Resumen
A pesar del severo daño infligido por la campaña israelí–estadounidense sobre Irán y su infraestructura, la operación no logró sus objetivos declarados, incluidos el cambio de régimen, el desmantelamiento del programa nuclear iraní, la neutralización de sus capacidades misilísticas y el corte de sus alianzas regionales. En cambio, el Estado iraní demostró resiliencia, preservó la cohesión interna y recalibró su postura estratégica, restaurando así un grado significativo de efectividad operativa. Además, Irán consolidó su influencia regional, particularmente a través de su posicionamiento en el Estrecho de Ormuz, mientras que la disuasión de Estados Unidos se debilitó y la confianza de sus aliados en los compromisos estadounidenses se erosionó aún más.
Al mismo tiempo, la atención regional e internacional se desplazó hacia la guerra contra Irán y sus repercusiones en el Golfo Arábigo, mientras que el foco en la Franja de Gaza (FG), Jerusalén y la cuestión palestina se redujo temporalmente. Paralelamente, la insistencia de Irán en mantener sus capacidades nucleares y misilísticas, junto con la negativa de Hezbolá a desarmarse, fortaleció la posición de la resistencia palestina y su capacidad para resistir la presión externa hacia el desarme. Además, la percepción del liderazgo iraní de una confrontación existencial probablemente incentivará un apoyo más profundo a las fuerzas de resistencia palestina, a las que considera una primera línea de defensa. Por el contrario, las pérdidas sustanciales iraníes también podrían fortalecer corrientes internas que abogan por una retracción estratégica y una orientación más introspectiva.
Introducción
La administración de Estados Unidos y el gobierno de Israel establecieron una serie de objetivos para su guerra contra Irán, que comenzó el 28/2/2026. Entre los principales se encontraban el cambio de régimen, la destrucción del programa nuclear iraní, la eliminación de sus capacidades misilísticas y el abandono forzado de sus aliados regionales. Sin embargo, a pesar de las importantes pérdidas humanas y la extensa destrucción de infraestructura civil y militar en Irán y Líbano, ninguno de estos objetivos centrales había sido alcanzado semanas después del inicio del enfrentamiento militar. En consecuencia, la administración estadounidense se vio obligada a aceptar un alto al fuego temporal y regresar a la mesa de negociaciones en un intento por alcanzar un nuevo acuerdo sobre el expediente nuclear iraní, así como asegurar la reapertura del Estrecho de Ormuz al tráfico marítimo.
Primero: implicaciones regionales
1. Aunque la campaña israelí–estadounidense infligió graves daños al liderazgo político, militar y de seguridad de Irán, y destruyó una parte sustancial de sus sistemas de misiles y equipos militares, además de atacar objetivos civiles e infraestructuras, no logró sus objetivos declarados. Por el contrario, el Estado iraní absorbió el impacto, mantuvo la cohesión interna y recalibró su postura estratégica, recuperando así un grado significativo de efectividad operativa.
2. A pesar de estas pérdidas, Irán consolidó su influencia regional, particularmente a través de su control sobre el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, así como su capacidad para amenazar intereses estadounidenses y atacar sus bases regionales.
3. Mientras tanto, la disuasión de Estados Unidos se ha debilitado visiblemente, junto con la imagen que buscaba proyectar como garante de seguridad confiable. Esta erosión se refleja en su limitada eficacia para defender a sus socios regionales, la vulnerabilidad de infraestructuras críticas en varios Estados del Golfo y la interrupción temporal de los flujos de exportación de petróleo en partes de la región.
4. Israel logró establecer control sobre una franja fronteriza libanesa de aproximadamente 5–10 km de profundidad y llevó a cabo extensas acciones de destrucción y violencia. Sin embargo, posteriormente enfrentó una mejora notable en el desempeño cualitativo de Hezbolá y su capacidad para cerrar varias brechas operativas previamente expuestas. Además, Hezbolá rechazó cualquier acuerdo de alto al fuego que permitiera a Israel continuar violaciones unilaterales del territorio libanés y la escalada sostenida. Irán, a su vez, insistió en que cualquier cese de hostilidades debía incluir también a Líbano.
