Cambio del equilibrio y la respuesta de los actores regionales
En el noreste de Asia, donde la atención ha disminuido un poco debido a los acontecimientos dramáticos en otras regiones, el juego geopolítico sigue desarrollándose. Un nuevo y contundente movimiento fue la primera visita de Xi Jinping a Corea del Norte desde la pandemia. Esta se produjo inmediatamente después de que el líder chino recibiera en Pekín a Donald Trump y Vladímir Putin, lo que permitió a Xi aprovechar las nuevas posiciones de los líderes de las principales potencias. Cabe recordar que Corea del Norte es el único aliado oficial de Pekín y que, de acuerdo con un tratado de 1961, China está obligada a prestarle asistencia con todos los medios disponibles en caso de una agresión. ¿Demostró esta visita que Pekín no tiene intención de dejar a Pionyang en la órbita de Rusia y que busca asegurarse un papel clave en la configuración de la arquitectura de seguridad del noreste de Asia? Esa es, al menos, la interpretación de muchos analistas occidentales y surcoreanos. Los resultados de la visita permiten concluir que Pekín reafirmó su papel como el “primer violín” en la partitura coreana, aunque esto no significa que estuviera intentando desplazar a Rusia o aumentar la presión sobre la RPDC.
En realidad, ambas partes enviaron una clara señal de que comparten posiciones sobre los principales asuntos de la política mundial. El actual conflicto geopolítico ha demostrado con claridad que Corea del Norte ya no es un actor periférico e insignificante en las relaciones entre las grandes potencias. Pionyang se ha convertido en un actor de peso, cuya influencia y atención ahora deben disputarse las principales capitales del mundo. Estados Unidos no ha logrado obtener el acuerdo de Kim Jong-un para entablar un diálogo; Kim Jong-un ignora deliberadamente a la República de Corea; los países del sureste asiático muestran interés por la posición de Pionyang; y Europa está considerando cómo tender puentes con Corea del Norte.
En los últimos años, Kim Jong-un ha fortalecido considerablemente su posición tanto en el ámbito interno como en el internacional. Tras el IX Congreso del Partido del Trabajo de Corea (PTC), celebrado en febrero de 2026, ha logrado consolidarse dentro de la RPDC no solo como el heredero del fundador del Estado y su sucesor, sino que finalmente ha salido de la sombra de sus antecesores. Hoy es una figura independiente, un destacado teórico y dirigente práctico, que ha conseguido superar una grave crisis económica y es capaz de relacionarse de igual a igual con líderes mundiales reconocidos. En primer lugar, ha propuesto un nuevo rumbo para el desarrollo social (“el pueblo primero”), en contraste con la política de “el ejército primero” de su padre y la idea Juche de su abuelo. En segundo lugar, el líder norcoreano ha redefinido el estatus internacional de la RPDC: ya no como un “proyecto temporal” orientado a la reunificación de Corea — considerada imposible desde 2023 —, sino como un Estado “permanente”, responsable y con paridad nuclear frente a las principales potencias del mundo.
La visita de Xi puede interpretarse como un reconocimiento de esta realidad. En consecuencia, la arquitectura de seguridad del noreste de Asia ya no se construirá en torno a la ya desacreditada idea de la desnuclearización ni a la perspectiva de la reunificación de Corea, sino mediante la búsqueda de un equilibrio político-militar entre el eje China-Rusia-RPDC, por un lado, y el bloque Estados Unidos-Japón-República de Corea, por el otro. El principal resultado de la visita es que la RPDC ha quedado, de hecho, consolidada como un elemento reconocido del nuevo equilibrio de poder en el noreste de Asia. Anteriormente, durante los debates en las Naciones Unidas e incluso en las votaciones sobre resoluciones de sanciones, Pekín y Moscú reconocían implícitamente a Pionyang como un problema para la seguridad global, especialmente para la estabilidad estratégica. Hoy, China, siguiendo el ejemplo de Rusia, demuestra su disposición a incorporar a la RPDC al naciente sistema de equilibrio estratégico regional junto con Rusia, Estados Unidos, Japón y la República de Corea.
