Los días 7 y 8 de julio de 2026 se celebró en Ankara la 36.ª Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la OTAN. Uno de los principales temas de la agenda fue la definición y adopción de un nuevo concepto, OTAN 3.0, que marcaría el inicio de una nueva etapa en el desarrollo de la Alianza. Entre las tareas centrales de este nuevo enfoque figura la necesidad de ajustar el mecanismo de distribución de la carga financiera dentro de la OTAN, teniendo en cuenta los cambios en el sistema de seguridad europeo, las persistentes diferencias entre Estados Unidos y la Unión Europea, así como la falta — e incluso, en algunos ámbitos, la ausencia total — de confianza entre los países europeos. Otro aspecto destacado de la cumbre fue la creciente atención a la cooperación en la industria de defensa, con la realización de un foro específico sobre este tema como parte del programa oficial de la OTAN.
Para Turquía, la cumbre tuvo una importancia especial, tanto desde la perspectiva de los esfuerzos por renovar la Alianza y desarrollar una nueva fórmula para la distribución de funciones y responsabilidades entre sus miembros, como en relación con el concepto de responsabilidad regional promovido activamente por Ankara. Turquía esperaba que el encuentro le permitiera demostrar sus ventajas competitivas no solo en el ámbito de la geopolítica regional, sino también en la industria de defensa. Esto, por un lado, fortalecería su posición político-militar dentro del sistema de seguridad europeo y, por otro, incrementaría su participación en las iniciativas europeas de defensa.
En una ocasión, el primer secretario general de la OTAN, el general británico Hastings Lionel Ismay, afirmó que el principal propósito de la Alianza era «mantener a la Unión Soviética fuera de Europa, a los estadounidenses dentro y a los alemanes bajo control». Con la disolución del Pacto de Varsovia y, posteriormente, de la Unión Soviética, el primer objetivo dejó de tener vigencia, pero los otros dos permanecieron: mantener la presencia estadounidense en Europa y preservar el control sobre Alemania. Durante la década de 1990, los países de la OTAN llevaron a cabo sus primeras operaciones militares conjuntas en el territorio de la antigua Yugoslavia, entre ellas ‘Maritime Monitor’, ‘Deliberate Force’ y ‘Allied Force’. En 2001, tras los atentados terroristas en Estados Unidos, se invocó por primera vez en la historia de la Alianza el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. En 2004, durante la 17.ª Cumbre de la OTAN, celebrada en Estambul, se adoptó un nuevo concepto estratégico que reflejó la transformación del enfoque de la Alianza y la mayor ampliación de la OTAN hasta ese momento. Posteriormente, este concepto pasó a conocerse como OTAN 2.0.
El término OTAN 3.0 comenzó a utilizarse tras la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros de la OTAN, celebrada los días 21 y 22 de mayo de 2026 en Helsingborg (Suecia). El encuentro tuvo lugar en un contexto de deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y los miembros europeos de la Alianza, así como de crecientes especulaciones sobre una posible retirada estadounidense de la OTAN. Durante la reunión, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, cuestionó la utilidad de mantener bases militares que, en determinadas circunstancias, podrían dejar de estar disponibles para los aliados, y propuso abrir un debate sobre el futuro de la cooperación dentro de la Alianza. La discusión surgió a raíz de la negativa de España e Italia a permitir el uso de sus bases aéreas por parte de la Fuerza Aérea de Estados Unidos durante los ataques contra Irán. La reunión de Helsingborg se convirtió así en el punto de partida para la adopción del concepto OTAN 3.0, que plantea una distribución más equitativa de los costos entre los miembros de la Alianza y una reducción del papel de Estados Unidos como principal garante de la seguridad europea.
