Concept of military conflict with soldier statues and waving national flag of Sudan. Illustration of coup idea. Two guards defending the symbol of country against red wall. 3D Illustration

Breve historia del Sudán moderno: una nación marcada por luchas de poder, violencia étnica y la guerra civil.

Cuando escuchamos la palabra pirámides, el primer país que suele venir a nuestra mente es Egipto y sus maravillosas Pirámides de Giza. Pero existe un país más al sur, conocido como Sudán, que en realidad tiene muchas más pirámides que Egipto, aunque de menor tamaño. Este país, sin embargo, ha estado marcado por luchas de poder, guerras civiles y genocidios debido a diversos factores geográficos, sociales, históricos y económicos. Desde abril de 2023, el país atraviesa su tercera y brutal guerra civil.

Origen del Sudán moderno

La historia del Sudán moderno se remonta al inicio del siglo XIX. En 1820, el gobernador otomano-egipcio Muhammad Alí Pachá envió su ejército a conquistar Sudán, que quedó bajo dominio otomano-egipcio desde 1821 hasta 1885. En 1881, Muhammad Ahmad inició una revuelta contra los egipcios y estableció el Estado mahdista, que gobernó Sudán entre 1885 y 1899. Más tarde, cuando los británicos conquistaron Egipto durante el reparto de África, también tomaron el control de Sudán, y ambos países quedaron bajo jurisdicción británica. Tras varios movimientos anticoloniales, Sudán obtuvo su independencia del Reino Unido en 1956.

Guerra Civil Norte–Sur

Sudán ha librado hasta ahora dos guerras civiles y actualmente enfrenta una tercera. Las raíces de la primera y segunda guerra civil se remontan al periodo colonial británico. Cuando los británicos tomaron el control de Sudán, encontraron que las regiones del norte y del sur eran culturalmente muy distintas, por lo que desarrollaron un conjunto de políticas conocidas como la Política Británica del Sur (‘British Southern Policy’), cuyo objetivo era “proteger” la cultura del sur de la influencia del norte.

Bajo estas políticas, las provincias del sur (Alto Nilo, Ecuatoria y Bahr el Ghazal) quedaron cerradas a los habitantes del norte, excepto a quienes realizaban funciones gubernamentales. Además, se alentó a comerciantes griegos, sirios y judíos a abrir negocios en el sur. Al mismo tiempo que se desalentó el uso del idioma árabe, así como el estilo de vida y hasta los nombres árabes. Mientras se promovía la llegada de misioneros cristianos, se prohibió completamente la difusión del islam.

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Fuente: The New York Times

El resultado de estas políticas fue negativo: los habitantes del sur quedaron en desventaja frente a los del norte en todos los ámbitos, desde educación hasta desarrollo económico. Los norteños tendían a ver a los sureños como atrasados e incivilizados. En 1946, los británicos revirtieron sus políticas y comenzaron un proceso de reintegración del sur con el norte. Pero para ese momento, los movimientos anticoloniales eran muy fuertes en el norte y exigían la retirada británica. Las negociaciones hacia la independencia prácticamente dejaron de lado al sur.

La desconfianza hacia el gobierno del norte aumentó cuando, en 1954, el recién electo gobierno transicional — dominando por el norte — inició la “sudanización” de las instituciones públicas. Los británicos dejaron 800 puestos vacantes, pero solo seis fueron asignados a los sureños. Si bien la causa de fondo era que muchos sureños no cumplían los requisitos profesionales — debido en gran parte a la propia Política Británica del Sur —, para el sur esto representó un acto de dominación y discriminación por parte del norte.

Las tensiones ya eran altas, pero escalaron aún más en 1955, justo antes de la declaración de independencia de Sudán. Soldados sureños del ejército sudanés, estacionados en Torit, se sublevaron contra sus comandantes del norte. La causa inmediata fue el traslado de estas unidades hacia el norte, lo cual se percibió como un paso más hacia la dominación y represión del gobierno norteño. Aunque el motín de Torit fue rápidamente reprimido, desencadenó disturbios generalizados en todo el sur.

Sin embargo, todo se deterioró aún más en 1958, cuando el gobierno electo fue derrocado por el general Ibrahim Abboud. Bajo su régimen, la tensa situación del sur explotó en una guerra civil abierta. En el norte se asumía que el conflicto Norte–Sur podía resolverse asimilando a los sureños — en su mayoría cristianos no árabes y animistas — a la cultura árabe-islámica del norte. Abboud, en su condición de dictador, llevó esta idea al extremo: prohibió los domingos como día festivo en el sur, restringió las reuniones religiosas fuera de las iglesias, expulsó a los misioneros cristianos y empeoró aún más la situación.

