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¿Derrotará Gaza al presidente Joe Biden?

Las perspectivas electorales de Joe Biden se ensombrecen a medida que empeora la guerra en Gaza y aumentan las víctimas civiles. ¿Cómo votarán los estadounidenses sobre la cuestión palestina?

Lyndon Johnson decidió no presentarse a la reelección por la oposición a sus políticas en Vietnam. Las posibilidades de reelección de Jimmy Carter se esfumaron cuando fracasó el intento de rescatar a los rehenes estadounidenses en Irán. ¿Tendrá la guerra de Gaza el mismo efecto en el presidente Joe Biden?

Estados Unidos está cada vez más aislado internacionalmente por su apoyo a Israel. Ha tenido que ocupar su derecho de veto en el Consejo de Seguridad en tres ocasiones para impedir la llamada de un alto al fuego inmediato, cuando ni siquiera el Reino Unido estaba dispuesto a hacer algo más que abstenerse.

Biden tiene un largo historial de apoyo a Israel, pero incluso él ha perdido claramente la paciencia con el primer ministro Benjamín Netanyahu. Tras los ataques iniciales de Hamás, voló a Israel para expresar su solidaridad, pero también para advertir contra una reacción exagerada. Él ha repetido esa advertencia constantemente, tanto en público como en privado, pero Estados Unidos sigue suministrando armas a Israel y protegiéndolo en los foros internacionales.

Hasta hace poco, esa era una postura apoyada por la mayoría de los estadounidenses. Sin embargo, en los últimos meses se ha producido una importante división entre los demócratas, y cada vez son más los que critican a Biden por su falta de voluntad para presionar más a Israel. La vicepresidenta Kamala Harris ha presionado públicamente a Israel para que detenga su actual asalto a Gaza.

Al mismo tiempo, algunos de los defensores proisraelíes más vehementes tienen profundas conexiones con políticos demócratas. Es importante reconocer que algunos de los más firmes defensores de Israel no son judíos y, en particular en el bando republicano, suelen estar asociados a cristianos fundamentalistas que aceptan las reclamaciones del derecho israelí sobre toda Palestina.

Tradicionalmente, los judíos estadounidenses han tendido a votar a los demócratas en mayor proporción de lo que su estatus económico podría sugerir. Sin embargo, existen importantes conexiones republicanas tanto con los judíos de derecha como en el lobby israelí, y Netanyahu no ocultó su preferencia por Donald Trump, quien reconoció a Jerusalén como capital de Israel y negoció la paz con algunos de los Estados del Golfo.

La población judía de Estados Unidos es inferior al tres por ciento, pero está muy concentrada en unos pocos estados y los judíos suelen volar más que otros grupos (las cifras son imprecisas, en parte porque muchas personas de origen judío no son religiosas y no están vinculadas a organizaciones comunitarias organizadas). La población palestina es pequeña, e incluso la población árabe-estadounidense es probablemente menor que la judeo-estadounidense, a diferencia de lo que ocurre en Australia.

No todos los judíos apoyan a Israel, y la oposición al gobierno de Netanyahu es mayor y está mejor organizada que en Australia. Pero hay suficientes judíos y árabes estadounidenses para quienes Gaza es una cuestión lo bastante importante como para determinar su voto.

Y aquí radica el problema para Biden. Trump, que ha conseguido combinar la amistad con los antisemitas y el apoyo inquebrantable a Israel, tiene poco que perder con la tragedia que se está desarrollando en Gaza. Pocos de sus partidarios estarían preocupados por su cercanía a Netanyahu, pero podría aumentar su apoyo entre antiguos votantes judíos demócratas a los que les gusta su apoyo a Israel.

De los seis estados que en general se considera que pueden influir en los resultados de las elecciones presidenciales, sólo dos, Arizona y Pensilvania, tienen suficientes votantes judíos como para que incluso un ligero descenso de su apoyo pudiera costarle el estado a Biden. El mayor problema para Biden son las personas de izquierda que están tan indignadas por su apoyo continuo a Israel, que podrían optar por no votar o votar a candidato de un tercer partido.

En el sistema estadounidense, con la votación a primera instancia para presidente en todos los estados excepto un par, un candidato de un tercer partido podría erosionar la ventaja de Biden en varios estados cruciales. Los votantes que consideren que no pueden apoyar sus políticas, pueden, por su puesto, optar por no votar, o pueden votar a la líder del Partido Verde, Jill Stein, que ha pedido un alto al fuego inmediato, o a Robert Kennedy Jr., que habla más vagamente de paz y de una política exterior menos militarista.

Ningún de los dos es un ganador potencial, pero tienen la capacidad de restar votos de izquierda a Biden. La campaña de Biden está claramente preocupada por ello, sobre todo en Michigan, que tiene una considerable población árabe-americana.

Faltan más de diez meses para las elecciones presidenciales, y nadie puede predecir si la guerra de Gaza habrá terminado, aunque sería absurdamente optimista suponer un acuerdo realista. Las cuestiones internas – la economía, la inmigración – serían más importantes, al igual que la salud aparente de los dos hombres que luchan por ser el presidente de más edad en la historia de Estados Unidos.

Pero hay suficientes estadounidenses para quienes las cicatrices de Gaza son lo suficientemente traumáticas como para determinar cómo votarán – o no votarán – en noviembre. Y, en conjunto, esto sólo puede ayudar a Donald Trump.

First published in: Australian Outlook Original Source

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