Electric car made in China. Duty for EV cars made in China. Trade, tariffs, duty and customs war

Autos conectados como armas geopolíticas: la batalla de seguridad nacional en torno a los vehículos eléctricos chinos

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), para 2024 más del 20% de los automóviles nuevos vendidos a nivel mundial fueron eléctricos, superando los 17 millones de unidades y posicionando a China como el líder del mercado, con más de 11 millones de ventas. En comparación, los mercados europeo y estadounidense también registraron un crecimiento en el sector, aunque no comparable con el del mercado chino.

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Figura 1: Ventas globales de vehículos eléctricos, 2014–2024. Fuente: AIE (IEA, 2025).

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Figura 2: Participación de vehículos eléctricos registrados en China, Estados Unidos y Europa, 2018–2023. Fuente: IEA, 2025.

Por otro lado, los vehículos autónomos, cuyo tamaño de mercado fue estimado en 68.09 mil millones de dólares en 2024, también están ganando relevancia a nivel mundial. América del Norte fue el mayor mercado en 2024 (con una participación del 37.1%), y los vehículos de pasajeros lideraron el sector con el 69% de los ingresos globales, mientras que la región de Asia-Pacífico es el mercado de más rápido crecimiento.

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Figura 3: Mercado de vehículos autónomos. Fuente: Grand View Research (2025).

Recientemente, a pesar de los datos y la participación de mercado, los debates y análisis sobre la industria automotriz se han desplazado hacia nuevas preocupaciones relacionadas con los riesgos de seguridad, el proteccionismo comercial y la competencia desleal. ¿Por qué? Porque la industria automotriz ha evolucionado y ha adoptado nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, en consecuencia, las preocupaciones se han transformado. Estos cambios han priorizado la comodidad humana y la conectividad por encima de otros factores.

Un nuevo paradigma de seguridad para la movilidad: ¿son los autos conectados armas de datos?

Una respuesta sencilla es no, pero existen elementos que podrían cambiarla a un sí en el futuro. Los vehículos están evolucionando hacia máquinas conectadas, con plataformas impulsadas por software, sensores, cámaras, módulos de conectividad y sistemas de inteligencia artificial. De este modo, la industria automotriz está entrando en una nueva era en la que los datos son clave y quien los controle probablemente controlará el mercado en sí.

Como se mencionó anteriormente, los riesgos de seguridad relacionados con los vehículos han generado debates en los últimos años. Hoy en día, prácticamente cualquier vehículo que se vende cuenta con cierto grado de conectividad; de forma natural, esto conduce a una recolección continua y masiva de información (sensible o no), que incluye, por ejemplo, la ubicación en tiempo real, los patrones de conducción, datos biométricos, grabaciones de audio, imágenes provenientes de los sistemas avanzados de asistencia al conductor (ADAS), entre otros.

Para las personas comunes esto puede pasar desapercibido, pero para los gobiernos, el hecho de recopilar y almacenar datos, o incluso la posibilidad de hacerlo, se ha convertido en un punto crítico y en una amenaza para su seguridad nacional. Al final, el temor es real: cuanto más conectado está un vehículo, mayores son las probabilidades de que pueda convertirse, por ejemplo, en un dispositivo de vigilancia. Las especulaciones pueden crecer tanto como lo permita nuestra/su imaginación, pero lo cierto es que los riesgos de seguridad y el miedo asociado a ellos existen.

En línea con estos riesgos, otra posibilidad es la existencia de puertas traseras de software ocultas en los sistemas operativos o en las unidades telemáticas. Naturalmente, si estas vulnerabilidades fueran explotadas, podrían permitir el apagado remoto de vehículos o flotas, la manipulación de sistemas de navegación o incluso la extracción de datos. En términos simples, esto podría abrir la puerta a ciberataques, incluida la posible pérdida de control de un vehículo. Una vez más, la sola posibilidad de estos escenarios ha replanteado y transformado el paradigma de los vehículos conectados.

