Azerbaiyán fue expulsado de la Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo por su gestión del conflicto de Nagorno-Karabaj y sus numerosas carencias democráticas. Pero es probable que las preocupaciones geopolíticas y la urgencia de la cooperación en materia de gas natural impulsen un nuevo compromiso y reparen las tensas relaciones.
En un giro significativo de los acontecimientos, el 24 de enero, la Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo (APCE) votó por la expulsión de la delegación azerí de la organización con 76 votos a favor y 10 en contra. Anticipándose a los resultados de la votación, la delegación azerbaiyana se retiró preventivamente de la APCE en un intento por tratar de quedar bien. Mientras tanto, el informe posterior a la votación de la APCE, dejo de manifiesto las preocupaciones existentes desde hace tiempo en relación con los procesos democráticos, incluidos los problemas para celebrar elecciones libres y justas, garantizar la libertad de expresión y hacer frente a las violaciones de los derechos humanos; el tema de la expulsión se centró en los acontecimientos de la región de Nagorno-Karabaj, que enfurecieron a algunos miembros de la APCE. Particularmente, el reporte de la APCE criticaba la ofensiva relámpago de Azerbaiyán en septiembre de 2023, en la que el país se hizo con el control de Khankendi (conocida como Stepanakert en armenio), la capital de la región, lo que provocó el éxodo masivo de los 100,000 residentes armenios rumbo a Armenia. Azerbaiyán calificó esta medida de “operación antiterrorista”, denominación que ha suscitado controversia.
En vísperas de las elecciones presidenciales del 7 de febrero, el presidente Ilham Heydar oghlu Aliyev intensificó aún más las tensiones con el Consejo Europeo al proferir amenazas de retirar a Azerbaiyán de diversas instituciones europeas, entre ellas el Consejo Europeo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Las elecciones, que resultaron con la aplastante victoria de Aliyev, ahondaron las desavenencias entre Azerbaiyán y Europa. Los observadores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) afirmaron que las elecciones “carecieron de un auténtico pluralismo y las voces críticas fueron continuamente sofocadas”. Con un asombroso 92.4% de los votos, la victoria de Aliyev fue aparentemente no impugnada, y sus oponentes fueron considerados más candidatos simbólicos que serios contendientes. Los principales partidos de la oposición optaron por boicotear las elecciones, alegando un clima político injusto. Antes de las elecciones, el gobierno azerí intensificó la represión contra los medios de comunicación independientes como lo demuestra la detención de los principales redactores de Abzasmedia, un medio de comunicación independiente, bajo acusaciones falsas.
Aunque los recientes acontecimientos pueden sugerir un importante deterioro de las relaciones de Azerbaiyán con Europa, no significa necesariamente una ruptura permanente de los lazos bilaterales. Durante las dos últimas décadas, las relaciones de Azerbaiyán con la UE se han caracterizado por duras negociaciones bilaterales y no por un asunto unilateral dominado por la agenda de la UE. Azerbaiyán busca una cooperación cercana a la UE, pero en sus propios términos, aspirando a una relación más equilibrada que respete su soberanía y sus intereses. Esta postura se ha visto facilitada por la creciente influencia de Azerbaiyán en los asuntos energéticos y geopolíticos, que le ha permitido oponerse a la política unilateral de la UE.
Gracias a la dependencia europea del gas natural azerbaiyano y al liderazgo secular y estable de Azerbaiyán, los políticos europeos lo han considerado históricamente como un aliado estratégico en la inestable región del Cáucaso Sur. A lo largo de la década de 2000, a pesar de su gobierno autoritario, el régimen laico de Azerbaiyán fue considerado un activo en las estrategias geopolíticas occidentales, sobre todo en la guerra global contra el terrorismo liderada por Estados Unidos y en la gestión de las tensiones con Irán.
