Sudán se ha visto envuelto en una guerra civil entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) desde abril de 2023, desatada por una lucha de poder entre ambos bandos. El conflicto ha desplazado a más de 14 millones de personas, y más de la mitad de la población — unos 50 millones de habitantes — enfrenta niveles agudos de hambre. Desde el inicio de la guerra se han lanzado varias iniciativas de mediación, pero con éxito limitado. Incluso la Unión Africana no ha logrado que las principales partes en conflicto acuerden un alto el fuego permanente. Los cuatro países que lideran el principal esfuerzo de mediación por la paz (conocido como el Cuarteto, ‘Quad’ en inglés) son Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. En septiembre de 2025, emitieron una declaración conjunta en la que pidieron un alto el fuego en Sudán y ofrecieron una hoja de ruta para poner fin al conflicto interno. He investigado Sudán por más de una década y, en mi opinión, la capacidad de estos países para lograr un acuerdo político final está seriamente limitada. Las perspectivas de paz dependen de la resolución de tres factores clave:
1. Las profundas diferencias entre el Ejército sudanés y el Cuarteto sobre quién debería participar en la política de la posguerra.
2. Una brecha cada vez mayor entre los principales protagonistas del conflicto respecto a los términos para ponerle fin.
3. Las divisiones internas dentro del Cuarteto, especialmente entre Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, sobre cómo equilibrar el apoyo al ejército, frenar la influencia islamista y manejar los intereses regionales contrapuestos.
El plan del Cuarteto proponía un alto el fuego inmediato, una tregua humanitaria de tres meses y un proceso político inclusivo para resolver las disputas en un plazo de nueve meses. La declaración fue recibida inicialmente con optimismo por las Fuerzas de Apoyo Rápido y los líderes del ejército sudanés. Sin embargo, las reuniones posteriores entre el Cuarteto y los representantes de las partes en guerra no han logrado convertir las propuestas en acciones concretas. Mientras tanto, las tropas paramilitares y sus aliados capturaron la ciudad de El-Fasher, en Darfur del Norte, tras un sangriento asedio de 500 días. Esta era la última gran base del ejército en la región de Darfur. Darfur abarca casi el 20% del territorio de Sudán y limita con Libia, Chad y la República Centroafricana. La captura de El-Fasher ha aumentado las preocupaciones sobre una posible partición de facto del país en su región occidental. En este contexto, la más reciente iniciativa del Cuarteto parece tener pocas probabilidades de lograr algo más que un frágil alto al fuego.
Los obstáculos
Los esfuerzos para lograr la paz en Sudán enfrentan tres desafíos clave:
1. Agendas divergentes entre el Cuarteto y el ejército sudanés
A pesar de ciertas similitudes entre la hoja de ruta del Cuarteto y una propuesta presentada por el ejército en marzo de 2025 ante las Naciones Unidas, persisten diferencias importantes. La principal discrepancia radica en el diseño del proceso político posterior al alto al fuego. El Cuarteto insiste en excluir a las facciones islamistas de las consultas, por temor a sus vínculos con grupos terroristas e Irán. En cambio, la propuesta del ejército rechaza la exclusión de cualquier grupo político. El liderazgo militar mantiene alianzas con elementos del antiguo Movimiento Islámico, cuyos combatientes siguen ayudando a estabilizar las líneas del frente del ejército.
2. Brecha cada vez mayor entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido sobre los términos para poner fin a la guerra
La hoja de ruta del ejército permite, de forma implícita, que las tropas paramilitares permanezcan en partes de Darfur hasta por nueve meses, siempre que las autoridades locales lo aprueben. Sin embargo, también exige la retirada del grupo de El-Fasher y de Kordofán del Norte. El comportamiento de las Fuerzas de Apoyo Rápido en el terreno muestra una actitud muy diferente. En lugar de prepararse para retirarse, el grupo ha ampliado su presencia militar en Kordofán del Norte y ha intensificado sus ataques con drones sobre Jartum y otras regiones. En el fondo, esta disputa refleja objetivos finales contrapuestos. El grupo paramilitar busca participar en las negociaciones en igualdad de condiciones con el ejército y exige una reestructuración completa de las fuerzas armadas. Por su parte, el ejército sostiene que debe ser la única institución responsable de supervisar cualquier reforma militar en Sudán, precisamente el tema que provocó el estallido de la guerra en 2023.
3. Divisiones internas dentro del Cuarteto
La cohesión del Cuarteto se ha visto debilitada por fracturas internas que han descarrilado varias reuniones. La división más evidente es la que existe entre Egipto y los Emiratos Árabes Unidos (EAU). El Cairo se inclina a apoyar al ejército, al considerarlo el garante de las instituciones estatales sudanesas frente a un posible colapso. Por su parte, Abu Dabi prioriza desmantelar la influencia de los líderes islamistas como condición principal para alcanzar la paz. Arabia Saudita se muestra cautelosa ante la participación emiratí, especialmente porque el ejército sudanés ha rechazado en repetidas ocasiones la mediación de los EAU, mientras que las Fuerzas de Apoyo Rápido han criticado la política egipcia hacia Sudán. Washington ha intentado manejar estas tensiones limitando los roles directos de mediación de Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, aunque manteniéndolos dentro del marco general de negociación. Estos países, sin embargo, tienen una influencia considerable sobre las facciones enfrentadas.
¿Cómo llegó Sudán a esta situación?
La frágil transición política de Sudán comenzó tras la derrocada del dictador Omar al-Bashir en 2019. Un acuerdo de poder compartido entre el ejército y los líderes civiles se derrumbó en 2021, cuando el jefe militar Abdel Fattah al-Burhan y el líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido, Mohamed Hamdan Dagalo (Hemedti), tomaron el control mediante un golpe de Estado. Esa alianza se fracturó dos años después, dando origen a la guerra civil de 2023. A pesar de la presión internacional, ninguno de los bandos ha cedido ni ha logrado una ventaja decisiva desde entonces. El conflicto ha sido devastador para la población de 50 millones de personas. Los informes sobre el número de muertos desde el inicio de la guerra varían entre 20,000 y 150,000. El país enfrenta la peor crisis de desplazamiento del mundo, con los sistemas de salud y educación colapsados. Además, más de 12 millones de mujeres y niñas, y un número creciente de hombres, están en riesgo de sufrir violencia sexual.
¿Sigue siendo posible un avance?
A pesar de las divisiones existentes, los cambios en el terreno podrían aún generar un avance limitado. El peor escenario para el ejército sería que el grupo paramilitar retomara su ofensiva en los territorios de los que había sido expulsado. Esa posibilidad podría empujar a los líderes militares a aceptar un alto el fuego preliminar, lo que les permitiría reorganizarse y consolidar posiciones sin ceder terreno político.
Para las Fuerzas de Apoyo Rápido, el cálculo es diferente. Tras más de 18 meses de combates para capturar El-Fasher, el grupo reconoce que avanzar hacia la capital tendría un alto costo humano y político. Por ello, una tregua temporal podría permitirle fortalecer sus estructuras de gobierno en Darfur y consolidar su presencia militar en la región.
En este sentido, un alto al fuego de corto plazo sigue siendo la opción más práctica para ambas partes. El interés de Washington en asegurar acuerdos que pongan fin al conflicto probablemente empuje al Cuarteto hacia este escenario. Sin embargo, un acuerdo político definitivo en Sudán aún parece lejano. Por ahora, lo máximo que cualquier iniciativa diplomática puede lograr es una pausa en los combates, no el fin de la guerra, ya que sigue siendo muy difícil cerrar las brechas políticas entre las fuerzas sudanesas.
