Este artículo no discute los recientes acontecimientos de 2026. Sin embargo, la parte 2 sí discute dichos acontecimientos.
Antecedentes (Crisis presidencial venezolana (2019-2023) y elecciones presidenciales de 2024)
Entre 2019 y 2023 en Venezuela vivió una crisis política en torno a la legitimidad del puesto de presidente del país, derivado de unas elecciones “irregulares” que dieron como vencedor a Nicolás Maduro. En consecuencia, la IV Legislatura de la Asamblea Nacional de Venezuela – de mayoría opositora – declaró a Nicolás Maduro usurpador de la presidencia y nombro a Juan Guaidó como presidente interino en virtud del artículo 233 de la Constitución venezolana. (León, 2019) Posteriormente el Tribunal Supremo de Justicia declaró inconstitucional a la Asamblea Nacional (BBC News Mundo, 2019) y el nombramiento de Guaidó, creando así una crisis política que se extendería hasta 2023.
En dicho periodo tanto Maduro como Guaidó gobernaron en paralelo. El gobierno de Guaidó fue reconocido por Estados Unidos, Australia, Brasil, Argentina, Colombia, y varios países europeos y organizaciones internacionales, mientras que el gobierno de Maduro fue reconocido por Cuba, Nicaragua, Bolivia, Vietnam, Turquía, Irán, Rusia, China y Sudáfrica entre otros. Países como México, Nueva Zelanda, India e Indonesia se mantuvieron neutrales.
Figura 1: Naciones que reconocían la legitimidad presidencial de Guaidó para el 8 de febrero de 2019, durante el año de apogeo del reconocimiento de Guaidó. Negro: Venezuela; Gris: Neutral; Blanco: sin declaraciones; Verde oscuro: reconoce a Guaidó; Verde fosforescente: apoya a la Asamblea Nacional opositora; Rojo: reconoce a Maduro. Por Jose001aef23 – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=76054258
Figura 2: Reconocimiento presidente de Venezuela en 2023. Negro: Venezuela; Rojo: reconocimiento de Maduro; Azul marino: reconocimiento de Guaidó; Azul claro: apoyo a la IV Asamblea Nacional; Gris: explícitamente neutrales. Por ZiaLater – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=75890028
La crisis se extendió por casi cuatro años y estuvo marcada por sanciones económicas, levantamientos sociales, descontento social, la pandemia de COVID-19 y un dialogo entre partidos opositores y el gobierno de Maduro que termino en la firma del Pacto de Barbados. Al final el gobierno interino de Guaidó – aunque con un mayor respaldo internacional – no logró sus objetivos planeados inicialmente y la Asamblea Nacional lo disolvió en enero de 2023.
El Pacto de Barbados (International Crisis Group, 2023) – firmado en 2023 entre el gobierno venezolano y la oposición, con el fin de garantizar garantías electorales y derechos políticos, además de proteger los intereses de la Nación – dio paso a que se celebraran elecciones presidenciales en Venezuela el 28 de julio de 2024. Sin embargo, el resultado de las elecciones y la forma en que se desarrollaron dejaron señalamientos de irregularidades y fraude electoral. (Infobae, 2024) (Singer, 2024) (Gómez Forero, 2024) (Diario Las Américas, 2024)
Según el Consejo Nacional Electoral (CNE), Maduro ganó las elecciones con un 51.95%, mientras que Edmundo González obtuvo un 43.18%. Por otro lado, el Comando Con Venezuela (CCV) divulgó resultados mostrando a González como ganador con un 67.05% y a Maduro con un 30.49%. Es importante destacar que González contendió ya que la opositora y premio nobel de la paz 2025, María Corina Machado fue impedida de hacerlo.
Figura 3: Comparación de resultados de las elecciones presidenciales de 2024, según el CNE y el CCV. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_presidenciales_de_Venezuela_de_2024#cite_note-:19-27
A esta fecha Maduro sigue con el poder en Venezuela, González, por otro lado, está exiliado en España y tiene el reconocimiento como el ganador o presidente electo por parte de Argentina, Costa Rica, Italia, Ecuador, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Alemania, Francia, Israel, entre otros.
