In focus armored tank on top of blurry Yemen map.

Los Emiratos Árabes Unidos están dejando a Arabia Saudita contra las cuerdas en Yemen

Combatientes alineados con el Consejo de Transición del Sur (CTS), un grupo separatista del sur de Yemen, izaron sus banderas en las provincias de Hadramaut y Al Mahrah a inicios de diciembre. Estas tomas implican que el CTS ahora controla las ocho provincias que conforman el sur del país.

El nuevo ‘status quo’ parece un hecho consumado hacia la creación de un Estado sureño separado. Esta situación ha dejado al gobierno yemení reconocido internacionalmente, el Consejo de Liderazgo Presidencial (CLP), atrapado entre un polo separatista en el sur y un Estado de facto en el norte controlado por la milicia hutí respaldada por Irán.

El CTS apela a la memoria de la República Democrática Popular de Yemen, que hasta 1990 otorgó al sur su propio Estado. Si bien la unificación de Yemen en 1990 produjo una sola bandera, muchos habitantes del sur nunca sintieron que se integraron a un proyecto político común.

Estas tensiones desembocaron en una breve guerra civil en 1994, que concluyó con la victoria del norte, la purga de oficiales y funcionarios sureños, y lo que muchos en el sur aún describen como una ocupación, más que como una verdadera integración.

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Yemen se unificó en 1990, con Saná como capital. FANACK, CC BY-NC-ND.

A mediados de la década de 2000, oficiales retirados y funcionarios públicos despedidos en el sur comenzaron a manifestarse para exigir pensiones y derechos básicos. Estas protestas dieron lugar al ‘al-Hirak al-Janoubi’ (Movimiento de Yemen del Sur), un movimiento sureño amplio y heterogéneo que abarcaba desde reformistas hasta secesionistas de línea dura.

Cuando en 2015 comenzó la intervención liderada por Arabia Saudita contra los hutíes — quienes habían tomado la capital yemení, Saná, el año anterior —, los combatientes del sur fueron incorporados a una campaña para restaurar un gobierno “nacional” que nunca había abordado sus reivindicaciones históricas.

El Consejo de Transición del Sur (CTS) fue creado en 2017 con el objetivo de dotar de un liderazgo reconocible a este escenario fragmentado del sur. Cuenta con un presidente formal, Aidarus al-Zoubaidi, y con distintos consejos. Sin embargo, en la práctica, el CTS se sitúa en el centro de una red de unidades armadas, grupos tribales y empresarios.

Gracias a un respaldo financiero y material sostenido a los grupos armados del sur, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) emergieron como el principal impulsor de la creación del CTS. En un contexto de fallas generalizadas de gobernanza en Yemen, el proyecto del CTS parece ofrecer resultados relativamente sólidos en materia de seguridad y provisión de servicios públicos.

En abril de 2022, varios años después de la formación del CTS, se creó el Consejo de Liderazgo Presidencial (CLP) con el objetivo de unificar a las fuerzas que combatían a los hutíes. El presidente yemení exiliado en Arabia Saudita, Abd-Rabbu Mansour Hadi, renunció y transfirió sus poderes a un órgano colegiado de ocho miembros respaldado por Riad.

El CLP fue concebido para tender puentes entre las diversas divisiones tribales, ideológicas y políticas del país. También buscaba establecer una plataforma para coordinar la gobernanza y la acción estatal con miras a entablar un diálogo diplomático con los hutíes.

Sin embargo, al integrar líderes tanto del norte como del sur — incluidos representantes del CTS —, el CLP nunca logró consolidarse como un núcleo viable capaz de armonizar agendas en competencia. La incapacidad del CLP para cumplir su promesa de unificar la gobernanza en Yemen ha ido erosionando progresivamente su legitimidad.

Una guerra proxy de los países del Golfo

Yemen se ha convertido en un discreto tablero de resultados de dos proyectos rivales del Golfo. Arabia Saudita intervino con el objetivo de derrotar a los hutíes, rescatar un Estado yemení unificado y asegurar sus propias fronteras. Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en cambio, ingresaron para garantizar socios confiables, acceso a puertos y rutas marítimas, y el control de recursos como parte de su política regional.

Una simple mirada al mapa actual de Yemen muestra que es la visión de los EAU la que parece haberse materializado. A través del Consejo de Transición del Sur y una red de unidades aliadas, los Emiratos han contribuido a tejer una base de poder que se extiende por casi todo el antiguo Yemen del Sur. Las fuerzas alineadas con el CTS controlan la ciudad de Adén, dominan gran parte de la limitada producción petrolera del país y ejercen control sobre extensos tramos de las costas del Mar Arábigo y del Mar Rojo.