5. Paralelamente, han aumentado las preocupaciones en la región respecto a la creciente asertividad de Israel y su ambición de reconfigurar el “nuevo Medio Oriente” según su propia visión estratégica. Esta percepción se ha visto reforzada por la creciente idea de que Estados Unidos no otorga un peso estratégico decisivo a sus socios árabes cuando esto entra en conflicto con su alineamiento estratégico con Israel.
Segundo: Implicaciones de la guerra para la resistencia palestina
1. Tanto a nivel regional como internacional, la atención se ha desplazado cada vez más hacia la guerra contra Irán y sus repercusiones en el Golfo Árabe, reduciendo así el enfoque en la FG, Jerusalén y la cuestión palestina en general. Este cambio se ha producido a pesar de la continuación de la agresión israelí, las violaciones en curso, la intensificación de las políticas de judaización y anexión, y el bloqueo sostenido.
2. La resistencia ha enfrentado un delicado equilibrio. Por un lado, ha condenado la agresión israelí–estadounidense contra Irán y ha afirmado el derecho de Irán a responder; por otro lado, ha enfrentado presiones para condenar los ataques iraníes contra Estados del Golfo. Esto ha requerido una distinción clara entre los ataques a bases estadounidenses en estos países, utilizados en operaciones contra Irán, y los ataques dirigidos a infraestructura civil dentro de los propios Estados. Al mismo tiempo, Hamás ha mantenido relaciones generalmente constructivas con países como Qatar y Kuwait, mientras continúa los esfuerzos por mejorar sus vínculos regionales. En consecuencia, ha respaldado el derecho de Irán a responder a la agresión, al tiempo que ha llamado a la moderación respecto a infraestructura civil y objetivos no militares en países del Golfo.
3. Varios medios de comunicación han instrumentalizado la relación entre la resistencia palestina, Irán y el llamado Eje de la Resistencia en campañas de deslegitimación, buscando aprovechar los efectos negativos en materia de seguridad y economía de la guerra para debilitar políticamente a la resistencia.
4. Dada la fuerte presión sobre la economía iraní, emergen dos trayectorias opuestas. Por un lado, la capacidad de Irán para sostener su apoyo a la resistencia palestina podría disminuir; por otro lado, la naturaleza existencial del enfrentamiento que enfrenta el régimen iraní podría impulsar una expansión de ese apoyo, al considerar la resistencia como una primera línea de defensa frente a un proyecto sionista cuyo alcance estratégico se extiende cada vez más hacia Irán.
5. La reciente guerra también contribuyó a la presión sobre las fuerzas israelíes, que se vieron involucradas simultáneamente en los frentes iraní y libanés. Esta presión multilateral llevó a una reducción relativa de la actividad militar israelí en la FG y Cisjordania. Como resultado, este alivio temporal probablemente brindó a la resistencia una oportunidad limitada para reagruparse y reconstruir parcialmente sus capacidades tras dos años de confrontación sostenida y de desgaste.
6. El enfoque de la administración de Trump en la guerra con Irán y sus consecuencias, incluidos los esfuerzos por asegurar la reapertura del Estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, desvió temporalmente la atención de sus esfuerzos intensificados para impulsar el “Consejo de Paz” en la FG y mantener la presión destinada a desarmar a la resistencia palestina.
7. En paralelo, la capacidad de Irán para frustrar los objetivos militares de Estados Unidos e Israel, junto con la resiliencia y el desempeño efectivo de Hezbolá en su confrontación con Israel, reforzó el paradigma más amplio de la resistencia. También destacó la capacidad de estos actores para alterar la planificación estratégica israelí, a pesar de las importantes asimetrías de poder militar.
