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El No Alineamiento Activo de Brasil: La Estrategia Multipolar de Lula

En los últimos meses, el presidente de Brasil, Lula da Silva, había dedicado sus esfuerzos a reconfigurar el entorno diplomático que rodea a su país. Por ello, cuando llegó a Washington en mayo de 2026, la parte más importante de la diplomacia brasileña ya se había desarrollado en otros escenarios. Su visita no representó la llegada de una economía debilitada en busca de alivio frente a la presión arancelaria de Donald Trump. Fue la aparición de una potencia media que había pasado meses ampliando deliberadamente sus opciones.

Brasil se había estado moviendo en varios frentes al mismo tiempo. En Europa, buscó ampliar el acceso a los mercados y aumentar su influencia política. En Alemania, profundizó las conversaciones sobre cooperación industrial y en materia de defensa. En Lisboa, fortaleció los canales de movilidad y los vínculos con el mundo lusófono. En Pekín, protegió sus intereses comerciales y de infraestructura. A través de BRICS+, mantuvo vivas alternativas monetarias e institucionales. Y en áreas como minerales críticos, agricultura, energía, industria de defensa y migración, Brasilia trabajó para hacerse más difícil de presionar y más difícil de aislar.

Eso es lo que realmente significa el “No Alineamiento Activo” de Brasil. No es neutralidad ni hostilidad hacia Estados Unidos. Tampoco es un giro automático hacia China ni una adhesión incondicional a los BRICS. Es una estrategia de movimiento: relacionarse con distintas potencias para distintos objetivos, aceptar la cooperación cuando sirva a los intereses brasileños y negarse a quedar atrapado en un solo bloque geopolítico.

La presión de Trump que buscaba disciplinar a Brasil y reducir sus opciones. En cambio, empujó a Brasilia a ampliarlas. Para cuando Lula llegó a la Casa Blanca, Brasil ya no estaba simplemente reaccionando a Washington. Ya había construido el espacio diplomático necesario para negociar desde una posición más sólida.

El No Alineamiento Activo de Brasil como estrategia

El No Alineamiento Activo no surgió como una vaga consigna diplomática. Fue desarrollado por pensadores latinoamericanos como Carlos Fortin, Jorge Heine y Carlos Ominami como respuesta a un mundo que ya no está organizado en torno a una única división heredada de la Guerra Fría. Su significado depende de una distinción importante. El no alineamiento tradicional era, en gran medida, una estrategia defensiva: una forma de evitar que los Estados fueran absorbidos por cualquiera de los dos bloques de superpotencias. El No Alineamiento Activo, en cambio, es más proactivo. Consiste en relacionarse con distintas potencias en diferentes sectores, obtener beneficios de cada relación y negarse a permitir que cualquier actor externo defina los límites de la estrategia nacional.

La diplomacia de Lula en Europa durante 2026 convirtió esta doctrina en una práctica concreta. Cada escala tuvo un propósito diferente. España aportó un marco político e ideológico que ayudó a situar la posición de Brasil dentro de un debate más amplio sobre autonomía, multipolaridad y el Sur Global. Alemania dio a la estrategia una dimensión industrial y de defensa, especialmente mediante la cooperación vinculada a la manufactura avanzada y al sector de defensa. Portugal, por su parte, funcionó como una puerta de entrada: un punto de acceso europeo para las empresas, los trabajadores, el capital brasileño y las redes lusófonas.

Vista desde esta perspectiva, la gira europea de Lula no fue una diplomacia simbólica. Fue una construcción deliberada de opciones. La agenda entre la Unión Europea y MERCOSUR, el programa de las fragatas Tamandaré, la cooperación industrial y de defensa entre Alemania y Brasil, y el papel de Portugal como puente lusófono formaron parte de una misma cartera estratégica. Brasil no estaba eligiendo un bloque sobre otro. Estaba construyendo mecanismos institucionales de diversificación que le permitieran moverse simultáneamente entre varios escenarios.

