Estados Unidos ha utilizado diferentes estrategias geopolíticas para mantener su estatus de potencia dominante frente a países rivales, como China, y lograr sus objetivos de política exterior. Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha anunciado aumentos aranceles a 60 países, ultimátum a Rusia para poner fin a la guerra en Ucrania y, recientemente, intervino en Venezuela capturando a Nicolás Maduro. De este modo, se puede apreciar un auge del poder duro por parte de Estados Unidos para obligar a otros países a comportarse de una manera particular y alcanzar sus objetivos geopolíticos.
El proceso de política exterior de un Estado es el medio más importante por el cual formula e implementa las políticas que determinan sus interacciones con otros actores del sistema internacional. Hans Morgenthau (1949) afirmó que la autopreservación es el primer deber de una nación; en esa línea, la elección de los objetivos y medios de la política exterior está predeterminada de dos maneras: por los objetivos que se pretenden promover y por el poder disponible para alcanzarlos. Por su parte, Joseph Nye (1999) argumentó que los intereses del Estado no se revelan únicamente por la formación de poder o de seguridad, puesto que también incluyen sus preocupaciones económicas. Así, los países también ponen su atención en las relaciones económicas, lo cual puede significar efectos de interdependencia sobre los estados. Por consiguiente, tanto la seguridad nacional y como el bienestar económico son importantes para los intereses de los estados
Con ese marco, se puede vislumbrar el panorama geopolítico que está desarrollando Estados Unidos por medio de su política exterior. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que no iban a permitir que el hemisferio occidental sea una base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos. “Este es nuestro hemisferio”, afirma, “y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad se vea amenazada” (The White House, 2026). Esa advertencia, la Estrategia de Seguridad Nacional y la reciente intervención en Venezuela, es una nueva forma de la doctrina Monroe.
En su discurso ante el Congreso en 1823, el presidente James Monroe articuló la política de Estados Unidos sobre el nuevo orden político que se desarrollaba en América y el papel de Europa en el hemisferio occidental. La administración Monroe advirtió a las potencias imperiales europeas de no interferir en los asuntos de los estados latinoamericanos recién independizados. De esta manera, deseaba aumentar la influencia y el comercio de Estados Unidos a lo largo de toda la región al sur (Office of the Historian, s.f.).
Asimismo, la administración Trump tiene como objetivo geopolítico consolidar su hemisferio de influencia frente a potencias rivales, principalmente China. Marco Rubio indicó que es importante asegurar el interés nacional en la región, y declaró: “hemos visto cómo nuestros adversarios están explotando y extrayendo recursos de África. No lo van a hacer en el hemisferio occidental” (The White House, 2026). Además de América Latina, Estados Unidos ha buscado aumentar su presencia en África para hacer el contrapeso a China.
La principal estrategia de política exterior de China es la Iniciativa Franja y Ruta (IFR), lanzada por el presidente Xi Jinping en 2013, con la finalidad de fortalecer la conexión mundial mediante iniciativas de infraestructura, como carreteras, puertos y ferrocarriles. Como resultado, se amplió la influencia económica y política de China al enlazar Asia, Europa y África. A principios del 2025, más de 150 países, se han unido a la IFR, representando aproximadamente el 75% de la población mundial y más de la mitad del PIB mundial. El Ministerio de Comercio de China informó que el valor acumulado de las inversiones y los contratos de construcción de la IFR ha superado el billón de dólares en todos los países participantes (Ulubel, 2025).
En África, un ejemplo de infraestructura de la Franja y Ruta es el ferrocarril Mombasa-Nairobi en Kenia, que fue financiado por bancos chinos en el marco de los acuerdos. Como resultado, se moviliza al año más de 2 millones de pasajeros y alrededor de 6 millones de toneladas de mercancías, permitiendo reducir los costos de transporte en un 40%. Además, se proyecta la ampliación de la línea hacia Uganda, Ruanda y Sudán del Sur, con el objetivo de integrar las economías de África Oriental en un sistema ferroviario común (Ulubel, 2025).
