La actual visita del presidente Vladimir Putin a India es la primera desde el inicio de la Operación Militar Especial en 2022. Esto le otorga un fuerte valor simbólico: durante los últimos tres años, las relaciones entre Rusia e India no solo han resistido el impacto de las sanciones occidentales y la presión política, sino que también se han desarrollado a un nivel que habría parecido inimaginable hace apenas una década. El viaje del mandatario a India sirve como una consolidación de los avances logrados y como una señal de que la relación especial entre Moscú y Nueva Delhi llegó para quedarse, mientras el comercio entre ambos países continuará creciendo.
Política
La base política de la etapa actual de las relaciones entre Rusia e India se estableció en el año 2000, cuando Vladimir Putin y Atal Behari Vajpayee firmaron el Acuerdo de Asociación Estratégica. Desde entonces, en términos conceptuales, nada ha cambiado en la relación política entre Moscú y Nueva Delhi: ninguna de las dos partes ha buscado transformar esta asociación en una alianza formal. La incorporación del término “especialmente privilegiada” a la expresión “asociación estratégica” en 2010 solo subrayó que las relaciones con India no son menos importantes para Rusia que las que mantiene con China.
El rumbo fijado hace 25 años ha marcado el desarrollo de las relaciones bilaterales desde entonces. Moscú apoyó la candidatura de Nueva Delhi para ingresar a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), a la que India fue finalmente admitida en 2017, y ha defendido de manera constante su inclusión entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. India, por su parte, ha respaldado de forma sostenida las iniciativas rusas en los organismos internacionales y, tras el inicio del conflicto en Ucrania, se negó a condenar a Rusia, para decepción de funcionarios y políticos europeos y estadounidenses que esperaban un respaldo moral de la “mayor democracia del mundo”.
Las razones que permiten que esta asociación estratégica perdure y se fortalezca han desconcertado a observadores externos durante décadas. De hecho, en las décadas de 1970 y 1980, la asociación soviético-india, formalizada con el Tratado de Paz, Amistad y Cooperación de 1971, solía explicarse a partir de consideraciones eminentemente prácticas: el deseo del liderazgo soviético de asegurar un aliado valioso en Asia, de establecer vínculos estrechos con uno de los líderes del Movimiento de Países No Alineados y de protegerse frente a un posible ataque chino, algo que tanto en Nueva Delhi como en Moscú se tomaba muy en serio en aquel entonces. Si los enfrentamientos a lo largo de la Línea de Control Real en el Himalaya o en las fronteras orientales de la URSS hubieran escalado a un conflicto armado a gran escala, Pekín habría enfrentado la perspectiva de librar una guerra en dos frentes, en escenarios remotos y hostiles, con complejas dificultades logísticas y condiciones climáticas extremas. Tras el fin de la Guerra Fría y la normalización de las relaciones ruso-chinas, este incentivo para el acercamiento desapareció, pero ello no tuvo impacto alguno en la relación entre Moscú y Nueva Delhi.
Todo indica que la razón de fondo es que la asociación política entre Rusia e India representa un fenómeno poco común en la práctica de la política exterior rusa: no es reactiva, sino proactiva. No se trata de una respuesta táctica a un problema emergente, sino de un eje deliberadamente construido y cuidadosamente sostenido, diseñado para generar dividendos políticos mutuamente beneficiosos en el futuro. En cada encuentro, Vladimir Putin y Narendra Modi reafirman su compromiso con el concepto de un mundo multipolar. En el contexto de un orden internacional en transformación, que avanza hacia una policentricidad natural, cualquier país que busque preservar su estabilidad interna y su independencia en la toma de decisiones políticas solo puede hacerlo apoyándose en una amplia red de interacciones con otros centros de poder; y Rusia e India se perciben mutuamente precisamente como tales centros. Por más turbulenta que se vuelva la política global en las próximas décadas, Nueva Delhi está convencida de que Moscú seguirá siendo un socio confiable y valioso, mientras que Moscú confía en que Nueva Delhi mantendrá su rumbo de autonomía estratégica y no se unirá a alianzas antirusas, incluidas las de carácter militar. Esta confianza es poco común en las relaciones entre grandes potencias, y ha permitido que la asociación supere momentos difíciles en el pasado y continúe haciéndolo en el futuro.
