La recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés) de la administración de Trump ha alterado el consenso que durante décadas había prevalecido en la política exterior estadounidense. Entre los aspectos más destacados se encuentran la priorización del hemisferio occidental como una preocupación central de seguridad para Estados Unidos, la reducción de la importancia otorgada a la defensa de los aliados europeos tradicionales, la identificación de China como una amenaza considerablemente mayor que Rusia, y la determinación de no verse arrastrado a conflictos en Medio Oriente y África.
Sin embargo, aunque la Estrategia de Seguridad Nacional de la administración de Trump de 2025 rompe con gran parte de la política exterior estadounidense previa, la lógica que la sustenta no es completamente nueva. Aun cuando el documento no lo menciona explícitamente, la política delineada en la NSS se ajusta a lo planteado por John Mearsheimer en su influyente libro “La tragedia de la política de las grandes potencias”, publicado por primera vez en 2001 y actualizado en 2014.
En su obra, Mearsheimer sostiene que ninguna nación ha logrado jamás la hegemonía global. Según el autor, Estados Unidos es el único país que ha alcanzado una influencia predominante en su propia región (el hemisferio occidental) y que, además, ha sido capaz de impedir que cualquier otra gran potencia domine otra región del mundo. Mearsheimer escribió: “Los Estados que alcanzan la hegemonía regional buscan impedir que las grandes potencias de otras regiones repliquen ese logro. En otras palabras, los hegemones regionales no desean tener pares” (edición de 2014, p. 41).
La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 de Trump ha adoptado estos objetivos, de manera consciente o no. El documento analiza las distintas regiones del mundo según su orden de prioridad para la administración de Trump: en primer lugar, el hemisferio occidental, seguido de Asia (o el Indo-Pacífico), Europa, Medio Oriente y, finalmente, África.
En lo que respecta al hemisferio occidental, la NSS llama de forma inequívoca a la restauración de la “preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” y afirma: “Negaremos a los competidores hemisféricos externos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”. Esto se ajusta claramente a lo que Mearsheimer describió como el papel de Estados Unidos como hegemón regional en el hemisferio occidental.
En cuanto a las otras cuatro regiones del mundo, la administración de Trump busca, ya sea impedir que cualquier otra gran potencia alcance una posición predominante, o bien no considera que ello represente una posibilidad que deba generar preocupación. Según la NSS, Medio Oriente fue una prioridad en el pasado porque era el principal proveedor energético del mundo y un escenario central de la confrontación entre superpotencias. Sin embargo, en la actualidad existen otros proveedores de energía (incluido Estados Unidos) y la competencia entre superpotencias ha sido reemplazada por un “forcejeo entre grandes potencias”, en el cual Estados Unidos conserva “la posición más envidiable”. En otras palabras, la administración de Trump no considera que ninguna otra gran potencia sea capaz de alcanzar la preeminencia en esta región, que además ha perdido parte de su importancia estratégica.
De manera similar, la NSS no percibe que ninguna gran potencia esté siquiera intentando convertirse en predominante en África. Por ello, la estrategia entiende que los principales intereses de Estados Unidos en el continente son, fundamentalmente, de carácter comercial.
En contraste, China sí es considerada una amenaza en la región del Indo-Pacífico. No obstante, la NSS aborda primero las amenazas chinas en los ámbitos económico y tecnológico, antes de referirse al aspecto militar. La continuidad de la presencia militar estadounidense en la región es vista como fundamental para prevenir una predominancia china. Al mismo tiempo, la NSS exhorta a Japón, Corea del Sur, Taiwán y Australia a incrementar su gasto en defensa para contrarrestar dicha amenaza.
Asimismo, la NSS identifica “la posibilidad de que cualquier competidor controle el mar de China Meridional” como una amenaza común que no solo requiere inversión en capacidades militares estadounidenses, sino también “una cooperación sólida con todas las naciones que podrían verse afectadas, desde India hasta Japón y más allá”. A diferencia de Medio Oriente y África, la NSS sí identifica a una gran potencia rival que busca la predominancia en la región del Indo-Pacífico. No obstante, contrarrestarla no se concibe como una responsabilidad exclusiva de Estados Unidos, sino también de otros Estados poderosos de la región.