Abboud fue derrocado en 1964 y Sudán volvió brevemente al gobierno civil, pero este no duró mucho. En 1969, Yaafar Muhammad al-Numeiry tomó el poder mediante un golpe de Estado y se convirtió en el nuevo dictador. Cuando el conflicto armado finalmente llegó a un punto muerto en 1972, entre 500,000 y 1 millón de personas habían muerto. El Acuerdo de Addis Abeba puso fin al conflicto y estableció la Región Autónoma del Sur de Sudán, otorgando a los sureños un cierto grado de autogobierno.

El Acuerdo de Addis Abeba no logró garantizar una paz duradera y, menos de una década después de su firma, estalló una segunda guerra civil, en la cual el petróleo desempeñó un papel crucial. El petróleo había sido descubierto en Sudán en 1959, pero en el norte existían cantidades insignificantes; la mayoría de los yacimientos se encontraban en el sur. Al-Numeiry quería controlar esos campos petroleros y utilizó diversas tácticas para lograrlo.

En enero de 1982, al-Numeiry anunció que se realizaría un referéndum en el sur sobre el tema de la descentralización, pero únicamente en la provincia de Ecuatoria. Algunos políticos sureños interpretaron inmediatamente este plan como un intento de dividir al sur y afirmaron que iba en contra del acuerdo de autonomía de 1972. Estos líderes fueron arrestados bajo cargos de formar una organización política ilegal. En respuesta, el grupo separatista Anya-nya II comenzó a atacar estaciones de policía y cuarteles militares. Asimismo, ocurrió el Motín de Bor, donde los soldados sureños se negaron a trasladarse a una guarnición en el norte como parte de la política gubernamental de rotación, amenazando incluso con abrir fuego contra los soldados norteños recién llegados.

El 8 de septiembre de 1983, la sharía, o ley islámica, entró en vigor en Sudán. El código penal fue modificado para ajustarse a los preceptos del Corán. Algunos delitos, como el robo, eran castigados con amputación, mientras que el alcohol y el juego fueron prohibidos. El sur, con su diversidad de tradiciones religiosas, se opuso firmemente a la islamización del país. Sin embargo, con dos tercios del territorio y la población de Sudán siendo árabe-musulmanes, el norte mantenía el control. En 1984, al-Numeiry declaró un estado de emergencia debido al aumento de ataques por parte de distintos grupos rebeldes, que amenazaban su régimen. Sus políticas tuvieron efectos negativos en el país y, en 1985, fue derrocado en un golpe de Estado incruento liderado por el general Abdel Rahman Swar al-Dahab.

Posteriormente, el general Abdel Rahman entregó el poder a un gobierno democráticamente elegido encabezado por el primer ministro Sadiq al-Mahdi. En mayo de 1986, el nuevo gobierno de Jartum y el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA, por sus siglas en inglés), liderado por el coronel John Garang, se reunieron para negociar el fin del conflicto. En febrero de 1989, el gobierno de al-Mahdi aprobó un plan de paz, pero ese mismo año Omar Hassan Ahmad al-Bashir tomó el poder tras derrocar al primer ministro. El régimen de al-Bashir disolvió el parlamento y prohibió los partidos políticos. El SPLA, que inicialmente buscaba un “Nuevo Sudán” unificado y con un gobierno secular, terminó orientándose hacia la secesión, en gran parte debido a las políticas de al-Bashir.

La segunda guerra civil se prolongó hasta 2005, convirtiéndose en una de las guerras civiles más largas de la historia moderna. Un acuerdo de paz en 2005 puso fin al conflicto y un referéndum en 2011 condujo finalmente a la independencia de Sudán del Sur. Se estima que entre 1 y 2.5 millones de personas murieron durante la segunda guerra civil sudanesa.

Si bien ambas guerras civiles se desarrollaron principalmente en torno a la división Norte–Sur entre musulmanes y cristianos, también hubo numerosos grupos étnicos atrapados en medio del conflicto. En lo que hoy es Sudán del Sur, comunidades como los Dinka, Nuer, Shilluk y Bari tenían sus propias quejas relacionadas con exclusión, tierras y recursos. En el norte, grupos como los Fur, Masalit y Zaghawa en la región de Darfur; los Nuba en Kordofán del Sur y los Beja en el este también enfrentaban patrones históricos de marginación. Aunque la religión desempeñó un papel importante, no se puede ignorar la influencia de la etnicidad en estos brutales conflictos.