Esta es también la razón por la que Brasil puede practicar el no alineamiento activo con mayor eficacia que muchas otras potencias medias. Como sostenemos en este artículo, Brasil no solo pide que se respete su espacio diplomático. Posee activos que hacen que ese espacio sea valioso. Sus materias primas, minerales, producción de alimentos, recursos energéticos, capacidad aeroespacial y su liderazgo dentro de los BRICS ofrecen a otras potencias razones concretas para relacionarse con el país.

En ese sentido, la autonomía de Brasil no es una idea abstracta. Se sustenta en fortalezas materiales. Hemos identificado siete en particular: el niobio, las tierras raras, la agricultura, el petróleo, el etanol, la industria aeronáutica y el liderazgo dentro de los BRICS. En conjunto, estos factores permiten a Brasilia negociar no desde la dependencia, sino desde su relevancia estratégica.

La base material del no alineamiento de Brasil

El no alineamiento activo de Brasil funciona porque el país posee capacidad de negociación. Es demasiado grande, demasiado rico en recursos y demasiado conectado institucionalmente como para ser tratado como un Estado cliente dependiente. Por ello, su autonomía no se basa únicamente en el lenguaje diplomático, sino en su poder material. Los siguientes siete pilares son una clara muestra de ello.

El primer pilar de ese poder es el niobio. Brasil domina las reservas y la producción mundial de niobio. (Por ejemplo, Estados Unidos no ha tenido una producción nacional significativa desde 1959). Esto es importante porque el niobio no es un mineral cualquiera. Se utiliza en aceros de alta resistencia, la industria aeroespacial, sistemas de defensa, misiles, submarinos, motores a reacción, turbinas eólicas, baterías y otras aplicaciones industriales avanzadas. En consecuencia, al tratarse de un insumo que Washington no puede sustituir fácilmente dentro de la cadena de suministro, Brasil se convierte en un actor indispensable y estratégico en dicha cadena.

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Figura 1: Dominio de Brasil en la producción mundial de niobio (2025). Brasil produjo aproximadamente 104,000 toneladas métricas de niobio en 2025, lo que representó cerca del 93% de la producción minera mundial. Canadá (6,000 toneladas métricas) y la República Democrática del Congo (970 toneladas métricas) completan los principales productores. Fuente: Statista.

El segundo pilar son las tierras raras y los minerales críticos. Brasil posee una de las mayores reservas de tierras raras del mundo, solo por detrás de China y Vietnam; sin embargo, su producción sigue estando poco desarrollada. Aunque este limitado desarrollo suele considerarse una debilidad, también puede convertirse en una fuente de poder de negociación estratégico. Por un lado, Estados Unidos busca reducir su dependencia del dominio chino en el procesamiento de tierras raras. Por otro, China desea mantener el acceso a los recursos brasileños, mientras que Europa necesita un suministro seguro para impulsar su transición ecológica. Brasil puede, por tanto, transformar este sector en una especie de subasta estratégica, atrayendo inversiones y tecnología de socios competidores sin renunciar a la soberanía sobre el rumbo de su propio desarrollo.

El tercer pilar es la agricultura. Brasil es una potencia mundial en la producción de soja, café, carne de res, carne de ave, azúcar y materias primas para la producción de etanol. Esto otorga a Brasilia capacidad de negociación no solo en las conversaciones comerciales, sino también en momentos de confrontación política. Cuando los aranceles afectan las exportaciones brasileñas, la presión no se detiene en las fronteras del país. Puede trasladarse directamente a los supermercados, cafeterías y cadenas de suministro estadounidenses mediante el aumento de los precios del café y la carne. El papel de Brasil como uno de los principales proveedores de café y carne para Estados Unidos significa que la presión económica ejercida sobre Brasil puede convertirse rápidamente en presión inflacionaria dentro del propio mercado estadounidense.

