Cuando el presidente de Corea del Sur, Yoon Suk Yeol interpretó improvisadamente la canción “American Pie” en una cena de gala en la Casa Blanca en 2023, fue algo más que un simple interludio musical. Fue un símbolo de cómo, en las grandes cuestiones de la región Indo-Pacífico del momento, Washington y Seúl cantan del mismo cancionero.
Pero también lo es Japón. Y para el líder surcoreano, amante del karaoke, eso significa tararear una melodía diferente a la de sus predecesores en la escena internacional, y arriesgarse a dar una mal nota en casa.
Yoon, que asumió el cargo en mayo de 2022, ha apostado por estrechar lazos con Japón, antiguo colonizador de Corea del Sur, como parte de una alineación con la cooperación en materia de seguridad liderada por Estados Unidos en la región Indo-Pacífico. Esto implica una postura más exigente hacia la desnuclearización de Corea del Norte y mantener vigilada a China y su creciente asertividad en el Mar de China Meridional.
El acercamiento culminó en una histórica cumbre en Camp David en 2023 destinada a consolidar las relaciones entre Corea del Sur y Japón.
Este acercamiento a Japón le ha valido a Yoon aplausos en Estados Unidos.
Pero no ha hecho nada por mejorar su popularidad en su país. En Corea del Sur hay una creciente desaprobación del liderazgo de Yoon. Los críticos señalan una vena antiliberal en su retórica y sus políticas, que ha incluido ataques a sus críticos y a los medios de comunicación. Según ellos, ha contribuido a una preocupante tendencia de erosión democrática en Corea. Los índices de Yoon se hunden en un momento en que su partido conservador aspira a controlar el Parlamento en las elecciones previstas para el 10 de abril de 2024.
Como académicos que estudian la democratización y la política autoritaria y la Corea moderna, estamos observando cómo aumentan estas preocupaciones en vísperas de las elecciones parlamentarias. Esa votación pondrá a prueba el apoyo popular a Yoon, su agenda política interna y su visión de un papel internacional más abierto de Corea del Sur.
Japón es “ahora nuestro socio”
Yoon puso el dedo en la llaga en un discurso pronunciado el 15 de agosto de 2023 para celebrar el Día de la Liberación Nacional de Corea, en el que afirmó la asociación del país con el vecino Japón. Él afirmó que el antiguo ocupante colonial del país es “ahora nuestro socio, que comparte valores universales y persigue intereses comunes”, y enfatizó que “como socios económicos y de seguridad, Corea y Japón cooperarán con visión al futuro, contribuyendo a la paz y a la prosperidad mundiales”.
Sus declaraciones suscitaron la indignación de la opinión pública, sobre todo por el momento en que se produjeron; el Día de la Liberación Nacional conmemora la liberación de Corea del dominio colonial japonés, que duro de 1910 a 1945.
La ocupación japonesa fue brutal, explotando simultáneamente a las mujeres coreanas, como lo demuestra el uso de las llamadas “mujeres de consuelo” o esclavas sexuales militares, y tratando a los coreanos en general como ciudadanos de segunda clase, al tiempo que imponía a la población ocupada la asimilación obligatoria a la civilización japonesa.
Los intentos del régimen colonial japonés de borrar la identidad y la cultura coreanas, que incluyeron la prohibición de la enseñanza de la lengua coreana y la coacción a los coreanos para que adoptaran nombres japoneses, junto con la violenta represión de los movimientos independentistas, dejaron profundas cicatrices en la psique colectiva coreana.
Para muchos coreanos, ver cómo su país se une a Japón en una asociación trilateral con Estados Unidos es demasiado para aceptarlo.
Surgimiento de voces pro-Japón.
Los objetivos de la política exterior de Yoon y su administración conservadora no se basan en el nacionalismo, sino en lo que se ha descrito como “una alianza basada en valores” con Washington. Esta postura es contraria al enfoque nacionalista que suele verse en la política de derechas de otros países.
De hecho, en Corea del Sur es la izquierda política la que se identifica cada vez más con una forma de nacionalismo. Mientras tanto, la “Nueva Derecha” surcoreana ha adoptado una postura antinacionalista, atacando específicamente el sentimiento antijaponés.
Desde principios de la década de 2000, los conservadores coreanos se han distanciado cada vez más del nacionalismo, particularmente del antijaponés. Si, como han sostenido teóricos como Ernest Gellner, el nacionalismo moderno se basa en la presunta unidad del Estado y la nación, los acontecimientos políticos ocurridos en Corea desde 1980 han desestabilizado esta relación.