Relaciones con Estados Unidos (Suspensión de relaciones y situación actual)
Las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Venezuela se han ido deteriorando desde que Hugo Chávez – con un discurso antiimperialista y socialista – era presidente de Venezuela. De Chávez hasta la crisis presidencial de 2019, Estados Unidos sancionó económicamente a Venezuela, y las relaciones en sí, se podría decir que tuvieron altibajos. Pero a partir de 2019, nuevamente las relaciones se deterioraron hasta el punto del rompimiento por parte de Venezuela. Maduro rompió relaciones con Estados Unidos cuando Trump, durante su primer mandato reconoció a Guaidó como presidente interno. (CNBC, 2019) y aunque la Asamblea Nacional disolvió el interinato, Estados Unidos no reconoció a Maduro.
Actualmente, la situación entre ambos países es crítica, con el regreso de Trump a la Casa Blanca, la mínima interacción existente se ha transformado en amenazas, advertencias y muestras de poder, incluyendo un despliegue militar – “la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica” en palabras de Trump. (Maher & Liptak, 2025)
Lo anterior viene derivado o disfrazado por el hecho de que la segunda administración de Trump busca proteger a sus ciudadanos del flujo de drogas provenientes de países como México, Colombia o Venezuela. Además, en su lucha contra el narcotráfico, Trump también ha asignado a ciertos grupos del crimen organizado como terroristas. (The White House, 2025) Dentro de estos “nuevos” grupos terroristas destacan (con fines de este artículo) la banda del Tren de Aragua (Knickmeyer, 2025) y el Cártel de los Soles. (Wells & Blasey, 2025) (InSight Crime, 2025)
Personajes de alto mando, como Marco Rubio – secretario de Estado de Estados Unidos – han acusado a Nicolás Maduro de ser el líder del Cártel de los Soles (Savage, 2025), incluso hay una recompensa de hasta 50 millones por parte del Departamento de Estado de Estados Unidos por Maduro. (US Department of State, 2025) Maduro por su parte niega tales acusaciones y vínculos.
Tensiones en el Caribe
Las amenazadas y acciones desarrolladas durante los últimos meses entre Estados Unidos y Venezuela han culminado en un despliegue militar estadounidense sin precedentes en el Mar Caribe. Estados Unidos ha movilizado hasta 15,000 tropas en la región, además de refuerzos y más personal estacionado en Puerto Rico, asimismo la llegada del portaviones USS Gerald R. Ford junto al USS Iwo Jima, barcos, destructores, submarinos, cazas, bombarderos, helicópteros, drones y más activos militares complementan la fuerza militar en el Mar Caribe. (Ellis, US Army War College, & The Conversation Digital Storytelling Team, 2025)
En paralelo con todos estos activos militares, Estados Unidos lanzó la Operación Lanza del Sur (‘Operation Southern Spear’), la cual ha sido dirigida para disuadir a Venezuela, además de atacar supuestas narcolanchas en aguas internacionales. Desde el inicio de los ataque a principios de septiembre, hasta el 16 de diciembre de 2025, se habían registrado 25 ataques y al menos 95 muertos. (Muñoz Morillo, 2025)
El despliegue militar estadounidense en el Caribe ha sido respaldado por Trinidad y Tobago. Estados Unidos y Trinidad y Tobago han realizado un par de entrenamientos conjuntos y ejercicios militares en la región en los últimos meses (Infobae, 2025), además Trinidad y Tobago le permitirá a Estados Unidos el tránsito de aviones militares por sus aeropuertos. (Rios, 2025) Venezuela ha reaccionado con la suspensión de un acuerdo gasífero conjunto y la declaración como ‘persona non grata’ a la primera ministra trinitense Kamla Persad-Bissessar. (Noticias DW, 2025),