Medidas actuales y tendencias regulatorias globales

A medida que los gobiernos comienzan a reconocer las amenazas de seguridad asociadas con los vehículos conectados, muchos han empezado a implementar diversas regulaciones para proteger su seguridad nacional. Entre los actores más activos se encuentran el Reino Unido, Israel, Estados Unidos y la Unión Europea.

Una de las ramas de la guerra económica entre Estados Unidos y China es precisamente la industria de la movilidad. La feroz competencia entre ambas naciones ha endurecido las políticas nacionalistas del presidente Trump; de hecho, Estados Unidos ha adoptado rápidamente un enfoque de seguridad nacional para las importaciones automotrices. Se han llevado a cabo debates en el Congreso e incluso el Departamento de Comercio ha propuesto normas que permitirían a Washington prohibir tecnologías de autos conectados vinculadas a adversarios extranjeros. Además, existe una fuerte presión sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), específicamente para incentivar la revisión de los vehículos que ingresan a Estados Unidos y promover a las empresas estadounidenses fabricantes de vehículos.

Por estas razones, Estados Unidos ha impuesto aranceles a los vehículos fabricados en China (desde un 25% hasta un 100% en 2024 durante la administración de Biden, y posteriormente un arancel adicional del 35.5% a los vehículos eléctricos de origen chino), y ha establecido diversas normas en línea con el T-MEC para limitar o proteger el mercado estadounidense de los vehículos chinos, argumentando que China se aprovecha del T-MEC al utilizar a México o Canadá como puntos de entrada al mercado estadounidense, evitando aranceles y minimizando costos.

Según expertos, esta elusión china de los aranceles estadounidenses puede darse principalmente de tres formas. La primera es a través del transbordo: los productos ingresan a Canadá o México y luego son enviados a Estados Unidos. La segunda consiste en la incorporación de productos chinos en las cadenas de suministro de América del Norte. Y la tercera es mediante inversiones directas de China en instalaciones de manufactura en México o Canadá.

Al mismo tiempo, al otro lado del Atlántico, la Unión Europea también ha estado trabajando en el endurecimiento de las regulaciones a través del ‘Cyber Resilience Act’, así como en el fortalecimiento del Reglamento General de Seguridad, ambos enfocados en la aplicación de estándares rigurosos en ciberseguridad vehicular, gobernanza de datos y transparencia de la cadena de suministro.

También en Europa, recientemente, un periódico británico informó que se ordenó a jefes militares y de inteligencia no discutir asuntos oficiales mientras viajaban en vehículos eléctricos, y que los automóviles con componentes chinos fueron prohibidos en sitios militares sensibles. Además, el exdirector del servicio de inteligencia MI6 afirmó que la tecnología fabricada en China, incluidos los automóviles, podría ser controlada y programada de forma remota. En consecuencia, el Reino Unido ha comenzado a evaluar las cadenas de suministro para detectar dependencias ocultas en sistemas de infoentretenimiento, telemática y semiconductores.

En la misma línea, Israel ha adoptado medidas estrictas: el ejército israelí ha comenzado a retirar vehículos fabricados en China a sus oficiales, citando preocupaciones de espionaje. Otras medidas implementadas incluyen la auditoría de vehículos importados para garantizar la inexistencia de vías de acceso remoto, así como el impulso a fabricantes de automóviles y empresas tecnológicas locales para desarrollar módulos telemáticos seguros y minimizar la dependencia extranjera.

¿Cuál es el papel de China en este nuevo paradigma?

Para comprender el papel de China en los vehículos eléctricos (VE) y los vehículos conectados, es importante destacar los bajos costos laborales en el país, junto con los subsidios gubernamentales y una cadena de suministro bien estructurada y consolidada. Estos tres factores han otorgado a las empresas chinas enormes ventajas frente a sus competidores.

Sin embargo, estos no son los únicos elementos de la ecuación. También es importante mencionar la promoción de los vehículos eléctricos por encima de los de combustión interna, así como la adopción y el desarrollo de tecnologías que transforman a los vehículos “simples” en vehículos conectados. Todos estos factores han sido bien capitalizados por las empresas chinas y, como consecuencia, China se ha convertido en el mayor exportador mundial de vehículos eléctricos y, de alguna manera, en una amenaza para Occidente.