Esta es una noticia sumamente negativa para la República de Corea y Japón. Su influencia geopolítica en la región y su capacidad para alcanzar sus propios objetivos se están debilitando. Seúl tendrá que retirar de su agenda el tema de la desnuclearización de Corea del Norte si alguna vez quiere reanudar el diálogo con el Norte. A partir de ahora, el consentimiento de Pionyang para establecer contactos tendrá que ganarse, y la principal condición para cualquier conversación será que Seúl renuncie oficialmente a la idea de la reunificación de Corea (es decir, la absorción de la RPDC), que actualmente está consagrada en la Constitución surcoreana. Ninguna potencia externa — incluidas las europeas, cuyo respaldo el presidente surcoreano intentó obtener sin éxito en junio de 2026 apelando al sentimiento antirruso — podrá ayudar en este aspecto. Asimismo, es poco probable que una mayor cooperación bilateral con Washington y el fortalecimiento del bloque trilateral entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur hagan que Corea del Norte y sus aliados adopten una postura más flexible.
De manera similar, en el caso de Japón, la respuesta más probable será otra ronda de militarización y un incremento de la cooperación con Estados Unidos en materia de defensa antimisiles y sistemas de alerta temprana de misiles. Sin embargo, es poco probable que estas medidas aumenten realmente la seguridad de Tokio o reduzcan la hostilidad en sus relaciones con China.
Rachel Minyoung Lee, en un artículo publicado en el reconocido sitio web 38 North, señala que, antes de la visita, Corea del Norte envió deliberadamente un doble mensaje a Pekín. Por un lado, Pionyang respaldó la posición de China respecto a Taiwán y Japón; por el otro, declaró de manera pública y categórica que su condición de potencia nuclear es irreversible. En esencia, Corea del Norte trazó de antemano sus propias “líneas rojas” frente a China, demostrando que ya no actúa como un socio menor que solicita ayuda, sino que intenta imponer su propia agenda.
Una nueva era de cooperación
Durante sus conversaciones, Xi Jinping y Kim Jong-un proclamaron el inicio de una nueva etapa en la cooperación entre China y Corea del Norte. El líder chino destacó que la amistad entre Pekín y Pionyang permanece inalterable independientemente de la situación internacional y reafirmó la disposición de China a seguir respaldando el rumbo socialista de Corea del Norte. Para Pionyang, esto representa un logro importante, especialmente considerando su alianza simultánea con Rusia, respecto de la cual Pekín, según intercambios privados con expertos chinos, ya no manifiesta las preocupaciones que tenía en 2024 y 2025.
El principal triunfo diplomático de Pionyang fue el reconocimiento tácito, de facto, por parte de Pekín de su condición de potencia nuclear. Los comunicados oficiales emitidos por ambas partes tras las conversaciones omitieron por completo las expresiones “programa nuclear” y “desnuclearización”, un término tabú para Corea del Norte, a pesar de que China anteriormente las incluía de manera sistemática en sus declaraciones.
Tampoco se dijo nada sobre las perspectivas de eventuales negociaciones entre Corea del Norte y Estados Unidos o la República de Corea, pese a que, en mayo de 2026, durante la cumbre de Pekín, Donald Trump planteó el tema de la desnuclearización y solicitó expresamente a Xi Jinping que actuara como mediador para iniciar un diálogo directo con la RPDC. Al mismo tiempo, Seúl insistió ante la parte china, en todos los niveles, para que contribuyera a establecer contactos con el Norte. Antes de la visita del líder chino, Kim Jong-un realizó una visita deliberadamente simbólica a instalaciones clave del complejo nuclear y de misiles del país, subrayando el poder de su capacidad nuclear. De este modo, Pekín siguió tácitamente la postura de Rusia, que ya a finales de 2023 había declarado que la desnuclearización de Corea del Norte había dejado de formar parte de la agenda.
