Portugal y España son dos países que comparten la misma posición geopolítica y también historias paralelas. Eso hace que el conocimiento mutuo sea una fuente de información que debiera ser valorada desde ambos países, porque de las experiencias de uno tiene mucho que aprender el otro. Lamentablemente, como en el siglo pasado, parece que conocerse a uno mismo estudiando al vecino tiene poca audiencia tanto en España como en Portugal. Es por ello que vale la pena insistir en atender a lo que está en juego en las próximas elecciones legislativas portuguesas del 10 de marzo de 2024.
Lo primero reseñable es que se trata de unas elecciones anticipadas debido a que el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, decidió disolver el Parlamento a consecuencia del escándalo de corrupción que salpicó a António Costa, el primer ministro socialista, que dimitió el 7 de noviembre de 2023. Esta dimisión de Costa fue pactada con el presidente de la República y esto explica el amplio plazo que se otorgó al Partido Socialista para que pudiera recomponer su liderazgo y enfrentar unas elecciones. El presidente de Portugal, elegido por sufragio directo, tiene entre sus poderes el de disolver el Parlamento, aunque el Gobierno goce de un apoyo mayoritario como era el caso, una prerrogativa que recuerda a la del monarca de la vieja monarquía constitucional. El nuevo líder del PS es Pedro Nuno de Oliveira Santos, antiguo ministro de infraestructuras y vivienda de Costa y defensor entusiasta de los acuerdos de gobierno con la extrema izquierda, lo que en Portugal se denominó la geringonça.
Este dato es importante porque significa que el sector radical del PS ha triunfado sobre el tradicional moderado y que, por tanto, podría repetirse, si dieran las cuentas parlamentarias, un gobierno como el primero de Costa, en 2015, cuando después de perder las elecciones, el PS pudo formar gobierno gracias al Partido Comunista y al Bloco de Esquerda. Una novedad que alteraba profundamente lo que había sido hasta entonces el sistema de partidos portugués. También es relevante el hecho de que, como ministro, Santos bloqueó la conexión de alta velocidad entre Madrid y Lisboa, una infraestructura que tenía que haberse terminado hace décadas e hizo gala de una retórica provocadora y bravucona en sus relaciones con España. A modo de halago se le ha calificado como el Pedro Sánchez portugués.
Sin embargo, las posibilidades de que alcance el gobierno parecen remotas. Es por ello que Santos ha manifestado que si el centro derecha, que se presenta bajo las siglas de su histórica coalición Alianza Democrática (AD), ganase las elecciones, les permitiría gobernar en minoría, para que así no tuvieran que depender de la extrema derecha de Chega!. Pero estas manifestaciones ni expresan moderación ni generosidad política porque, de hecho, la única posibilidad de que gobierne el PS es, justamente, que, como ocurría antes de 2015, la derecha le permitiera gobernar en minoría si ganara las elecciones, esto es, si consiguiese ser la fuerza con más votos y escaños. Santos ha exigido reciprocidad a la AD después de lanzar su atractiva oferta. Es decir, que si el PS queda por delante, debe poder gobernar. Tiene cierta ironía que este planteamiento lo haga un defensor exaltado de lo ocurrido en 2015, cuando Passos Coelho fue descabalgado del gobierno tras ganar las elecciones gracias a un acuerdo del PS con la extrema izquierda.
Ahora bien, si el PS fue capaz de capitalizar los resultados de 2015 hasta alcanzar una mayoría absoluta en las elecciones de 2022, a costa del debilitamiento de la extrema izquierda –ya estuvo cerca de conseguirlo en las elecciones de 2019–, las cosas hoy son bien distintas. 2015 fue un momento excepcional para la extrema izquierda portuguesa porque obtuvo casi un 20% del voto. Pero desde entonces no ha dejado de menguar y las encuestas para estas elecciones certifican la defunción del Partido Comunista, cuyos electores se han marchado a Chega!, y la probable confirmación de la debilidad hasta la irrelevancia del Bloco de Esquerda.
Las últimas elecciones portuguesas de 2022 dieron como resultado los de la tabla 1:
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Pero las encuestas de estos últimos días dan al PS entre un 20 y un 30% del voto, es decir, un severo varapalo con la pérdida de la mitad o al menos una cuarta parte de sus votos; a la Alianza Democrática entre un 21 y un 33%, un ligero repunte respecto a las últimas elecciones. El partido que más crece es Chega!, que pasaría, según las encuestas, del 7.28 a un 15 o hasta un 19% de los votos. Por el contrario, la extrema izquierda quedaría aniquilada. Si las elecciones de 2022 ya fueron uno de los peores resultados de su historia, en estas todavía podrían empeorar. Las encuestas de los últimos días señalan que el Partido Comunista alcanzaría entre el 2 y el 4%, dominando las encuestas que lo sitúan en el 2%, y el Bloco de Esquerda entre el 3 y el 8%, dominando las encuestas que sitúan el voto a este último partido entre el 3 y el 4%. En suma, aunque ganara el PS no tendría opciones de repetir la geringonça de 2015, tan defendida por su actual líder Santos. Es decir, Santos solo podría gobernar si se volviera a la vieja tradición de permitir gobernar al partido más votado y que él ayudó a destruir.
Pero por el lado de la derecha las cosas tampoco están claras. Aunque las últimas encuestas señalan de forma consistente que la AD superará al PS, parece difícil que pudieran alcanzar una mayoría suficiente con los escaños de IL Iniciativa Liberal, centro derecha, a los que las encuestas dan entre un 2% y un 6.6%, aunque dominan las encuestas que le dan un 6%. Luís Montenegro, el líder del PSD que se presenta como cabeza de la coalición AD, junto al CDS-PP y el PPM, ha establecido un cordón sanitario con Chega! y André Ventura, su popular líder ha señalado que no apoyará un gobierno de la AD si no se les permite entrar en el mismo. De modo que, tal como están las cosas, podría producirse la paradoja de que, en Portugal, la Asamblea de la República estuviera ampliamente dominada por los partidos de la derecha y, sin embargo, el gobierno de la AD fuera de una debilidad extrema. Paulo Raimundo, líder del Partido Comunista Portugués dice que sus antiguos votantes lo hacen ahora por Chega! porque están desesperados. Pero algo habrá tenido que ver que Chega! ha votado a favor de todas las políticas sociales del Gobierno Costa, en particular lo referido al incremento del salario mínimo, las pensiones y otros beneficios.
Portugal muestra en la evolución de su sistema de partidos una proximidad mayor que España a la tónica europea: el declive de la extrema izquierda, el auge de la extrema derecha, y una cierta fragmentación y debilitamiento o estancamiento del bloque central de los partidos de gobierno. Esto significa que, en un contexto de debilidad de la izquierda portuguesa, la derecha de gobierno pudiera no ser capaz de capitalizarlo, a pesar de ser mayoría, por presentarse dividida y con proyectos incompatibles. La Alianza Democrática señala el camino de la necesaria unidad de la derecha para ganar las elecciones y formar un gobierno sólido, pero sus componentes son partidos debilitados cuyo principal activo es su historia pasada algo que, por lo que dicen las encuestas, carece del atractivo suficiente para frenar a Chega! y de esta manera ofrecer una alternativa de gobierno consistente.
