La India es la economía de mayor crecimiento del mundo, y según el Índice Global Firepower, sus fuerzas armadas son las cuartas más poderosas del planeta. Pero si observamos los datos del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo), encontramos que desde 2011 la India ha sido el mayor importador de equipo de defensa del mundo. Si analizamos su entorno regional, este ha sido muy hostil desde la Independencia. La India ha librado cuatro grandes guerras con Pakistán — en 1948, 1965, 1971 y 1999 — además de numerosos enfrentamientos menores, siendo la Operación Sindoor el más reciente. Con China, luchó una guerra en 1962 y también varios choques fronterizos, el más reciente en el Valle de Galwan, a comienzos de la década de 2020. Este tipo de contexto, sumado al hecho de que la India es una potencia global en ascenso, exige que el país alcance autosuficiencia en la fabricación de armas.
Una breve historia de la política de defensa
Al independizarse, la India contaba con una ventaja temprana sobre otros países no occidentales. Fue la joya de la corona del Imperio Británico, y para mantener el control sobre ella, Gran Bretaña había establecido numerosas fábricas de armas. Pero con la independencia, todo cambió. Jawaharlal Nehru asumió como primer ministro, siendo miembro de la Sociedad Fabiana y un firme creyente en el socialismo. Bajo su liderazgo, el Estado centralizó todo el aparato productivo, siguiendo un modelo similar al de la Unión Soviética. La participación privada existía, pero estaba limitada a industrias de pequeña escala. El ámbito de defensa era exclusivo del gobierno, a través de organismos como el DRDO (Organización de Investigación y Desarrollo de la Defensa), las DPSU (Empresas Públicas del Sector de Defensa) y las Fábricas de Artillería. El DRDO se encargaba del diseño, las DPSU, de la fabricación de complejos sistemas de armas complejos y las fábricas de artillería, de producir municiones, armas de fuego y proyectiles. Sin embargo, este modelo socialista altamente centralizado, aunque bien intencionado, limitó la flexibilidad para aprovechar la base industrial que la India había heredado de la época británica. En 1991, la India inició las reformas de Liberalización, Privatización y Globalización (LPG) para abrir su economía. El sector privado fue autorizado a participar en defensa a partir de 2001, pero durante los siguientes quince años hubo poco impulso. Recién a partir de 2014, con nuevas reformas e incentivos de política pública, la participación privada comenzó a aumentar de forma significativa.
Reformas actuales
Desde que asumió el poder en 2014, el gobierno del primer ministro Narendra Modi ha hecho un esfuerzo decidido por fortalecer la industria armamentista india y transformar la imagen del país: pasar de ser el mayor importador de armas del mundo a convertirse en un importante exportador de equipos de defensa. Para alcanzar este objetivo, el gobierno ha lanzado numerosas medidas de reforma bajo las iniciativas “’Make in India’” y “’Atmanirbhar Bharat Abhiyan’” (misión de una India autosuficiente). Estas medidas abarcan prácticamente todos los aspectos de la economía de defensa, incluyendo estructuras, procesos de adquisición, regulaciones industriales y disposiciones presupuestarias. Durante la guerra de Kargil de 1999 y la Operación Parakram de 2001, la India enfrentó limitaciones operativas, por lo que se recomendó la creación de un jefe del Estado Mayor de la Defensa (Chief of Defence Staff – CDS) que actuara como cabeza de las tres ramas de las Fuerzas Armadas. En 2019, el gobierno creó oficialmente el puesto de CDS, considerado la reforma de defensa más importante desde la independencia. Entre sus múltiples responsabilidades, el CDS tiene la tarea de “promover el uso de equipamiento de fabricación nacional por parte de las Fuerzas Armadas”. El Departamento de Asuntos Militares (DMA), que opera bajo la dirección del CDS, elaboró una lista de 500 equipos que deben ser producidos dentro del país. Esta lista incluye artículos de gran envergadura como misiles, aviones de combate, helicópteros, buques de guerra, radares y diversos tipos de municiones. El