INSTC, International North–South Transport Corridor, political map. Network for moving freight, with Moscow as north end and Mumbai as south end, replacing the standard route across Mediterranean Sea.

Corredor de Transporte Internacional Norte-Sur: Implicaciones geopolíticas y el futuro del comercio europeo

Resumen

El Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC, por sus siglas en inglés) es una red multimodal de 7,200 kilómetros que conecta India, Irán, Azerbaiyán, Rusia, Asia Central y Europa, ofreciendo una alternativa más corta y económica al Canal de Suez. Establecido en 2000 y expandiéndose con proyectos de infraestructura clave como el ferrocarril Rasht-Astara, el corredor apunta a aumentar significativamente los volúmenes comerciales para 2030, facilitando un transporte de carga más rápido y barato y fortaleciendo la integración euroasiática. La colaboración entre Rusia e Irán es central, permitiendo una ruta comercial resistente a sanciones que contrarresta la dominancia occidental y apoya el crecimiento económico en los países de tránsito.

El INSTC también ofrece beneficios ambientales, con menores emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con el transporte marítimo de larga distancia. Estratégicamente, diversifica los vínculos de transporte de Rusia, reduce la dependencia de rutas occidentales vulnerables y fortalece los lazos geopolíticos dentro del marco de los BRICS. Sin embargo, persisten desafíos como brechas en la infraestructura, sanciones y conflictos regionales. Para la UE, el INSTC representa tanto oportunidades para un comercio más barato como riesgos para su influencia geopolítica, lo que requiere respuestas estratégicas para mantener la conectividad euroasiática y la efectividad de las sanciones.

Palabras clave: Comercio Internacional, Norte, Sur, Europa, geopolítica

Introducción

El Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC) es una red multimodal de transporte de 7,200 kilómetros que involucra barcos, ferrocarriles y carreteras, diseñada para facilitar el movimiento de carga entre India, Irán, Azerbaiyán, Rusia, Asia Central y Europa.[1] Establecido en septiembre de 2000 bajo un acuerdo firmado en San Petersburgo por India, Irán y Rusia, el corredor se ha expandido desde entonces para incluir a otros miembros, como Bielorrusia, Azerbaiyán y varios países de Asia Central.[2] Su objetivo principal es mejorar la conectividad comercial vinculando ciudades importantes como Mumbai, Teherán, Bakú y Moscú, y más allá, ofreciendo una alternativa más corta y rentable a las rutas tradicionales, incluido el Canal de Suez.[3]

202603031731472021411756Fuente: https://www.geopoliticalmonitor.com/geopolitics-of-the-international-north-south-transport-corridor-instc/

En 2025, el tráfico de contenedores a lo largo de la ruta oriental (vía Kazajistán y Turkmenistán) casi se duplicó, respaldado por descuentos del 15 al 80% en los envíos, los cuales se han extendido hasta 2026.[4] Un hito ocurrió en noviembre de 2025, cuando un tren de carga desde el norte de Moscú entregó 62 contenedores a Irán a través de Asia Central, destacando la viabilidad de la ruta para el comercio India-Asia Central.[5] En general, los volúmenes de carga del INSTC alcanzaron 26.9 millones de toneladas en 2024 (19% más que en años anteriores), con el ferrocarril manejando más de 12.9 millones de toneladas, y se proyecta alcanzar 15 millones de toneladas anuales para 2027.[6]

El INSTC opera a través de varios caminos interconectados. Ruta Occidental: desde India por mar hasta el puerto iraní de Bandar Abbas, luego por carretera o ferrocarril hacia el norte a través de Irán hasta Azerbaiyán y de allí hacia Rusia. Ruta Central: implica tránsito a través del Mar Caspio desde puertos iraníes como Bandar Anzali hasta puertos rusos como Astrakhan. Ruta Oriental: conecta vía Kazajistán y Turkmenistán para enlaces terrestres hacia Rusia. Esta configuración permite un tránsito eficiente de carga, con los ferrocarriles desempeñando un papel crucial, incluidos proyectos en curso como el ferrocarril Rasht-Astara en Irán, para conectar completamente la red.[7]

