La inteligencia artificial está transformando rápidamente las economías, los servicios públicos y la producción de conocimiento, convirtiéndose en uno de los motores más poderosos del desarrollo a nivel mundial. En todo el Mediterráneo Meridional, donde los países están acelerando su transformación digital e invirtiendo en economías basadas en el conocimiento, surge una pregunta fundamental: ¿puede la IA convertirse en una herramienta para reducir la brecha de género o generará nuevas formas de desigualdad?
Los países del Mediterráneo Meridional — Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Jordania, Líbano y Palestina — comparten oportunidades y desafíos comunes en sus procesos de transformación digital y en sus aspiraciones relacionadas con la inteligencia artificial. Aunque difieren en sus políticas nacionales, sus niveles de inversión tecnológica y su capacidad institucional, todos enfrentan un desafío compartido: ampliar la participación de las mujeres en la economía digital para que puedan desempeñar un papel más importante en el desarrollo de la inteligencia artificial y beneficiarse de las oportunidades económicas y sociales que esta ofrece.
Esta cuestión va más allá de la tecnología en sí misma. Está estrechamente relacionada con el acceso de las mujeres a las competencias digitales, su participación en la investigación científica, el acceso al financiamiento y las oportunidades para contribuir a la innovación en inteligencia artificial. La experiencia internacional ha demostrado que la tecnología no es inherentemente neutral; por el contrario, refleja los entornos sociales e institucionales en los que se desarrolla. Por ello, el éxito de la transformación digital en el Mediterráneo Meridional no debería medirse únicamente por el número de aplicaciones de inteligencia artificial o de centros de datos, sino por el grado en que las mujeres puedan participar en la creación de estas tecnologías y beneficiarse de las oportunidades que generan.
La brecha digital: donde comienza el desafío
Antes de hablar de la inteligencia artificial, es importante reconocer que la brecha de género comienza con el acceso al propio mundo digital. Según la OCDE, con base en datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), solo el 39% de las mujeres en Medio Oriente y el Norte de África utiliza internet, en comparación con el 48% de los hombres. Esto significa que millones de mujeres siguen excluidas de la economía digital, lo que limita sus oportunidades de educación, empleo y acceso a servicios digitales.
La brecha digital va más allá del género, ya que también abarca dimensiones geográficas, económicas, sociales y culturales. En toda la región árabe, la cobertura de redes 4G alcanza solo el 44% de las zonas rurales, frente al 76% de las zonas urbanas. Esta diferencia afecta de manera desproporcionada a las mujeres, ya que una infraestructura digital limitada restringe el acceso a habilidades técnicas, oportunidades de trabajo remoto y plataformas de aprendizaje en línea, especialmente en las comunidades con menos servicios.
Sin embargo, la infraestructura es solo una parte del desafío. El alto costo de los teléfonos inteligentes y de los servicios de internet sigue siendo una barrera importante para muchas mujeres, especialmente en los hogares de bajos ingresos. Además, las normas sociales en algunas comunidades continúan limitando el acceso de las mujeres y las niñas a la tecnología o desalentándolas de estudiar y desarrollarse en áreas relacionadas con lo digital y la tecnología. La escasez de programas de alfabetización digital diseñados específicamente para mujeres, junto con las preocupaciones por el acoso en línea y la violencia digital, amplía aún más la brecha digital y reduce la participación femenina tanto en la economía digital como en el ecosistema de la inteligencia artificial.
Las experiencias de varios países del Mediterráneo Meridional demuestran que reducir esta brecha requiere políticas públicas concretas que vayan más allá de la expansión de la infraestructura digital. Entre ellas se encuentran programas nacionales de alfabetización digital, acceso asequible a internet y una mayor inversión en la educación digital de las niñas desde edades tempranas, sentando así las bases para su futura participación en la economía de la inteligencia artificial.
De la investigación científica a la economía de la inteligencia artificial
A pesar de los desafíos que plantea la brecha digital, la región cuenta con una sólida base científica sobre la cual puede construir. Según la UNESCO, las mujeres representan el 41% de las personas dedicadas a la investigación científica en los estados árabes, una cifra que supera el promedio mundial de participación femenina en este ámbito. Esto refleja la existencia de un importante grupo de talento femenino con capacidad para contribuir a la innovación, la ciencia y las tecnologías emergentes.
Sin embargo, esta fortaleza científica no se refleja de la misma manera en el emprendimiento y la economía digital. Según la OCDE, solo el 4.5% de las mujeres en Medio Oriente y el Norte de África son propietarias de empresas consolidadas, frente a un promedio mundial del 6.2%. La organización identifica como principales obstáculos el acceso limitado al financiamiento, la insuficiencia de competencias digitales avanzadas y la debilidad de las redes empresariales, factores que dificultan el crecimiento y la competitividad de las empresas lideradas por mujeres.