gobierno también anunció la corporatización de las antiguas Fábricas de Artillería (OFs), que antes funcionaban como arsenales estatales. La decisión implicó convertir 41 fábricas en siete Empresas Públicas del Sector de Defensa (DPSUs). Como entidades corporativas, estas nuevas empresas gozan de mayor autonomía en la toma de decisiones y son responsables de su propio desempeño. Aunque la corporatización ha comenzado a mejorar la rendición de cuentas, el impacto aún es desigual y muchas DPSUs siguen enfrentando ineficiencias heredadas. Con la intención de aumentar la adquisición de armas fabricadas en la India, el gobierno lanzó el Procedimiento de Adquisición de Defensa (DPP) en 2016. Este procedimiento dio prioridad a la industria nacional sobre los contratistas extranjeros, promoviendo la indigenización. También buscó acortar los plazos de adquisición y aumentar la eficiencia general del proceso. Para fortalecer el papel del sector privado en la producción de defensa, el DPP-2016 simplificó el proceso “Make” y estableció las Directrices de Asociación Estratégica (SP), publicadas por separado en 2017. En 2020, el gobierno presentó el Procedimiento de Adquisición de Defensa (DAP), que amplió los avances del DPP-2016. El DAP-2020 se enfocó en mayores niveles de innovación y producción local, fomentando la participación de industrias indias, incluidas startups y pequeñas y medianas empresas (PYMES). Se crearon nuevas organizaciones, como Innovations for Defence Excellence (iDEX) y la Defence Innovation Organisation (DIO), para impulsar la industrialización de defensa y apoyar a emprendimientos tecnológicos y PYMES. El gobierno también implementó varias medidas para mejorar la facilidad de hacer negocios en el sector de defensa. Se simplificó el proceso de licencias industriales para el sector privado y se liberalizó el régimen de inversión extranjera directa (IED), elevando el límite de participación extranjera del 26% al 49%, y posteriormente hasta el 74% bajo el esquema automático. Además, se estableció un procedimiento operativo estándar para autorizar exportaciones de defensa, se permitió al sector privado usar instalaciones del gobierno para probar su equipamiento, se lanzaron dos corredores industriales de defensa, y se creó el portal web SRIJAN, que permite a las DPSUs y a las Fuerzas Armadas subir productos previamente importados para que puedan ser fabricados localmente por empresas nacionales.
Impacto de la política
Tras las múltiples reformas, la industria de defensa india ha mostrado un progreso significativo. El indicador más evidente es el aumento constante en el volumen de producción. Según datos de todas las Empresas Públicas del Sector de Defensa (DPSUs), otras empresas estatales que fabrican material de defensa y compañías privadas, el valor de la producción de defensa alcanzó un máximo histórico de ₹1,27,434 crore (≈15,200 millones de dólares), lo que representa un aumento del 174% respecto a los ₹46,429 crore registrados en 2014-15. El Ministerio de Defensa firmó un récord de 193 contratos durante 2024-25, con un valor total que supera los ₹2,09,050 crore (≈24,800 millones de dólares), casi el doble del máximo anterior. De estos, 177 contratos (92%) fueron adjudicados a la industria nacional, por un valor de ₹1,68,922 crore (≈20,100 millones de dólares), lo que equivale al 81% del valor total contratado. Las exportaciones de defensa también han crecido exponencialmente: de ₹686 crore en el ejercicio 2013-14 a un máximo histórico de ₹23,622 crore (≈ 2,760 millones de dólares) en 2024-25, un incremento de 34 veces en la última década. La India ahora exporta armas, municiones y equipos relacionados a más de 85 países, con 100 empresas indias participando en ventas internacionales. Entre los principales productos exportados se incluyen el Dornier-228, cañones de artillería de 155 mm remolcados avanzados, misiles BrahMos, sistema de misiles Akash, radares, simuladores, vehículos blindados y protegidos contra minas, cohetes y lanzadores PINAKA, municiones, visores térmicos, chalecos antibalas, además de sistemas, unidades reemplazables, piezas de aviónica y armas ligeras.