El Canal de Suez y su importancia geopolítica

El Canal de Suez se mantiene como uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más estratégicamente vitales del mundo, conectando el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo y sirviendo como una arteria crítica para el comercio global y la seguridad energética. Desde su apertura en 1869, el Canal de Suez ha transformado fundamentalmente los patrones del comercio marítimo global y las relaciones geopolíticas. El canal proporciona la ruta marítima más corta entre Europa y Asia, eliminando la necesidad de rodear África a través del Cabo de Buena Esperanza. Esta posición estratégica ha convertido al canal en un punto focal de la competencia internacional y en un activo de infraestructura crítico cuya seguridad es de profunda importancia para la economía global.[8]

La importancia económica del Canal de Suez no puede ser subestimada. La vía acuática atrae aproximadamente entre el 12% y el 15% del comercio mundial y alrededor del 30% del tráfico global de contenedores, con más de 1 billón de dólares en mercancías que transitan anualmente. Un promedio de cincuenta a sesenta barcos atraviesan el canal diariamente, transportando un valor estimado de carga de entre 3 y 9 mil millones de dólares.[9] Esta concentración del flujo comercial convierte al canal en un nodo crítico de las cadenas de suministro globales, particularmente para el comercio entre Asia y Europa.[10]

El papel estratégico del canal va más allá de la carga general. Maneja aproximadamente el 9% del flujo global de petróleo por mar (alrededor de 9.2 millones de barriles por día) y alrededor del 8% de los volúmenes de gas natural licuado.[11] Esta dimensión energética amplifica la importancia geopolítica del canal, ya que las interrupciones pueden afectar directamente los mercados y precios energéticos globales.[12] El bloqueo del Canal de Suez en 2021 por el portacontenedores Ever Given demostró la vulnerabilidad del canal, interrumpiendo las cadenas de suministro globales y resaltando los riesgos sistémicos que representan los puntos de estrangulamiento marítimos.[13]

El Canal de Suez ha sido reconocido durante mucho tiempo como un activo estratégico de máxima importancia. El análisis histórico revela que el control del canal ha sido central para la proyección del poder imperial y regional, particularmente durante la dominancia del Imperio Británico, cuando el canal era considerado la “vena yugular del imperio”.[14] El valor estratégico del canal se ilustró dramáticamente durante la Crisis de Suez de 1956 y su cierre de 1967 a 1975, eventos que remodelaron la geopolítica regional y demostraron cómo el acceso al canal podía ser utilizado como arma.[15]

Los desafíos de seguridad contemporáneos continúan subrayando la vulnerabilidad estratégica del canal. Las amenazas geopolíticas recientes en el Mar Rojo, incluidos ataques a embarcaciones comerciales, han generado preocupación sobre la seguridad del canal y la posibilidad de que los conflictos regionales interrumpan el comercio global.[16] Estas amenazas híbridas demuestran cómo el canal sigue siendo un punto potencial de conflicto donde la inestabilidad regional puede tener consecuencias económicas a nivel mundial.[17]

En resumen, por el momento, el Canal de Suez sigue siendo un componente indispensable de la infraestructura marítima global, cuya importancia geopolítica se extiende mucho más allá de sus dimensiones físicas. Su papel en facilitar el comercio internacional, el transporte de energía y la movilidad estratégica asegura que la seguridad y accesibilidad del canal sigan siendo asuntos de vital interés internacional. A medida que los patrones del comercio global evolucionan y surgen nuevos desafíos, la importancia estratégica del canal continúa moldeando las relaciones entre naciones e influyendo en los cálculos de poderes regionales y globales.

Colaboración Irán-Rusia. ¿Puede el INSTC ser una alternativa viable al Canal de Suez?

En diciembre de 2025, funcionarios iraníes y rusos se reunieron en Teherán para acelerar el corredor, enfocándose en eliminar barreras administrativas y finalizar marcos legales. Los proyectos clave incluyen el ferrocarril Rasht-Astara (previsto para completarse a mediados de 2026) y mejoras en puertos iraníes, como Bandar Abbas.[18]

La colaboración entre Rusia e Irán es central para operacionalizar el INSTC, involucrando desarrollo conjunto de infraestructura, inversiones financieras y coordinación política para abordar brechas de conectividad.[19] En este contexto, Rusia financió el ferrocarril Rasht-Astara en Irán, de 162 kilómetros (con un préstamo de 1.3 mil millones de euros, con finalización prevista para 2027), que resuelve un eslabón crítico faltante en la ruta occidental al conectar la red ferroviaria de Azerbaiyán con la de Irán, permitiendo un tránsito fluido desde el Mar Caspio hasta el Golfo Pérsico.[20]