Por su parte Venezuela ha movilizado alrededor de 200,000 militares, civiles y milicias en ejercicios a gran escala, ha desplegado 5,000 misiles Igla. (Sliwinski, 2025) El gobierno venezolano también ha instado a prepararse para una guerra de guerrillas, sabotaje y anarquización con el fin de hacer el país ingobernable (Reuters, 2025) – y es que posiblemente es la forma más efectiva de enfrentarse a Estados Unidos dada la asimetría de ambos bandos. También, Maduro advirtió que su país no se convertiría en la “Gaza de Sudamérica” y se proclamó ante la “paz, vida y amor. No al odio, no a la guerra”. (Swissinfo.ch, 2025)
De igual forma Maduro también ha utilizado organismos internacionales (ONU) y regionales (CELAC y ALBA) para denunciar la escalada de tensiones en la región, incluso hizo un llamado en busca de apoyo militar colombiano ante la crítica situación en el Caribe. (El Colombiano, 2025) Sin embargo, la reciente polarización en América Latina se ha reflejada en la respuestas emitidas al respecto. Lula (Brasil) y Petro (Colombia) han sido los que mayor presión han generado respecto a la desestabilización de la región, México – con una ambigua neutralidad – ha sido más conservador y se ha mantenido al margen destacando la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Del otro lado del espectro, Argentina, Ecuador, Paraguay, El Salvador, Costa Rica y Trinidad y Tobago se han alineado con la posición de Estados Unidos. (Rivas Molina, Galarraga Gortázar, Marcial Pérez, & Estaban Lewin, 2025)
Finalmente, fuera de la región, Rusia (OIR-MPPCI COJEDES, 2025) – uno de los principales proveedores de armas y equipo militar para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana – Irán (Sputnik, 2025) y China (Revista Economía, 2025), todos aliados de Venezuela, han expresado de alguna forma su respaldo al país sudamericano, aunque su narrativa ha sido más enfocada en la preocupación de lo que el despliegue y hostigamiento militar de Estados Unidos pudiera desencadenar en la región.
Especulación de guerra y el Corolario Trump a la Doctrina Monroe
Todo lo anterior reúne los elementos necesarios para pensar en una invasión o una declaratoria de guerra por parte de Estados Unidos hacia Venezuela, y obviamente las posibilidades ahí están. Sin embargo, hay puntos clave que por ahora evitarían una nueva guerra en el mundo.
Independientemente de la dificultad logística de una invasión a gran escala, Estados Unidos no tiene una ‘casus belli’ clara para declarar la guerra, por otro lado, la política interna estadounidense (la oposición, principalmente) tampoco está convencida totalmente de que una invasión sea la mejor opción. No obstante, Trump ha moldeado y ha realizado ciertas maniobras políticas, incluidas sanciones económicas, presión diplomática y recientemente un bloqueo petrolero total (BBC News, 2025), para allanar el camino hacia una posible invasión o declaración de guerra, aunque aún sin éxito.
Es importante destacar que la mayoría de estas acciones (justificadas o no) – la designación de cárteles como grupos terroristas, los ataques extrajudiciales en aguas internacionales a supuestas narcolanchas, el despliegue militar en el Caribe y la incautación de un buque petrolero sancionado (BBC News, 2025) – simplemente generan una expectación enorme hacia una posible guerra.
Aunado a lo anterior, el 2 de diciembre de 2025 el gobierno de los Estados Unidos publicó su Estrategia de Seguridad Nacional (The White House, 2025), – sin entrar en detalles y para fines de este artículo –. La Estrategia de Seguridad Nacional tiene como objetivo mantener a Estados Unidos como potencia mundial – aunque reconoce el ascenso de China – y se ‘consolide como dueño y señor del “hemisferio occidental” controlando el continente americano, estableciendo una relación de supremacía sobre los países europeos alineados y sin una Unión Europea ni un bloque que aparezca como otro polo’. (González Posso, 2025)
Tierras raras, petróleo y ¿un cambio de régimen en Venezuela?
