A medida que sus estados constituyentes surgieron de las ruinas de la Unión Soviética, Asia Central ha luchado a menudo por equilibrar tanto sus hostilidades interestatales como la competencia geopolítica internacional circundante. Si bien los cinco estados han adoptado medios notablemente diferentes para navegar en este difícil contexto, en gran medida la región ha sido víctima de los excesos de regímenes autoritarios y despóticos. La herencia de una centralización distorsionada de la era soviética y la prevalencia de lucrativos yacimientos de recursos naturales han facilitado esta lamentable situación en toda la región.
Uzbekistán no es una excepción en este sentido, con un sistema hiperpresidencialista cada vez más duro. Cubriendo gran parte del territorio situado entre el Mar Caspio y la Cordillera del Pamir, el país más poblado de la región se está convirtiendo en un actor regional fundamental. Bajo el liderazgo de sus dos diferentes líderes desde su independencia, el país ha intentado equilibrar su perfil geopolítico para garantizar la seguridad del estado y del régimen. Y lo han hecho perpetuando un sistema económico y un sistema político nacional que garantizan la pobreza perpetua de la población. Enfrentada a un entorno regional cada vez más difícil y a un mayor interés de las partes externas, el futuro que Taskent forje tendrá implicaciones críticas para la región.
Política y pobreza en Uzbekistán
La política de Uzbekistán está definida fundamentalmente por la hipercentralización. La estructura geográfica unitaria del poder, con índices mínimos de descentralización, es indicativa de este enfoque. Las tendencias a la hipercentralización son claramente heredadas de la era soviética [1]. El poder estatal está altamente concentrado en el poder ejecutivo. Aparentemente Uzbekistán es un país democrático, que permite constitucionalmente la proliferación de distintos partidos políticos. Sin embargo, los requisitos de registro estatal limitan gravemente el desarrollo de los partidos regionales, ya que cada nuevo partido requiere un número mínimo de firmas en todo el país [2]. Este sistema altamente burocrático de registro de partidos garantiza la inexistencia de una oposición efectiva en el Oliy Majlis (parlamento uzbeko).
Las sombras de la historia soviética también aparecen en la construcción económica del Estado. Casi todas las grandes industrias estratégicas siguen bajo el control de empresas estatales [3]. Esto ha garantizado un desarrollo económico sesgado, produciendo un sesgo significativo a favor de las regiones más urbanizadas e industrializadas del este del país, mientras que deja a las regiones periféricas perpetuamente sumidas en la pobreza. Las barreras policiales a lo largo de las carreteras interurbanas y el registro obligatorio de la población restringen la migración económica interna [4]. La destrucción medioambiental del Mar de Aral ha dejado a Karakalpakistán como la más necesitada y desamparada de todas las regiones periféricas. Como única receptora del estatus autónomo otorgado por Taskent, el área tiene una posición privilegiada dentro del sistema interno político uzbeko. Esto, a pesar de los constantes esfuerzos del gobierno por completar la centralización del Estado. En 2022, los intentos de revocar el estatus de autonomía de la región resultaron en protestas en las que murieron 18 personas y cientos más resultaron heridas o fueron detenidas [5]. A pesar de la decisión de Mirziyoyev de dar marcha atrás, la violenta reacción ante las protestas indica los grandes grados de sometimiento y desesperación a los que sigue sometida la región. A pesar de los mejores intentos de la propaganda por asegurar la imagen del Estado como garante singular de la paz y la seguridad, la frustración se hace sentir cada día por la falta de oportunidades sustanciales y las persistentes operaciones de seguridad [6].
Política exterior de Karimov
Islam Karimov ascendió rápidamente al poder tras el colapso del régimen soviético. Antes de la independencia, Uzbekistán se caracterizaba por muy pocos movimientos populares nacionalistas, y la independencia se produjo realmente como un hecho repentino [7]. De hecho, al principio se mostró reticente a romper con la Unión Soviética [8]. Karimov heredó de Moscú un sistema político muy centralizado [9]. Esto proporcionó el modelo para el sistema hiperpresidencialista que mantuvo tenazmente durante toda su presidencia.
La directriz de política exterior más importante para Karimov era garantizar el equilibrio estratégico de las grandes potencias. A pesar de asegurar ostensiblemente el mantenimiento de la soberanía del país, el motivo más importante para Karimov era la preservación de su régimen personal. Esta atención al equilibrio estratégico surgió principalmente de una paranoia estructural. La percepción de amenazas al régimen se hizo especialmente pertinente con el auge de las “revoluciones de colores”. La relación de Taskent con Estados Unidos disminuyó drásticamente tras el apoyo estadounidense a estos movimientos en estados análogos (Georgia, Ucrania, Kirguistán). Las críticas directas de Estados Unidos al papel del Estado en la masacre de Andiján hicieron que Karimov percibiera el fortalecimiento de las relaciones con Washington como una amenaza para la supervivencia del régimen. La masacre de Andiján vió la muerte de 700 civiles a manos de las fuerzas de seguridad por temor al auge de los movimientos islamistas [10]. El enfrentamiento con Rusia se intensificó tras la matanza, ya que Moscú prometió rechazar todas las peticiones de una investigación independiente [11].
