Panoramic aerial view of Singapore in a summer day. Source: Shutterstock

El futuro del sistema internacional – Parte 3

Resumen

Este artículo (el tercero de esta miniserie) explora la evolución del sistema internacional configurado tanto por actores estatales como no estatales, enfatizando el papel transformador de la inteligencia artificial (IA). Describe la fragmentación del poder global en seis grandes dominios geopolíticos y destaca la creciente influencia de actores no estatales, incluyendo corporaciones multinacionales (CMN), ONGs y actores violentos no estatales, desafiando las visiones tradicionales centradas en el Estado.

Las CMN ejercen una influencia significativa en los ámbitos económico, político y de seguridad, moldeando la gobernanza global y las dinámicas de conflicto. Además, la IA se presenta como un multiplicador disruptivo del poder que amplifica capacidades en los ámbitos militar, económico e informacional, al tiempo que democratiza el poder entre actores no estatales e introduce nuevos riesgos de seguridad. Este artículo sostiene que la IA puede llegar a emerger como un actor geopolítico, reconfigurando la infraestructura del poder global mediante su integración en redes.

Finalmente, se introduce el concepto de un orden mundial “multiplex”, caracterizado por la descentralización, la diversidad cultural, el regionalismo y una interacción compleja de conflicto y cooperación entre actores diversos.

Palabras clave: Actores no estatales, corporaciones multinacionales (CMN), inteligencia artificial (IA), sistema internacional, orden mundial multiplex.

Introducción

La segunda parte de esta miniserie sobre el futuro del sistema internacional (disponible aquí) examina la fragmentación emergente del sistema internacional en seis grandes dominios geopolíticos: Estados Unidos, Europa liderada por Alemania, Rusia, China, India e Irán. Cada dominio aprovecha sus ventajas derivadas de su geografía, combinadas con herramientas estratégicas como el poder militar, la diplomacia económica y el poder blando para ejercer influencia regional y competir a nivel global.

La tercera y última parte de esta miniserie explorará el papel de los actores no estatales (empresas transnacionales) en la configuración del sistema internacional en evolución, con especial énfasis en la influencia de la inteligencia artificial. El artículo concluirá invocando la hipótesis del “multiplex”.

Actores no estatales

El sistema internacional contemporáneo se caracteriza por una pluralidad de actores más allá de los Estados soberanos. La globalización ha fortalecido a los actores no estatales en relación con los actores estatales, aumentando su capacidad de difundir influencia y moldear preferencias a través de las fronteras.[1]

Aunque los Estados siguen siendo los principales creadores del derecho internacional, el auge de los actores no estatales refleja un mundo más complejo y multicéntrico, en el que las relaciones internacionales responden cada vez más a estructuras de poder plurales. Comprender los tipos y roles de estos actores es esencial para entender el sistema internacional emergente.

Los actores no estatales abarcan un amplio espectro de entidades que operan en los ámbitos político, económico y de seguridad. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) representan organizaciones privadas, sin fines de lucro y orientadas a temas específicos, que han experimentado un crecimiento fenomenal y se han convertido en una fuerza importante en la política internacional.[2] Ejemplos destacados incluyen Amnistía Internacional, Greenpeace Internacional y Transparency International, que operan en áreas como los derechos humanos, la protección ambiental y la gobernanza.[3]

Las corporaciones multinacionales (CMN) y las corporaciones transnacionales (CTN) constituyen otra categoría crítica, ejerciendo una influencia económica significativa al moldear mercados y políticas más allá de las fronteras nacionales.[4] Estos actores corporativos controlan una parte sustancial del comercio mundial e influyen en el desarrollo económico global.

Las organizaciones intergubernamentales (OIG), aunque creadas por los Estados, desarrollan agencias independientes a través de sus secretarías y desempeñan funciones en materia de seguridad, comercio y negociaciones de paz.[5]

El espectro más oscuro incluye a los actores violentos no estatales (AVNE), como organizaciones terroristas, grupos insurgentes, señores de la guerra y organizaciones criminales transnacionales. Estos actores desafían la autoridad estatal, controlan territorios y representan amenazas significativas para la paz y la seguridad global.[6]

Las redes transnacionales abarcan comunidades epistémicas, grupos religiosos, movimientos sociales y organizaciones de activismo digital que operan a través de las fronteras.[7]

Los actores no estatales desempeñan funciones diversas que moldean fundamentalmente las relaciones internacionales. Sus roles de establecimiento de agenda y defensa de causas son particularmente prominentes, ya que influyen en las negociaciones internacionales, definen objetivos de política exterior y movilizan la opinión pública.[8] Las ONG y las redes de activismo destacan en la difusión de normas, promoviendo estándares de derechos humanos, protección ambiental y reformas de gobernanza.