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Las áreas sombreadas en rosado o azul representan territorio controlado por el CLP o fuerzas aliadas; las áreas en amarillo o naranja indican territorio controlado por el CTS o fuerzas aliadas; y el verde representa zonas bajo control de los hutíes. NordNordWest / Wikimedia Commons, CC BY-NC-SA.

La infraestructura nacional clave del sur de Yemen está ahora protegida por hombres cuyos salarios, plataformas mediáticas y vínculos externos fluyen a través de Abu Dabi. A cambio, los Emiratos Árabes Unidos cuentan con un sustituto leal en el Golfo de Adén y en los accesos al Estrecho de Bab al-Mandeb. Arabia Saudita, por el contrario, ha quedado sosteniendo a un frágil CLP.

Los hutíes siguen siendo el enemigo nominal para todos. Sin embargo, en la práctica, las unidades alineadas con los EAU han destinado más recursos a marginar a los rivales respaldados por Arabia Saudita en el sur de Yemen que a enfrentarse al movimiento insurgente convertido en Estado en el norte. De este modo, los EAU han consolidado su influencia sobre las joyas estratégicas del sur, mientras que Arabia Saudita carga con el peso del relato de un “Yemen unificado”, con pocos aliados confiables dentro del país.

Dos y medio Yemens

Durante décadas, los vecinos – Arabia Saudita y Omán –, así como la mayoría de las capitales extranjeras, han defendido la idea de un Estado yemení único. El proyecto del CTS respaldado por los EAU rompe directamente con esa premisa, ya que la consolidación de un orden sureño hace cada vez más probable una separación formal.

Si Yemen se divide en dos, la estructura hutí en el norte no desaparecerá; por el contrario, ganará fronteras definidas, tiempo y eventualmente una mayor legitimidad internacional. Esto consolidaría una autoridad ideológica fuertemente armada en la entrada del mar Rojo, vinculada a Teherán y Hezbolá, gobernando a una población exhausta por la guerra y el colapso económico.

Frente a la compleja red de influencias tejida por Irán y los EAU en Yemen, Arabia Saudita dispone de pocas opciones. Con el tiempo, podría verse obligada a aceptar un gobierno sureño – en espera – respaldado por los EAU, mientras el norte se estabiliza bajo dominio hutí y el territorio administrado por el CLP queda cada vez más asfixiado.

Omán continúa abogando por una mesa de diálogo común que integre a todas las partes — incluidos los hutíes — dentro de un solo marco político. Sin embargo, cada nueva bandera sureña izada debilita ese objetivo. Para las potencias externas, la idea de un aliado sureño que mantenga abiertos los puertos y combata a los militantes islamistas resulta tentadora.

El costo es congelar el norte de Yemen como una zona gris: fuertemente armada, ideológicamente rígida y profundamente integrada en la confrontación regional. Este escenario va en contra del proyecto de unidad que Arabia Saudita y Omán han respaldado durante años. Lo que queda hoy son dos y medio Yemens, siendo ese “medio” — el territorio administrado por el CLP — el menos sostenible de cara al futuro.

First published in: The Conversation Original Source
Andreas Krieg

Andreas Krieg

El Dr. Andreas Krieg es Profesor Asociado del Departamento de Estudios de Defensa del King's College de Londres y miembro del Instituto de Estudios de Medio Oriente. Ha pasado más de diez años viviendo, estudiando y trabajando en la región MENA. Andreas complementó sus años en el Levante (Líbano, Siria, Israel y Palestina) con cuatro años en Qatar, donde participó en la ejecución de un contrato estratégico entre el Estado de Qatar, el Ministerio de Defensa del Reino Unido y el King's College de Londres. En su investigación, Andreas se ha centrado en diversos temas relacionados con la disciplina académica de los Estudios de Seguridad en el contexto geográfico de la región MENA. En particular, Andreas analiza a los actores no estatales violentos en la región MENA y su competencia con la autoridad estatal para generar resiliencia comunitaria. Para ello, ha analizado las relaciones entre actores estatales y no estatales en el norte de África y el Levante en su trabajo sobre la guerra de sustitución, y el nexo entre la provisión de seguridad y la sociopolítica en el mundo árabe en su trabajo sobre la Primavera Árabe. De su investigación sobre la División del Golfo surgió la idea de su proyecto actual, que analiza la utilización interna y externa de las narrativas en Medio Oriente, lo que no solo ha distorsionado el discurso civil-social en la región sino también el debate académico sobre hacia dónde se dirige la región.

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