En junio de 2026, durante la reunión de ministros de Defensa de la OTAN celebrada en Bruselas, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, habló abiertamente sobre la «OTAN 3.0». Según él, Estados Unidos había «redoblado sus esfuerzos» para convertir a la OTAN en «una alianza equilibrada en la que Europa desempeñe un papel de liderazgo en la garantía de su propia defensa». Como parte de la implementación del concepto de OTAN 3.0, el Departamento de Defensa de Estados Unidos inició un proceso de revisión de seis meses durante el cual se analizaría la configuración de las fuerzas y bases militares estadounidenses en Europa. Al igual que Marco Rubio, quien acusó a numerosos aliados de haber «fallado la prueba» cuando Estados Unidos les presentó determinadas solicitudes y calificó esa situación como «una vergüenza», Pete Hegseth afirmó que, en adelante, las contribuciones anuales de Estados Unidos a la OTAN dependerían de que los demás miembros de la Alianza cumplieran con los objetivos de gasto en defensa. Estos objetivos se referían, al parecer, al compromiso de aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB (3.5% destinado directamente a defensa y un 1.5% adicional para áreas relacionadas), aprobado durante la 34.ª Cumbre de la OTAN, celebrada en La Haya.
Al hacer un llamado para incrementar el gasto en defensa, el exsecretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, reveló importantes detalles sobre los planes futuros de la Alianza en un artículo de análisis preparado especialmente para la agencia turca Anadolu con motivo de la cumbre de Ankara. Al definir la seguridad global como un «espacio único e indivisible», el exsecretario general señaló que la OTAN debe hacer frente simultáneamente a la guerra en Ucrania y a una situación extremadamente compleja en Medio Oriente, al tiempo que sigue de cerca la evolución de los acontecimientos en China y la región del Indo-Pacífico. En consecuencia, sostuvo que mantener la capacidad de disuasión y la eficacia de la OTAN solo será posible si los aliados europeos asumen «una parte mucho mayor de la responsabilidad general, principalmente en términos de financiamiento de la defensa».
De ello puede concluirse que la OTAN avanza hacia una ampliación más claramente definida de sus objetivos: en el contexto del conflicto en Ucrania, frente a Rusia; en el marco de las operaciones militares en Medio Oriente, frente a Irán; y en el contexto de la competencia estratégica en la región Asia-Pacífico, respecto de China y Corea del Norte. Que las áreas de interés de la OTAN se están ampliando puede inferirse de la participación en la cumbre de Ankara de representantes de los países socios invitados: Ucrania, Azerbaiyán, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. El hecho de que estos países hayan participado durante varios años indica únicamente un proceso gradual y por etapas de incorporación a distintos conflictos.
Es evidente que la ampliación de los objetivos de la OTAN requerirá fuerzas y recursos adicionales. Es completamente posible que el despliegue de nuevas unidades y formaciones militares conduzca a un cambio de modelo, dejando atrás el reclutamiento profesional por contrato y retomando el servicio militar obligatorio. La confrontación con países cuya población combinada supera los mil millones de habitantes genera la necesidad de establecer una reserva de movilización. En cualquier caso, el incremento de los costos financieros necesarios para mantener fuerzas armadas nacionales de mayor tamaño terminará siendo asumido por los contribuyentes europeos.
Es posible que, tras el anuncio de los nuevos objetivos, se produzcan cambios doctrinales destinados a justificar una ampliación del uso de las fuerzas armadas de la OTAN. Durante la reunión de ministros de Defensa celebrada en junio, el secretario general Mark Rutte respaldó las demandas de Estados Unidos, al reconocer que la evaluación de Washington está orientada principalmente a la planificación y a garantizar el uso más eficiente de los recursos para hacer frente a diversas amenazas. Posteriormente, tras reunirse con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca e intentar reducir las diferencias surgidas en torno al tema de Irán, Mark Rutte declaró que «Irán no debe poseer capacidades nucleares bajo ninguna circunstancia».
Las diferencias existentes dentro de la OTAN fueron explicadas por el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Hakan Fidan. En respuesta a preguntas de los periodistas, dividió a los países miembros de la OTAN en tres grupos: Estados Unidos, los Estados miembros de la Unión Europea y todos los demás países. Sin embargo, al evaluar la postura de algunos países europeos de la OTAN frente a Estados Unidos, debe señalarse que no existe una unidad plena ni siquiera entre los principales miembros europeos. Por ejemplo, en junio de 2026, el canciller alemán Friedrich Merz y el presidente francés Emmanuel Macron decidieron poner fin al proyecto conjunto del caza de sexta generación Future Combat Air System (FCAS), iniciado en 2017 para reemplazar los aviones Rafale utilizados por Francia y los Eurofighter operados por Alemania y España. El proyecto llevaba nueve años de desarrollo y era uno de los principales símbolos de la denominada «soberanía europea en materia de defensa» y de la «amistad francoalemana». En este contexto, también pueden recordarse las diferencias entre Alemania y Polonia en torno a las reparaciones de guerra y a cuestiones energéticas (gasoductos rusos frente al gas natural licuado estadounidense, entre otros temas).