Hasta este punto quizá no es clara la razón por la cual las tensiones han escalada entre Venezuela y Estados Unidos, aunque no es de sorprender y claramente se puede entender que ambos países tienen una visión divergente.
Este desarrollo de sucesos – elecciones fraudulentas, despliegue militar, sanciones y bloqueos económicos – poco a poco le han dado oxígeno una ruptura existente a la que no le pasaba nada, sin embargo, y como era de esperarse, siempre hay un trasfondo más amplio y que muchas veces se nos olvida.
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo probadas del mundo – alrededor de 300 mil millones de barriles, en otras palabras 18% de las reservas globales. Igualmente tiene grandes reservas de gas natural y cuenta con yacimientos de más de 40 tipos de minerales y piedras preciosas – destacando el hierro, bauxita (aluminio), carbón, oro, coltán, diamantes, níquel, zinc, tierras raras, entre otros. (Blanco, Rey S., Romero, Rosendo, & Berroterán)

No menos importante, Venezuela es el séptimo lugar entre los 17 países megadiversos del mundo, albergando alrededor del 9% de la flora y fauna mundial. (Álvarez Bernard, 2022) Por si fuera poco, Venezuela ocupa el décimo lugar de reservas de agua potable – reserva de 1,233 km3 – y cuenta con una gran cantidad de ríos y lagos, indispensables para actividades agrícolas, ganaderas – que se complementan con suelos fértiles – y de producción de energía eléctrica e hidroeléctrica. (Montoya, s.f.)
Con el conocimiento del potencial que tiene Venezuela, en términos de recursos naturales, es natural que Estados Unidos busque “recuperar todo el petróleo, tierras y otros activos que anteriormente ellos nos robaron”, escribió Trump en su red social, Truth Social. (Trump, 2025)
El comentario de Trump hace alusión a la nacionalización de proyectos petrolíferos que Hugo Chávez realizó en 2007 en contra de ConocoPhillips y Exxon Mobil, dos importantes empresas petroleras estadounidenses. (Al Jazeera Staff, 2025)
Respecto a un posible cambio de régimen en Venezuela, todo son especulaciones, Maduro se mantiene firme al poder, o al menos eso muestra frente a las cámaras, por otro lado, las especulaciones de una posible guerra o invasión lo ponen en una situación crítica, en donde se le ve dejando el poder o exiliándose, rumores y teorías. Lo único claro es que la asfixia del gobierno estadounidense es real, y aunque Maduro y Trump mantuvieron una llamada telefónica a finales de noviembre buscando alguna salida diplomática, por las exigencias de ambas partes no se llegó a nada.
Antes de la llamada telefónica, en septiembre Maduro envió una carta a Trump con el fin de “preservar paz con diálogo” (TRT Español, 2025), un mes después, según The New York Times, Maduro habría ofrecido a Estados Unidos una participación significativa en los yacimientos petroleros del país, pero sin dejar el poder, algo que disgustó al lado estadounidense y se interrumpieron las conversaciones en ese momento. (Haberman & Kurmanaev, 2025)
Discusión
La situación entre Venezuela y Estados Unidos es bastante interesante en términos geopolíticos, por un lado, está la parte estadounidense que prácticamente está esperando la orden para empezar una posible invasión a gran escala. Por otro lado, está Maduro, que con su característico discurso antiimperialista intenta sortear el fin de su régimen.
Y es que no es cualquier cosa, la estadía de Maduro en el poder, ha sido ampliamente criticada por su falta de transparencia y por estar llena de irregularidades e incluso el mismo fraude electoral. No obstante, las recientes tensiones con Estados Unidos le caen como anillo al dedo al reforzar su retórica antiimperialista y fortalecer su sentimiento nacionalista bolivariano.