Irán, a su vez, ha modernizado puertos como Bandar Abbas y Chabahar (este último mediante un acuerdo de 10 años con India firmado en mayo de 2024, con $2.1 mil millones en inversiones para expandir capacidad a 8.5 millones de toneladas), mientras que Rusia ha modernizado puertos del Caspio como Astrakhan y Olya, junto con autopistas como la M6 Caspio y la M29 Cáucaso. Estas inversiones — estimadas en 35% del financiamiento total del corredor por Rusia y 34% por Irán — se enfocan en electrificación ferroviaria, expansión de puertos y herramientas digitales como guías electrónicas para agilizar procedimientos fronterizos, reduciendo tiempos y costos de exportación, actualmente 5 – 7 veces mayores que los promedios de la UE.

Acuerdos bilaterales, como el pacto de transporte Rusia-Irán de 1992 y recientes convenios logísticos multimodales (por ejemplo, entre Ferrocarriles Rusos y CONCOR de India para envíos de carbón vía INSTC en junio de 2024), apoyan flujos comerciales asimétricos: maquinaria y químicos norte-sur desde Rusia, y alimentos sur-norte desde Irán.

En términos de comercio internacional, esta asociación aumenta la viabilidad del INSTC, impulsando su potencial de carga a 14.6 – 24.7 millones de toneladas anuales para 2030 (incluyendo 5.9 – 11.9 millones de toneladas en contenedores, o 325 – 662 mil TEU), con granos representando 8.7 – 12.8 millones de toneladas principalmente a través de la ruta oriental por Kazajistán y Turkmenistán. Para India, el corredor desbloquea oportunidades de exportación no explotadas por hasta $180 mil millones (nueve veces los niveles actuales) hacia Rusia y Asia Central, mientras que el giro de Rusia hacia mercados del sur (Golfo, India, África) elevó el comercio bilateral con India a más de $30 mil millones en 2022, impulsado por hidrocarburos.

El papel de Irán como hub de tránsito podría generar ingresos de tránsito superiores a los del petróleo, potencialmente aumentando 20 veces desde $1 mil millón, apoyando crecimiento económico en medio de alta inflación (54.6% en 2023) y desempleo (9.7%). Sinergias con otros corredores como Bakú-Tiflis-Kars (BTK) y Central Asia Regional Economic Cooperation (CAREC) añaden 127 – 246 mil TEU en tráfico, fomentando la integración euroasiática.

Geopolíticamente, los lazos Rusia-Irán hacen del INSTC una herramienta para contrarrestar la dominancia occidental, creando una ruta resistente a sanciones que evita vías influidas por EE. UU., especialmente en el contexto del conflicto en Ucrania y sanciones estadounidenses sobre ambas naciones. Este “giro al sur” de Rusia e Irán, y su posición como puente euroasiático, reducen la dependencia del Canal de Suez, que maneja comercio global vulnerable, y promueven conectividad diversificada fuera de marcos occidentales como el TRACECA.

Persisten desafíos, incluyendo sobrecarga de infraestructura (por ejemplo, 8.8 millones de toneladas transportadas en 2022 pese a limitaciones de capacidad), políticas descoordinadas, diferencias de ancho de vía y sanciones que afectan seguros y acceso a puertos, aunque las exenciones para Chabahar ayudan a mitigarlas. En general, la colaboración no solo aborda estos obstáculos mediante inversiones dirigidas y armonización digital, sino que también posiciona al INSTC como una alternativa sostenible, con beneficios ambientales como un 25% menos de emisiones de GEI al desplazar carga por ferrocarril, comparable con el transporte marítimo de larga distancia.

¿Cómo sirve el INSTC a los intereses de seguridad de Rusia?

En un análisis reciente sobre el tema, Prokhor Tebin ofrece observaciones relevantes examinando la importancia estratégica del INSTC dentro del marco de la seguridad nacional rusa en medio de la intensificación de la competencia entre grandes potencias. El autor sostiene que la resiliencia económica y de seguridad de Rusia depende del desarrollo de una red de transporte euroasiática cohesionada mediante un enfoque de “gobierno completo”, que integre distintos ministerios, autoridades regionales y socios extranjeros. Esta red incluye infraestructura doméstica robusta y corredores internacionales diversificados, siendo el INSTC una ruta clave que conecta a Rusia con el Cáucaso Sur, Asia Central e Irán.[21]