Como se ha mencionado a lo largo del artículo, los riesgos de seguridad han generado debates y preocupaciones, lo cual resulta comprensible, ya que los vehículos fabricados en China se han vuelto competitivos y altamente conectados desde el punto de vista tecnológico, al punto de que hoy están en condiciones de disputar el mercado automotriz global.

Por lo tanto, existe una clara sensación de preocupación entre los gobiernos occidentales, especialmente en el contexto de un mundo cada vez más politizado. Naturalmente, Pekín sostiene que las prohibiciones y las investigaciones sobre los vehículos fabricados en China son formas de proteccionismo económico y rechaza cualquier acusación relacionada con espionaje, filtraciones de datos o uso indebido de la información. Al mismo tiempo, ha respondido endureciendo sus propias normas internas: los vehículos extranjeros tienen prohibido el acceso a regiones sensibles, incluidas áreas cercanas a edificios gubernamentales e instalaciones militares.

Beneficios y desafíos para otros actores clave y los fabricantes automotrices globales

Los fabricantes de automóviles de Corea, Japón, así como de Europa y Estados Unidos, se están viendo directamente beneficiados por el mayor escrutinio sobre los autos conectados de origen chino, lo que abre nuevas oportunidades de exportación e inversión para ellos. Si estos países logran materializar cadenas de suministro de software transparentes, marcos sólidos de ciberseguridad y el cumplimiento de normativas de almacenamiento local de datos, su ventaja competitiva se incrementará.

En particular, las empresas coreanas y japonesas — que han demostrado ser actores confiables con una fuerte presencia a nivel mundial y con fortalezas en tecnología de baterías y sistemas de infoentretenimiento — pueden posicionarse como proveedores de confianza en aquellos mercados que desconfían de los vehículos fabricados en China y de los posibles riesgos de espionaje o de seguridad asociados a ellos.

Por otro lado, existen importantes desafíos por delante. Si cada país o región decide implementar regulaciones propias, surgirán grandes obstáculos. Por ejemplo, los costos de cumplimiento aumentarán, ya que los fabricantes deberán adaptarse a distintas normas de ciberseguridad según la región; la tecnología relacionada con la auditoría de software y la transparencia de las cadenas de suministro requerirá inversiones significativas; la cadena de suministro y el diseño de los vehículos se verán afectados y, como consecuencia, los costos de producción se incrementarán; y, si existen estándares o reglas digitales diferentes, es probable que se presenten limitaciones en la interoperabilidad global.

Conclusiones

Si bien el rápido crecimiento de los vehículos eléctricos a nivel mundial puede considerarse una señal positiva para los objetivos de sostenibilidad — ya que en 2024 reemplazaron más de 1 millón de barriles diarios de consumo de petróleo —, recientemente han surgido ciertas preocupaciones relacionadas con riesgos de seguridad — comprobadas o no —, el proteccionismo comercial y la competencia desleal.

Además, la transformación de los automóviles en plataformas digitales totalmente conectadas ha creado un nuevo paradigma, en el que algunos países — principalmente las naciones occidentales — han comenzado a preocuparse y a replantear su movilidad desde la perspectiva de la seguridad nacional. Como consecuencia, los gobiernos han endurecido las normas relacionadas con los datos, la ciberseguridad y la dependencia de software extranjero.

Esta nueva visión ya está cambiando y transformando la industria automotriz. Si bien las empresas chinas son las más afectadas — debido a la competencia natural y a razones geopolíticas —, existen otros fabricantes globales que, si aprovechan la oportunidad, podrían convertirse en actores clave, siempre que prioricen la transparencia en las cadenas de suministro, la seguridad y la confianza tecnológica.

Este nuevo paradigma ha transformado lo que antes era un producto cotidiano y ordinario en una infraestructura nacional crítica que debe estar sujeta a regulación. Finalmente, este enfoque también resalta la importancia de la soberanía de los datos y lo fundamental que se ha vuelto — y seguirá siendo — en el futuro.

Referencias
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First published in: World & New World Journal
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