La primera ministra de Tailandia, Paetongtarn Shinawatra, ha sido suspendida tras la filtración de una grabación de una conversación que mantuvo con el exlíder camboyano Hun Sen. La conversación fue considerada una grave falta ética, e incluso un acto de traición, en un contexto de tensiones con Phnom Penh. El escándalo reavivó los conflictos fronterizos y agravó las rivalidades entre clanes dentro del gobierno tailandés.
El 2 de junio de 2025, la Corte Constitucional de Tailandia votó por unanimidad (9-0) aceptar examinar una petición presentada por 36 senadores que exigían la destitución de la primera ministra Paetongtarn Shinawatra. El 1 de julio, el tribunal ordenó su suspensión inmediata por 7 votos contra 2, mientras se espera un veredicto final. La mandataria ahora tiene 15 días para preparar su defensa.
El viceprimer ministro Phumtham Wechayachai asumió como primer ministro interino, mientras que Paetongtarn fue reasignada al Ministerio de Cultura, tras una rápida reestructuración del gabinete. Paradójicamente, esta reestructuración, aprobada por el Rey, deja al país sin ministro de Defensa, en medio de una crisis diplomática con Camboya.
¿Cuál es la razón oficial de la suspensión? Una “grave falta ética”, tras la filtración de una grabación de un audio de una conversación privada entre Paetongtarn y Hun Sen, el exprimer ministro de Camboya. Este escándalo diplomático agrava la crisis política tailandesa, y deja al descubierto las tensiones subyacentes de un sistema frágil, marcado por alianzas dinásticas, judicialización de la política, rivalidades militares y una sociedad polarizada.
Una grabación filtrada en el centro del escándalo
Desde mayo de 2025, las tensiones entre Tailandia y Camboya han ido en aumento, alimentadas por antiguos conflictos fronterizos heredados del periodo colonial francés.
El 18 de junio, se hizo pública una grabación de audio de 17 minutos; su difusión parece haber sido orquestada desde Phnom Penh, aunque no está claro por quién. En ella se escucha a la primera ministra conversando con Hun Sen, presidente del Senado camboyano y padre del actual primer ministro Hun Manet. El tema central de la charla es la soberanía de tres templos ubicados en la frontera entre Tailandia y Camboya, una zona marcada por décadas de tensión. Paetongtarn adoptó un tono informal y conciliador. En un momento dice: “Tío, por favor, sea indulgente con su sobrina”. [referencia al lenguaje jerárquico comúnmente usado en dichas culturas] Un poco más adelante, añade: “Su Excelencia Hun Sen, lo que usted quiera, yo me encargo”.
Durante la llamada, Paetongtarn también critica al comandante de la segunda región militar de Tailandia, el teniente general Boonsin Padklang, responsable del sector fronterizo, a quien describe como miembro del “bando opositor”. Esto representa una señal preocupante para la cohesión institucional, en un contexto de desconfianza histórica entre el clan Shinawatra y el aparato militar.
Desde la filtración de la grabación, Paetongtarn se ha tenido que disculpar con el general Boonsin y ha expresado públicamente sus lamentos al pueblo tailandés — no por sus declaraciones a Hun Sen, sino por la filtración en sí, la cual calificó como lamentable. Paetongtarn justificó el tono de la conversación refiriéndose a que fue parte de una técnica de negociación de su parte.
Hun Sen, por su parte, afirmó que solo compartió la grabación con unas 80 personas cercanas para “informarlas”, sin poder identificar a quien orquestó la filtración. Una defensa poco convincente, especialmente porque luego amenazó con divulgar información aún más comprometedora sobre Paetongtarn y su padre Thaksin (exprimer ministro de Tailandia entre 2001 y 2006).