En términos de provisión de servicios, los actores no estatales llenan vacíos de gobernanza al distribuir ayuda, brindar asistencia a refugiados, ofrecer ayuda en desastres e implementar acuerdos internacionales.[9] También actúan como vigilantes del cumplimiento, supervisando el comportamiento de los Estados y evaluando el cumplimiento de los estándares internacionales.[10] La influencia económica representa otro rol crucial, con las CMN y CTN ejerciendo presión sobre los Estados a través de la generación de ingresos, el empleo y el control de las cadenas de suministro globales.[11]

Por el contrario, los actores violentos no estatales representan amenazas a la seguridad al utilizar tácticas violentas y no violentas para debilitar a los Estados, ganar apoyo de sus bases y desafiar la legitimidad estatal. Los grupos terroristas y las organizaciones criminales explotan la globalización con fines hostiles, creando redes geopolíticas que perturban la seguridad internacional.[12]

En resumen, los actores no estatales se han convertido en participantes indispensables en las relaciones internacionales, operando en múltiples ámbitos y desempeñando funciones que van desde contribuciones constructivas a la gobernanza hasta amenazas desestabilizadoras a la seguridad. Su influencia en la definición de agendas, la formulación de políticas, el desarrollo de normas, la provisión de servicios y las dinámicas económicas demuestra que el sistema internacional ya no puede entenderse desde una perspectiva puramente estatocéntrica.

Corporaciones multinacionales (CMN)

Las corporaciones multinacionales (CMN) se encuentran entre los actores no estatales más influyentes en el sistema internacional contemporáneo. Al operar a través de fronteras con ingresos que a menudo superan el PIB de muchos Estados-nación, las CMN trascienden funciones puramente económicas para ejercer influencia política, militar y de seguridad. Si bien su dominio económico impulsa la globalización, su actividad de lobby político y su implicación en dinámicas de seguridad reconfiguran la gobernanza global, la política exterior y los cálculos de conflicto.

– Rol económico

Las CMN actúan como motores principales de la integración económica global. Representan aproximadamente la mitad de las exportaciones mundiales, una cuarta parte del empleo global y una parte significativa de la inversión extranjera directa (IED) y de la transferencia de tecnología.[13] A través de complejas cadenas de valor globales, empresas como Apple, Toyota y ExxonMobil coordinan la producción, el suministro y la distribución a través de los continentes, fomentando ganancias de eficiencia y la difusión de la innovación. Su escala les permite influir en las estructuras de mercado, establecer estándares de facto en industrias que van desde la electrónica hasta la energía, y dirigir flujos de capital que pueden estabilizar o desestabilizar economías nacionales.

Sin embargo, este poder económico tiene implicaciones estructurales para el sistema internacional. Las CMN a menudo priorizan la maximización de beneficios sobre los intereses nacionales, lo que conduce a la deslocalización, la optimización fiscal y una ventaja de negociación asimétrica frente a los gobiernos anfitriones. Como se señala en análisis más amplios de las redes de producción global, sus actividades han contribuido a la “globalización de la producción”, dispersando la manufactura y los servicios de manera que conectan las economías, pero también crean dependencias.[14] Algunas perspectivas de centros de análisis (‘think tanks’), incluidos los de Brookings, destacan cómo la huella económica de las CMN — que contribuyen con más del 20% del valor agregado del sector privado en Estados Unidos y dominan el comercio — amplifica su peso sistémico más allá del mero comercio.

– Rol político

Las CMN moldean activamente los paisajes políticos y las normas internacionales. Lejos de ser entidades económicas pasivas, participan en actividades de cabildeo, establecimiento de agendas y emprendimiento normativo que influyen en la política exterior y la gobernanza global. Un análisis seminal del Brookings Institution realizado por Kim y Milner (2019) demuestra esto empíricamente: utilizando un nuevo conjunto de datos sobre el cabildeo de empresas públicas de EE. UU. entre 1999 y 2019, los autores encuentran que las empresas que se convierten en CMN aumentan sus gastos de cabildeo en aproximadamente un 50% en dos años y ejercen presión sobre una gama más amplia de temas de política exterior, incluidos comercio, defensa, energía y asignaciones presupuestarias. Las operaciones transnacionales de las CMN reducen el costo relativo del compromiso político al tiempo que aumentan los beneficios marginales de influir en políticas sobre aranceles, protección de inversiones y armonización regulatoria.