Política exterior de Mirziyoyev
Tras la muerte de Karimov en 2016, Mirziyoyev se posicionó rápidamente como sucesor del Estado. Los primeros meses de la presidencia de Mirziyoyev fueron tratados con gran expectación por parte de quienes deseaban reformas. Él se comprometió públicamente a abordar el pésimo historial de derechos humanos del país, empezando por reformas del Estado de Derecho y la transparencia en los tribunales [12]. Y lo que es más importante, abolió la práctica del trabajo forzado para grandes franjas de la población en los vastos campos de algodón del país, una práctica que representaba uno de los mayores casos de trabajo esclavo del mundo moderno. Esta potencial era de reformas llegó rápidamente a su desafortunado fin. Tras obtener una mayoría del 87.1% en unas elecciones anticipadas el año pasado, Mirziyoyev inició una serie de reformas que ampliaban el mandato presidencial de cinco a siete años y eliminaban el límite de los mandatos. [13]
Desde su llegada al poder, Mirziyoyev ha seguido un enfoque claramente expansivo y abierto a las relaciones exteriores, especialmente en comparación con su predecesor. Aunque ambos pueden definirse por el uso pragmático del equilibrio estratégico, los métodos que ambos presidentes han utilizado para lograrlo han sido notablemente diferentes. De hecho, Mirziyoyev considera la política exterior de su predecesor como una importante limitación económica y de seguridad para el Estado [14]. Mientras que Karimov se centraba en utilizar un poder unilateral grande a la vez, Mirziyoyev ve mayor utilidad en un enfoque multilateral simultáneo. Esto ha tenido un notable efecto regional, ya que Uzbekistán se ha comprometido con vecinos anteriormente ignorados en la política exterior del estado. Por ejemplo, se ha puesto en marca un programa de visados para estancias de corta duración para los kirguizos que viven en las comunidades fronterizas del Valle de Fergana [15]. Al igual que otros estados de Asia Central, muchas comunidades étnicas uzbekas permanecen separadas de Taskent debido a las complicaciones de trazar las demarcaciones fronterizas postsoviéticas. Donde estos casos han causado hostilidades regionales significativas, sobre todo con la violencia constante a lo largo de la porosa frontera entre Kirguistán y Tayikistán, Uzbekistán ha optado por no reclamar ninguna de estas comunidades [16]. El nuevo presidente también ha iniciado un nuevo compromiso estratégico con Tayikistán, con el que las relaciones permanecieron congeladas durante dos décadas por cuestiones de seguridad hídrica [17]. Uzbekistán ha ampliado aún más sus aliados cercanos, con una cumbre turco-iraní-paquistaní celebrada en Taskent el año pasado [18]. En este sentido, la nueva política exterior iniciada bajo la presidencia de Mirziyoyev representa una expansión de las relaciones multilaterales sin centrarse demasiado en la búsqueda de una relación singular.
El futuro del equilibrio estratégico uzbeko
El futuro de la política exterior de Uzbekistán depende de cómo gestione en el futuro sus asociaciones estratégicas. Mirziyoyev ha dado pasos importantes para aumentar su alcance regional. Sin embargo, las relaciones más importantes siguen perteneciendo a las grandes potencias. Hace tiempo que los analistas pronostican una rivalidad chino-rusa en torno a Uzbekistán [19]. En lo inmediato, China parece ser la opción más lucrativa para el presidente. Ofreciendo ayuda financiera e inversiones en infraestructura sin las amenazas implícitas a la supervivencia del régimen que en un principio minaron la relación de Taskent con Washington. Rusia sigue sufriendo restricciones financieras por la invasión ucraniana en curso. Las remesas de los trabajadores emigrantes, un acuerdo que antes suponía un importante beneficio mutuo, han disminuido rápidamente. De hecho, el factor humano más importante en las relaciones parece ser ahora la emigración masiva de rusos que se marchan para evitar el reclutamiento de Moscú. El año pasado, el secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, también completó un gran esfuerzo diplomático para acercar a los líderes de Asia Central a Estados Unidos y asegurarse de que estos Estados no sean utilizados por Rusia para eludir las sanciones occidentales [20]. Es poco probable que Uzbekistán adapte una postura firme contra la agresión rusa, pero la decreciente utilidad de Moscú como socio estratégico sí indica un cambio de relaciones. En este sentido, Uzbekistán seguirá manteniendo sus relaciones con Rusia, pero ampliará y diversificará su cartera de actores implicados. Siguiendo la política exterior de Mirziyoyev aplicada hasta ahora, las relaciones beneficiosas con los vecinos de la región seguirán siendo un avance importante, pero la forma en que Taskent gestione sus asociaciones más amplias será crítica para el futuro del país.
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First published in :
World & New World Journal