El efecto fue inmediato: una protesta nacional, acusaciones de traición y un gobierno en crisis. El Partido del Pueblo [‘Phak Prachachon’], principal fuerza opositora y heredero del disuelto Partido Avanzar (disuelto en 2024), exigió la disolución del Parlamento y la convocatoria a elecciones anticipadas. El Bhum Jai Thai, partido conservador con base en la región de Buriram (Isan) y segunda fuerza dentro de la coalición de gobierno tras el Pheu Thai de la primera ministra, anunció su retiro del gobierno el 19 de junio. Oficialmente, lo hizo en nombre de la soberanía nacional, considerando que la jefa de gobierno no estaba capacitada para responder ante las amenazas de Camboya; extraoficialmente, busca desvincularse de un gobierno debilitado, en un contexto de rivalidad por el control del estratégico Ministerio del Interior.
Fue en este contexto que un grupo de senadores cercanos al Bhum Jai Thai — apodados los “camisas azules” (color de ese partido) por su filiación política — presentó un recurso ante la Corte Constitucional, acusando a Paetongtarn de una “grave falta ética”. En su petición, solicitaron formalmente su destitución, argumentando que su conducta había violado los estándares de integridad exigidos a un jefe de gobierno.
Una respuesta arriesgada y una mayoría amenazada
En este clima de hostilidad, Paetongtarn tiene una salida posible: renunciar antes de que la Corte Constitucional emita su fallo, como han sugerido numerosos políticos y analistas. Esta estrategia le permitiría preservar su futuro político y postularse nuevamente en una elección futura.
Esta opción no es inédita dentro de la dinastía Shinawatra. En 2006, su padre Thaksin disolvió el Parlamento en un intento por calmar una crisis política, pero fue derrocado poco después en un golpe militar. En 2014, su tía Yingluck, primera ministra entre 2011 y 2014, adoptó la misma estrategia: disolvió la Asamblea Nacional antes de ser destituida por la Corte Constitucional, y luego también fue derrocada por el ejército.
Estos antecedentes explican en parte por qué Paetongtarn parece haber descartado esa opción: en el sistema político tailandés, disolver el Parlamento no garantiza la supervivencia. Por eso, prefiere enfrentar el veredicto de una Corte Constitucional percibida como cercana al estamento realista y militar, históricamente hostil a los Shinawatra, pese al riesgo de una inhabilitación política.
Políticamente, su posición se ha vuelto insostenible. El partido Pheu Thai, que Paetongtarn lidera, cuenta con apenas 141 escaños de los 495 totales. Su nueva mayoría se apoya en una frágil coalición de unos 260 escaños, amenazada constantemente por divisiones internas y luchas de poder. Unos veinte diputados originalmente elegidos en la oposición — apodados los “diputados cobra”, por haber cambiado de bando a cambio de compensaciones económicas — podrían brindar apoyo ocasional al gobierno, pero sin garantizar su estabilidad. En este contexto, la reestructuración del gabinete aparece como una maniobra táctica: busca no solo calmar a la opinión pública, sino también ampliar la base parlamentaria, integrando o premiando a partidos pequeños dispuestos a unirse o apoyar a la coalición.
Aun así, ni la disolución de la Asamblea ni la convocatoria a elecciones anticipadas están sobre la mesa. El Pheu Thai apuesta a aprobar su presupuesto antes de octubre y, sobre todo, a evitar una confrontación electoral con la oposición del Partido del Pueblo, que según una encuesta de NIDA del 29 de junio cuenta con un 46% de intención de voto, frente a apenas 11.5% del Pheu Thai.
Además, la Comisión Nacional Anticorrupción está investigando varios casos que involucran a Paetongtarn: su presunta propiedad ilegal de acciones en un resort de lujo; una transacción familiar de 2016 en la que supuestamente utilizó pagarés sin fecha para “pagar” 4,400 millones de bahts (alrededor de 135 millones de dólares) en acciones, eludiendo así cerca de 218 millones de bahts en impuestos; y su controvertida gestión de la crisis fronteriza del 28 de mayo, que resultó en la muerte de un soldado camboyano.