8. El compromiso continuo de Irán con sus capacidades nucleares y misilísticas, junto con el rechazo de Hezbolá al desarme y su insistencia en preservar su capacidad defensiva frente a ataques israelíes, ha reforzado la negativa de la resistencia palestina a ceder ante presiones externas para abandonar sus armas o desmantelar su capacidad de disuasión. En este sentido, también ha contribuido a una mayor legitimación regional de la retención de armamento como elemento central de la resistencia.
9. La resistencia palestina no participó militarmente en la reciente guerra contra Irán, en gran medida debido a las presiones sostenidas de la Operación Tormenta de Al-Aqsa durante dos años consecutivos. Sin embargo, el renovado énfasis en el marco de la “unidad de los frentes”, junto con la cohesión y resiliencia demostradas por el Eje de la Resistencia, tiene implicaciones potencialmente positivas para el ámbito palestino. En particular, subraya la importancia de la complementariedad funcional entre actores regionales que se oponen a la ocupación israelí y, a su vez, su capacidad colectiva para sostener la confrontación a pesar de las pérdidas acumuladas.
Tercer: Posibles escenarios sobre el impacto de la guerra en las opciones de la resistencia palestina
Los siguientes escenarios describen las posibles implicaciones de la guerra israelí–estadounidense contra Irán para la futura trayectoria de la resistencia palestina, especialmente a la luz de los esfuerzos intensificados de Israel, Estados Unidos y actores regionales por contenerla y limitar sus capacidades militares:
Primer escenario: Las repercusiones de la guerra fortalecerían la resiliencia de la resistencia palestina, mejorando su capacidad para resistir las presiones de desarme y desmilitarización, al mismo tiempo que facilitarían su recuperación tras la confrontación prolongada con Israel durante la Operación Tormenta de Al-Aqsa.
Segundo escenario: La presión israelí y estadounidense sobre la resistencia palestina se intensificaría, con el objetivo de debilitarla y despojarla de su capacidad militar, en parte como respuesta compensatoria al fracaso en alcanzar los objetivos de la guerra contra Irán, pudiendo la resistencia mostrar cierto grado de acomodación a dicha presión.
Tercer escenario: Estados Unidos e Israel buscarían desvincular el expediente palestino de las confrontaciones regionales más amplias que involucran a Irán y Líbano, con el fin de aislarlo de las dinámicas de derrame regional.
Cuarto: Factores que configuran los escenarios
1. La trayectoria de la confrontación Irán–EE. UU.–Israel, incluyendo el resultado final de la guerra.
2. Los desarrollos en el frente libanés, junto con los posibles resultados de las negociaciones israelí-libanesas.
3. La capacidad de la resistencia palestina para resistir la presión sostenida de Israel, Estados Unidos y actores regionales destinada a desarmarla y limitarla, así como el nivel de apoyo que mantiene dentro de su base popular.
4. La dirección de la política de Estados Unidos en el período posterior a la guerra, en particular si Washington mantiene un alto nivel de implicación regional o avanza hacia una retracción parcial. Esta trayectoria también estará influida por los resultados de las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre de 2026.
5. La política israelí en la FG en el próximo período, moldeada por las repercusiones de la confrontación con Irán y Hezbolá, así como por los resultados de las elecciones israelíes previstas para octubre de 2026.
6. La respuesta árabe e islámica a las políticas expansionistas y agresivas de Israel, especialmente en medio de una percepción creciente de que dichas políticas representan una amenaza directa a sus intereses y a la estabilidad regional.
7. El nivel de coordinación entre los componentes del Eje de la Resistencia en el futuro, a la luz de los resultados e implicaciones de la guerra, y el grado de consenso en torno al desarrollo del concepto de “unidad de los frentes”.
Quinto: Evaluación de los escenarios
El primer escenario, un fortalecimiento de la resiliencia de la resistencia palestina y la continuidad en la retención de sus capacidades militares, parece el más probable bajo las condiciones actuales, particularmente a la luz de las repercusiones esperadas de la guerra israelí–estadounidense contra Irán. Esta evaluación se refuerza, por un lado, por el fracaso de Israel y Estados Unidos en alcanzar sus objetivos estratégicos en Irán, y por otro, por la resiliencia demostrada por Hezbolá en su confrontación en curso con Israel.
