CPTPP member states. StevoLaker, CC0, via Wikimedia Commons

El CPTPP en una encrucijada

Frente a un nuevo escenario en el que las herramientas económicas se utilizan cada vez más como armas y las normas comerciales son ignoradas, las 12 economías miembros del Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés) se reunieron de manera virtual para la Décima reunión de la Comisión en junio.

Firmado en 2018, el acuerdo abarca el Indo-Pacífico, América Latina, Europa y América del Norte, y ha impulsado el crecimiento económico, con un comercio intrabloque que alcanzó los 618 mil millones de dólares estadounidenses en 2024. Con el objetivo de preservar este impulso, los miembros acordaron durante la reunión “garantizar que el CPTPP continúe desempeñando un papel clave en el fomento de la integración económica”. Convertir esa determinación en acciones requerirá que los miembros sepan desenvolverse frente a dos grandes potencias dispuestas a utilizar los aranceles y aprovechar las dependencias de las cadenas de suministro para perseguir sus intereses.

Enfrentar este desafío no sería la primera ocasión en que los miembros del acuerdo optan por adaptarse a un mundo cambiante, en el que las grandes potencias renegociaban sus papeles globales y las reglas de interacción. Cuando Estados Unidos abandonó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), el CPTPP surgió como una declaración de que era posible forjar acuerdos estratégicos y económicos sin Washington ni Pekín. Ahora, el desafío es mayor. Para afrontarlo, el CPTPP necesita un mecanismo que permita identificar vulnerabilidades compartidas, demostrar solidaridad y dirigir recursos colectivos.

Los miembros comprenden bien esta necesidad. En octubre de 2025, China endureció sus controles a las exportaciones de tierras raras, utilizando su posición dominante en el procesamiento para hacer valer sus intereses estratégicos y, al hacerlo, recordó al mundo que las dependencias dentro de los sistemas globales pueden convertirse rápidamente en instrumentos de presión. Los miembros del CPTPP respondieron. En noviembre de 2025, recomendaron que los funcionarios comenzaran a fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro y a establecer plataformas para compartir información y coordinar respuestas frente a la coerción económica.

En marzo, Irán cerró el Estrecho de Ormuz en respuesta a los ataques de Estados Unidos, lo que provocó importantes interrupciones en el suministro mundial de energía. Si bien Estados Unidos no utilizó directamente ese punto estratégico como un instrumento de presión, su indiferencia hacia las vulnerabilidades de los miembros del CPTPP y su oportunista llamado a que sus socios simplemente “compren petróleo de los Estados Unidos de América” demostraron su disposición a aprovechar las crisis sistémicas en beneficio de sus propios intereses nacionales. En junio, los miembros del CPTPP instruyeron a sus funcionarios a acelerar el trabajo para fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro.

Uniendo las piezas: integrar capital y recursos para construir una resiliencia colectiva

Las capacidades y los recursos combinados de la asociación proporcionan todo lo necesario para implementar este mandato de resiliencia, permitiendo a los miembros resistir la coerción o imponer costos que superen los beneficios de ejercerla. El CPTPP también conecta a América Latina y al Indo-Pacífico bajo un mismo acuerdo, ofreciendo acceso a enormes recursos, tecnología y capital. Al representar aproximadamente el 15% del PIB mundial y un mercado de 580 millones de consumidores, la asociación demuestra cómo las potencias medias pueden construir una arquitectura comercial basada en reglas y con un peso económico significativo.

En el ámbito de los minerales críticos, los miembros controlan toda la cadena de valor, de principio a fin. Los miembros latinoamericanos representan cerca del 40% de la producción mundial de cobre y poseen importantes yacimientos de minerales críticos. Australia cuenta con considerables reservas propias y aporta una capacidad de extracción de nivel mundial. Chile refina y exporta casi tres cuartas partes del carbonato de litio del mundo, mientras que Malasia, Vietnam y Australia continúan ampliando su capacidad de procesamiento intermedio. Finalmente, Japón aporta una base avanzada de manufactura. En conjunto, los miembros disponen de suficientes insumos para negociar eficazmente sus intereses con las grandes potencias.

En materia de energía, los miembros pueden construir una seguridad energética sólida y eficaz. Canadá y México son importantes productores de petróleo crudo, y Canadá posee las cuartas mayores reservas de petróleo del mundo. Australia, Malasia y Brunéi son exportadores relevantes de gas natural licuado (GNL), siendo Australia el segundo mayor exportador a nivel mundial. Singapur y Japón constituyen los principales centros de refinación aguas abajo. La asociación también puede impulsar la transición energética. Sus minerales críticos y su capacidad de procesamiento respaldan las tecnologías necesarias, mientras que Vietnam y Malasia están emergiendo como centros de manufactura de insumos para energías limpias. Tanto en combustibles fósiles como en energías limpias, los miembros pueden mitigar las interrupciones y, al mismo tiempo, influir en la forma en que se implementan las nuevas tecnologías.

Los miembros también cuentan con el capital necesario para financiar estas cadenas. Londres, Singapur y Tokio figuran entre los diez principales centros financieros del mundo. Combinados con el fondo de jubilación australiano (‘superannuation’) de 4.5 billones de dólares australianos (AU$), estos centros proporcionan a la asociación suficiente capital institucional para impulsar inversiones capaces de transformar la industria a lo largo de las cadenas regionales de valor.