A esto se suman los procesos judiciales contra su padre, lo que podría debilitar a toda la familia en un momento en que los acuerdos entre el Pheu Thai y sus antiguos adversarios conservadores parecen cada vez más frágiles. Thaksin está siendo juzgado por el delito de lesa majestad, tras una entrevista que concedió a un medio surcoreano hace nueve años. También enfrenta juicio por su controvertido regreso a Tailandia en 2023: aunque fue oficialmente condenado a un año de prisión tras recibir un indulto real, no pasó ni un solo día en la cárcel, ya que fue trasladado al hospital policial la primera noche por razones de salud. Esta prolongada estadía en una habitación VIP generó gran polémica, que resurgió en junio de 2025 cuando se abrió una investigación judicial y varios médicos fueron suspendidos por el Consejo Médico, en un contexto de presiones políticas.
La historia se repite: una corte en el centro del juego de poder
La suspensión de Paetongtarn es una más en una larga serie de decisiones judiciales con sesgo político. En 2024, su predecesor Srettha Thavisin, también miembro del Pheu Thai, fue destituido por faltas éticas tras haber designado a un ministro que había estado en prisión. Al mismo tiempo, como ya se mencionó, el Partido Avanza fue disuelto y sus líderes inhabilitados políticamente por haber hecho campaña a favor de reformar la ley de lesa majestad.
En 2022, la Corte suspendió al primer ministro Prayuth Chan-o-cha por exceder el límite legal de su mandato. Sin embargo, en una decisión polémica, concluyó que su periodo como primer ministro solo había comenzado con la adopción de la nueva Constitución en 2017, a pesar de que ya encabezaba el gobierno militar desde 2014.
Esta tendencia no es neutral. Las instituciones judiciales, y en particular la Corte Constitucional, son movilizadas de forma recurrente para neutralizar a figuras percibidas como hostiles al orden establecido (monarquía, ejército, alta burocracia). Una vez más, el procedimiento sigue un patrón ya conocido: aceptación de la denuncia, investigación contra el acusado, y posterior destitución.
Cabe destacar que el partido Bhum Jai Thai también fue objeto de una denuncia por su presunta participación en un fraude durante las elecciones al senado de 2024. Se le acusó de financiar ilegalmente a ciertos candidatos. No obstante, la Corte Constitucional rechazó unánimemente la denuncia, alegando que no había fundamentos para procesar. Esta decisión contrasta con la aceptación del caso contra Paetongtarn y alimenta las sospechas de un trato desigual. Actualmente, el Bhum Jai Thai se ha estado consolidando como el nuevo pilar político de las fuerzas conservadoras.
Maniobras regionales, protestas nacionales
La crisis actual va mucho más allá del marco parlamentario. El 28 de junio, miles de manifestantes se congregaron en Bangkok bajo la consigna del “Frente Unido para la Defensa de la Soberanía Tailandesa”. La movilización fue encabezada por Sondhi Limthongkul, una figura central del movimiento de las Camisas Amarillas, grupo realista y ultranacionalista opositor a los gobiernos de los Shinawatra, y uno de los arquitectos del derrocamiento de Thaksin en 2006.
Junto a las figuras tradicionales de la derecha conservadora, también participaron exaliados de Thaksin que hoy se han distanciado, como Jatuporn Prompan, uno de los líderes del movimiento de las Camisas Rojas, surgido como reacción al golpe de estado de 2006. Otra manifestación está programada para mediados de agosto, cuando la Corte Constitucional deberá emitir su veredicto.
La retórica varía, pero todas convergen en una acusación moral: la primera ministra presuntamente habría intercambiado los intereses nacionales por beneficios familiares. Mientras la mayoría exige un cambio por vías parlamentarias, algunos conservadores más radicales evocan la posibilidad de un golpe de estado. La música patriótica, las bufandas de protesta, los silbatos: todo recordaba las movilizaciones que precedieron el último golpe en 2014.
