‘Make American shipbuilding great again’ (Masga) puede sonar como un esfuerzo de Estados Unidos por fortalecer su poder económico y proyectar influencia internacional, pero Masga no es una política estadounidense. Se trata de una iniciativa de Corea del Sur que surgió tras las conversaciones comerciales con Estados Unidos en junio.
En lugar de responder a las amenazas arancelarias de la administración de Trump únicamente a través de negociaciones comerciales, los funcionarios surcoreanos vieron una oportunidad para demostrar a sus contrapartes estadounidenses que Corea del Sur merecía un trato más favorable. Para ello, propusieron llevar la capacidad y experiencia surcoreana en construcción naval a Estados Unidos.
Corea del Sur es quizá más conocida como exportadora de K-pop, automóviles y semiconductores. Sin embargo, también es una potencia mundial en la industria naval. El astillero de la ciudad surcoreana de Ulsan, en el sureste del país, por sí solo produce aproximadamente diez veces más barcos al año que toda la industria de construcción naval de Estados Unidos.
Además, mientras Estados Unidos intenta contrarrestar el rápido crecimiento de la flota naval china, la asistencia surcoreana resulta claramente necesaria. El secretario de la Marina de Estados Unidos, John Phelan, declaró a comienzos de 2025 que los programas de construcción naval estadounidenses “son un desastre”. Añadió: “Creo que el mejor va con seis meses de retraso y un 57% por encima del presupuesto… y ese es el mejor”.
Masga se lanzó en agosto, cuando los conglomerados surcoreanos HD Hyundai y Samsung Heavy Industries firmaron un acuerdo por 150 mil millones de dólares (112 mil millones de libras) para modernizar las capacidades de construcción naval de Estados Unidos.
Este caso es un ejemplo claro de cómo una potencia media — término que describe a países que no tienen la dominancia de las grandes potencias, pero que son relevantes por sus capacidades industriales, de recursos o diplomáticas — utiliza la diplomacia económica para proyectar un poder mayor al que aparenta.
La diplomacia económica se ha utilizado tradicionalmente para describir las acciones de grandes potencias como Estados Unidos y China, que habilitan o restringen el acceso a sus mercados de consumo, inversiones y capacidades productivas. El objetivo es alcanzar metas de política exterior o seguridad nacional, ya sea dañando o superando las capacidades de un rival.
Un ejemplo clásico es el uso de sanciones por parte del gobierno estadounidense contra Rusia por la guerra en Ucrania, o contra Irán por su programa nuclear. La vinculación explícita de herramientas económicas como sanciones y aranceles con objetivos de defensa en la reciente estrategia de seguridad nacional de Washington es otra muestra clara de esta práctica.
Tradicionalmente, las potencias medias no habían recurrido activamente a la diplomacia económica para alcanzar sus objetivos. En su lugar, buscaban asegurar un lugar en las mesas de decisión mediante la participación cooperativa en foros regionales y multilaterales. Sin embargo, algunos de estos países están comenzando a ejercer su poder de forma más explícita, mediante movimientos preventivos como Masga.
Uso de la diplomacia económica
Taiwán es quizá el caso más evidente de una potencia media que recurre a la diplomacia económica. El país ha utilizado su papel crítico en las cadenas globales de suministro de semiconductores como una forma de disuasión frente a una posible invasión china. La expresidenta taiwanesa Tsai Ing-wen se refirió en 2021 a la dependencia internacional de la industria de chips de la isla como un “escudo de silicio”.
Taipéi impone estrictos controles a la venta de tecnología y examina cuidadosamente las inversiones, en particular las provenientes de China, para proteger su posición estratégica. Además, las principales empresas del sector, como TSMC, invierten de manera intensiva para mantener su ventaja tecnológica.
Vietnam ofrece otro ejemplo. En coherencia con su modelo de política exterior de “diplomacia del bambú”, Hanói recibe a líderes de China, Rusia y Estados Unidos, buscando flexibilidad en lugar de alineamientos rígidos. El objetivo es claro: maximizar los intereses nacionales de Vietnam de forma pragmática y con autonomía.
Con las sexta mayor reserva de tierras raras del mundo, Vietnam ahora busca utilizar estos minerales críticos como una herramienta de diplomacia económica. El 11 de diciembre, el gobierno aprobó la prohibición de exportar tierras raras, argumentando la necesidad de reorientar el sector hacia el procesamiento interno y la manufactura de mayor valor agregado, en lugar de limitarse a la exportación de materias primas básicas.
Las tierras raras son componentes esenciales de numerosos productos clave para la vida cotidiana, incluidos teléfonos inteligentes, semiconductores y vehículos eléctricos. Al restringir el acceso extranjero a estos insumos estratégicos, Vietnam intenta asegurar su posición a largo plazo en las cadenas de suministro de recursos altamente demandados.
En conjunto, estos casos demuestran que la diplomacia económica no es exclusiva de las grandes potencias. Los Estados de potencia media están otorgando y restringiendo de manera selectiva el acceso a sus fortalezas económicas para reconfigurar mercados y relaciones de seguridad. La construcción naval de Corea, la producción de chips de Taiwán y las tierras raras de Vietnam ilustran este enfoque más asertivo.
Estos países ya no se limitan a medidas reactivas ni a la diplomacia discreta en foros regionales o multilaterales. Ahora proponen asociaciones económicas y militares, como se observa en iniciativas como Masga y en la afirmación de Tsai de que el mundo debe preocuparse por Taiwán, dada la importancia esencial de los chips para la economía global.
Las grandes potencias han tomado nota. En octubre, HD Hyundai y el contratista de defensa estadounidense Huntington Ingalls Industries anunciaron que construirán conjuntamente buques de nueva generación para la Marina de Estados Unidos. Esta es la primera vez que una empresa surcoreana construirá un buque para la Marina estadounidense. Asimismo, Washington habría intensificado sus acercamientos a Hanói, ofreciendo un estatus diplomático más elevado y apoyo para la explotación minera.
Para otras potencias medias, la lección es clara: identificar y aprovechar las fortalezas económicas estratégicas de las que dependen otros países.