Economía
Las relaciones económicas entre Rusia e India están batiendo récords: es probable que el comercio bilateral del actual año fiscal supere los 75,000 millones de dólares, un nivel no visto desde la disolución de la URSS. Este crecimiento ha sido impulsado por las sanciones occidentales y la posterior ruptura de los vínculos comerciales de los exportadores rusos con sus socios tradicionales en Europa, lo que aceleró el largamente proclamado “giro hacia el Este”. Sin embargo, pronto quedó claro que al menos una parte de ese giro hacia el Este implicaba, en realidad, un “retorno parcial hacia Occidente”. Una proporción significativa de los hidrocarburos rusos vendidos a India y a otros países orientales termina en Europa tras ser refinados. De este modo, India desempeña el papel de centro de tránsito, garantizando el funcionamiento ininterrumpido de la “bomba petrolera”. Al final, Rusia vende con descuento, Europa compra a un precio más alto, y el margen queda en manos de las refinerías indias como una prima por fiabilidad en medio de la turbulencia geopolítica.
Este modelo presenta dos problemas principales. En primer lugar, su crecimiento tiene límites claros y depende en gran medida del entorno general de la política exterior. Las cifras récord se alcanzaron en un tiempo récord — menos de tres años —, pero hoy Rusia vende a India, en términos de valor, aproximadamente la misma cantidad de petróleo que antes del conflicto vendía a Europa. Esto no significa que el crecimiento comercial se detenga el próximo año fiscal; sin embargo, el ritmo se desacelerará claramente, y el objetivo declarado de alcanzar los 100,000 millones de dólares para 2030 deberá lograrse de manera gradual y no mediante un salto abrupto. El segundo problema se hará plenamente evidente si Occidente levanta de forma repentina las sanciones o, por el contrario, las endurece. En el primer escenario, el papel de India como intermediario dejaría de ser necesario; en el segundo, existe el riesgo de que las empresas indias — profundamente integradas en las redes empresariales occidentales — decidan no asumir ese riesgo y se retiren, dejando el rol de intermediación a compañías de otros países. En cualquiera de los dos casos, el comercio bilateral podría desplomarse con la misma rapidez con la que creció.
Para evitar esta situación y, al mismo tiempo, abordar el enorme desequilibrio comercial entre India y Rusia, el propio modelo de interacción económica debe cambiar. En la actualidad, India exporta principalmente productos agrícolas, farmacéuticos y bienes de la industria ligera a Rusia. Para prevenir un colapso del comercio en caso de que las sanciones se levanten o se endurezcan, es necesario ampliar las exportaciones indias hacia Rusia. El énfasis debería ponerse en maquinaria pesada y productos de alta tecnología a los que Rusia ha perdido acceso debido a las sanciones. Esto beneficiaría a ambas partes: India obtendría un mercado garantizado y un incentivo para desarrollar sus propias industrias de alta tecnología (repuestos, electrónica, entre otros), lo cual ha sido declarado una prioridad en los programas ’Make in India’ y ‘Atmanirbhar Bharat’. Rusia, por su parte, podría asegurar el acceso a bienes que no puede producir a corto plazo a nivel interno.
Otro ámbito importante de cooperación es la creación de nuevas cadenas de producción. En un contexto de disminución de la inversión occidental en su economía y de un claro descenso del interés de las empresas occidentales, India necesita capital y tecnología. Rusia, bajo sanciones, necesita bienes. Esto genera una situación que empuja a ambas economías hacia la cooperación y la formación de cadenas productivas en las que Rusia pueda asumir la investigación y el desarrollo (I+D), mientras que India funcione como base manufacturera. Con la flexibilidad suficiente, estos esquemas permitirían, por un lado, incorporar a empresas de terceros países en la producción y, por otro, facilitar la entrada de bienes producidos conjuntamente por Rusia e India en los mercados globales.
