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La Iniciativa de la Franja y la Ruta – 10 años después

Resumen

Han pasado más de diez años desde la aparición de lo que hoy se conoce como la “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (IFR). Este número especial, una década después de su lanzamiento, resalta la enorme complejidad no solo de la idea en sí, sino también de la influencia global de China y de las diversas actitudes y respuestas hacia ella. Esperamos que estos estudios, con sus enfoques y bases de evidencia tan variados, contribuyan a enriquecer la creciente literatura sobre la IFR, una tendencia que difícilmente disminuirá en el corto plazo mientras China continúe siendo una fuerza global de primer orden en el siglo XXI.

Han pasado ya más de diez años desde que Xi Jinping anunciara por primera vez la “Franja Económica de la Ruta de la Seda” (丝绸之路经济带, ‘sīchóu zhī lù jīngjì dài’) en tierra, en Astaná, la capital de Kazajistán, en septiembre de 2013. Más tarde ese mismo año, en octubre, también anunció en Indonesia una nueva “Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI” (21世纪海上丝绸之路, ‘èrshíyī shìjì hǎishàng sīchóu zhī lù’). Estos anuncios marcaron el inicio de lo que hoy se conoce como la “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (IFR; 一带一路, ‘yīdài yīlù’).

Durante varios años de la primera década del siglo XXI, a medida que la economía china crecía de manera exponencial tras su ingreso a la Organización Mundial del Comercio en 2001, aumentaron las demandas para que el país aclarara sus ambiciones globales ahora que era una auténtica potencia económica mundial. La noción efímera — entre 2003 y 2005 — del “ascenso pacífico” de China (和平崛起, ‘hépíng juéqǐ’) no ayudó mucho en este sentido, pues Estados Unidos y otros países instaban a Pekín a declarar con mayor claridad su compromiso no solo con los acuerdos y disposiciones comerciales multilaterales, sino también con los valores que los sustentaban (Glaser y Medeiros, 2007). La presidencia de Hu Jintao, de 2002 a 2012, coincidió con un período de espectacular crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y de silencio diplomático.

Cuando China superó a Japón en 2010 como la segunda mayor economía del mundo en términos de PIB total, la necesidad de articular claramente su visión sobre su papel global se volvió más urgente. Desde que Xi Jinping asumió el poder en 2012, comenzó la era del “Sueño Chino” (中国梦, ‘zhōngguó mèng’) y de “contar bien la historia de China” (讲好中国故事, ‘jiǎng hǎo zhōngguó gùshì’), tanto hacia dentro como hacia fuera (Wang y Feng, 2016; Xue Er Shi Xi, 2021). La IFR, por lo tanto, se convirtió en una parte central del mensaje que el país quería transmitir.

El documento inicial de política, emitido en 2015 de manera conjunta por tres ministerios del Consejo de Estado, hablaba de conectividad, una zona de libre comercio, vínculos entre pueblos y una mayor comunicación cultural, todo ello basado en resultados de beneficio mutuo (Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, Ministerio de Asuntos Exteriores y Ministerio de Comercio, 2015). Sin embargo, esto fue recibido cada vez más con críticas externas, que iban desde la vaguedad general atribuida a la IFR hasta su papel en la creación de países socios endeudados, así como la sospecha de que se trataba de un intento de acumular poder más que de ser un miembro cooperativo y constructivo de la comunidad internacional (Perlez y Huang, 2017).

El exsecretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, por ejemplo, calificó la iniciativa como algo “dañino” y la presentó como el principal vehículo mediante el cual Pekín expandía su influencia maligna en el mundo para apoyar al autoritarismo y contrarrestar los valores democráticos (Murray-Atfield y Staff, 2020).

Con más de una década de existencia, este es un buen momento para reflexionar y revisar lo que la IFR ha significado para el mundo hasta ahora. En 2015, no había un historial real más allá de hacer referencia al creciente interés energético y económico de China en África, América Latina y lo que pasó a denominarse el “Sur Global”. Desde entonces, ha surgido una gran cantidad de análisis y estudios, utilizando diversas métricas, marcos conceptuales y bases de datos (por ejemplo, Garlick, 2020; Garlick y Havlová, 2020; Gerstl, 2020; Shakhanova y Garlick, 2020; Turcsanyi y Kachlikova, 2020; Vangeli, 2020). Esta edición especial contribuye a esa literatura con un conjunto de enfoques contrastantes y perspectivas geográficas diversas sobre la IRF. Esto da testimonio de la complejidad del propio fenómeno y de su carácter multidimensional.

