Tras obtener su independencia del dominio colonial británico el 26 de junio de 1960, Somalilandia recibió el reconocimiento pleno de 35 Estados, incluidos todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. El 1 de julio de 1960 se unió a la Somalia italiana. Tras una lucha armada de una década, Somalilandia se retiró de la Unión y restauró unilateralmente su soberanía. Luego de la disolución del Estado central somalí a comienzos de 1991, todas las comunidades de Somalilandia ingresaron voluntariamente en negociaciones, pusieron fin a las hostilidades y, finalmente, construyeron un Estado democrático e inclusivo. Entre 1991 y 1997 se celebraron siete grandes conferencias de paz en todo el territorio de Somalilandia. Todas las decisiones clave, salvo la elección del presidente, se adoptaron por consenso. El proceso de paz y construcción del Estado fue completamente local, sin intervención externa en el ámbito político.
En contraste, Somalia se convirtió en un experimento de la ONU en materia de paz y construcción estatal en la posguerra fría. A pesar — o quizá debido — a la intensa intervención externa que moldeó este proceso, los reiterados intentos de crear un Estado viable y legítimo han fracasado. A comienzos de este año se celebraron en Mogadiscio las primeras elecciones municipales desde la década de 1960. Pero incluso éstas, fueron altamente disputadas, limitadas a la capital y boicoteadas por la oposición. En cambio, desde 2001 Somalilandia ha realizado cuatro elecciones generales multipartidistas libres y justas, caracterizadas por transiciones pacíficas del poder.
A comienzos de 2024 se anunció un memorando de entendimiento entre Somalilandia y Etiopía, mediante el cual este último obtendría acceso al Mar Rojo a cambio del reconocimiento formal de Somalilandia. Este hecho reavivó las esperanzas de reconocimiento internacional, y destacadas figuras del Partido Republicano en Estados Unidos expresaron su apoyo. En particular, el 14 de agosto el senador estadounidense Ted Cruz publicó un comunicado instando al presidente Trump a reconocer a Somalilandia. Para Cruz, dicho reconocimiento — de un aliado cercano de Taiwán — es clave para contrarrestar la influencia de China. El 26 de diciembre de 2025, Israel se convirtió en el primer Estado en reconocer formalmente a Somalilandia, cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu anunció que Somalilandia se uniría a los Acuerdos de Abraham.
Aunque los detalles específicos del acuerdo entre Israel y Somalilandia no se han hecho públicos, es poco probable que la decisión de Israel responda a un deseo de premiar el historial democrático de Somalilandia. Resulta más plausible que obedezca a intereses geoestratégicos concretos, como asegurar una posición en Somalilandia desde la cual contrarrestar la amenaza de los rebeldes hutíes de Yemen, alineados con Irán. El movimiento israelí también encaja en una tendencia más amplia en la que las potencias globales y regionales priorizan la competencia en materia de seguridad y la proyección de influencia más allá de sus fronteras.
Somalilandia se ubica en el Cuerno de África, cuenta con una costa de 800 kilómetros y posee reservas probadas de petróleo y yacimientos de minerales estratégicos. Aunque Somalia ha condenado la decisión de Israel por considerarla una violación de la soberanía y del derecho internacional, el propio gobierno somalí ha firmado acuerdos de exploración de petróleo y gas con Turquía y alberga una importante base militar turca. Según fuentes en Somalilandia, otros países podrían seguir a Israel en el reconocimiento formal. Si bien Estados Unidos aún no ha emitido una postura definitiva, delegaciones militares y diplomáticas estadounidenses se encuentran actualmente en Somalilandia, y Washington ha mostrado desde hace tiempo interés en establecer una base en el Puerto de Berbera.
Algunos analistas sostienen que el reconocimiento de Somalilandia podría desestabilizar el Cuerno de África, socavar los esfuerzos antiterroristas y alentar movimientos separatistas en todo el continente, en lugar de contribuir positivamente a su desarrollo y estabilidad. Sin embargo, estos argumentos no resisten un análisis riguroso.
Numerosos países musulmanes y árabes, como Arabia Saudita, Egipto y Jordania, han desarrollado fuertes vínculos económicos y diplomáticos con Israel sin experimentar un aumento del extremismo. La ausencia de grupos terroristas como Al Shabaab o ISIS en Somalilandia se debe principalmente a la existencia de un Estado funcional. Al Shabaab continúa controlando amplias zonas del sur de Somalia, lo que hace poco prudente que Mogadiscio rompa relaciones con Estados Unidos en represalia por un eventual reconocimiento de Somalilandia o por su respaldo a la decisión israelí. En la práctica, las opciones de Somalia se limitan a la condena diplomática. La idea de que el reconocimiento de Somalilandia estimularía movimientos secesionistas en África ignora que Somalilandia ya gozaba de reconocimiento jurídico internacional antes de su unión con Somalia. Reconocerla implica, por tanto, restaurar las fronteras establecidas durante la época colonial, lo que convierte a Somalilandia en un caso legal único.
Algunos comentaristas han afirmado que China ha intentado previamente desestabilizar Somalilandia debido a su orientación estratégica prooccidental y favorable a Taiwán. Mientras tanto, Egipto, Turquía y Yibuti han expresado un firme respaldo a Somalia y han condenado la decisión de Israel. Yibuti, que controla casi en monopolio el comercio de importación y exportación de más de cien millones de etíopes sin litoral a través de sus puertos, enfrenta un desafío estratégico ante una Somalilandia reconocida. Además, Yibuti ejerce una influencia considerable en la región más occidental de Somalilandia, hogar del subgrupo Issa, que también domina el panorama político yibutiano.
En suma, la decisión de Israel de encabezar el proceso de re-reconocimiento de Somalilandia constituye un punto de inflexión que podría marcar un antes y un después en la búsqueda de soberanía jurídica internacional de Somalilandia. No obstante, el territorio enfrenta desafíos inmediatos y de largo plazo que serán determinantes para el éxito de su estrategia de reconocimiento. A corto plazo, deberá equilibrar cuidadosamente la búsqueda de respaldo diplomático con la necesidad de disuadir injerencias externas hostiles. A largo plazo, deberá afrontar las consecuencias de haber alienado a China y los posibles obstáculos que ello podría generar en el Consejo de Seguridad y en el proceso de reconocimiento internacional.