En paralelo, las relaciones entre Tailandia y Camboya se deterioran, en un contexto de rivalidades territoriales y reconfiguración política. Oficialmente, Phnom Penh está considerando llevar la disputa fronteriza sobre la Isla Kood, potencialmente rica en recursos de gas y petróleo, ante la Corte Internacional de Justicia. Sin embargo, muchos analistas creen que esta medida forma parte de una estrategia más amplia para debilitar al gobierno tailandés, alimentando la controversia en torno a la diplomacia paralela entre Thaksin Shinawatra y Hun Sen.
El proyecto de desarrollo conjunto para esta zona, largamente discutido entre ambos líderes, se ha convertido ahora en símbolo de una alineación informal que inquieta a Bangkok. Es en este contexto que la filtración del audio aparece como una maniobra deliberada: Hun Sen busca exponer públicamente esos vínculos, desviar la atención de las tensiones internas en Camboya y afectar el equilibrio político tailandés. Esta ofensiva también puede explicarse por intereses económicos más inmediatos: la legalización de los casinos, promovida por Paetongtarn, y su política de lucha contra las redes criminales transfronterizas, representan una amenaza directa para la industria de casinos camboyana y los ingresos de las élites camboyanas establecidas a lo largo de la frontera.
Estos ataques reavivan antiguas sospechas sobre los vínculos entre la familia Shinawatra y Camboya. Thaksin y Hun Sen han mantenido una relación estrecha desde hace décadas, basada en intereses económicos compartidos y cierto pragmatismo político. Cuando Thaksin y la exprimera ministra Yingluck huyeron de Tailandia tras los golpes de Estado de 2006 y 2014, fue Hun Sen quien les ofreció asilo.
En 2008 y 2011, las tensiones fronterizas — particularmente en torno al templo Preah Vihear — ya habían sido utilizadas para presentar a los Shinawatra como traidores a la nación. Ahora, con Paetongtarn en el poder y Thaksin de regreso, esas acusaciones resurgen con fuerza.
Inestabilidad crónica y un escenario político estancado
La destitución de Paetongtarn parece cada vez más probable, pero las opciones para su sucesión siguen siendo inciertas. Su reemplazo designado dentro del Pheu Thai, Chaikasem Nitisiri, ha suscitado preocupación debido a su estado de salud y a su anterior apoyo para reformar el delito de lesa majestad. Dentro de la coalición, otras figuras destacadas como Pirapan y Jurin carecen de peso político o han quedado debilitados por la controversia. Actualmente, el único candidato con suficiente respaldo parlamentario y cierta legitimidad parece ser Anutin Charnvirakul. Sin embargo, en caso de un bloqueo parlamentario, el exprimer ministro Prayut Chan-o-cha podría emerger como una “carta sorpresa”, aunque solo podría ocupar el cargo por dos años más, antes de alcanzar el límite máximo permitido por la Constitución.
La eventual caída de Paetongtarn, de concretarse, se inscribiría en un ciclo ya conocido: líderes elegidos en las urnas son desacreditados mediante mecanismos institucionales, las élites conservadoras se reagrupan, las calles se llenan de protestas y el ejército se prepara en segundo plano.
Detrás de la imagen de renovación generacional o femenina, el poder de Paetongtarn se sustentaba en una arquitectura heredada de su padre, el cual ella ni reformó ni desafió. Pero al intentar maniobrar dentro de ese sistema y reinstalar la influencia de su familia, reavivó las tensiones con las élites conservadoras, que en su momento hicieron todo por excluir a los Shinawatra. El problema no es tanto institucional como político, pero ella podría haber subestimado la resiliencia del sistema existente.
A corto plazo, todo depende del fallo de la Corte Constitucional, previsto dentro de uno o dos meses. Pero como siempre en Tailandia, las verdaderas negociaciones no ocurren en el Parlamento ni en la plaza pública, sino entre bastidores, entre familias, facciones e intereses entrelazados, con el Rey al mando del Estado.