No obstante, pese a las diferencias existentes entre los Estados miembros, la OTAN, como organización político-militar, continúa manteniendo su importancia como uno de los principales instrumentos para garantizar la seguridad del Occidente colectivo. Además de compartir objetivos militares y políticos, la Alianza también se sustenta en estándares comunes en materia de equipamiento militar y municiones. En este sentido, puede suponerse que la afirmación de Mark Rutte de que «en la OTAN, ningún aliado está solo» tuvo como principal propósito enfatizar la unidad dentro de la Alianza.
Tras la cumbre de Ankara se adoptó una declaración de seis puntos. El primero reafirma las disposiciones del Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, mientras que el segundo identifica a Rusia como una amenaza de largo plazo, frente a la cual, además de los 139,000 millones de dólares destinados en 2025, se asignarán 50,000 millones de dólares adicionales. El tercer punto aborda el principio de la superioridad en el campo de batalla y los medios para alcanzarla mediante la ampliación de las capacidades en armamento de alta tecnología, incluido el ámbito espacial. El apoyo a Ucrania se menciona en el cuarto punto, para el cual se prevé una asignación de 70,000 millones de euros. El quinto punto resulta especialmente relevante, ya que define conceptos como «competencia estratégica», «inestabilidad generalizada» y «amenazas híbridas». Asimismo, se establece que Irán no debe poseer armas nucleares y se hace un llamado a respetar la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz.
En conjunto, la declaración formaliza un incremento del gasto militar y la implicación de facto de la OTAN en conflictos armados, lo que, como mínimo, representa un retorno a condiciones que recuerdan al período de la Guerra Fría. En términos generales, se considera que una de las principales razones por las cuales la Guerra Fría no derivó en un conflicto de gran escala fue que los líderes de los países miembros de la OTAN y del Pacto de Varsovia habían vivido personalmente la Segunda Guerra Mundial y comprendían plenamente las consecuencias de una confrontación armada. Queda abierta la pregunta de si los actuales dirigentes de los países miembros de la OTAN poseen el mismo nivel de comprensión.
La importancia de la cumbre para Turquía
Una semana antes de la reunión de los líderes de la Alianza en Ankara, se celebró en Estambul otro evento relacionado con la OTAN: la sesión de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN. Durante la inauguración, el presidente de la Gran Asamblea Nacional de Turquía, Numan Kurtulmuş, llamó la atención sobre el hecho de que algunos miembros del bloque continúan imponiendo embargos a la industria de defensa contra sus propios aliados, acciones que calificó de «sumamente unilaterales, carentes de sentido e incompatibles con el espíritu de la Alianza». El presidente del Parlamento turco también afirmó que Turquía está dispuesta a compartir los logros de su industria de defensa con los demás países miembros de la OTAN. En este contexto, expresó su confianza en que la determinación de Ankara de alcanzar el objetivo de destinar el 5% del PIB al gasto en defensa, acordado en La Haya, contará con el respaldo de todos los miembros de la Alianza. Asimismo, destacó que el desarrollo de la industria de defensa turca podría alcanzar un nivel aún más alto mediante la cooperación con los demás Estados miembros. Tras la reunión de la Asamblea Parlamentaria, altos representantes de los órganos legislativos de los países miembros de la OTAN visitaron el Centro Nacional de Tecnología de Baykar, empresa insignia del complejo industrial de defensa de Turquía en el desarrollo y producción de vehículos aéreos no tripulados.