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Figura 2: Principales productos agrícolas de Brasil. Año comercial (MY) 2025/2026. Fuente: Servicio Agrícola Exterior (Foreign Agricultural Service), Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA).

El cuarto pilar es la energía. Brasil es un importante productor y exportador de petróleo crudo, y Petrobras sigue siendo una de las compañías energéticas más importantes del mundo. En los últimos años, Brasil ha exportado mucho más petróleo crudo del que importa, lo que le proporciona un margen de seguridad energética del que muchas potencias medias carecen. Además, cuenta con una ventaja distintiva en materia de etanol. Mientras que Estados Unidos depende principalmente del etanol de maíz, el etanol de caña de azúcar producido en Brasil es más eficiente y está profundamente integrado en el sistema de transporte interno del país. Esto le otorga a Brasil un perfil energético más amplio: petróleo, biocombustibles y experiencia tecnológica en un sistema de combustibles de bajas emisiones de carbono.

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Figura 3: Producción mundial de etanol (31.31 mil millones de galones) por país. En conjunto, Estados Unidos y Brasil producen el 80% del etanol mundial. La gran mayoría del etanol estadounidense (16.1 mil millones de galones) se produce a partir de maíz, mientras que Brasil (8.98 mil millones de galones) utiliza principalmente caña de azúcar. Fuente: Departamento de Energía de los Estados Unidos.

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Figura 4: Producción de etanol en Brasil. Fuente: UNICA.

El quinto pilar es la capacidad industrial, especialmente Embraer. Brasil no es simplemente un exportador de materias primas. Embraer le proporciona un campeón aeroespacial reconocido a nivel mundial, con capacidades en aviación comercial, ejecutiva, agrícola y de defensa. Esto es importante porque el no alineamiento activo es más sólido cuando un país puede ofrecer algo más que recursos naturales. A través de Embraer, Brasil se convierte en un socio industrial, un socio en materia de defensa y un actor tecnológico. Puede negociar no solo sobre lo que extrae del suelo, sino también sobre lo que diseña, fabrica y exporta.

El sexto pilar es la arquitectura comercial diversificada de Brasil. China ha sido el principal socio comercial de Brasil desde 2009, y la relación comercial entre ambos países supera ampliamente el volumen del comercio brasileño con Estados Unidos. Sin embargo, esto no convierte a Brasil en un Estado cliente de China. En realidad, Brasil opera dentro de un espacio económico genuinamente multipolar.

El mapa comercial de Brasilia se extiende por China, la Unión Europea, Estados Unidos, América Latina, África, Medio Oriente y el conjunto del Sur Global. Cada relación cumple una función distinta. Por ejemplo, China ofrece escala y demanda para las materias primas. La Unión Europea aporta acceso a mercados, inversión, regulación y asociaciones industriales. Estados Unidos sigue siendo un socio importante en materia de finanzas, tecnología, energía y cooperación relacionada con la defensa. El Sur Global proporciona afinidad política, mercados para alimentos y energía, además de plataformas institucionales desde las cuales Brasil puede ampliar su influencia. En definitiva, esto es lo que le da margen de maniobra a Brasil, ya que su economía no está organizada alrededor de un solo polo, sino dentro de una arquitectura comercial multipolar.

Finalmente, el séptimo pilar es el liderazgo dentro de los BRICS. Es aquí donde la capacidad material de negociación de Brasil se convierte en capacidad institucional. Como miembro fundador de los BRICS, Brasil ha contribuido a construir una plataforma que otorga al Sur Global un mayor espacio para debatir sobre financiamiento, desarrollo, sistemas de pago y alternativas a la dependencia centrada en el dólar. El impulso al financiamiento en monedas locales, el Nuevo Banco de Desarrollo, las iniciativas de pago de los BRICS y la desdolarización gradual no significan que Brasil crea que el dólar pueda ser reemplazado de la noche a la mañana. La posición de Lula es más cautelosa. El objetivo es reducir la vulnerabilidad, ampliar el margen de negociación y evitar que el sistema financiero internacional continúe organizado permanentemente en torno al poder coercitivo de una sola moneda.