Controlar componentes fundamentales de las cadenas críticas de suministro ofrece a los miembros mucho más que beneficios comerciales. Les proporciona la capacidad de resistir la coerción y reforzar las reglas. Las grandes potencias prefieren los acuerdos bilaterales porque les otorgan una influencia desproporcionada, permitiéndoles restringir el acceso a mercados, recursos o tecnología que las naciones más pequeñas necesitan. Sin embargo, una coalición de potencias medias que, de manera colectiva, controle los insumos esenciales de las cadenas críticas de suministro resulta difícil de someter a coerción.

No obstante, en una época en la que las instituciones estatales actúan en estrecha coordinación con la industria — ya sea para cooperar, competir o ejercer coerción —, ya no basta con poseer estos activos y reducir las barreras comerciales. Transformar esa capacidad en resiliencia exige que los miembros conozcan qué recursos poseen sus socios, qué vulnerabilidades enfrentan y a quién recurrir durante una interrupción. Los miembros necesitan establecer mecanismos institucionales que construyan y protejan activamente las cadenas de suministro que garantizan el crecimiento y la capacidad de actuar con autonomía, tal como se recomendó en noviembre de 2025 y se reafirmó en junio de este año.

Aprovechar lo que funciona: aprender del IPEF y ampliar su alcance

Pueden extraerse lecciones de los mecanismos del Marco Económico del Indo-Pacífico (IPEF, por sus siglas en inglés), que permiten identificar cuellos de botella en las cadenas de suministro y movilizar acciones colectivas. Su Consejo de Cadenas de Suministro identifica los sectores críticos y coordina planes de acción entre los miembros; su Red de Respuesta ante Crisis proporciona un canal permanente para compartir información y solicitar asistencia durante interrupciones; y sus mecanismos de coordinación de inversiones incentivan la canalización de capital hacia los eslabones débiles de las cadenas de suministro. Solo en 2024, el Foro de Inversionistas para la Economía Limpia del IPEF reunió a los mayores inversionistas de la región en torno a una cartera de proyectos cercana a los 50 mil millones de dólares australianos para facilitar su financiamiento. En conjunto, estos mecanismos no se limitan a reducir las barreras para la cooperación; la hacen operativa.

El CPTPP podría desplegar una arquitectura similar con un impacto aún mayor por dos razones. En primer lugar, a diferencia del IPEF, conecta directamente a los países latinoamericanos poseedores de recursos con la capacidad de procesamiento y manufactura del Indo-Pacífico. En segundo lugar, mientras que el IPEF depende de unos Estados Unidos que se ha alejado del comercio basado en reglas, el CPTPP constituye la agrupación más completa dedicada exclusivamente a los intereses de las potencias medias.

La tarea ahora consiste en dotar de verdadera eficacia a la agenda sobre resiliencia de las cadenas de suministro y lucha contra la coerción económica. El grupo de trabajo sobre cadenas de suministro debe centrarse en sectores clave, comenzando por los minerales críticos y la energía. La plataforma contra la coerción económica debería identificar las vulnerabilidades sistémicas, coordinar planes de acción específicos por sector, establecer una red de respuesta ante crisis que abarque ambas regiones y dirigir capital hacia los vínculos entre la extracción y el procesamiento que sus miembros pueden desarrollar. Frente a grandes potencias decididas a redefinir el comercio mundial, las potencias medias necesitan algo más que diálogo. Necesitan herramientas para actuar.

Es importante destacar que esta arquitectura debe ponerse en marcha con urgencia. La última revisión para garantizar que el CPTPP siguiera siendo adecuado para sus objetivos tomó tres años y concluyó con el compromiso de los miembros de avanzar hacia una mayor resiliencia de las cadenas de suministro. El llamado realizado en junio para acelerar ese trabajo demuestra que las reformas deben avanzar con mayor rapidez. En un contexto en el que la coerción económica se ha vuelto habitual, un mecanismo imperfecto que exista cuando ocurra la próxima crisis es preferible a uno perfecto que se implemente demasiado tarde. Una arquitectura que ya esté en funcionamiento puede adaptarse y fortalecerse con cada nueva crisis.

El CPTPP demuestra que las potencias medias no están dispuestas a relegar el comercio basado en reglas al pasado. La conclusión sustancial de las negociaciones de adhesión de Costa Rica así lo demuestra hoy. El avance de las negociaciones para la adhesión de Uruguay y las conversaciones preparatorias con Indonesia, Filipinas y los Emiratos Árabes Unidos, junto con una lista cada vez mayor de países solicitantes, muestran que el acuerdo seguirá fortaleciéndose. Los miembros han señalado que la resiliencia de las cadenas de suministro será la prueba decisiva. Cumplir ese objetivo exige algo más que nuevas adhesiones y menores barreras comerciales; requiere nuevos mecanismos capaces de actuar.

Notas
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First published in: Australian Institute of International Affairs Original Source
David Saultry

David Saultry

David Saultry es un consultor independiente especializado en seguridad económica y minerales críticos, que anteriormente asesoró sobre la competencia estratégica entre Estados Unidos y China en el Departamento del Primer Ministro y Gabinete de Australia y en el Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio.

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