En la Figura 1 se ilustra los países que se han asociado con la iniciativa Franja y Ruta, por año de incorporación. Se puede apreciar las zonas geográficas donde China está consolidando su presencia, especialmente en el continente africano.
Fuente: Lew et al., 2021, p. 14.
La Franja y Ruta, con el apoyo de bancos estatales y las empresas chinas, está desplazando las exportaciones estadounidenses y desafiando a las empresas estadounidenses en los países de la IFR. En consecuencia, Estados Unidos se ha acercado cada vez más a los países africanos para contrarrestar la influencia china.
Recientemente, la Cámara de Representantes ha votado para continuar con los programas comerciales como la Ley de Crecimiento y Oportunidad de África (AGOA), que protegen y fortalecen los intereses estratégicos, económicos y de seguridad nacional de Estados Unidos, incluido el acceso a minerales críticos encontrados fuera del país. De este modo, AGOA busca desafiar la coerción económica y la explotación de las naciones africanas por parte de China y Rusia (Ways & Means, 2026).
Este acercamiento también se ha realizado durante la política exterior del expresidente Joe Biden. En 2022, el secretario de Estado de la administración Biden, Antony Blinken, lanzó la Estrategia de EE. UU. para África Subsahariana, que reforzaba la visión de que los países africanos son actores geoestratégicos y socios clave en temas urgentes, desde promover un sistema internacional abierto y estable, hasta moldear el futuro tecnológico y económico (U.S. Department of State, 2022). En ese contexto, Blinken afirmó: “África es una fuerza geopolítica importante. Ha moldeado nuestro pasado, está moldeando nuestro presente y moldeará nuestro futuro” (US Africa Media Hub, 2022).
En 2022, Blinken indicó que, incluso mientras continúa la guerra del presidente Putin, seguían centrados en el desafío más serio y de largo plazo al orden internacional: la República Popular China. Porque es el único país con la intención de remodelar el orden internacional, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico. Por consiguiente, Blinken declaró:
“China es una potencia global con un alcance, influencia y ambición extraordinarios. Es la segunda economía más grande, con ciudades de clase mundial y redes de transporte público. Es hogar de algunas de las mayores empresas tecnológicas del mundo y busca dominar las tecnologías e industrias del futuro. Ha modernizado rápidamente su ejército y pretende convertirse en una fuerza de combate de primer nivel. Y ha anunciado su ambición de crear una esfera de influencia en el Indo-Pacífico y convertirse en la potencia líder mundial” (Blinken, 2022).
En consecuencia, Estados Unidos ha buscado consolidar sus relaciones bilaterales en las regiones donde China tiene mayor presencia. Sin embargo, el poder estadounidense en el sistema internacional reside sobre la fortaleza del dólar. El sistema del petrodólar ayuda a sostener el estatus del dólar como moneda de reserva mundial. En 1974, Arabia Saudí y otros proveedores regionales de petróleo, acordaron aceptar exclusivamente el dólar para la venta de petróleo a cambio de ayuda militar y equipamiento por parte de EE. UU. Además, los saudíes invirtieran los excedentes de esa producción en bonos del Tesoro de Estados Unidos y, de ese modo, financiarían el gasto estadounidense (Wong, 2016).
Este proceso, comúnmente denominado “reciclaje del petrodólar”, resulta beneficioso para las partes involucradas: los países productores de petróleo cuentan con un destino confiable para invertir los ingresos derivados de sus exportaciones, mientras que Estados Unidos asegura una fuente de financiamiento para cubrir su déficit fiscal. En consecuencia, los países que buscan comprar petróleo deben hacerlo utilizando dólares estadounidenses, lo que impulsa la demanda de esta moneda en los mercados internacionales (Grant, 2018).