Lo que todas las contribuciones tienen en común, a pesar de sus diferencias, es el reconocimiento de cuán compleja es la IFR y de cómo escapa rápidamente a marcos analíticos simples y aproximaciones unilineales.

En África, como escriben Ajah y Onuoha (2025) en su estudio sobre las experiencias de Nigeria con la IFR, los registros muestran que las cosas no son tan simples como para sostener la idea de que China utiliza sus activos económicos recién adquiridos únicamente para afirmar su poder en beneficio propio. Reconociendo el análisis crítico ofrecido a menudo por quienes suscriben a prismas teóricos neocoloniales, neorrealistas o de dependencia, ellos optan por usar la teoría de la interdependencia compleja, señalando que la IRF ha “brindado a Nigeria la oportunidad de obtener fondos para rehabilitar y modernizar su infraestructura ferroviaria” (Ajah y Onuoha, 2025: 134).

Basados en entrevistas detalladas e investigaciones de campo en el país, ellos muestran una situación en la que la IFR, no solo en ferrocarriles sino también en puertos y aeropuertos, ha “producido resultados tangibles en la atención de los déficits de infraestructura de Nigeria” (Ajah y Onuoha, 2025: 137). Ese aspecto de lo tangible es esencial, con datos empíricos tanto sobre el monto invertido por los socios chinos como sobre los resultados obtenidos.

Si bien reconocen los problemas de falta de transparencia de parte de los socios chinos en ciertos momentos, así como las dificultades en torno a las condiciones de financiamiento y la forma en que estas se negocian y acuerdan, los autores concluyen, no obstante, que la IFR ofrece a Nigeria más oportunidades que vulnerabilidades, proporcionando una corrección sólida a la acusación generalizada de acuerdos unilaterales donde “ganar–ganar” para China significa que gana por partida doble.

Comerma (2024) aborda el tema de los valores y marcos de referencia en el contexto particular de la Unión Europea, y en especial, cómo el lenguaje normativo emanado del gobierno chino apareció en los ochenta Memorandos de Entendimiento (MOUs, por sus siglas en inglés) firmados entre China y diversos gobiernos europeos desde 2018. Para algunos, esto fue un claro intento de China de obtener una validación más amplia para su iniciativa de política exterior insignia y, en última instancia, para su propio deseo de influencia, reconocimiento y estatus. Según sostiene Comerma, esto se vinculaba con un impulso hacia una forma de poder blando con características chinas, que fue popular en la primera década del siglo XXI y que se mantuvo durante los primeros años de la era Xi.

Sin embargo, dejando de lado aquellos MOUs a los que no se pudo acceder, en los dos que ella analiza en detalle — los firmados con Italia y Hungría — los resultados resultaron muy distintos al final. A pesar de la adopción parcial del lenguaje normativo de China, su poder blando fue limitado, particularmente frente a una audiencia que mantiene valores europeos (Comerma, 2024: 242). Como ella concluye, incluso si los gobiernos aceptaron el lenguaje normativo chino, lo cual contradecía su adhesión a los valores de mercado y a los principios democráticos, en la práctica, la implementación no fue fluida. Prueba de ello es que Italia dejó expirar su acuerdo sobre la IFR en 2022.

El enfoque de Lin (2024), en cambio, no se centra en una región o territorio y su experiencia con la IFR, sino en el tema de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Como muestra este artículo, el interés de China no ha estado tanto en el poder blando, sino en lo que se ha denominado “conectividad blanda”, reconociendo que había cuestiones y responsabilidades en torno a la gestión de sus intereses en el extranjero a través de la IFR que era necesario considerar. Como escribe Lin, históricamente China se ha “encontrado en el extremo receptor de la difusión de normas” (Lin, 2024: 154). Con sus celebrados “Cinco Principios de Coexistencia Pacífica” adoptados en la década de 1950, China se ha mantenido en una postura de no interferencia en los asuntos de otros países. Eso debería significar que sus inversiones y compromisos en el extranjero no parecen tener fines sociales y políticos evidentes, a pesar de las acusaciones contrarias de sus críticos.

Lin argumenta que, si bien China por supuesto no compromete su propio modo de hacer las cosas en el ámbito interno, se ha mostrado como un actor “racional y pragmático” en el exterior (Lin, 2024: 172). En cuestiones ambientales, en particular, ha encontrado un espacio relativamente no conflictivo para explorar acciones relacionadas con la RSC de manera percibida como mutuamente beneficiosa y aceptable, incluso cuando su postura sobre los derechos laborales ha sido mucho más débil.