En respuesta, Corea del Norte reiteró su respaldo a la posición de China sobre Taiwán y al principio de “una sola China”. Esta retórica, por sí misma, no es nueva, por lo que no está claro cuán valioso resulta ese apoyo para Pekín. Sin embargo, en el contexto de la asistencia militar que Corea del Norte brindó a Rusia en operaciones contra las fuerzas ucranianas en la región de Kursk, este tipo de garantías, aplicadas a un hipotético conflicto en torno a Taiwán, podrían tener una importancia considerable. Para Corea del Sur, esto representa una seria preocupación en caso de que Washington exija una participación directa en una eventual crisis relacionada con Taiwán.
La visita de Xi Jinping también reviste, por supuesto, una gran importancia para las relaciones entre China y Corea del Norte. Tras un período de distanciamiento a comienzos de la década de 2020, la cumbre constituyó una clara demostración de la restauración y el fortalecimiento de la cooperación práctica. Este proceso comenzó en septiembre de 2025, cuando Kim Jong-un visitó Pekín para participar en las celebraciones con motivo del fin de la Segunda Guerra Mundial. Las fotografías de la “troika” integrada por los líderes de China, Corea del Norte y Rusia se convirtieron entonces en un símbolo visual del fortalecimiento del entendimiento trilateral, alimentando las especulaciones de observadores occidentales sobre la formación de un “triángulo agresivo”.
En el ámbito económico, China consolidó, como era previsible, su condición de principal socio de Corea del Norte. Una comparación de los comunicados informativos publicados por ambos países muestra que Pekín está claramente interesado en ampliar la cooperación práctica en materia de logística, turismo e infraestructura para la construcción, mientras que Pionyang se muestra reacio a asumir compromisos concretos, especialmente aquellos relacionados con una mayor “apertura” del país y el acceso de extranjeros. Hasta el momento no se han anunciado grandes paquetes financieros ni proyectos específicos de inversión, aunque ello no significa que estos temas no se hayan tratado a puerta cerrada. En particular, China está interesada en desarrollar un proyecto trilateral en la desembocadura del Río Tumen para obtener acceso directo al Mar de Japón. Pekín promueve activamente esta iniciativa en sus contactos bilaterales de alto nivel con Moscú, pero la postura conservadora de Corea del Norte ha seguido siendo, hasta hace poco, el principal obstáculo para la puesta en práctica de estos planes.
¿Los intereses de Rusia?
Para Moscú, la intensificación de la cooperación entre Corea del Norte y su principal socio económico representa tanto desafíos como oportunidades. No existe una competencia real entre Rusia y China en el frente coreano: las preocupaciones latentes que China tenía anteriormente respecto al creciente desarrollo de la cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte ya han sido superadas. Prueba de ello son las cumbres periódicas entre los líderes de los tres países en Pekín, así como el mecanismo permanente de consultas oficiales entre Rusia y China sobre los asuntos de la península coreana. Este mecanismo implica una coordinación regular de las políticas de los tres países, algo considerado de importancia crítica tanto para la seguridad regional como para hacer frente conjuntamente a la presión de las sanciones internacionales.
Al mismo tiempo, Moscú y Pekín cuentan con diferentes ventajas comparativas. China tiene una posición más sólida en el comercio, la inversión, la cooperación industrial y el sostenimiento de la estabilidad permanente de la economía norcoreana. Rusia, por su parte, posee ventajas en los ámbitos de la energía, el transporte, la tecnología militar, el desarrollo de los recursos naturales y la integración de Corea del Norte en los proyectos logísticos euroasiáticos. Incluso después del fin de la Segunda Guerra Mundial y de la disminución de la necesidad de las capacidades militares norcoreanas, estos intereses permanecerán inalterados. Además, se verán reforzados por los compromisos mutuos de alianza y por el estatus de nación más favorecida en la relación bilateral.
Así, los tres Estados fronterizos pueden debatir la coordinación de proyectos de infraestructura, como el desarrollo de corredores de transporte, la integración de las redes ferroviarias y la creación de un “anillo” energético unificado que conecte el lejano oriente ruso, el noreste de China y la RPDC. Nuestro lema no es competir con Pekín por Pionyang, sino participar conjuntamente en la configuración de un nuevo orden regional, preservando al mismo tiempo nuestra propia presencia estratégica en la Península de Corea.