Desafíos
Aunque la India ha logrado avances notables, persisten desafíos importantes. Según el SIPRI, en 2011 el país representaba el 14% de las importaciones globales de armas, lo que lo convertía en el mayor importador del mundo. En 2024, su participación se redujo al 8.3%, colocándose como el segundo mayor importador, solo detrás de Ucrania (en guerra). Si bien esta disminución refleja progreso, el valor absoluto de las importaciones sigue siendo alto debido al creciente presupuesto de defensa y los programas de modernización. A pesar del crecimiento industrial, la producción aún no cubre completamente las necesidades de equipamiento de las Fuerzas Armadas. En el frente exportador, aunque las ventas internacionales han aumentado de forma notable, la industria aún está lejos de alcanzar los objetivos fijados por el gobierno. El principal obstáculo proviene de las DPSUs, cuyo rendimiento crece más lentamente de lo esperado. Algunos intentos recientes de exportar sistemas de gran escala no han tenido éxito. La India enfrenta una fuerte competencia internacional, especialmente de países como Turquía (≈7,200 millones USD en exportaciones de defensa en 2024), Corea del Sur (≈20,000 millones USD) e Israel (≈14,800 millones USD). A pesar de contar con una amplia base de producción e investigación, la industria de defensa india aún carece de la profundidad tecnológica necesaria para diseñar y fabricar sistemas complejos y componentes críticos, los cuales en su mayoría siguen importándose. Además, muchas de las reformas anunciadas por el gobierno de Modi no se han implementado por completo. Dado el carácter burocrático del sistema indio, superar los retrasos en la ejecución seguirá siendo uno de los principales retos en el futuro previsible.
Paralelos globales en la industrialización de la defensa
La transición de la India — de un ecosistema de defensa dominado por el Estado y dependiente de las importaciones hacia un modelo híbrido y más autosuficiente — invita a comparaciones con otras potencias emergentes que han recorrido con éxito caminos similares. Corea del Sur ofrece un contraste claro a través de su estrategia agresiva orientada a la exportación. Desde la década de 1970, en medio de las amenazas de Corea del Norte, Seúl invirtió fuertemente en I+D (destinando más del 4% del PIB anual en los últimos años) y aprovechó a sus conglomerados ‘chaebol’, como Hyundai y Hanwha, para construir cadenas de suministro integradas. Este modelo permitió su transformación de importador a uno de los diez principales exportadores mundiales de defensa, con ventas anuales de 20,000 millones de dólares para 2024, incluyendo los obuses K9 y los entrenadores T-50. Turquía, enfrentando dependencias dentro de la OTAN e inestabilidades regionales, adoptó políticas ágiles bajo su Agencia de Industria de Defensa (SSB), estableciendo un alto contenido local (hasta 70% en programas mayores) e integrando PYMES mediante incentivos y transferencia tecnológica. Estas medidas impulsaron sus exportaciones hasta los 7,200 millones de dólares en 2024, con plataformas como los drones Bayraktar a la cabeza. Israel, limitado por su tamaño y rodeado de vecinos hostiles, fue pionero en un ecosistema de innovación de nicho mediante asociaciones público-privadas, el servicio militar obligatorio que alimenta de talento a empresas como Rafael e IAI, y una I+D impulsada por capital de riesgo. El resultado: 14,800 millones de dólares en exportaciones, centradas en sistemas de alta tecnología como el Iron Dome. A diferencia de las DPSUs centralizadas y la inclusión privada gradual de la India, estos modelos ponen énfasis en la disciplina exportadora, la iteración rápida de políticas y el fortalecimiento de ecosistemas de PYMES y startups. Son lecciones que la India podría adaptar acelerando la financiación del programa iDEX, aplicando con más rigor los requisitos de contenido local en las adquisiciones del DAP, y fomentando consorcios industriales tipo ‘chaebol’ que ayuden a cerrar brechas tecnológicas y competir globalmente.
Conclusión
El gobierno de Narendra Modi ha buscado romper la inercia de las lentas reformas en defensa que se arrastraban desde la independencia del país. Bajo el lema de ‘Atmanirbhar Bharat’, ha impulsado políticas para reducir las importaciones y aumentar la producción nacional. Las exportaciones de defensa han comenzado a crecer, y lo más importante, empresas privadas y startups han ingresado en un terreno que antes era exclusivo del sector público. Poco a poco, se está formando un ecosistema más competitivo. Sin embargo, el camino hacia la autosuficiencia aún es largo. Si la India logra integrar la innovación privada con la manufactura pública y reducir los retrasos burocráticos, podría transformarse de ser el mayor importador mundial en un proveedor clave a nivel global en esta era multipolar.
