Desde 1825, Bolivia ha tenido en promedio un nuevo gobierno cada 26 meses y medio. Un estudio de Jonathan Powell y Clayton Thyne, profesores de Ciencia Política en la Universidad de Kentucky, señala que desde 1950 hasta el 2010 ocurrieron 23 casos de golpes de Estado en el país. Estos incluyen 11 acciones exitosas, definidas como las que permitieron a los insurrectos controlar el poder por lo menos durante una semana. La década en que Bolivia registró más golpes fue 1970, en algunos años con dos casos seguidos. Otro estudio de ‘The Washington Post’ relata que durante la vida independiente del país ha habido más de 190 intentos de golpes de Estado y procesos revolucionarios. El historiador boliviano Manuel Contreras atribuye esta situación a elementos de política interna, como la ausencia de una institucionalidad sólida y a “un Ejército poco profesional que se presta a este tipo de aventuras”. [1]
Bolivia enfrenta varias crisis a la vez. La que más sobresale es en el ámbito político y obedece a la división entre el presidente Luis Arce y el exmandatario Evo Morales, quienes encabezan distintas facciones del Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) y buscan la nominación del partido hacia las elecciones presidenciales del 2025. Esta fragmentación también se refleja en una pugna con el poder judicial, por decisiones que han emitido los jueces sobre la posible candidatura presidencial de Morales, entre otros fallos. Además, el país también enfrenta un notable deterioro económico por la disminución de divisas y la escasez de combustible que eleva el descontento social. En este contexto se reportó que hubo un intento de golpe de Estado el 26 de junio pasado. La fractura entre los líderes del MAS debilita el entramado institucional para responder a las diferentes crisis. En esta nota se revisan de manera breve todos estos elementos.
Antecedentes: dimisión del expresidente Evo Morales
Evo Morales gobernó en tres periodos, del 2006 al 2019. En el 2016 se llevó a cabo un referéndum que tuvo como propósito consultar a los ciudadanos la modificación al artículo 168 de la Constitución de ese país, que establece que la presidencia es por cinco años, con posibilidad a reelección por una sola vez de manera continua. Entonces, ganó el “no” y se rechazó el proyecto de reforma constitucional, con una victoria muy cerrada. [2] En 2017, Evo Morales promovió ante el Tribunal Constitucional un recurso de inconstitucionalidad. La Corte determinó que Morales podía postularse para un cuarto mandato presidencial consecutivo en las elecciones de 2019, con el argumento de que la reelección ilimitada es un derecho amparado por la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que según se afirma, prevalece sobre la Constitución boliviana. [3]
El 20 de octubre de 2019, Bolivia celebró elecciones generales. [4] Inicialmente, los resultados apuntaban a una segunda vuelta entre el presidente Evo Morales y el exmandatario Carlos Mesa. Durante el conteo de votos, el Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (TREP) se detuvo abruptamente y se reanudó casi 24 horas después con un cambio de tendencia. [5] Después, Morales fue declarado ganador en la primera ronda por una mínima ventaja. [6] Casi al mismo tiempo que la presidenta del Tribunal Supremo Electoral de Bolivia (TSE), María Eugenia Choque, leía los nuevos resultados, decenas de policías se posicionaron cerca de la sede donde las autoridades electorales recibían las actas. Siguieron acusaciones de fraude y protestas masivas [7] que exigían una segunda vuelta o la anulación de las elecciones. [8]
