israelí Naftali Bennett: «Turquía es el nuevo Irán» (Colodro, 2026). Israel se ha opuesto a la decisión de Trump de flexibilizar las sanciones contra Turquía.
Además, el creciente acercamiento de Washington a Pakistán, en particular con el jefe de las Fuerzas de Defensa pakistaní Asim Munir, también es motivo de preocupación para Israel. El primer ministro israelí Netanyahu ha declarado abiertamente que Pakistán está intentando socavar la relación entre Estados Unidos e Israel (Tiwari, 2026). Como resultado, aunque ambos Estados todavía mantienen estrechas relaciones estratégicas, existe una divergencia cada vez mayor respecto de la estrategia que debería emplearse para hacer frente a las distintas amenazas. Al observar la misma tormenta desde ventanas diferentes, están siguiendo caminos distintos hacia un mismo objetivo.
¿Realmente está llegando a su fin la relación especial?
Según el informe de enero de 2026 del Australian Institute, esto no es un declive de corto plazo limitado a la Guerra de Gaza, sino un cambio que tendrá una duración más prolongada (Denniss et al., 2026). Esta relación es especial porque los partidos políticos coinciden en mantener este apoyo hacia Israel, a pesar de que el país está dividido. Incluso antiguos defensores de Israel, como Rahm Emanuel, exjefe de gabinete de Obama, han advertido públicamente que la relación se encuentra en una «encrucijada» y que las propias políticas de Israel en Gaza y Cisjordania están debilitando su posición en Estados Unidos (Sloan & Peoples, 2026).
Una superpotencia puede estar bajo la influencia de diversos grupos de presión, pero nunca compromete su integridad. Este principio es clave para responder a la pregunta de si la relación especial entre Estados Unidos e Israel está llegando a su fin o no. Recientemente, en junio de 2026, en respuesta a funcionarios israelíes, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, declaró: «No deberían atacar al único aliado poderoso que les queda en todo el mundo» (Goodwin, 2026).
Esto demuestra que el propio Estados Unidos considera que el mundo ha aislado a Israel. Décadas de fuerte influencia israelí dentro de la política estadounidense, una opinión pública estadounidense en constante cambio que en su mayoría se está inclinando en contra de Israel, el creciente descontento entre funcionarios israelíes y estadounidenses y la divergencia de prioridades regionales y globales apuntan hacia una sola conclusión: si la relación no está llegando a su fin, ya no disfruta de un apoyo y una asociación incondicionales.
Conclusión
«Adaptarse o perecer, ahora como siempre, es el imperativo inexorable de la naturaleza». (H. G. Wells)
Esta relación estratégica entre ambos no es nueva; existe desde el nacimiento de Israel. Estados Unidos e Israel compartían objetivos y rivales comunes, y por eso esta cooperación militar no constituye una fusión, sino una integración de varias décadas en materia de defensa, ayuda financiera, tecnología y políticas operativas. A medida que Estados Unidos reevalúa sus prioridades globales y cambia el escenario político interno, la alianza se analiza cada vez más desde la perspectiva de los intereses y no de los supuestos. En los asuntos internacionales, incluso las alianzas más estrechas deben cambiar su manera de actuar o corren el riesgo de convertirse en rehenes de un entorno en constante evolución.
