El llamado del presidente Tokáyev a «congelar» la guerra no surgió de Kiev ni de Bruselas, sino desde el interior de la propia arquitectura de seguridad de Rusia. Si otros miembros de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y la Unión Económica Euroasiática (UEE) siguen su ejemplo, el control de Moscú sobre sus aliados más cercanos podría ser más frágil de lo que parece.
En una reunión celebrada en Omsk el mes pasado, uno de los aliados más cercanos de Rusia, el presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, le dio un consejo a Vladímir Putin: le dijo al presidente ruso que le convenía más «congelar» la guerra en Ucrania.
El presidente kazajo es conocido por hacer declaraciones públicas contundentes cuando habla con el presidente Putin sobre la guerra de Rusia en Ucrania. En 2022, durante el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Tokáyev declaró, en presencia de Putin, que Kazajistán no reconoce las «formaciones cuasiestatales» de Lugansk y Donetsk. Fue un momento poco común, ya que, aunque los Estados postsoviéticos nunca han reconocido estas regiones, por lo general han evitado hacer declaraciones públicas directas o críticas sobre la guerra, especialmente junto a Putin en un escenario internacional.
Esta vez, sin embargo, Tokáyev fue más lejos al afirmar que «la naturaleza de este conflicto no está del todo clara para muchos, incluidos nosotros». Aunque los llamados a la paz y al fin de las hostilidades no son nuevos, este proviene de uno de los aliados más cercanos de Rusia.
La influencia de los Estados pequeños
Kazajistán puede ser un país pequeño en comparación con Rusia y, por lo tanto, parecer poco probable que pueda influir en la política rusa. Sin embargo, como miembro de la OTSC, liderada por Rusia, de la UEE y de otras organizaciones regionales que Rusia lidera o respalda firmemente — incluidas la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) —, las declaraciones de Tokáyev tienen peso.
Estos comentarios llegan en un momento en que Rusia enfrenta crecientes presiones económicas internas, sanciones que continúan vigentes y ataques ucranianos contra su infraestructura petrolera. Otros países dentro de la órbita cercana de Rusia nunca han mostrado entusiasmo por la guerra ni por su continuación. Las declaraciones de Tokáyev podrían brindarles ahora cierto espacio diplomático para expresar abiertamente preocupaciones similares.
Los países de Asia Central y el Cáucaso Sur, especialmente aquellos que comparten los recursos del Mar Caspio, están preocupados por una posible expansión de la guerra hacia la región tras el presunto ataque de Ucrania el mes pasado contra un buque de carga iraní en el Mar Caspio. Como el mayor cuerpo de agua interior del mundo, el Mar Caspio contiene reservas de petróleo y gas natural que son fundamentales para la economía de la región. Tres de los cinco Estados ribereños del Caspio son países postsoviéticos considerados parte del «extranjero cercano» de Rusia.
Si bien algunos de estos Estados, como Turkmenistán, mantienen una política de neutralidad en materia de relaciones exteriores, otros, incluido Kazajistán, siguen dependiendo en gran medida de Rusia debido a sus vínculos económicos y de seguridad. Azerbaiyán, por su parte, ha adoptado una postura mucho más firme frente a Rusia.
Tras el accidente aéreo de Azerbaijan Airlines en diciembre de 2024, el discurso del presidente Alíyev continuó haciendo hincapié en la exigencia de que Rusia asumiera la responsabilidad, algo que muchos Estados postsoviéticos de la región normalmente han evitado hacer cuando han surgido tensiones. Sin embargo, la postura oficial constante de Azerbaiyán sobre este asunto terminó llevando a Putin a reconocer públicamente su responsabilidad casi un año después, en octubre de 2025, durante su reunión con el presidente de Azerbaiyán, Alíyev.
La asimetría entre las grandes potencias
Pero ¿realmente importa la postura de los llamados Estados pequeños cuando se enfrentan a las grandes potencias? La respuesta no es sencilla y puede depender de la relación entre los Estados pequeños y los más poderosos. Al referirse a la asimetría de poder entre las grandes potencias y los Estados pequeños, Long (2017) sostuvo que «a través del prisma de la asimetría, una relación puede ser abrumadoramente asimétrica en términos militares, pero menos en términos económicos, diplomáticos o institucionales». Los Estados pequeños quizá no puedan modificar fundamentalmente el comportamiento de las grandes potencias ni determinar el resultado de guerras importantes, pero en determinados contextos geopolíticos, dependiendo de la relación entre los Estados, sí pueden influir de manera significativa en la forma en que las grandes potencias llevan adelante su política exterior.
Aunque este llamado a «congelar» la guerra, proveniente de un Estado pequeño, quizá no cambie el curso real del conflicto, sí puede afectar la política exterior de Rusia y su esfera de influencia si otros aliados dentro de la OTSC o la UEE comienzan a hacer llamados similares. Armenia, otro aliado importante que alguna vez fue un miembro clave de la alianza de seguridad liderada por Rusia, congeló su participación en la OTSC en 2024. Por lo tanto, para Rusia podría convertirse en una preocupación que Kazajistán u otros miembros siguieran un camino similar.
Los Estados pequeños quizá no determinen el rumbo de la política internacional, pero, bajo determinadas condiciones geopolíticas, pueden ejercer una influencia diplomática significativa. Los países de Asia Central han sido importantes para Rusia en las votaciones de la Asamblea General de la ONU sobre resoluciones que condenan la agresión rusa contra Ucrania. Mientras algunos Estados se abstuvieron en varias votaciones de resoluciones de la ONU relacionadas con Rusia, en otras ocasiones simplemente optaron por no votar. Estos países han intentado mantener un delicado equilibrio, dadas sus realidades geopolíticas: comparten fronteras con Rusia, tienen cientos de miles, si no millones, de trabajadores migrantes en Rusia y son miembros de instituciones de seguridad y económicas lideradas por Moscú.
La región de Asia Central, junto con partes del Cáucaso Sur, sigue siendo una de las pocas regiones donde Rusia mantiene una fuerte influencia política, económica y de seguridad. Por lo tanto, no respondería a los intereses geopolíticos de Rusia permitir que esa influencia se debilite. Por esta razón, es probable que Moscú preste mucha atención a lo que piensan los Estados de su llamado «extranjero cercano» y, más importante aún, a cómo actúan.