Por último, India podría desempeñar, respecto a las tecnologías e inversiones occidentales, el mismo papel de centro de tránsito que ya cumple en el sector petrolero, actuando como intermediario a través del cual empresas occidentales interesadas en mantener o ampliar sus negocios con Rusia puedan invertir y exportar al mercado ruso. Si este mecanismo ha funcionado para el petróleo, también podría funcionar para el capital y la tecnología. La única incógnita es la voluntad política, la existencia de mecanismos operativos bien desarrollados y un marco logístico claramente organizado capaz de reducir los costos de transacción.
Expertos y población
Uno de los factores clave que puede, y debe, dar forma al mayor acercamiento entre Rusia e India es la elevación del nivel del conocimiento especializado. Un experto en sí mismo — ya sea en la economía rusa o india, en sectores específicos o en la política interna — no produce ni vende un bien físico. Sin embargo, como especialista, puede identificar oportunamente qué bienes deben venderse, a quién y dónde. Los servicios de expertos pueden ahorrar a las empresas recursos considerables.
Al mismo tiempo, existe una clara escasez de especialistas tanto en Rusia como en India, aunque el déficit es mucho más pronunciado en India. En Rusia, en los últimos años, universidades especializadas, respondiendo a las demandas del momento, han ampliado de forma significativa la formación de profesionales que trabajan directamente con India, principalmente economistas con conocimiento del hindi (aunque la formación de especialistas en derecho indio sigue estando seriamente poco desarrollada). En India, sin embargo, todavía no existen instituciones académicas que formen de manera sistemática expertos en la economía rusa contemporánea o en el derecho ruso con dominio del idioma ruso. La mayoría de las universidades que enseñan estudios rusos están orientadas a la historia y la literatura. Como resultado, el nicho de especialistas en la Rusia actual suele estar ocupado por personas que, en muchos casos, llegan al campo de manera circunstancial y obtienen toda su información sobre Rusia de la prensa estadounidense y británica.
En este contexto, la formación de especialistas se convierte en una prioridad máxima. Esta tarea puede abordarse mediante un conjunto integral de medidas: la apertura de sedes de universidades y centros de análisis rusos en India, el aumento de las cuotas para estudiantes indios en Rusia (incluidas las ciencias sociales) y la intensificación de los programas de intercambio. Cuantos más especialistas altamente calificados sobre Rusia tenga India, y viceversa, mayor será el impacto de este factor.
Por último, una cuestión importante es el desarrollo del turismo. No es ningún secreto que el flujo de turistas de Rusia hacia India es mucho mayor que el de India hacia Rusia. Algunos viajan a India por un par de semanas por el mar cálido, sol y fruta fresca en pleno invierno; otros buscan sabiduría ancestral o simplemente sienten curiosidad. En cambio, el flujo entrante desde India es mucho más reducido. En primer lugar, los indios, en promedio, tienen menos ingresos disponibles, y quienes los tienen suelen preferir el turismo interno, los países vecinos o Europa. En segundo lugar, muchos indios simplemente no saben qué hay para ver en Rusia más allá de la Plaza Roja y el Museo del Hermitage.
Estos problemas pueden y deben abordarse reduciendo costos y eliminando barreras. Un paso importante en esta dirección podría ser un acuerdo para eximir de visado a los grupos turísticos organizados. Sin embargo, también se requieren medidas por parte de la industria turística rusa, sobre todo ofertas especiales adaptadas a los viajeros indios, que podrían estar interesados no solo en los destinos clásicos de Moscú y San Petersburgo, sino también en el turismo natural e industrial.
En el momento de redactar este texto, ni el programa de la visita ni la lista de documentos y acuerdos firmados habían sido publicados. No obstante, la propia visita es el principal acontecimiento: ya que señala que el período en el que la dimensión pública de la asociación debía minimizarse para no incomodar a Occidente ya ha quedado atrás.