La literatura clásica refuerza esta visión. Nye (1974) describió tres canales de influencia de las CMN en los asuntos exteriores: coerción o incentivos económicos directos, efectos indirectos a través de dependencias en los países anfitriones y roles no intencionados en inteligencia o alineamiento de políticas.[15] Más recientemente, Babic et al. (2017) replantearon las relaciones Estado-empresa como dinámicas de poder en red, donde las CMN desafían las teorías de las relaciones internacionales centradas en el Estado al operar como actores cuasi autónomos en espacios transnacionales.[16] Estas corporaciones co-determinan reglas en áreas como los acuerdos comerciales (por ejemplo, mediante aportes a la OMC o acuerdos bilaterales) y los estándares ambientales, en ocasiones eludiendo o presionando a los gobiernos.

Centros de pensamiento como el Council on Foreign Relations han expresado preocupaciones sobre el papel de las CMN en operaciones de influencia exterior, señalando cómo los incentivos económicos pueden llevar a la autocensura o a la defensa de políticas favorables a los intereses corporativos. Esta agencia política plantea preocupaciones de soberanía: las CMN pueden obtener concesiones de Estados en desarrollo o alinearse con agendas de grandes potencias, difuminando las líneas entre el lucro privado y la diplomacia pública.

– Ámbito militar y de seguridad

La participación de las CMN se extiende profundamente a los ámbitos militar y de seguridad, alterando los incentivos de conflicto y las capacidades de los Estados. Stephen G. Brooks sostiene que la dispersión geográfica de la producción de las CMN — distinta del simple comercio — modifica fundamentalmente el entorno de seguridad. Al integrar cadenas de suministro a través de posibles adversarios, la globalización incrementa los costos de la guerra entre grandes potencias, actuando como una fuerza de paz; sin embargo, puede exacerbar tensiones en regiones en desarrollo debido a la competencia por recursos o a ganancias desiguales. El análisis de Brooks, basado en datos extensos sobre redes de producción, muestra cómo las estrategias de las CMN han hecho que los conflictos interestatales sean más disruptivos para las empresas interdependientes, lo que contribuye a disuadir la agresión.[17]

En zonas de conflicto violento, las CMN desempeñan roles operativos directos. Un estudio de la RAND Corporation sobre contrainsurgencia (Rosenau et al., 2009) examina casos en Liberia, Papúa Nueva Guinea y el delta del Níger en Nigeria, donde las CMN extractivas protegen activos, interactúan con actores locales y moldean inadvertidamente las dinámicas de seguridad — en ocasiones estabilizando entornos mediante inversión en infraestructura o, por el contrario, exacerbando agravios. El informe advierte contra la dependencia excesiva de actores corporativos debido a vacíos de rendición de cuentas, aunque reconoce su influencia de facto junto con las empresas militares y de seguridad privadas (EMSP). Las CMN del sector de defensa, como Lockheed Martin y Boeing, difuminan aún más las fronteras al suministrar tecnologías e influir en políticas de adquisición que definen alianzas militares.

En ciberseguridad y dominios emergentes, las CMN tecnológicas (por ejemplo, Microsoft, Huawei) controlan infraestructuras críticas, flujos de datos y estándares, intersecando con la inteligencia estatal y el espionaje. Sus innovaciones de doble uso pueden fortalecer o debilitar la seguridad nacional, como se observa en vulnerabilidades de cadenas de suministro o debates sobre gobernanza de plataformas. En conjunto, las CMN contribuyen a un panorama de seguridad híbrido en el que las capacidades privadas complementan — o complican — el poder estatal.

En resumen, las CMN moldean profundamente el sistema internacional al entrelazar la interdependencia económica con el poder político y la reconfiguración de la seguridad. Aunque fomentan el crecimiento y, en algunos casos, la estabilidad, su influencia desafía la soberanía estatal tradicional y plantea cuestiones normativas sobre la rendición de cuentas en la gobernanza global.[18]

La IA — la gran disrupción

La inteligencia artificial (IA) se entiende en términos generales como la capacidad de una computadora digital o un robot para realizar tareas comúnmente asociadas con procesos intelectuales humanos, como el razonamiento y la interpretación de información.[19] Esta sección examina el poder transformador de la IA en tres áreas distintas que probablemente darán forma al sistema internacional emergente.