Desde ese momento, el mercado del petróleo pasó a negociarse en dólares, aumentando la demanda de la divisa. El predominio del dólar como moneda de referencia mundial otorga a Estados Unidos una enorme influencia geopolítica, teniendo la capacidad de imponer sanciones a los países que considera adversarios, congelar activos denominados en dólares o expulsar a un país del sistema financiero internacional, paralizando su comercio exterior o dificultando la importación de materias primas cotizadas en esa moneda, como el petróleo. Este mecanismo representa uno de los fundamentos del poder de Estados Unidos y le permite conservar su condición de potencia hegemónica. No obstante, si el comercio del petróleo comenzara a realizarse en otra divisa, afectaría la posición dominante de Estados Unidos.
En ese marco, Estados Unidos ha evitado que los países rivales intenten desplazar la supremacía del dólar, como los miembros del BRICS. Este bloque ha buscado reducir la dependencia del dólar usando las monedas locales para el comercio. Un ejemplo es la iniciativa BRICS Pay, un sistema de pagos digitales transfronterizo que está desarrollando los países del BRICS. Esto significa que el comercio entre sus miembros podría liquidarse directamente en reales, rublos, rupias, yuanes o rand, con el sistema gestionando la conversión, compensación y liquidación sin enrutar transacciones a través del dólar estadounidense. La iniciativa forma parte de un esfuerzo estratégico más amplio para reducir la dependencia del dólar, fortalecer la soberanía financiera y crear infraestructuras de pago globales alternativas fuera de los sistemas controlados por Occidente (BRICS, 2026).
Con la creación del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS se ha especulado que podrían lanzar una moneda común como estrategia de desdolarización. Ante esta posibilidad, muchos operadores de mercado defienden que la moneda sea digital, respaldada por oro u otros activos de recursos. Si el proyecto se materializa, las implicaciones para el sistema monetario internacional y los mercados financieros serían significativas (Lissovolik, 2024). Y Estados Unidos estuvo consciente de esa posibilidad. Cuando se desarrolló la cumbre BRICS 2025, Trump señaló que el bloque no es una amenaza seria, pero que estaban intentan destruir el dólar para que otro país pueda tomar el control. “Si perdemos el dólar como estándar mundial”, declara, “sería como perder una gran guerra mundial, ya no seríamos el mismo país. No vamos a permitir que eso ocurra” (Messerly et al., 2025). Luego, en su cuenta de Truth Social, escribió: “Cualquier país que se alinee con las políticas antiamericanas de los BRICS recibirá un arancel adicional del 10%. No habrá excepciones a esta política” (Reuters, 2025). A pesar de que todavía no hay una moneda BRICS, Estados Unidos se ha adelantado a sus eventuales efectos.
La supremacía del dólar también otorga el poder a EE.UU. para sancionar o aislar económicamente a ciertos países, como a Rusia en el 2022. Ante la invasión a Ucrania, la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, acordaron excluir a varios bancos rusos del sistema internacional de mensajería de pagos SWIFT. Esa decisión constituyó una de las sanciones más contundentes dentro de un conjunto de medidas destinadas a aislar económicamente a Rusia y, en consecuencia, debilitar su sistema financiero, con el objetivo de presionar al gobierno de Vladímir Putin para que finalizara sus operaciones militares en Ucrania (Pérez, 2022). Por lo tanto, Rusia ha realizado sus transacciones comerciales en otra divisa, como el yuan chino.
En esa línea, el creciente peso de la moneda china en los mercados financieros podría erosionar la primacía del dólar, una tendencia que comenzó a preocupar a Washington. En ese contexto, Venezuela anunció en 2017 que el país estaba preparado vender petróleo a China y recibir pagos en yuanes, así, haría convenios internacionales usando una divisa diferente al dólar (Valladares y Medina, 2017). En 2023, Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (Pdvsa) anunció que se realizaron compras por PetroChina International Corp de un millón de barriles de crudo venezolano, negociación que fue efectuada en yuanes digitales a través de la Bolsa Internacional de Energía de Shangái. De ese modo, se marca la tendencia de abandonar el dólar como moneda de intercambio para las negociaciones en el mercado energético (CIIP, 2023).