La ruta terrestre de la IFR fue, como se señaló al inicio de esta introducción, anunciada por primera vez en Kazajistán. Por lo tanto, resulta oportuno que este volumen incluya una contribución de Primiano y Kudebayeva (2023) sobre cómo los estudiantes de una universidad en Almatý perciben la IFR y la influencia china en general. Sus hallazgos son inquietantes. A pesar de que Asia Central es un foco clave de la actividad de la IFR y suele considerarse una región de relaciones mayormente positivas con China, las opiniones reveladas a través de las encuestas resultan en gran medida negativas y críticas. No sorprende que quienes muestran mayor adhesión a valores liberales y democráticos sean los más críticos hacia China, percibiendo sus inversiones como una amenaza para los intereses petroleros y gasíferos del país y mostrando altos niveles de inquietud. Al mismo tiempo, resulta interesante y quizás significativo observar que el estudio también detectó una falta general de conocimiento sobre la IFR y la presencia de China en Kazajistán.

Finalmente, al dirigir nuestra atención al mar, Schmitz (2024) ofrece una evaluación de la diplomacia histórica de China en el contexto de la IFR, con un enfoque específico en la instrumentalización de la noción china de ‘tianxia’ (天下, “todo bajo el cielo”) por parte de las élites políticas y académicas del país para narrar tanto el pasado como el presente de China como potencia marítima, y legitimar así sus reclamos sobre diversos territorios marítimos.

A partir de materiales textuales obtenidos de la ‘China National Knowledge Infrastructure’, una de las bases de datos de publicaciones académicas más grandes del país, Schmitz analiza la resurrección de las memorias del ahora célebre almirante eunuco de la dinastía Ming, Zheng He, así como los registros arqueológicos e históricos de sus extensas expediciones hasta la costa del este de África a inicios del siglo XV.

Para Schmitz, la IFR encarna este pensamiento expansivo del tianxia, que traza un mundo compuesto por una “región central” y “zonas de influencia concéntricas que la rodean” (Schmitz, 2024: 215). Reconociendo que “[a] pesar de la ambiciosa narrativa que la enmarca, en la práctica la IFR es un mosaico […]”, Schmitz sostiene que la narrativa del ‘tianxia bajo el mar’ debe entenderse como “algo más que una estrategia para calmar temores” (Schmitz, 2024: 214). Se presenta, más bien, como una noción distinta de lo que puede ser el espacio internacional y de cómo, al menos desde la perspectiva china, se busca operar en ese espacio.

Este número especial, una década después de la aparición de la IFR, muestra la enorme complejidad no solo de la idea misma, sino también de la influencia global de China y de la variedad de actitudes y respuestas hacia ella. Que las contribuciones incluyan perspectivas de África, Europa, Asia Central y la propia región asiática demuestra cuán expansivo es el alcance del proyecto, así como la diversidad de temas implicados en él: desde los valores hasta la RSC, pasando por las nociones de poder y dependencia y los marcos intelectuales.

Esperamos que estos estudios, con sus enfoques y bases de evidencia tan diversos, ayuden a enriquecer la creciente literatura sobre la BRI, una tendencia que difícilmente desaparecerá en el corto plazo, ya que China sigue siendo una fuerza global en el siglo XXI.

Notas
Declaración de conflictos de interés Los autores declaran que no existen posibles conflictos de interés con respecto a la investigación, autoría y/o publicación de este artículo. Financiamiento Los autores no recibieron apoyo financiero para la investigación, autoría y/o publicación de este artículo. ORCID iDs Kerry Brown https://orcid.org/0000-0002-3472-2357 Sinan Chu https://orcid.org/0000-0002-9518-1953
Referencias
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First published in: Journal of Current Chinese Affairs Original Source
Kerry Brown

Kerry Brown

Kerry Brown es profesor de Estudios Chinos y director del Instituto Lau China del King's College de Londres. Es autor de más de 20 libros sobre la China moderna, entre los que destacan «China Incorporated: The Politics of a World Where China is Number One» (Bloomsbury Publishing, 2023), «The Great Reversal: Britain, China and the 400-Year Contest for Power» (Yale University Press, 2024) y «The Taiwan Story: How a Small Island Will Dictate the Global Future» (Penguin Random House, 2024). Es coeditor del Journal of Current Chinese Affairs.

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