– La IA como multiplicador de poder

La IA funciona como un multiplicador de poder transformador en las relaciones internacionales, amplificando las capacidades tanto de los Estados como de los actores no estatales, al tiempo que reconfigura el equilibrio global de poder. A diferencia de las tecnologías militares tradicionales, la IA actúa como una tecnología habilitadora — comparable al motor de combustión interna o la electricidad — que mejora el procesamiento de datos, la velocidad de toma de decisiones y la coordinación operativa en los ámbitos militar, económico e informacional.[20]

Para los Estados, la IA intensifica la competencia entre grandes potencias, particularmente entre Estados Unidos y China, al permitir ventajas asimétricas en vigilancia, sistemas autónomos y análisis predictivo. Los Estados líderes invierten fuertemente en IA para reforzar la eficacia militar, por ejemplo, mediante drones en enjambre o algoritmos de gestión de combate que favorecen la cantidad y la velocidad sobre plataformas costosas. Sin embargo, el éxito depende en gran medida de la adaptación organizacional; la inercia burocrática en los ejércitos establecidos corre el riesgo de provocar un declive relativo si la adopción se retrasa.

Las dinámicas de difusión complican aún más el panorama: la IA comercial y de doble uso se propaga rápidamente mediante herramientas de código abierto y empresas globales, lo que puede igualar capacidades entre Estados, pero al mismo tiempo intensificar los dilemas de seguridad y las presiones de carrera armamentista. Los análisis de centros de pensamiento señalan que las naciones que aprovechen eficazmente la IA pueden experimentar un aumento de poder relativo, mientras que las rezagadas enfrentan erosión económica y estratégica, con la propia IA emergiendo como un actor geopolítico capaz de influencia independiente.[21]

Los actores no estatales también se benefician del efecto multiplicador de la IA, democratizando capacidades que antes estaban reservadas a los Estados. Los modelos avanzados reducen las barreras para la capacidad maliciosa, empoderando a terroristas, redes criminales e individuos para llevar a cabo ciberataques sofisticados, campañas de desinformación, diseño de armas biológicas y operaciones autónomas a una escala y velocidad sin precedentes.[22]

Por ejemplo, la IA facilita la explotación rápida de vulnerabilidades, el phishing personalizado o la ingeniería de patógenos, permitiendo que no expertos inflijan daños a nivel estatal. Las grandes empresas tecnológicas y otras entidades privadas también ganan influencia cuasi estatal al controlar datos y dominar la innovación, desafiando la soberanía tradicional y contribuyendo a la polarización o la inestabilidad de los regímenes.[23] Esta proliferación fragmenta la autoridad, ya que los actores no estatales aprovechan la naturaleza transfronteriza y de bajo costo de la IA para evadir la atribución y la regulación.

En resumen, la IA redefine el poder en las relaciones internacionales al acelerar la difusión de capacidades mientras concentra ventajas estratégicas en los primeros adoptantes. Los Estados deben navegar en la adaptación y las alianzas para mantener la dominación; sin embargo, el empoderamiento de actores no estatales introduce nuevas vulnerabilidades y amenazas híbridas. Una gobernanza efectiva, incluida la coordinación bilateral entre Estados Unidos y China sobre protocolos de seguridad y la construcción de resiliencia multilateral, determinará si la IA estabiliza o desestabiliza el sistema internacional. Sin medidas proactivas, la IA corre el riesgo de exacerbar la anarquía en lugar de mitigarla.

– La IA como transformadora del sistema internacional

Como observa acertadamente Silverio Allocca, la IA tiene el potencial de convertirse en una parte fundamental de una nueva infraestructura geopolítica, una infraestructura cognitiva del poder contemporáneo.[24] A partir de la teoría de redes, Allocca sostiene que en sistemas complejos (y el sistema internacional ciertamente lo es), lo que determina la influencia y el poder no es solo la fuerza (una fuente tangible del poder estatal), sino también la posición de los actores dentro de la red y su capacidad para controlarla.

En consecuencia, la geopolítica contemporánea ya no debe entenderse como una competencia directa entre Estados. Más bien, debe entenderse como la capacidad de controlar infraestructuras globales. (Esto explica por qué escribí en la segunda parte de esta miniserie sobre Irán como un dominio geopolítico). Por lo tanto, el control de un puerto, una infraestructura energética, una plataforma digital o una cadena de suministro global puede tener un impacto mayor que la ocupación militar de un territorio.