En conjunto, estas siete fortalezas explican por qué Brasil puede practicar el no alineamiento activo con credibilidad. El niobio, las tierras raras, la agricultura, la energía, la industria aeroespacial, el comercio diversificado y el liderazgo en los BRICS permiten a Brasilia desenvolverse entre Washington, Pekín, Bruselas y el Sur Global sin quedar completamente absorbida por ninguno de ellos. Brasil no está rechazando a Estados Unidos ni sometiéndose a China. Está utilizando sus activos para ampliar su margen de elección.

En este sentido, el no alineamiento activo de Brasil puede entenderse como un método de poder, y no únicamente como una forma de neutralidad.

La importancia de la reciente gira europea de Lula

La gira europea de Lula solo cobra sentido cuando se analiza a la luz de este contexto material más amplio. Brasil no recorrió Europa únicamente por razones protocolares. La agenda entre la Unión Europea y MERCOSUR, el paquete de cooperación industrial y de defensa con Alemania, y el canal de movilidad con Portugal formaban parte de una respuesta más amplia a la presión ejercida por Estados Unidos. Cada una de estas relaciones ofreció a Brasilia un tipo distinto de protección: comercial, industrial, política y social.

El acuerdo entre la Unión Europea y MERCOSUR amplió el horizonte económico de Brasil. Proporcionó a Brasil y a sus socios del MERCOSUR un vínculo institucional más profundo con Europa, uno que no podía deshacerse fácilmente por la decisión de una sola administración estadounidense o por un cambio repentino en la política arancelaria de Washington. Para Brasil, el acuerdo nunca se trató únicamente de carne de res, carne de ave, azúcar, etanol o acceso a mercados. Se trataba de demostrar que Estados Unidos no tiene la capacidad de definir los límites del futuro económico internacional de Brasil.

Alemania añadió una dimensión más sólida y estratégica. A través del programa de fragatas clase Tamandaré y de la cooperación industrial y de defensa entre Alemania y Brasil, Brasilia fortaleció su autonomía en materia de industria de defensa. Un país capaz de construir plataformas navales mediante tecnología alemana, astilleros brasileños, sistemas vinculados a Embraer y cadenas de suministro nacionales difícilmente puede ser tratado como un cliente pasivo en materia de seguridad. Se ha convertido en un país con una base industrial propia, una capacidad de defensa propia y un mayor margen para negociar.

Portugal desempeñó un papel diferente, pero igualmente importante. Proporcionó el puente humano y político hacia Europa. La regularización de cientos de miles de brasileños en Portugal convirtió a Europa en mucho más que un mercado distante. La transformó en un espacio social para trabajadores, familias, empresas y redes profesionales brasileñas. La migración, la movilidad laboral, el reconocimiento de credenciales y los vínculos empresariales del mundo lusófono pasaron a formar parte de la infraestructura más amplia de diversificación estratégica de Brasil.

En conjunto, estos movimientos revelan la lógica de la diplomacia de Lula. Brasil no estaba simplemente buscando aliados en Europa. Estaba construyendo alternativas. El vínculo comercial con la Unión Europea, el canal de cooperación industrial y de defensa con Alemania y el puente de movilidad a través de Portugal ampliaron la capacidad de Brasil para resistir presiones coercitivas provenientes de Washington. Europa se convirtió en otro escenario donde Brasil podía practicar el no alineamiento activo: no permaneciendo inmóvil entre las grandes potencias, sino multiplicando las relaciones que fortalecen su libertad de acción.