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Fuente: BBC e Instagram/Geopolitical Futures

El genocidio de Darfur: un capítulo oscuro en la historia de Sudán

Darfur es una provincia ubicada en el occidente de Sudán. Durante la segunda guerra civil, los rebeldes de Darfur lanzaron ataques contra objetivos militares del gobierno sudanés. El gobierno asumió que las poblaciones africanas negras — los pueblos Fur, Masalit y Zaghawa — habían apoyado a estos rebeldes, y respondió armando milicias conocidas como los yanyauid (‘Janjaweed’, en inglés) para atacar a esas mismas comunidades inocentes.

Las milicias yanyauid fueron extremadamente brutales; emplearon tácticas de “devastación total” para atacar a las poblaciones negras. Los resultados fueron catastróficos: miles de personas fueron asesinadas y millones fueron obligadas a huir de sus hogares. En entrevistas con refugiados de Darfur, relataron que después de los bombardeos del gobierno sobre las aldeas, los yanyauid atacaban, mataban a los hombres, violaban a las mujeres y saqueaban todo lo que encontraban.

En julio de 2004, el Congreso de Estados Unidos declaró que las atrocidades en Darfur constituían un genocidio, y en julio de 2010, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió órdenes de arresto contra el entonces presidente al-Bashir. En 2014, estas mismas milicias yanyauid fueron incorporadas a las fuerzas paramilitares conocidas como las Fuerzas de Apoyo Rápido (‘Rapid Support Forces’, RSF). Se estima que aproximadamente 200,000 personas fueron asesinadas y más de 2 millones fueron desplazadas durante el Genocidio de Darfur.

Tercera Guerra Civil

Omar al-Bashir gobernó Sudán como dictador hasta 2019, cuando fue derrocado por un golpe organizado conjuntamente por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF). Las RSF son el grupo paramilitar más poderoso formado durante el régimen de Bashir. Sus raíces se remontan a la milicia yanyauid, responsable del brutal genocidio en Darfur. Con el apoyo de Bashir, las RSF fueron organizadas y empleadas como guardia fronteriza, como mercenarios en la guerra de Yemen, para reprimir protestas civiles o rebeliones en su contra y, lo más importante, como contrapeso a las SAF. Al-Bashir, siendo militar y dictador, sabía que su régimen también corría riesgo de caer por un golpe militar.

En 2019, estallaron protestas civiles contra el régimen dictatorial de al-Bashir. Contrario a lo que él esperaba, las RSF no lo protegieron y, junto con las SAF, organizaron un golpe que derrocó su gobierno. Se estableció entonces un gobierno de transición y una nueva constitución. El general Abdelfatah al Burhan de las SAF lideró el gobierno transicional, mientras que el general Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como “Hemetti”, líder de las RSF, fue nombrado vicepresidente. Abdalla Hamdok, economista y experto en desarrollo, fue elegido primer ministro. Hamdok intentó solucionar los problemas del país, pero al-Burhan y Hemetti organizaron un golpe en su contra en octubre de 2021.

Ante las protestas y la suspensión de fondos del FMI y el Banco Mundial, Hamdok fue reinstalado en noviembre de 2021. Sin embargo, duró poco: volvió a renunciar en febrero de 2022 porque las condiciones de reinstalación eran perjudiciales para los líderes civiles. Con su salida, al Burhan y Hemetti — dos líderes autoritarios — quedaron a cargo del proceso de transición hacia un Sudán democrático.

Las negociaciones culminaron en un acuerdo en diciembre de 2022 que establecía las bases para una transición de dos años hacia un liderazgo civil y elecciones nacionales. Sin embargo, hubo protestas por el calendario y estas fueron brutalmente reprimidas, como era de esperarse de dos hombres fuertes. Además, surgió un punto crítico: el acuerdo proponía que las RSF se integraran a las SAF. Las sospechas apuntaban a que ambos generales querían mantener su poder, sin estar dispuestos a perder riqueza e influencia. Con el paso de los meses, la lucha de poder entre ambos se intensificó, estancando los esfuerzos de transición del país. El 15 de abril de 2023, todo estalló cuando varias explosiones sacudieron Jartum junto con intensos tiroteos. Los líderes de las SAF y las RSF se acusaron mutuamente de haber disparado primero.

Por otro lado, la participación de potencias extranjeras ha empeorado el conflicto. Se cree que las RSF cuentan con el fuerte apoyo de los Emiratos Árabes Unidos y del comandante libio Khalifa Haftar, mientras que las SAF tienen el respaldo de Egipto y, en cierta medida, de Irán. Las RSF controlan casi la mitad occidental de Sudán, incluida la región de Darfur, y dominan las minas de oro de la zona. Este oro supuestamente es contrabandeado hacia los Emiratos Árabes Unidos y vendido en todo el mundo. Las SAF controlan la mayor parte del norte y el este del país, incluida la capital, Jartum.