Una comparación entre los países del Mediterráneo Meridional muestra distintos caminos hacia la transformación digital. En Marruecos, la UNESCO llevó a cabo una Evaluación Nacional de Preparación para la IA (‘AI Readiness Assessment’), en la que analizó la capacidad del país para adoptar la inteligencia artificial de manera responsable, identificando fortalezas, vacíos en las políticas públicas y recomendaciones para desarrollar una estrategia nacional integral de IA. Egipto, por su parte, ha adoptado una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial centrada en fortalecer las capacidades digitales y la innovación. Jordania continúa ampliando sus programas de desarrollo de habilidades digitales y emprendimiento, mientras que Túnez se beneficia de una sólida base de talento científico. Líbano, por su parte, destaca por iniciativas de la sociedad civil como el All Girls Code, que promueve el aprendizaje de programación e inteligencia artificial entre las niñas. En conjunto, estas experiencias demuestran que invertir en las mujeres se ha convertido en un componente integral de las estrategias de desarrollo digital, y no solo en una serie de iniciativas de capacitación.
Estos ejemplos muestran que el mayor desafío de la región no es la falta de talento, sino la capacidad de transformar el conocimiento científico en empresas innovadoras capaces de competir en la economía digital. Reducir esta brecha requiere políticas que vinculen la educación con la innovación, amplíen el acceso al financiamiento y a las incubadoras de negocios, y apoyen a las investigadoras y emprendedoras para llevar sus ideas desde las universidades y los centros de investigación hasta el mercado, especialmente en los sectores relacionados con la inteligencia artificial.
La inteligencia artificial no siempre es neutral
A pesar de su enorme potencial, la inteligencia artificial no está libre de sesgos. Los sistemas de IA aprenden a partir de los datos con los que son entrenados y, cuando esos conjuntos de datos reflejan desigualdades sociales o estereotipos ya existentes, la IA puede reproducirlos o incluso amplificarlos en ámbitos como la contratación de personal, los servicios financieros, la atención médica y la educación.
La UNESCO y ONU Mujeres han advertido que algunos modelos de inteligencia artificial generativa siguen reforzando los estereotipos de género. Un estudio que analizó 133 sistemas de IA encontró que el 44% presentaba sesgos de género, mientras que el 25% mostraba sesgos interseccionales relacionados con el género y otras características sociales. Al mismo tiempo, las mujeres representan apenas el 22% de los profesionales de la inteligencia artificial a nivel mundial, lo que limita la diversidad entre quienes diseñan y desarrollan estas tecnologías.
Estos hallazgos no significan que la inteligencia artificial vaya a profundizar inevitablemente las desigualdades. Más bien, ponen de relieve la importancia de desarrollar sistemas de IA más inclusivos mediante una mayor participación de las mujeres, conjuntos de datos de entrenamiento de mayor calidad y estándares más sólidos de transparencia y rendición de cuentas, con el fin de garantizar que estas tecnologías beneficien a todos los integrantes de la sociedad de manera justa y equitativa.
Del diagnóstico de la brecha a la construcción de soluciones
Si bien los datos muestran la magnitud de los desafíos, también evidencian que ya están surgiendo soluciones en varios países del Mediterráneo Meridional. Más que limitarse a documentar la brecha digital de género, los gobiernos, las universidades y diversas instituciones están invirtiendo cada vez más en educación, innovación y emprendimiento para ampliar la participación de las mujeres en la economía digital y en el desarrollo de la inteligencia artificial.
En Líbano, la iniciativa All Girls Code se ha convertido en un ejemplo destacado de cómo acercar a las niñas a la programación y a la inteligencia artificial desde edades tempranas puede contribuir a ampliar el número de mujeres con talento en el sector tecnológico. Además de brindar formación técnica, la iniciativa desafía los estereotipos de género asociados a las carreras digitales y anima a un mayor número de niñas a estudiar y desarrollar una carrera profesional en ciencia y tecnología.
En Marruecos, la UNESCO, en colaboración con el AI Movement Center de la Universidad Politécnica Mohammed VI, puso en marcha la iniciativa African Women in Tech and AI (AWITAI). El programa ofrece capacitación, mentoría e incubación empresarial para emprendedoras africanas que desarrollan soluciones basadas en inteligencia artificial en áreas como la salud, la educación, la agricultura y el desarrollo sostenible. Esta iniciativa demuestra la importancia de vincular la investigación científica con el emprendimiento y de transformar el conocimiento en proyectos que generen impacto tanto económico como social.