La sección más extraña de la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de 2025 es la dedicada a Europa. Si bien reconoce que “muchos europeos consideran a Rusia una amenaza existencial”, la NSS concibe el papel de Estados Unidos como el de “gestionar las relaciones europeas con Rusia”, tanto para “restablecer condiciones de estabilidad estratégica” como para “mitigar el riesgo de conflicto entre Rusia y los Estados europeos”. Esto difiere notablemente de la política estadounidense sostenida durante décadas, que entendía el rol de Estados Unidos como el de defender a la Europa democrática frente a la Unión Soviética expansionista en el pasado y, más recientemente, frente a la Rusia de Putin.
De hecho, la afirmación de la NSS de que la Unión Europea socava la “libertad política y la soberanía”, así como su bienvenida a “la creciente influencia de partidos europeos patrióticos” (es decir, partidos nacionalistas de derecha y euroescépticos), sugiere que no es Rusia el rival que la administración de Trump identifica, sino la Unión Europea. Si bien la NSS de 2025 hace un llamado a una “Europa fuerte… que trabaje en conjunto con nosotros para impedir que cualquier adversario domine Europa”, el documento parece concebir a la Unión Europea como una amenaza igual o incluso mayor que Rusia en cuanto a su potencial para dominar a los Estados europeos.
En su libro, Mearsheimer no concibió a la Unión Europea como una posible gran potencia rival de Estados Unidos. De hecho, ni siquiera existe una entrada dedicada a ella en el índice de la obra. Sin embargo, la forma en que la NSS concibe el mundo es coherente con la descripción que Mearsheimer hizo de la posición de Estados Unidos como gran potencia: predominante en el hemisferio occidental y capaz de impedir que cualquier otra gran potencia alcance la preeminencia en cualquier otra región del mundo. No obstante, Mearsheimer es un académico que describió la posición que, a su juicio, Estados Unidos había alcanzado y que buscaría preservar. La NSS de 2025, en cambio, es un documento de política pública que expone cómo la administración de Trump considera que puede mantener mejor esa posición. Y existen razones para dudar de que lo haya hecho de manera realista.
Mantener a las grandes potencias hemisféricas externas fuera del hemisferio occidental no será una tarea sencilla cuando existen gobiernos en la región dispuestos a cooperar con ellas. Además, destinar recursos estadounidenses a asegurar la preeminencia en América Latina — cuando ello generará resentimiento y resistencia — no solo podría restar capacidad a Estados Unidos para impedir que potencias rivales alcancen la predominancia en otras regiones, sino que también podría, de manera contraproducente, llevar a que los países latinoamericanos que ya lo han hecho profundicen su cooperación con potencias externas, precisamente aquellas que la administración de Trump busca evitar.
Asimismo, los esfuerzos de la administración de Trump por reducir la influencia de la Unión Europea conllevan dos riesgos. El primero es que dichos esfuerzos tengan éxito, pero que el ascenso de gobiernos nacionalistas y anti-UE en todo el continente europeo dé lugar a una Europa menos capaz de resistir la manipulación y las incursiones rusas. El segundo riesgo es que los intentos de la administración de Trump por debilitar a la Unión Europea resulten contraproducentes y terminen generando no solo una Europa unida frente a la interferencia estadounidense, sino también el surgimiento innecesario de un rival para Estados Unidos.
Resultaría profundamente irónico que la implementación del plan de la NSS para preservar lo que Mearsheimer describió como la capacidad de Estados Unidos para ejercer la preeminencia en el hemisferio occidental, combinada con su habilidad para impedir que cualquier rival domine otras regiones, terminara socavando la capacidad estadounidense para lograr cualquiera de estos dos objetivos.