Varias ONG, como Human Rights Watch, han documentado evidencias de múltiples atrocidades masivas cometidas durante el conflicto, lo que ha llevado a acusaciones de limpieza étnica y crímenes de guerra. El acceso humanitario sigue siendo una preocupación crucial para muchos actores internacionales, incluido Estados Unidos, que pidió al Consejo de Seguridad de la ONU autorizar el envío de ayuda a través de Chad.

La situación ha sido sombría desde el estallido de la guerra. A noviembre de 2025, cerca de doce millones de personas habían sido desplazadas por la fuerza, según la agencia de refugiados de la ONU. Más de 7.2 millones son desplazados internos dentro de Sudán, mientras que más de 4.2 millones son refugiados, solicitantes de asilo o “retornados” que han huido o regresado a países vecinos. El número de muertos es desconocido debido al acceso limitado de los medios, pero las estimaciones de investigadores varían entre 20,000 y 150,000 fallecidos.

A inicios de noviembre de 2025, las RSF anunciaron que habían aceptado una tregua humanitaria propuesta por Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Egipto. Sin embargo, el ejército declaró que sería cauteloso en aceptarla, acusando a las RSF de no respetar los altos al fuego. El jefe de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, también lamentó que exista menos interés global en el conflicto de Sudán — y en otros conflictos recientes en África — comparado con crisis en otras partes del mundo. Para finales de noviembre de 2025, ambas partes seguían combatiendo y millones de sudaneses inocentes continúan sufriendo.

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Conclusión

Sudán, como Estado-nación, fue un producto del colonialismo; sus líderes no lograron construir instituciones estables ni definir adecuadamente una idea de nacionalismo sudanés. Todo esto derivó en luchas de poder, inestabilidad política, guerras civiles y la fractura del país en dos partes. Sudán podría aprender de varios países de Asia: ellos también fueron colonias de potencias europeas, pero muchos lograron enfrentar los mismos problemas que los políticos sudaneses no pudieron resolver. Esos países definieron un sentido de nacionalismo, construyeron instituciones sólidas y, como resultado, alcanzaron estabilidad política y prosperidad económica.

Una paz duradera solo será posible en Sudán cuando se formen instituciones estables; hasta que eso ocurra, el país seguirá atrapado en este ciclo destructivo.

Referencias
BBC News. Sudan conflict explainer. https://www.bbc.com/news/articles/cjel2nn22z9o BlackPast.org. First Sudanese Civil War (1955–1972). https://blackpast.org/global-african-history/first-sudanese-civil-war-1955-1972/ BlackPast.org. Second Sudanese Civil War (1983–2005). https://blackpast.org/global-african-history/second-sudanese-civil-war-1983-2005/ Council on Foreign Relations. Power struggle in Sudan: Global Conflict Tracker. https://www.cfr.org/global-conflict-tracker/conflict/power-struggle-sudan Council on Foreign Relations. To what extent is Sudan’s humanitarian crisis escalating? https://www.cfr.org/in-brief/what-extent-sudans-humanitarian-crisis EBSCO Research Starters. First Sudanese Civil War erupts. https://www.ebsco.com/research-starters/history/first-sudanese-civil-war-erupts EBSCO Research Starters. Sudanese Civil War resumes. https://www.ebsco.com/research-starters/history/sudanese-civil-war-resumes Holocaust Memorial Day Trust. Darfur genocide. https://hmd.org.uk/learn-about-the-holocaust-and-genocides/darfur/genocide/ World History Edu. Major facts about the Second Sudanese Civil War. https://worldhistoryedu.com/history-major-facts-about-the-second-sudanese-civil-war-1983-2005/ World History Edu. History of the First Sudanese War: How and when did it erupt? https://worldhistoryedu.com/history-of-first-sudanese-war-how-and-when-did-it-erupt/
First published in: World & New World Journal
Darshit Thakar

Darshit Thakar

El Dr. Darshit Thakar cursa actualmente estudios superiores en Medicina. Sus intereses académicos e intelectuales no se limitan al ámbito de la salud, sino que abarcan las relaciones internacionales, la economía, la filosofía, la mitología, la política y la historia. Escribe en periódicos locales donde publica columnas analíticas sobre asuntos globales, políticas sanitarias y desarrollo social. Su trabajo refleja un enfoque multidisciplinario que integra el conocimiento de diferentes disciplinas.

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