A nivel regional, la Unión por el Mediterráneo (UfM, por sus siglas en inglés) lanzó la primera edición de los Women in AI Awards, un reconocimiento dirigido a mujeres innovadoras que desarrollan soluciones de inteligencia artificial para enfrentar desafíos sociales y económicos en la región euromediterránea. Esta iniciativa refleja un cambio más amplio: pasar de simplemente medir las brechas de género a apoyar la innovación que contribuya activamente a reducirlas.
Aunque estas iniciativas difieren en alcance y objetivos, todas comparten un mismo principio: invertir en las mujeres va mucho más allá de ofrecer capacitación. Requiere construir un ecosistema integral que conecte la educación, la investigación científica, el emprendimiento, el financiamiento y la innovación, permitiendo que las habilidades digitales se traduzcan en oportunidades económicas reales.
¿Qué políticas necesitan los países del Mediterráneo Meridional?
La experiencia regional sugiere que la inversión en inteligencia artificial no generará resultados inclusivos y sostenibles a menos que esté respaldada por políticas públicas medibles. Una prioridad consiste en integrar la programación y la inteligencia artificial en los planes de estudio escolares, al mismo tiempo que se desarrollan iniciativas específicas que incentiven a las niñas a seguir carreras en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM) desde una edad temprana.
Los países del Mediterráneo Meridional también necesitan ampliar las subvenciones para investigación, las incubadoras de empresas y los programas de emprendimiento destinados a mujeres investigadoras y emprendedoras, además de ofrecer incentivos financieros y fiscales para las empresas emergentes lideradas por mujeres en los sectores de inteligencia artificial y tecnologías avanzadas, con el objetivo de fortalecer su competitividad y crecimiento a largo plazo.
Las organizaciones internacionales también han recomendado establecer bases de datos nacionales para supervisar la participación de las mujeres en la educación digital, la investigación científica y la fuerza laboral relacionada con la inteligencia artificial. Estos datos permitirían a los gobiernos diseñar políticas basadas en evidencia, en lugar de depender de estimaciones generales o información fragmentada.
Al mismo tiempo, la adopción de los principios de la “Inteligencia Artificial Responsable” está adquiriendo una importancia cada vez mayor. Esto incluye realizar evaluaciones de impacto algorítmico antes de implementar sistemas de IA en sectores sensibles como la contratación laboral, la educación y la salud; fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas; y garantizar que las mujeres participen en el diseño, desarrollo y prueba de los sistemas de inteligencia artificial. Estas medidas pueden reducir los sesgos algorítmicos y, al mismo tiempo, aumentar la confianza pública en las tecnologías emergentes.
Una oportunidad para construir una economía digital más inclusiva
La evidencia sugiere que los países del Mediterráneo Meridional no carecen de talento femenino; más bien, enfrentan una brecha entre el potencial existente y las oportunidades disponibles. Aunque las mujeres representan una proporción significativa de las personas dedicadas a la investigación en varias partes de la región, esto todavía no se ha traducido en una participación equivalente en el emprendimiento tecnológico o la innovación en inteligencia artificial. Reducir esta brecha no es solo una cuestión de igualdad de género, sino también una necesidad económica.
A medida que la transformación digital se acelera, la región tiene la oportunidad de reformular sus políticas para que la inteligencia artificial se convierta en un motor de participación económica y social de las mujeres, en lugar de una fuerza que refuerce las desigualdades existentes. Alcanzar este objetivo requiere una visión de largo plazo que conecte la educación, la investigación científica, el emprendimiento y la gobernanza digital, garantizando al mismo tiempo la participación de las mujeres en todas las etapas del desarrollo tecnológico.
Conclusión
La inteligencia artificial por sí sola no eliminará la desigualdad de género, pero puede convertirse en una de las herramientas más eficaces para reducirla si se desarrolla sobre los principios de inclusión, equidad e igualdad de oportunidades. Las experiencias de varios países del Mediterráneo Meridional demuestran que la inversión en educación digital, el apoyo a mujeres emprendedoras, unas alianzas más sólidas entre universidades y el sector privado, y la adopción de principios de inteligencia artificial responsable ya están creando nuevos caminos para la participación de las mujeres en la economía digital.
El verdadero desafío ahora consiste en transformar estas iniciativas prometedoras en políticas nacionales y regionales sostenibles con resultados medibles, incluyendo una mayor participación femenina en campos relacionados con la inteligencia artificial, un aumento de empresas tecnológicas lideradas por mujeres y una representación más fuerte de las mujeres en la investigación, la innovación y la toma de decisiones. Solo entonces las mujeres serán no solo beneficiarias de la revolución de la inteligencia artificial, sino también arquitectas y líderes activas de una economía digital más innovadora, inclusiva y sostenible en todo el Mediterráneo Meridional.