Cuando Estados Unidos intervino este año en Venezuela y capturó a Nicolás Maduro, no solo estaba buscando petróleo, sino que estaba evitando que el sistema petrodólar sea desplazado. Como resultado, esta operación afecta directamente a China, puesto que una parte de las exportaciones de petróleo de Venezuela a China se destina al pago de deuda, estimado entre 10.000 y 12.000 millones de dólares. La intervención estadounidense puso en peligro el flujo de petróleo venezolano con descuento hacia las refinerías de tetera de China y probablemente afectará el papel de las compañías petroleras chinas en el negocio upstream de Venezuela. La administración Trump ha declarado que todo el petróleo venezolano fluirá ahora a través de canales legítimos y autorizados, conforme a la ley estadounidense y la seguridad nacional. Esta estrategia busca evitar cualquier influencia sobre los recursos naturales en la región. En consecuencia, el enfoque del presidente de EE. UU. de dirigir todos los flujos de petróleo desde Venezuela, afectarán negativamente a China, el mayor cliente petrolero de Venezuela y un acreedor importante (Downs y Palacio, 2026).
Sin embargo, no solo los países rivales se han visto afectados del intento de EE. UU. por mantener su hegemonía, también sus aliados y socios estratégicos. En enero del 2025, Trump publicó una imagen del mapa de Canadá con la bandera estadounidense, insinuando una posible anexión. En otras ocasiones, Trump se refirió a su vecino como el Estado 51. En febrero de ese año, la Casa Blanca anunció un arancel adicional del 25% a las importaciones canadienses, y una tarifa del 10% a sus recursos energéticos (The White House, 2025). Como resultado, el primer ministro, Mark Carney, negoció acuerdos comerciales con China, permitiendo una reducción mutua de aranceles (Yousif, 2026). Por otro lado, Trump generó tensiones dentro de la OTAN cuando amenazó con anexar Groenlandia por la fuerza y advirtió a quienes no lo apoyen, un aumento de aranceles. Más tarde declinó de ambas medidas y aseguró que se alcanzó un marco de acuerdo (Holland y Hunnicutt, 2026). No obstante, el daño político ya estaba hecho. El plan de Trump por la expansión territorial destrozaba una norma importante posterior a la segunda guerra mundial: que las fronteras no pueden redibujarse por la fuerza de las armas. Mark Carney dijo ante el Foro de Davos de este año, que “las grandes potencias han empezado a usar la integración económica como arma, los aranceles como apalanca y la infraestructura financiera como coacción”. De ese modo, señaló que el orden mundial está “en medio de una ruptura, no de una transición” (World Economic Forum, 2026). En consecuencia, Estados Unidos, como potencia hegemónica, ha actuado de manera unilateral, pasando a llevar el orden mundial basado en reglas, e incluso ha acelerado su ruptura.
Por lo tanto, de estos antecedentes se puede concluir que Estados Unidos ha desarrollado estrategias geopolíticas para mantenerse como potencia mundial frente a países rivales, principalmente China. Así, se pueden vislumbrar dos estrategias. Primero, EE. UU. hace un énfasis en la seguridad nacional al asegurar el hemisferio occidental, retomando la doctrina Monroe. Segundo, se intensifica la interdependencia económica por medio del dólar como moneda de reserva mundial, evitando las alternativas financieras. Por otra parte, la atención que Estados Unidos ha dirigido hacia África responde a la intención de equilibrar la creciente influencia de China en la región que ganó por medio de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Por último, se puede observar que la administración Trump ha dejado de lado el poder blando (seducción y persuasión) y ha utilizado los mecanismos del poder duro, como las amenazas militares de anexar Groenlandia, los ultimátum a Rusia, la intervención a Venezuela y las sanciones económicas y la subida de aranceles a los países que no sigan sus designios. Estas medidas demuestran que Estados Unidos ha perdido la capacidad de atracción y ha tenido que optar por las amenazas para influir en el comportamiento de otros estados. En síntesis, el frecuente uso del poder duro deja en evidencia que el estatus de Estados Unidos como primera potencia comenzó a declinar y se está esforzando por mantener su hegemonía mundial por la fuerza, independiente de las consecuencias que signifiquen para el orden internacional.