Paralelamente, las tendencias de opinión en Estados Unidos e Israel apuntan a posibles reveses políticos para el Partido Republicano en el Congreso y para la coalición gobernante de Benjamín Netanyahu en la Knesset. En el mismo sentido, el entorno político árabe e islámico más amplio se está desplazando gradualmente hacia un mayor reconocimiento de los riesgos que plantea la doctrina de seguridad cada vez más radical de Israel y su creciente asertividad regional. Además, las ganancias relativas asociadas al marco de la “unidad de los frentes” durante la guerra contra Irán probablemente sostendrán el impulso hacia una mayor coordinación en el futuro.
Por el contrario, el segundo escenario, el aumento de la presión israelí y estadounidense para debilitar la resistencia palestina y despojarla de sus armas, sigue siendo la opción preferida por ambos actores, así como por ciertos actores regionales. Sin embargo, enfrenta importantes restricciones estructurales, en particular la resiliencia de la resistencia palestina y su compromiso sostenido con la preservación de sus capacidades defensivas a pesar de los continuos ataques israelíes, así como la solidez de su base de apoyo popular. Además, la incapacidad de Israel y Estados Unidos para desmantelar los programas nucleares y de misiles de Irán, junto con su fracaso en desarmar a Hezbolá, limita aún más la viabilidad de lograr resultados similares contra la resistencia palestina.
Sexto: Recomendaciones
A la luz del análisis anterior, y considerando los esfuerzos anticipados de Estados Unidos e Israel por desvincular la trayectoria de la resistencia palestina de las confrontaciones regionales más amplias que involucran a Irán y Líbano, se proponen las siguientes recomendaciones:
1. Los Estados árabes e Irán deben buscar la resolución de sus disputas por medios pacíficos, respetando la soberanía y la no injerencia. Esto es esencial para evitar que Israel y Estados Unidos aprovechen las divisiones intrarregionales para consolidar aún más su dominación regional.
2. Debe priorizarse la protección de los recursos económicos, los activos energéticos y la infraestructura crítica de los países árabes y musulmanes, evitando su erosión o destrucción en los conflictos en curso, de los cuales Israel y las potencias occidentales son los principales beneficiarios.
3. La resistencia palestina debe mantener su firmeza frente a la presión sostenida destinada al desarme y al desmantelamiento de sus capacidades defensivas, ya que los riesgos del cumplimiento superan a los asociados con la continuidad de la resistencia.
4. La participación significativa de varias facciones de la resistencia en la guerra israelí–estadounidense contra Irán resalta la necesidad de evaluar más a fondo el potencial del marco de la “unidad de los frentes” y de profundizar la coordinación operativa entre los actores de la resistencia. Esta integración podría fortalecer la capacidad defensiva y mejorar la disuasión frente a las continuas políticas agresivas de Israel, considerando al mismo tiempo las condiciones y limitaciones específicas de cada actor.
5. El compromiso con actores árabes e islámicos que son cada vez más conscientes de los riesgos que plantea la trayectoria expansionista de Israel se ha vuelto más relevante. Este compromiso debería destacar el papel de la resistencia palestina en la confrontación de estas dinámicas y enmarcarla como una fuerza estabilizadora que merece preservación e inversión estratégica, tanto para limitar la escalada israelí como para proteger la estabilidad regional y promover los intereses de los países árabes y musulmanes.
6. Aunque se espera que la resistencia palestina resista la presión regional e internacional sostenida, los actores políticos y populares en Palestina y el mundo árabe tienen una responsabilidad creciente de defender la legitimidad de su capacidad armada y su derecho a la autodefensa. Esto es particularmente relevante dado que las acciones israelíes continúan generando riesgos para la estabilidad y la integridad territorial de los Estados árabes.