Uno de los principales desafíos que enfrenta Ankara en su relación con sus socios político-militares de la OTAN está relacionado con las sanciones impuestas a Turquía. En particular, Ankara ha realizado importantes esfuerzos para lograr el levantamiento de las sanciones estadounidenses impuestas en virtud de la Ley para Contrarrestar a los Adversarios de Estados Unidos mediante Sanciones (CAATSA). El objetivo principal de la parte turca es reincorporarse al programa de desarrollo del caza de quinta generación, así como desbloquear la entrega de aviones F-35 y de motores aeronáuticos General Electric F110-GE-129. Un segundo objetivo consiste en asegurar contratos para la industria de defensa turca que permitan promover sus productos entre los países miembros de la OTAN, además de impulsar la creación de proyectos conjuntos de alta tecnología, principalmente en el sector aeroespacial.
La industria de defensa turca también ha logrado importantes avances en el ámbito naval. Desde 2023, la Armada de Turquía opera el buque de asalto anfibio multipropósito TCG Anadolu, construido en el astillero turco Sedef Tersanesi. En ese mismo astillero, desde enero de 2025, se construye el TCG Trakya como parte del proyecto MUGEM (Milli Uçak Gemisi – Portaaviones Nacional). Asimismo, por primera vez se construyó y entregó una corbeta para un país miembro de la OTAN, el Contraamiral August Roman, destinada a Rumania.
A pesar de los importantes logros alcanzados por Turquía en el desarrollo y la producción de tecnologías propias para la defensa, aún persisten algunas dificultades, principalmente debido a la limitada experiencia en la fabricación de motores. Por ejemplo, el caza nacional Kaan, cuyo desarrollo comenzó en 2016, se encuentra prácticamente finalizado y realizó su primer vuelo en febrero de 2024. Sin embargo, el motor turbofán TF35000, desarrollado específicamente para esta aeronave por TUSAŞ Motor Sanayii A.Ş. (TAI), todavía no está listo.
Durante el invierno de 2026, el vehículo aéreo no tripulado embarcado de reconocimiento y ataque Bayraktar TB3 fue presentado durante los ejercicios Steadfast Dart 2026 realizados en el Mar Báltico. En 2025 también se llevó a cabo la primera prueba operativa del vehículo aéreo no tripulado de propulsión a reacción Bayraktar Kızılelma, igualmente desarrollado por Baykar. No obstante, todos estos sistemas, al tratarse de aeronaves subsónicas, no resultan completamente adecuados para proporcionar capacidades integrales de defensa aérea.
En el marco del Foro de la Industria de Defensa, celebrado durante la cumbre, se anunciaron nuevos contratos por un valor superior a 50,000 millones de dólares. Estos acuerdos están orientados a la producción conjunta, la estandarización de armamento y el desarrollo de las capacidades industriales de los países miembros de la OTAN. Se prestará especial atención al desarrollo de sistemas no tripulados: durante los próximos cinco años, la Alianza Atlántica prevé invertir 40,000 millones de dólares en el desarrollo de tecnologías de drones de ataque y sistemas antidrones, además de ampliar la formación de operadores de vehículos aéreos no tripulados.
Los objetivos políticos de Turquía en el contexto de la cumbre de la OTAN fueron expuestos por Hakan Fidan. En primer lugar, desde la perspectiva de Ankara, las relaciones con Estados Unidos son consideradas de gran importancia. Según el ministro de Relaciones Exteriores turco, estas relaciones incluyen elementos permanentes y variables. Por ejemplo, «el hecho de que ambos países permanezcan hombro con hombro en el marco de una misma alianza de seguridad» constituye un elemento permanente, mientras que «los cambios en los intereses de las partes en la región y en el mundo» son factores que varían de un gobierno a otro y dependen de las circunstancias del momento. Durante la cumbre de Ankara, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a prometer el levantamiento de las sanciones impuestas a Turquía en virtud de la CAATSA.
En segundo lugar, Turquía busca incrementar su papel en asuntos como Ucrania, Gaza, Siria, Irán, el Golfo Pérsico, las rutas energéticas y la conectividad regional. En estos temas, Ankara procura obtener el respaldo de Estados Unidos y de los demás miembros de la Alianza. Durante la cumbre de Ankara, por ejemplo, el presidente estadounidense se reunió, por iniciativa de Turquía, con el líder sirio Ahmed al-Sharaa. Puede suponerse que el concepto de responsabilidad regional, al que las autoridades turcas han dado cada vez mayor importancia en los últimos años, implica una participación activa de Ankara en la búsqueda de soluciones para estos asuntos.