La visita de Lula a la Casa Blanca

Esta estrategia europea más amplia ayuda a explicar por qué la campaña de presión de Trump no produjo los resultados esperados. Washington asumió que los aranceles podrían obligar a Brasil a ceder. La lógica era sencilla: castigar las exportaciones brasileñas, vincular esa presión al procesamiento judicial de Bolsonaro y a la política de los BRICS, y forzar a Lula a retroceder.

Pero Brasil ya no operaba dentro de un espacio diplomático limitado. Para cuando la presión arancelaria se intensificó, Brasilia ya había comenzado a construir alternativas a través de Europa, China, los BRICS y el conjunto del Sur Global. En lugar de aislar a Brasil, la presión fortaleció el argumento de Lula de que el país necesitaba más autonomía, no menos. También puso de manifiesto un hecho incómodo para Washington: Estados Unidos no solo estaba ejerciendo presión sobre Brasil, sino también sobre sus propios consumidores. Los aranceles aplicados a los productos brasileños podían traducirse directamente en un aumento de los precios del café, la carne y otros bienes, evidenciando los límites de la coerción cuando el país objetivo controla productos que el mercado estadounidense continúa necesitando.

El efecto político dentro de Brasil también fue diferente de lo que Washington esperaba. En lugar de proyectar una imagen de debilidad, la confrontación permitió que Lula se presentara como un defensor de la soberanía nacional frente a la injerencia extranjera. La diversificación dejó de ser únicamente una estrategia económica para convertirse también en una estrategia de carácter nacional. Cuanto más intentaba Washington reducir las opciones de Brasil, más fácil le resultaba a Lula argumentar que el país debía ampliarlas.

Por eso, la reunión celebrada en la Casa Blanca en mayo de 2026 tuvo menos importancia de la que parecía. Lula no llegó a Washington como un solicitante en busca de alivio. Llegó después de que Brasil ya había ampliado su mapa estratégico. Estados Unidos seguía siendo un socio importante, pero había dejado de ser el único escenario relevante. Brasil contaba con otros mercados, otros socios, otras instituciones y otras fuentes de capacidad de negociación.

La posición de Brasil también difiere de manera significativa de la de países como México o Japón. México está estructuralmente vinculado a la economía estadounidense por razones geográficas, por sus cadenas de suministro y por el T-MEC. Japón, pese a su fortaleza económica, depende en gran medida del paraguas de seguridad estadounidense. Brasil es diferente. No comparte la dependencia exportadora de México respecto al mercado estadounidense, ni la dependencia militar de Japón respecto a Washington. No alberga una infraestructura importante de bases militares estadounidenses en su territorio y sus exportaciones hacia Estados Unidos representan una proporción mucho menor de su producción nacional que en el caso de México.

Ese es el fundamento del no alineamiento activo de Brasil. No se basa únicamente en la retórica. Descansa sobre el hecho de que Brasil posee suficiente peso económico, recursos estratégicos, vínculos institucionales y alternativas diplomáticas para resistir ser absorbido completamente por cualquier esfera de influencia. La presión de Trump buscaba disciplinar a Brasil. En cambio, terminó dejando aún más claro por qué la autonomía brasileña es importante.

Riesgos del no alineamiento activo de Brasil

Sin embargo, la misma autonomía que hace poderoso al no alineamiento activo de Brasil también implica riesgos importantes. Si las secciones anteriores muestran por qué Brasil no puede ser tratado fácilmente como un Estado cliente dependiente, también revelan una pregunta más difícil: ¿qué tipo de poder está construyendo Brasil y quién paga el costo de ese poder?

La capacidad de negociación de Brasil depende en gran medida de sus activos materiales. La soja, la carne de res, el azúcar, el etanol, el litio, las tierras raras y el niobio le otorgan a Brasilia una posición de fuerza dentro de una economía mundial fragmentada. Estos recursos permiten que Brasil negocie con Washington, Bruselas, Pekín y el Sur Global desde una posición de mayor fortaleza. Pero esos mismos activos también pueden arrastrar al país más profundamente hacia un modelo de desarrollo extractivo. El peligro es que el no alineamiento activo amplíe el margen diplomático de Brasil en el exterior mientras refuerza antiguos patrones de dependencia de las materias primas en el interior.