Según Tebin, la seguridad nacional rusa se define de manera amplia, abarcando el desarrollo socioeconómico junto con la defensa. Una infraestructura de transporte sólida es vital para la seguridad económica, la movilización militar y la respuesta rápida ante crisis, especialmente dado que Rusia cuenta con menor profundidad estratégica y enfrenta amenazas crecientes en múltiples fronteras, incluyendo la expansión de la OTAN al oeste y la inestabilidad al sur. En este contexto, la actual dependencia excesiva de arterias de transporte occidentales vulnerables (Mar Báltico y Negro) resalta la necesidad de rutas alternativas, como el INSTC y la Ruta del Mar del Norte, para garantizar resiliencia ante posibles bloqueos.

Además, Tebin enfatiza la importancia de un sistema de transporte interconectado en lugar de corredores aislados, abogando por la coordinación a través de un grupo interdepartamental para optimizar la asignación de recursos y la priorización estratégica. Aunque existen proyectos regionales alternativos, como el Corredor de Zangezur y rutas Trans-Caspianas, Rusia no debería oponerse directamente, sino buscar mejorar la competitividad de sus propios proyectos y fomentar la estabilidad regional, ya que vecinos estables contribuyen a la seguridad rusa.

El papel de Irán en el INSTC es crucial debido a su posición geográfica y potencial económico. Apoyar la estabilidad de Irán mediante el corredor reduce riesgos regionales como migración masiva y terrorismo. El corredor también proporciona a Rusia conectividad crítica con el Sur Global y disminuye la dependencia de rutas marítimas controladas por la OTAN.

En última instancia, el INSTC, aunque actualmente limitado en volumen de carga, es estratégicamente crucial para diversificar los enlaces de transporte de Rusia, mejorar la seguridad militar y económica, y fomentar la integración euroasiática en un entorno geopolítico complejo caracterizado por la rivalidad prolongada entre grandes potencias.

Otros autores, Vinokurov, Ahunbaev y Zaboev, destacan la importancia estratégica y el potencial de desarrollo del INSTC, una red de transporte multimodal que conecta el noroeste de Europa y los países nórdicos con Asia Central, el Golfo Pérsico y el sur de Asia. En consecuencia, el INSTC sirve como una alternativa crucial a las rutas tradicionales este-oeste, ofreciendo tiempos de entrega más rápidos, apoyando la integración económica euroasiática y mejorando la conectividad para países sin litoral dentro de la Unión Económica Euroasiática (EAEU), de cuyos cinco miembros cuatro son sin litoral.

Los autores mencionados estiman que para 2030, el tráfico total de carga en el INSTC, incluyendo bienes contenerizados y no contenerizados, podría alcanzar entre 15 y 25 millones de toneladas, con el tráfico contenerizado potencialmente aumentando veinte veces. Las principales mercancías transportadas incluyen alimentos, metales, maquinaria, textiles y granos — estos últimos siendo la carga no contenerizada más importante. El transporte ferroviario del corredor ofrece ventajas ambientales frente al transporte por carretera y aéreo, emitiendo significativamente menos gases de efecto invernadero.

A pesar de su potencial, el INSTC enfrenta varios desafíos: políticas de transporte no coordinadas entre los estados miembros, sanciones internacionales (notablemente sobre Irán), cuellos de botella en infraestructura, inconsistencias legales y regulatorias, retrasos en cruces fronterizos y diferencias en el ancho de vía ferroviaria. Superar estos problemas requiere mejor coordinación, inversiones en infraestructura, digitalización y políticas aduaneras y arancelarias simplificadas.

En resumen, la plena operatividad del INSTC lo transformaría de un mero corredor de transporte a un corredor de desarrollo económico, fomentando la conectividad regional, la expansión del comercio y el crecimiento sostenible en toda Eurasia. También ayudaría a convertir a países sin litoral en “países conectados por tierra”, mejorando sus perspectivas económicas e integrándolos en las cadenas de valor globales. En consecuencia, plantea interrogantes sobre el futuro de la UE como actor geopolítico dentro del contexto más amplio Occidente-BRICS.