En este sentido, la soberanía y el poder tradicionalmente entendidos — expresados en el control territorial, los ejércitos, la estabilidad y la independencia de las instituciones estatales, o la capacidad de proteger las fronteras — deben complementarse con la capacidad de los actores para influir en redes interconectadas de información, energía, finanzas y tecnología. En otras palabras, el concepto central es la interdependencia de lo material y lo virtual, de lo tangible y lo intangible. La IA es potencialmente un punto de inflexión en este sentido, ya que se convierte en la columna vertebral de redes interdependientes emergentes que están dando forma al sistema internacional en evolución.

Con el rápido desarrollo de la tecnología de IA, la posible aparición de la Inteligencia Artificial Generativa e incluso de una Superinteligencia Artificial, la IA tiene el potencial no solo de sumarse a las redes interdependientes existentes, sino también de convertirse en el núcleo mismo sobre el cual funcionarán dichas redes. Esto, a su vez, implica que la IA podría convertirse en un actor por derecho propio en el futuro.

– La IA como arma de destrucción masiva

Cuando se habla de Armas de Destrucción Masiva (ADM), la mayoría de los académicos tienden a considerar la IA como una variable que afecta la conceptualización y el uso de las ADM. Sin embargo, yo sostengo que la IA puede ser considerada una ADM en sí misma. Esto se debe a ocho características que distinguen a esta tecnología de todas las demás tecnologías creadas por el ser humano.

Las ADM se clasifican en cuatro tipos principales, cada uno con características técnicas distintas y potencial de destrucción masiva. Las armas nucleares derivan su poder destructivo de reacciones nucleares, ya sea por fisión o fusión. Liberan enormes cantidades de energía, causando daños catastróficos mediante explosiones, calor, pulsos electromagnéticos (EMP) y radiación. Las armas biológicas utilizan patógenos o toxinas para causar enfermedades y muerte. Las armas químicas emplean sustancias químicas tóxicas para causar daño o incluso la muerte. Estas armas fueron utilizadas extensamente durante la Primera Guerra Mundial y en conflictos regionales como la guerra Irán–Irak. Finalmente, las armas radiológicas (“bombas sucias”) dispersan materiales radiactivos sin causar una explosión nuclear. Estas armas pueden provocar contaminación ambiental a largo plazo y efectos adversos para la salud.

La IA se caracteriza por ocho rasgos distintivos que, combinados con la naturaleza emergente de esta tecnología, tienen el potencial de ser altamente destructivos. Estos rasgos son: distracción, desinformación, distribución, angustia, ambigüedad, incomprensión, desatribución y deshumanización.

  • Distracción – Las tecnologías impulsadas por IA, especialmente el contenido personalizado y las notificaciones, afectan significativamente el comportamiento individual, a menudo provocando adicción digital y disminución de la productividad.[25]
  • Desinformación – La desinformación generada por IA puede influir en resultados políticos mediante la difusión de información falsa o engañosa. Por ejemplo, los ‘deepfakes’ — videos o imágenes generados por IA que pueden manipular la realidad — representan una amenaza significativa para los procesos electorales. Estas tecnologías pueden crear contenido falso pero convincente, como discursos o apoyos inexistentes, erosionando la confianza en líderes e instituciones políticas.[26]
  • Distribución – La IA está siendo integrada en casi todos los aspectos de la vida, desde la salud hasta la educación, las finanzas y la seguridad cibernética y nacional. La mayoría de las personas, especialmente en el mundo desarrollado, utiliza algoritmos de IA de una u otra forma y se ha adaptado a nuevos entornos digitales.
  • Angustia – La tecnología de IA intensifica significativamente la carrera armamentista, no solo mediante la integración en sistemas de ADM existentes, sino también mediante la creación de una nueva carrera tecnológica liderada por Estados Unidos y China, cuyo resultado probablemente definirá la posición dominante en el sistema internacional.
  • Ambigüedad – La IA se ha convertido en un componente crítico de las estrategias militares modernas para mejorar la toma de decisiones, la eficiencia operativa y las capacidades en el campo de batalla. Los sistemas de armas autónomas impulsados por IA pueden procesar grandes cantidades de datos y tomar decisiones en tiempo real, permitiendo operaciones militares más rápidas y precisas.
  • Incomprensión – La IA puede perpetuar y amplificar sesgos presentes en los datos de entrenamiento. Si los datos son sesgados o incompletos, el sistema puede producir resultados incorrectos o engañosos, distorsionando la comprensión del comandante sobre el campo de batalla.[27]
  • Desatribución – La IA es una herramienta de doble filo en el contexto de la desinformación. Puede utilizarse para detectar y mitigar información falsa, pero también puede ser explotada para generar desinformación a gran escala mediante ‘deepfakes’, ‘bots’ y manipulación algorítmica.[28]
  • Deshumanización – La IA deshumaniza la guerra mediante varios mecanismos. Principalmente, los sistemas de IA carecen de emociones humanas como empatía, miedo y remordimiento, lo que puede llevar a decisiones que priorizan la eficiencia estratégica por encima de las consideraciones éticas.