En los últimos años, la relación entre la UE y Azerbaiyán ha adquirido un carácter un tanto conflictivo. Por un lado, se ha observado una tendencia a una cooperación fluida y cada vez más profunda en asuntos relacionados con la energía. La posición estratégica de Azerbaiyán como importante proveedor de energía ha fomentado el estrechamiento de lazos con la UE en el ámbito de la seguridad energética y la diplomacia de los recursos, una dinámica que se ha visto impulsada por la invasión rusa de Ucrania en 2022. Sin embargo, esta cooperación contrasta con las tensiones latentes y los conflictos periódicos en torno a cuestiones relacionadas con la democracia y los derechos humanos.
De hecho, los esfuerzos de la UE por promover los valores democráticos y los derechos humanos han chocado a menudo con las políticas internas de Azerbaiyán, provocando fricciones y discordias. Como señaló un académico, “Azerbaiyán ha sido un precursor en la resistencia a la agenda de la UE”, demostrando una resistencia que ha puesto a prueba hasta el limite el poder transformador de la UE.
Tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, que ha provocado el cese total de las exportaciones rusas a Europa y la subida de los precios del gas en Europa a niveles astronómicos, la UE firmó un Memorando de Entendimiento con Azerbaiyán en julio de 2022 para duplicar las exportaciones de gas azerí en los próximos 5 años. Durante su visita a Azerbaiyán, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó a Azerbaiyán de “socio clave en nuestros esfuerzos por abandonar los combustibles fósiles rusos”, elevando la influencia estratégica de Azerbaiyán frente a Europa.
Sin embargo, la situación del gas en la UE empezó a estabilizarse en 2023 con el aumento de las importaciones de gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos y Catar, complementado por la expansión de las fuentes de energía renovables y la energía nuclear. Esta estrategia de diversificación, unida a los esfuerzos por mejorar la eficiencia energética, contribuyo a un notable descenso de los precios del gas hasta los niveles anteriores a la guerra en febrero de 2024.
El pasado diciembre, el gobierno azerí anunció que estaba en vías de duplicar sus exportaciones de gas a Europa para 2027. Sin embargo, persisten importantes retos, sobre todo en lo que respecta al compromiso actual de los compradores europeos de adquirir el gas adicional prometido por Azerbaiyán. Hasta ahora, el consorcio que supervisa las exportaciones de gas desde Azerbaiyán sólo conseguido compromisos por 1,200 millones de metros cúbicos al año una cifra muy alejada de los 10,000 millones de metros cúbicos necesarios para alcanzar el objetivo declarado de duplicar las exportaciones.
La dependencia de Azerbaiyán de las exportaciones de gas como medio de ganar influencia sobre Europa no es una estrategia sostenible a largo plazo. En una región en la que Rusia e Irán aplican políticas expansionistas agresivas Azerbaiyán necesita socios occidentales para contrarrestarlas eficazmente. Con la inminente conclusión de la Misión Rusa de Mantenimiento de la Paz en 2025, y el deseo de Azerbaiyán de verlos partir, alinearse con Rusia a expensas de Europa no serviría a los mejores intereses de Azerbaiyán.
Así, hay indicios de que la dura retórica antieuropea del presidente Aliyev puede haber sido más una maniobra populista temporal que un cambio fundamental en el enfoque de Azerbaiyán hacia la UE. Azerbaiyán no solo depende de la cooperación energética con la UE, sino que también trata de evitar que se le asocie con Rusia y Bielorrusia dentro de la Comunidad Europea de Naciones. Además, la propia comparación de Azerbaiyán con sus vecinos más pequeños, Georgia y Armenia, que han dado pasos importantes hacia la integración europea, subraya los riesgos para su reputación que supone distanciarse de las instituciones europeas.
Reconociendo la necesidad de controlar los daños, el gobierno azerbaiyano se inclinará por volver a comprometerse con la UE y la Comisión Europea. Las declaraciones del presidente Aliyev indican su deseo de que Azerbaiyán vuelva a formar parte de la APCE. Es poco probable que se produzcan avances democráticos significativos en el Azerbaiyán de Aliyev. Sin embargo, el régimen podría considerar la liberación de algunos de los periodistas recientemente encarcelados como un cambio cosmético en un intento de regresar a la APCE.