Posibles consecuencias para la UE

Geoeconómicamente, el INSTC podría tener consecuencias significativas, centradas en la desviación de comercio y los cambios en las cadenas de suministro. El corredor promete reducciones de 30 – 40% en tiempo de tránsito (por ejemplo, 23 días frente a 45 – 60 días vía Suez) y costos, permitiendo flujos más rápidos de India a Europa de productos farmacéuticos, textiles y maquinaria, así como exportaciones rusas de energía y agrícolas hacia el sur de Asia.[22]

Después de la invasión de Ucrania en 2022, los volúmenes han crecido ante el giro de Rusia desde los mercados europeos, con el comercio India-Rusia aumentando a alrededor de US$50 mil millones. Para la UE, esto genera presiones duales: ahorros potenciales para importadores que acceden a bienes indios o recursos de Asia Central, pero barreras prácticas derivadas de las sanciones de la UE y EE. UU. sobre Rusia e Irán, que restringen la participación y el financiamiento. Los puertos y centros logísticos de la UE (p. ej., Rotterdam) corren riesgo de perder volúmenes de tránsito mientras la carga se redirige por territorios sancionados, mientras el corredor compite con alternativas apoyadas por la UE, como el Corredor Medio Trans-Caspio.[23]

La estrategia Global Gateway de la UE (€300 mil millones en inversión) promueve explícitamente conectividad diversificada y sostenible, asignando fondos para evitar rutas dependientes de Rusia e Irán. Se proyecta que la carga entre la UE e India se duplique para 2032 bajo el posible TLC, subrayando la necesidad de vías confiables fuera del INSTC. En general, el INSTC acelera la reorientación del comercio euroasiático lejos de los puntos de estrangulamiento dominados por Occidente, erosionando modestamente la influencia de la UE en la logística global, mientras expone vulnerabilidades ante interrupciones en segmentos sancionados.[24]

Geopolíticamente, el INSTC refuerza un eje Rusia–Irán–India dentro de los BRICS, funcionando como una herramienta para eludir sanciones que socava la efectividad de las medidas occidentales. Al permitir que Rusia monetice su geografía para acceder al Sur Global e Irán obtenga ingresos por tránsito, promueve narrativas multipolares que desafían la influencia de la UE en el Cáucaso, Asia Central y el Golfo Pérsico.[25]

Para Europa, esto reduce el poder coercitivo sobre Moscú — previamente derivado de la dependencia de tránsito — y fragmenta el orden basado en reglas que la UE defiende. También contrarresta los esfuerzos de la UE de profundizar vínculos con India a través de iniciativas transparentes como el IMEC, inclinando potencialmente las decisiones de conectividad de Nueva Delhi hacia socios sancionados. Los desafíos incluyen brechas de infraestructura (p. ej., diferencias de ancho de vía ferroviaria, retrasos por sanciones iraníes) y conflictos regionales (Armenia – Azerbaiyán), limitando la escalabilidad. Sin embargo, el impulso persiste mediante acuerdos bilaterales, como la financiación de Azerbaiyán para el ferrocarril Rasht–Astara de Irán.[26]

En conclusión, el INSTC presenta para la UE oportunidades limitadas de comercio más barato y diversificado, pero principalmente plantea riesgos geoeconómicos por la competencia de rutas y desafíos geopolíticos para la eficacia de sanciones y la influencia euroasiática. Para mitigarlos, la UE probablemente debería acelerar las inversiones del Global Gateway en el Corredor Medio y en el IMEC, armonizar la aplicación de sanciones y comprometerse con India en conectividad alineada en valores. No hacerlo podría acelerar un giro hacia corredores liderados por los BRICS, disminuyendo el papel de la UE en la configuración de la arquitectura comercial euroasiática del siglo XXI.

Referencias
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First published in: World & New World Journal
Krzysztof Sliwinski

Krzysztof Sliwinski

El Dr. Śliwiński Krzysztof Feliks es Profesor Asociado del Departamento de Gobierno y Estudios Internacionales de la Universidad Bautista de Hong Kong (Prof. Krzysztof SLIWINSKI) y titular de la Cátedra Jean Monnet. Obtuvo su doctorado en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Varsovia en 2005. Desde 2008, trabaja en la Universidad Bautista de Hong Kong. Imparte conferencias regularmente sobre integración europea, seguridad internacional, relaciones internacionales y estudios globales. Sus principales intereses de investigación incluyen la política exterior y la estrategia de seguridad británicas, la política exterior y la estrategia de seguridad polacas, los estudios de seguridad y estratégicos, las cuestiones de seguridad tradicionales y no tradicionales, la inteligencia artificial y las relaciones internacionales, la política europea y la Unión Europea, las teorías de la integración europea, la geopolítica y la docencia.

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