Conclusión

En conclusión, es difícil no estar de acuerdo con la hipótesis de que los actores y factores que configuran el sistema internacional emergente son más complejos que aquellos que configuraban sistemas anteriores. Por lo tanto, resulta extremadamente difícil comprender el entorno internacional, especialmente en lo que respecta a la seguridad internacional y las relaciones interestatales. La idea de “Multiplex” de Amitav Acharya puede servir como referencia. En consecuencia, se espera que el orden mundial emergente de tipo multiplex tenga varias características clave:

  • Estructura posthegemónica: no habrá un país o bloque global dominante, ni una ideología única dominante, ni una institución global unificada. En su lugar, el poder y la influencia estarán más distribuidos entre múltiples actores.
  • Diversidad cultural y política: el futuro orden mundial será cultural y políticamente diverso, incorporando elementos de diversas civilizaciones, como el comunitarismo chino, el liberalismo occidental, el eclecticismo indio y las visiones del mundo del islam y otras civilizaciones.
  • Interconectado pero regionalizado: aunque el mundo seguirá interconectado, habrá un mayor énfasis en los órdenes regionales, que pueden incluir organizaciones formales como la Unión Europea o la ASEAN, así como arreglos informales entre potencias regionales. Estos órdenes regionales pueden excluir o limitar la influencia de potencias extra-regionales.
  • Gobernanza global pluralizada: la gobernanza global será más compleja y pluralista, involucrando instituciones regionales y plurilaterales, así como arreglos híbridos entre Estados y actores no estatales como corporaciones, fundaciones y movimientos sociales. Esto complementará, pero no reemplazará, estructuras estatocéntricas existentes como la ONU y grupos como el G-7 o el G-20.
  • No habrá “fin de la historia”: a diferencia de la idea de que la democracia liberal representa la forma final de gobierno, el mundo multiplex estará marcado por la competencia y coexistencia continua entre diversos sistemas políticos y culturales.
  • Potencial de conflicto y cooperación: el nuevo orden mundial no estará libre de conflictos; estos se darán tanto dentro como entre civilizaciones. Sin embargo, también habrá coexistencia y cooperación transcivilizacional, como lo evidencian las alianzas y alineamientos actuales.
  • Europa como epicentro del desorden: Europa podría volver a ser un centro de desorden global, en contraste con el periodo de la Guerra Fría, cuando fue relativamente pacífica mientras los conflictos se desarrollaban en otras regiones.
  • Supervivencia del orden internacional liberal en forma reducida: el orden liberal internacional puede continuar existiendo, pero en forma reducida, más como un club de naciones occidentales que como un marco global.

En conjunto, el orden mundial multiplex se caracterizará por la descentralización del poder, la diversidad de valores y modelos de gobernanza, un mayor regionalismo y una mezcla compleja de conflicto y cooperación entre una variedad de actores.[29]

Referencias
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First published in: World & New World Journal
Krzysztof Śliwiński

Krzysztof Śliwiński

El Dr. Śliwiński Krzysztof Feliks es profesor asociado en el Departamento de Gobierno y Estudios Internacionales de la Universidad Bautista de Hong Kong (Prof. Krzysztof SLIWINSKI) y titular de la Cátedra Jean Monnet. Obtuvo su doctorado en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Varsovia en 2005. Desde 2008, trabaja en la Universidad Bautista de Hong Kong. Ha impartido clases regularmente sobre integración europea, seguridad internacional, relaciones internacionales y estudios globales. Sus principales áreas de investigación incluyen la política exterior y la estrategia de seguridad británicas, la política exterior y la estrategia de seguridad polacas, los estudios estratégicos y de seguridad, las cuestiones de seguridad tradicionales y no tradicionales, la inteligencia artificial y las relaciones internacionales, la política europea y la Unión Europea, las teorías de la integración europea, la geopolítica y la enseñanza y el aprendizaje.

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