Esto se observa especialmente en el debate sobre el acuerdo entre la Unión Europea y MERCOSUR. El acuerdo puede fortalecer la posición negociadora internacional de Brasil al otorgar a MERCOSUR una relación institucional más profunda con Europa. Sin embargo, internamente también podría intensificar precisamente los sectores que durante mucho tiempo han moldeado la desigual economía política brasileña: el agronegocio, la concentración de tierras, los monocultivos de exportación y la presión sobre los bosques y las comunidades rurales. De la misma manera, los minerales críticos pueden ayudar a Europa y Estados Unidos a reducir su dependencia de China, pero su extracción puede imponer nuevas cargas sobre las poblaciones indígenas, negros cimarrones (quilombolas, en portugués) y comunidades rurales dentro de Brasil.

Esta es la contradicción central del no alineamiento activo de Lula. La doctrina promete soberanía, pero una soberanía construida principalmente sobre monocultivos, minería y presión territorial puede reproducir la misma dependencia que pretende superar. Brasil puede obtener mayor libertad frente a Washington, pero seguir limitado por la demanda mundial de materias primas, alimentos, combustibles y minerales estratégicos.

La respuesta del gobierno de Lula es que los acuerdos comerciales no constituyen una política ambiental. Desde esta perspectiva, la conservación debe lograrse mediante regulación interna, aplicación de la ley, demarcación de territorios indígenas, modernización industrial y una mayor capacidad del Estado para regular el poder del capital. Desde un punto de vista analítico, esta posición tiene lógica. Sin embargo, políticamente es frágil.

Si los beneficios del no alineamiento activo son capturados principalmente por el agronegocio, las empresas mineras, las compañías energéticas y los contratistas de defensa, mientras que los grupos ambientales, los pueblos indígenas, los trabajadores rurales y las comunidades locales absorben los costos, la doctrina quedará expuesta a críticas tanto desde la derecha como desde la izquierda. La derecha la atacará como un exceso ideológico cuando limite los intereses del capital. La izquierda la criticará como una forma de soberanía sin justicia social.

Ese es el riesgo detrás de la estrategia brasileña. El no alineamiento activo puede ampliar el margen de maniobra de Brasil dentro del sistema internacional, pero por sí solo no puede resolver las contradicciones internas del desarrollo brasileño. Para que la doctrina sea algo más que un éxito diplomático, también debe convertirse en un proyecto de modernización industrial, protección ecológica e inclusión social. De lo contrario, Brasil podría ganar más autonomía en el exterior mientras reproduce formas de dependencia dentro de sus propias fronteras.

¿Por qué Brasil es un caso modelo?

Los riesgos son reales, pero no eliminan el punto principal: Brasil sigue siendo uno de los ejemplos más claros de cómo el no alineamiento activo puede funcionar en la práctica. Otros países pueden adoptar partes de esta estrategia, pero pocos pueden reproducir el conjunto completo del modelo brasileño.

India ya practica una forma aún más desarrollada de multialineamiento, equilibrando sus relaciones con Washington, Moscú, Pekín, Europa y el Sur Global mientras protege su propia autonomía estratégica. Indonesia también está experimentando con una participación simultánea entre distintos centros de poder rivales. Sudáfrica ha intentado defender una posición no alineada, pero su diplomacia suele interpretarse en Occidente como una inclinación hacia Rusia o China. México busca una mayor diversificación, pero su geografía, sus cadenas de suministro y el T-MEC lo mantienen profundamente vinculado a Estados Unidos.