Desafortunadamente, los recientes desarrollos, más que fortalecer a la figura de Maduro, posiblemente acabaran de asfixiar al pueblo venezolano. Independientemente de las causas, la población venezolana lleva años sufriendo y jugar con la idea de una guerra, no es lo más sensato y eso Maduro lo ha reconocido (en sentido figurado) al intentar desescalar las tensiones por cualquier método, sin embargo, y por la misma ambición al poder o ideología o lo que sea, la salida más fácil – dejar el poder – parece que no está ni estará en sus planes.
Por lo tanto, Maduro, aunque se muestra fuerte ante la población y en cada mitin llama a la paz y al no a la guerra, está teniendo un desgaste que no sé hasta qué punto pueda soportar. Y es que, la presión externa de Estados Unidos – tanto diplomática como el mismo bloqueo económico total – tarde o temprano le darán frutos a Estados Unidos.
Hay que recordar que si Venezuela ha “sobrevivido” estos últimos años ha sido gracias al petróleo, con un bloqueo total enfocado en ese activo, la situación para Venezuela simplemente empeoraría en términos económicos, con posibles consecuencias sociales y políticas, en otras palabras, la situación no es optimista para el corto plazo.
En el caso de Estados Unidos, parece irreal e irónico que Trump – un personaje que ha alardeado y presumido que ha “terminado” siete guerras, además de ser ferviente “promovedor” de la paz – este demostrando todo lo contrario en el Caribe, al desplegar la armada más grande vista en la región en años. Se puede argumentar que aún no ha iniciado una guerra y que quizá ni siquiera la habrá, pero el hecho de tales acciones y sus derivadas, ponen en duda su credibilidad, eso sin mencionar los ataques a supuestas narcolanchas en aguas internacionales.
Es entendible que quizá el despliegue de la armada estadounidense en la región sea una medida de presión diplomática “extrema”. Sin embargo, tampoco justifica – en términos de las RRII internacionales, aunque posiblemente sí lo haga en términos de las RRII estadounidenses – la injerencia y el atropello de la soberanía venezolana. Peor aún esa retórica de la que Madura tanto condena, es y ha sido una de las herramientas de Estados Unidos para mantener su influencia e injerencia en la región desde el siglo pasado, no obstante, la erosión de ésta a mediano y largo plazo le podría salir caro a Estados Unidos.
En este punto, como se puede observar, el narcotráfico y la crisis económica/social pasan al segundo plano, son simples pretextos, lo que realmente está en juego son los intereses nacionales – o personales –, la influencia y el poder en un mundo en donde mientras se más se tiene, es mejor. Lo último es ejemplificado claramente en cuanto al reciente apoyo que ha recibido Venezuela por parte de Rusia y China, el cual prácticamente es un apoyo retórico más que de acción. (Paredes, 2025) Cuando en contraste, en ocasiones anteriores su respaldo sí fue directo y tangible.
La situación actual, aunque compleja, se pudo haber evitado y es que su trasfondo se viene gestando desde hace algunos años. Sin embargo, sería irresponsable tomar partido por alguna de las partes. No se puede defender a un “gobierno ilegitimo”, ni alinearse con un Estado que constantemente ha socavado la soberanía de otros en favor de sus intereses nacionales – y que incluso lo establece en su estrategia de seguridad nacional. La condena internacional debe ser hacia ambas partes, y aunque la diplomacia debe prevalecer, en este caso resulta irónicamente contradictorio, ya que ambos actores han actuado al margen de las normas internacionales.
Frente a este panorama, surgen múltiples interrogantes: ¿Qué pasará al final? ¿Maduro dejará el poder y negociará una transición “democrática”? ¿Estados Unidos invadirá Venezuela y podrá derrocar al régimen de Maduro? ¿Por cuánto tiempo se extenderá el bloqueo económico y los ataques a narcolanchas? ¿Qué papel jugará la sociedad venezolana y la oposición capitalizará esta oportunidad? ¿Qué papel realmente asumirán los demás países en la región? Hay muchas preguntas por resolver y los eventos darán de que hablar en las siguientes semanas.

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