El discurso del primer ministro Mark Carney en Davos, el 20 de enero, marca un punto de inflexión en el orden económico mundial de la posguerra. Afectada por aranceles sectoriales de Estados Unidos y temerosa de posibles concesiones comerciales draconianas en la próxima renegociación del tratado de libre comercio de América del Norte (T-MEC), Canadá ha salido al escenario mundial para decir lo evidente: que la mayoría de los países, excepto las superpotencias, ya no pueden contar con el multilateralismo económico global como piedra angular de su prosperidad.
El discurso de Davos
El tema central del discurso de Carney en Davos fue definir qué es exactamente lo que está ocurriendo en la esfera económica mundial. Su exposición fue directa y contundente, arrancando de raíz el velo de la incertidumbre. Carney ofreció su explicación de la “ruptura” del orden económico mundial.
Los filósofos lo llaman una ruptura epistemológica. Este concepto define mejor el alcance de la ruptura a la que se refiere Carney. Aunque el presidente Trump no fue mencionado, la fractura se extiende más allá — aunque no se limita — al deterioro de las relaciones económicas entre Canadá y Estados Unidos. Es algo más profundo. Según Carney, esta ruptura no es un fenómeno temporal, lo que significa que la nostalgia por el antiguo orden mundial no ofrecerá respuestas sobre cómo avanzar. No habrá un retorno al multilateralismo del pasado. Esta dura conclusión se reflejaba en los rostros de los asistentes: Estados Unidos se ha convertido en un socio impredecible y poco confiable. Para Canadá, es necesaria una diversificación comercial que le permita reducir su excesiva dependencia de Estados Unidos.
Antes de llegar a Davos, el primer ministro Carney visitó China en un intento por recomponer unas relaciones que se habían deteriorado durante el régimen de Trudeau. Se habló de diversificación comercial. China cedió en algunos productos agrícolas clave que habían estado sujetos a elevados aranceles. El viejo ‘quid pro quo’ sobre la importación de vehículos eléctricos chinos fue replanteado. Canadá accedió a importar 49,000 vehículos eléctricos. Al concluir la visita, se percibía un acercamiento en las relaciones, aunque no se concretó un acuerdo de libre comercio pleno.
Reacción internacional (nace una estrella)
A nivel internacional, el discurso de Carney en Davos lo catapultó al centro de atención. El llamado que hizo a las potencias medias de Europa y Asia, en particular, le ha valido elogios por parte de numerosos líderes mundiales. A pesar de las primeras señales positivas, la administración de Trump ha cambiado ahora de rumbo y busca marginar el contundente mensaje de Carney.
Nivel nacional (cielos despejados)
El parlamento nacional en Ottawa presenta poca oposición a los liberales de Carney. Incluso se han producido algunos cambios de bancada que han fortalecido al gobierno liberal minoritario, quedando a solo algunos escaños de la mayoría. El principal partido de oposición ha sido superado y neutralizado por Carney. Su líder enfrentará pronto una revisión de liderazgo.
Las provincias (el talón de Aquiles de Carney)
Es a nivel provincial donde Carney enfrenta los desafíos más serios. En primer lugar, debe equilibrar los distintos — y en ocasiones contrapuestos — intereses de las provincias. Esto quedó en evidencia durante el reciente viaje a China. Se logró cierto alivio en el sector agrícola. Sin embargo, la decisión de Carney de permitir la entrada de un número limitado de vehículos eléctricos chinos al país enfureció al primer ministro de Ontario, Doug Ford, y a sus aliados en el sector automotriz. Todo indica que esa crisis está temporalmente superada, pero el potencial de nuevas tensiones sigue siendo motivo de preocupación.
Alberta
Alberta está impulsando un referéndum de independencia este año. Por ahora, las encuestas indican que la opción independentista fracasaría si el referéndum se celebrara hoy. Tanto el referéndum de Alberta como un posible tercer referéndum en Québec podrían estar sujetos a interferencia electoral por parte de Estados Unidos, utilizando sus misiones diplomáticas como bases operativas. El interés estadounidense en los yacimientos petroleros de Alberta es, sin duda, un factor a considerar en este contexto. De pronto, las “habladurías” de Trump sobre que Canadá se convierta en el estado número 51 pasan a ser una propuesta real. ¿La independencia de Alberta es el preludio de una adhesión a Estados Unidos, o se convertirá en un Estado independiente por derecho propio? Al movimiento separatista de Alberta le conviene mantener vivas ambas amenazas como opciones plausibles en cualquier negociación futura con el gobierno central.
Québec
Tras Davos, Carney regresó a Québec. En el mismo lugar de la Batalla de las Llanuras de Abraham, Carney pronunció un discurso destinado a fomentar la unidad canadiense y a explicar cómo la batalla de 1763 allanó el camino para la cooperación franco-inglesa, base futura de la Confederación en 1867. La reacción en el Québec francófono fue rápida y transversal. La controvertida interpretación de Carney sobre este acontecimiento fue duramente criticada por considerarse condescendiente, históricamente incorrecta y proinglesa. Su réplica, en un francés vacilante, no hizo nada para calmar los ánimos.
En Québec, los acontecimientos avanzan con rapidez. El primer ministro de Québec, François Legault — exministro separatista quien tenía como objetivo aumentar la autonomía provincial — ha dimitido en medio de cifras desesperadas en las encuestas. Una victoria separatista del Parti Québécois en octubre de este año parece ahora probable, lo que anunciaría un tercer referéndum de independencia y añadiría aún más tensión a unas ya deterioradas relaciones entre el gobierno federal y la provincia.
Renovación del T-MEC (esperanzas menguantes)
Antes de Davos, el gobierno de Carney envió a varios emisarios a Washington para intentar eliminar los aranceles sectoriales sobre productos como el aluminio y el acero, y para preparar el terreno para la renovación del T-MEC. Más del 80% de los bienes canadienses enviados a Estados Unidos cumplen con el T-MEC y están libres de aranceles. Al finalizar el primer año del segundo mandato de Trump, no se ha identificado un camino claro hacia ese objetivo. El T-MEC, un acuerdo económico, constituye la base de las relaciones bilaterales entre Canadá y Estados Unidos. Una ruptura de esta magnitud, pese a las mejores intenciones de Canadá y sus esfuerzos por renovar el acuerdo, sería un reflejo lógico del mensaje de Carney en Davos.
El pueblo canadiense ha respondido a la situación boicoteando productos estadounidenses y suspendiendo los viajes hacia tierras del Tío Sam. La ansiedad ante las amenazas de anexión es generalizada. Ese sentimiento queda reflejado de manera alegórica en un fragmento de una popular película de los años sesenta:
Poco después de la victoria aliada en El Alamein durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill señaló: “Ahora bien, esto no es el fin. Ni siquiera es el comienzo del fin. Pero quizá sea el fin del comienzo”. El mensaje de Carney en Davos perdurará.