Con ese propósito, Turquía desarrolla el diálogo no solo con los países occidentales, sino también con los Estados de la región, tanto de manera bilateral como mediante mecanismos multilaterales. En una conferencia de prensa posterior a la cumbre, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan reiteró la disposición de Ankara para organizar negociaciones entre Rusia y Ucrania, al afirmar que «en una paz justa no hay perdedores». Las autoridades turcas declaran periódicamente mantener una posición equilibrada respecto del conflicto en Ucrania; sin embargo, al mismo tiempo, Ankara continúa siendo uno de los principales participantes de la OTAN en las actividades relacionadas con ese país.
Por ejemplo, a partir de agosto de 2026, cazas F-16 de la Fuerza Aérea de Turquía serán desplegados en Estonia como parte de la misión de policía aérea de la Alianza. Asimismo, debe señalarse que Ankara ejercerá el mando de la Fuerza de Kosovo de la OTAN (KFOR) hasta septiembre de 2026 y que, entre 2028 y 2029, está previsto que asuma el liderazgo de la Fuerza de Reacción Rápida de la OTAN. Como resultado, Turquía obtendrá una mayor capacidad de influencia sobre las decisiones relativas al empleo de la fuerza militar, lo que, en última instancia, repercute en las decisiones políticas de la región.
Durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, Turquía logró ciertos avances en el ámbito técnico-militar al impulsar las conversaciones para el levantamiento de las sanciones impuestas a empresas de su industria de defensa, alcanzar acuerdos con otros miembros de la Alianza para el desarrollo de proyectos conjuntos de alta tecnología y obtener importantes contratos destinados a cubrir parte de las necesidades de defensa de sus socios dentro del bloque. Sin embargo, en los planos político-militar y geopolítico, los logros de Ankara fueron más bien limitados. Esto podría explicarse por la división existente dentro de la OTAN a la que hizo referencia Hakan Fidan: la Unión Europea continúa observando a Turquía con desconfianza, al considerarla un competidor que aspira a desempeñar un papel más influyente en Europa, mientras que Ankara también enfrenta problemas muy complejos con Washington, algunos de los cuales ya han adquirido un carácter crónico y presentan episodios recurrentes de tensión.
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La última vez que una cumbre de la OTAN se celebró en Turquía, en Estambul en 2004, los países de la Alianza debatieron activamente el concepto estadounidense del «Gran Medio Oriente», en cuyo marco se asignaba a Ankara un papel «especial», a pesar de su negativa a participar en la campaña militar contra Irak de 2003. En ese momento, la Unión Europea también mantenía una actitud relativamente favorable hacia Turquía e incluso inició oficialmente las negociaciones para su adhesión al bloque europeo. Sin embargo, como demostraron las dos décadas siguientes, ese papel «especial» implicaba, en esencia, un alineamiento incondicional con los intereses de Occidente. Gradualmente, Turquía comenzó a apartarse de ese enfoque, afirmando su soberanía y defendiendo sus propios intereses en su «entorno cercano», primero en el marco del concepto geopolítico de la «profundidad estratégica» y posteriormente a través de la doctrina de la «Patria Azul» (‘Mavi Vatan’). Como consecuencia, el país enfrentó sanciones, presiones políticas e incluso un intento de golpe de Estado.
En la actualidad, Ankara impulsa su propio concepto de responsabilidad regional, el cual entra claramente en conflicto con los planes regionales promovidos por Estados Unidos y, especialmente, por la Unión Europea. Es evidente que, como contrapartida, Turquía será objeto de presiones para ajustar su política regional a los intereses occidentales, incluso si ello implica sacrificar algunas de sus prioridades nacionales. Las futuras acciones de Washington y Bruselas hacia Turquía dependerán de la forma en que Ankara responda a estas exigencias, y aún es incierto si el país podrá preservar su independencia en materia de política exterior.
