Central America, Caribbean Sea, a photo of an vintage atlas map, published in 1979, suitable to illustrate history, travel, tourism, trade and politics themes

El Caribe como el tablero de ajedrez de Estados Unidos

El renovado activismo de Washington en la región revive la lógica de la Doctrina Monroe y reposiciona al Caribe como un eje estratégico de su influencia hemisférica.

El mapa de la Gran América del Norte presentado por el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, delimita la nueva esfera estratégica de influencia de Washington. Su diseño evoca inevitablemente la Doctrina Monroe de 1823, cuando los estadounidenses concebían a México, Centroamérica, el Caribe, Venezuela y parte de Colombia como su espacio vital. Sin embargo, la construcción de la hegemonía marítima fue interrumpida por varios factores.

Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, Washington ha intensificado su presencia en la región mediante operaciones militares y un acercamiento con países como Trinidad y Tobago, Barbados y Jamaica, que en su momento condenaron al gobierno autoritario de Nicolás Maduro. A esto le siguió la cumbre Escudo de las Américas, a la que asistieron República Dominicana y Trinidad y Tobago para firmar acuerdos de cooperación contra el crimen. Al mismo tiempo, el secretario de Estado Marco Rubio fortaleció el diálogo con la Comunidad del Caribe.

Rubio recurrió a esta organización para pedir a los líderes insulares una mayor cooperación con Washington, argumentando que si ellos prosperan, Estados Unidos también prospera. El Caribe desempeña ahora un papel central en la construcción de la nueva hegemonía inaugurada con la detención de Maduro y que muestra continuidad con la presión ejercida sobre Cuba. La Casa Blanca no quiere repetir los errores del pasado y ahora aspira a consolidar un control más firme sobre su esfera de influencia.

Incluso Donald Trump, quien se describe como admirador del rey Carlos III, jefe de la Mancomunidad y jefe de Estado de varias naciones caribeñas, afirmó en 2025 en su red Truth Social que vería con buenos ojos la posibilidad de que Estados Unidos se uniera a la organización. Periódicos como The Times y El Mundo interpretaron la propuesta como una forma de fortalecer la influencia de Washington en el Caribe.

Una mirada al pasado

Desde el siglo XVIII, la presencia de las potencias coloniales europeas en el Caribe ha sido constante. El Reino Unido conservó territorios como Bahamas, San Cristóbal y Nieves, Antigua y Barbuda, Jamaica, Barbados, Granada y Dominica, entre otros. Mientras tanto, Francia mantuvo sus departamentos de ultramar en Guadalupe, Martinica y Guayana Francesa, mientras que España conservó sus últimas colonias, Puerto Rico y Cuba, hasta la guerra de 1898, cuando las perdió ante los estadounidenses.

A partir de entonces, Estados Unidos coexistió en el Caribe junto a las potencias europeas, mientras al mismo tiempo apoyaba gobiernos autoritarios alineados con la Casa Blanca. Entre ellos estuvieron la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, los gobiernos de François Duvalier y Jean-Claude Duvalier en Haití, y la administración de Fulgencio Batista en Cuba antes de la Revolución Cubana.

La lógica de la intervención persistió durante toda la Guerra Fría. En 1965, los dominicanos intentaron restaurar a Juan Bosch en la presidencia, pero la Casa Blanca invadió el país para impedirlo. Casi veinte años después, en 1983, el gobierno de Ronald Reagan ordenó la invasión de Granada después de que el primer ministro Hudson Austin llegara al poder mediante un golpe de Estado. Washington argumentó que el nuevo gobierno amenazaba su seguridad y, junto con tropas de Barbados y Jamaica, removió del poder al líder golpista.

La operación causó malestar en Londres porque la entonces primera ministra Margaret Thatcher declaró que el Reino Unido no había sido consultado sobre la intervención en una nación de la Mancomunidad. Así, pese a que bajo la Doctrina Monroe Estados Unidos había defendido inicialmente la expulsión de todas las potencias europeas del continente, durante la Guerra Fría la Casa Blanca se acercó a esas naciones y forjó con ellas una relación estratégica.

El Caribe, una región estratégica

El Caribe ha sido históricamente una pieza central de la hegemonía hemisférica, no solo porque funciona como puerta de entrada para el comercio con África y Asia, sino también porque permite proyectar influencia hacia Sudamérica. Tras el establecimiento del gobierno socialista encabezado por Fidel Castro en Cuba, Estados Unidos promovió el aislamiento de la isla respecto de países como Jamaica y Trinidad y Tobago precisamente para evitar que esas naciones adoptaran gobiernos de izquierda.

En este contexto, Haití representa un punto sensible. Sumido en una crisis política, económica, sanitaria y de seguridad desde 2021, el país es importante para Estados Unidos. El Alto Consejo de Transición, organismo que ejerce el control del país debido a que ya no quedan funcionarios electos, planea celebrar elecciones el próximo 30 de agosto. Aunque Trump ha hablado poco públicamente sobre Haití, la fragilidad del país lo convierte en un eslabón vulnerable que enfrentará presiones para ajustarse a los designios de Washington.

En conclusión, el Caribe representa hoy una de las regiones geopolíticamente más significativas para la Casa Blanca: es la puerta natural hacia las Américas continentales y un corredor fundamental para el comercio. Bajo una nueva Doctrina Monroe, Washington busca reunir todas las piezas del rompecabezas para consolidar una hegemonía hemisférica que descuidó durante la década de 1990.

First published in: Latinoamérica21 (L21) Original Source
Sebastián Godínez Rivera

Sebastián Godínez Rivera

Politólogo egresado de la UNAM con diploma en periodismo de la Escuela de Periodismo Carlos Septién.

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