Brasil ocupa una posición diferente. Tiene escala continental, poder alimentario, capacidad energética, minerales críticos, una industria aeroespacial, membresía en los BRICS, un comercio profundo con China, un acceso creciente a Europa y una relativa independencia en materia de seguridad frente a Washington. No está atrapado en el mercado estadounidense como México, ni depende del paraguas militar estadounidense como Japón. Posee suficientes recursos, instituciones y relaciones diplomáticas para moverse simultáneamente en varios espacios geopolíticos.

Por eso Brasil destaca. Su no alineamiento activo no es únicamente un estilo de política exterior ni una declaración retórica sobre soberanía. Es una posición estructural basada en el peso material del país y en su alcance diplomático. Brasil puede dialogar con Washington sin someterse a él, relacionarse con China sin convertirse en su cliente, cooperar con Europa sin abandonar al Sur Global y utilizar los BRICS sin reducir su política exterior a una alineación antioccidental.

Esto convierte a Brasil en un caso modelo porque demuestra tanto la promesa como la contradicción del no alineamiento activo. La promesa es la autonomía: la capacidad de ampliar las opciones, resistir presiones externas y negociar dentro de un mundo multipolar. La contradicción es que esta autonomía todavía depende en gran medida de las materias primas, la tierra, los minerales, la energía y las presiones extractivas dentro del propio país.

El desafío de Brasil, entonces, no es simplemente si puede practicar el no alineamiento activo. Ya puede hacerlo. La pregunta más profunda es si puede transformar esa autonomía externa en un modelo de desarrollo interno más equilibrado. Si lo logra, Brasil no solo se adaptará a la multipolaridad. También ayudará a definir cómo será la multipolaridad para el Sur Global.

Conclusión

El no alineamiento activo de Brasil no representa una negativa a elegir. Representa una negativa a que otros elijan por Brasil. Bajo el liderazgo de Lula, Brasil ha intentado convertir su tamaño, sus recursos, su capacidad industrial, sus redes diplomáticas y su liderazgo dentro de los BRICS en una estrategia de mayor autonomía. Se relaciona con Washington cuando resulta útil, profundiza sus vínculos con Europa cuando existen intereses estratégicos, amplía su comercio con China cuando es beneficioso y trabaja a través del Sur Global cuando existen alternativas institucionales posibles.

Esto es lo que hizo que la presión de Trump fuera menos efectiva de lo esperado. Los aranceles tenían como objetivo reducir las opciones de Brasil, pero Brasil ya había pasado meses ampliándolas. Cuando Lula llegó a Washington, Brasil no estaba aislado. Había construido alternativas comerciales, industriales, financieras y políticas que le permitían negociar desde una posición más fuerte.

Sin embargo, esta estrategia también contiene una advertencia. La autonomía de Brasil no puede depender únicamente de las materias primas, los minerales, el agronegocio, el petróleo y los contratos de defensa. Si el no alineamiento activo fortalece a Brasil en el exterior mientras profundiza la dependencia extractiva dentro del país, reproducirá algunas de las vulnerabilidades que pretende superar. El éxito de esta doctrina dependerá, por lo tanto, no solo de cómo Brasil gestione sus relaciones con Washington, Pekín, Bruselas y los BRICS, sino también de si puede transformar su capacidad de negociación externa en una transformación interna.

Por esta razón, Brasil ha surgido como uno de los ejemplos más sólidos de no alineamiento activo entre las potencias medias, especialmente en América Latina. Demostrando que las potencias medias no están condenadas a una alineación pasiva en un mundo multipolar ya que, con suficiente poder material, alcance institucional y disciplina diplomática, pueden crear un espacio propio.

Pero Brasil también demuestra que la autonomía no es un punto final. Es un proyecto político, y su verdadera prueba consiste en determinar si la soberanía en el exterior puede convertirse en desarrollo, inclusión y resiliencia dentro del país.

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First published in: World & New World Journal
World & New World Journal The Americas and Caribbean Affairs

World & New World Journal The Americas and Caribbean Affairs

Expertos de WANWJ en asuntos de América y el Caribe.

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