Tras el derramamiento de sangre de la matanza de Gwangju en 1980, en la que el Estado asesinó a cientos de sus propios ciudadanos, los nacionalistas de izquierda argumentaron que el Estado surcoreano no era ni el representante ni el defensor de la nación coreana.
Más bien, consideraban que la herencia de instituciones y personal del gobierno colonial japonés por parte del Estado surcoreano, junto con la presencia hegemónica de Estados Unidos en Corea, calificada de “neocolonial” por algunos, diluían las credenciales nacionalistas del Estado.
Por el contrario, los conservadores defendieron la legitimidad del Estado autoritario surcoreano y su legado. Argumentaban que el régimen autoritario era responsable del rápido crecimiento económico que permitía a los surcoreanos vivir en la prosperidad.
Como parte de su defensa del legado de Corea y ataque a una izquierda política cada vez más identificada con el nacionalismo, los conservadores adoptaron una postura antinacionalista, atacando específicamente la retórica antijaponesa. Esto ha supuesto restar importancia a los efectos negativos del dominio colonial japonés en Corea entre 1910 y 1945 e incluso rechazar la validez de los testimonios de las mujeres de consuelo coreanas. Una motivación adicional para los conservadores ha sido justificar los logros de héroes de la derecha como el exdictador Park Chung Hee. Park, a quien se le atribuye el impulso del crecimiento económico de Corea, ha sido tachado por los nacionalistas de colaboracionista projaponés por haberse formado en las academias militares de Manchuria y Japón en la década de 1940.
Desde principios de siglo, se ha producido un aumento gradual de la frecuencia e intensidad de las voces projaponesas. Organizaciones de extrema derecha, como la Brigada de Madres de la República de Corea, organizan desde la década de 2010 concentraciones en defensa del colonialismo japonés. Más recientemente, grupos de extrema derecha han interrumpido sistemáticamente las denominadas Manifestaciones de los Miércoles, una protesta que se lleva a cabo ininterrumpidamente desde hace más de 30 años frente a la embajada japonesa en Corea para exigir a Japón que aborde la cuestión de las mujeres de consuelo.
En un best seller de 2019, los conservadores incluso atacaron el nacionalismo antijaponés como una forma de “tribalismo” de la izquierda. En este contexto de creciente protagonismo de las voces projaponesas, Yoon, es una entrevista de 2023 con The Washington Post, expresó que “no podía aceptar la noción de que Japón debía arrodillarse por lo que ocurrió hace 100 años”.
Ataques a los críticos y noticias falsas
Yoon encarna esta reordenación de la ideología conservadora coreana y la política exterior que rechaza el nacionalismo en favor de unas relaciones más estrechas con Japón, especialmente en el contexto de la alineación con Estados Unidos contra la amenaza de Corea del Norte y China. Este enfoque ha hecho que Yoon reciba el beneplácito de los políticos estadounidenses.
Sin embargo, su popularidad en casa ha caído de un índice de aprobación superior al 50% a mediados de 2022 al 29% a principios de febrero de 2024, aunque desde entonces ha repuntado un poco.
A primera vista, su política exterior parece apoyar los valores liberales y democráticos. Sin embargo, en asuntos internos ha crecido la preocupación de que su retórica y sus políticas reflejen un carácter antiliberal.
Ejemplos de ello son calificar a sus oponentes de “comunistas” y atacar a los medios de comunicación y las “fake news”.
Tal vez no sorprenda; la naturaleza del conservadurismo coreano está profundamente arraigada en el autoritarismo.
La administración de Biden se esfuerza por presentar a Yoon de otra manera, como un aliado, junto con Japón, en la protección de las democracias de Asia. Pero esto dice más de una política exterior estadounidense que centra a China como una amenaza, que sobre el compromiso real de Yoon con las libertades democráticas.
Sin embargo, para el público surcoreano, la postura de Yoon sobre Japón no hace sino aumentar la preocupación general por sus tendencias antiliberales de cara a la votación de abril, las primeras elecciones parlamentarias generales durante el mandato de Yoon.
Nota del editor: el artículo fue actualizado el 7 de marzo de 2024 para aclarar el historial de Park Chung Hee en la Segunda Guerra Mundial.
First published in :