Como se comentó, antes de la presidencia de Evo Morales, los militares en Bolivia buscaron derrocar varias veces al gobierno en turno. En el mandato del líder del MAS, se fortalecieron las relaciones institucionales. Varias medidas que se tomaron intentaban transformar la mentalidad militar y acercarla más al pueblo boliviano. En 2009, las Fuerzas Armadas adoptaron la wiphala, la bandera indígena. En 2016, se creó una escuela “antiimperialista” obligatoria para los militares que aspiraban a ascender. Morales se autodenominaba el “primer presidente soldado raso”, incrementó el presupuesto militar de 114 millones de dólares en 2001 a 483 millones en 2018 y fue el único presidente democrático que compró grandes cantidades de armamento y equipo. Al mismo tiempo, Morales provocó rechazo entre los militares al retirar a los comandantes “neoliberales” y procesar a los jefes que entregaron misiles a Estados Unidos en 2005. Además, encarceló a los oficiales responsables de la represión de 2003 en El Alto, que resultó en la muerte de 67 manifestantes. Estas medidas no lograron modificar el espíritu “conservador de las fuerzas armadas”. [9]
Con el tiempo, se produjo un distanciamiento entre los militares y Morales. A fines del 2019, bajo el liderazgo de Williams Kalimán, miembros del Ejército aparecieron en televisión pidiendo la renuncia de Morales, lo que dio pie a su derrocamiento. El expresidente inicialmente rechazó las acusaciones de fraude de grupos opositores y organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA) y, denunció un intento de golpe de Estado orquestado por sus adversarios políticos y sectores de las fuerzas armadas. [10] Sin embargo, accedió a convocar nuevas elecciones, pero esto no fue suficiente para calmar las tensiones. [11]
El 10 de noviembre de 2019, Evo Morales renunció a su cargo. [12] Después salió de Bolivia, primero a México y luego a Argentina, donde recibió asilo político. [13] Entonces, la línea de sucesión presidencial se vio alterada, con la dimisión de varias figuras clave en el gobierno. En este contexto, Jeanine Áñez, quien era la segunda vicepresidenta del Senado, asumió la presidencia interina el 12 de noviembre de 2019. Su proclamación se efectuó en una sesión parlamentaria sin quórum, lo que generó controversia y acusaciones de ilegitimidad por parte del partido de Morales, MAS y otros sectores. Por su parte, Morales señaló desde México que se consumó “el golpe más artero y nefasto de la historia” de su país. [14]
Pugna entre los líderes del Movimiento al Socialismo (MAS)
En las elecciones del 2020 ganó Luis Arce, exministro de Finanzas de Morales, postulado por el MAS. [15] El expresidente Evo Morales regresó a Bolivia al año de su salida del país y un día después de que Arce asumió su liderazgo al frente del Estado andino. Analistas dicen que la disputa entre ambos políticos comenzó el día de la toma de posesión de Arce, en noviembre del 2020. En su discurso inaugural, Arce no nombró a Morales. La politóloga Susana Bejarano dice que el presidente “cometió un error de manual, que fue no darle un lugar a Morales […]. Al no tener un espacio, presionó con la gestión y Arce respondió”. [16] En los últimos meses, Morales se ha referido a Arce como “el peor presidente de la época democrática” y también lo acusó de llevar la economía del país a su deterioro. Para Arce, Morales es su “principal opositor” y sus partidarios lo acusan de querer controlar al país. [17]
En octubre de 2023, Luis Arce y David Choquehuanca fueron expulsados del MAS por la directiva afín a Evo Morales, ante su negativa de asistir al congreso que se celebró en Cochabamba. Entonces se definieron con precisión las dos facciones: la “evista” que defiende el liderazgo de Morales, y la “arcista” (o bloque renovador) que no reconoció la expulsión del presidente y de Choquehuanca. [18] El ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, figura del sector arcista, opina que Morales “concibe al MAS desde la persona y no desde las organizaciones sociales”. Por otra parte, desde la facción de Morales, acusan al arcismo de estar cerca de la derecha política, querer apropiarse de una base social que no le pertenece y olvidar los principios revolucionarios del movimiento. [19]
Recientemente, en mayo, los arcistas organizaron un congreso en la ciudad de El Alto, en donde eligieron un nuevo presidente del MAS en lugar de Morales, Grover García, pero el Tribunal Supremo Electoral (TSE) no aprobó dicho cónclave. Por su parte, los evistas intentaron celebrar su congreso en Villa Tunari, en la región de Cochabamba, el bastión político y sindical de Morales, pero el Tribunal tampoco reconoció ese encuentro. Esto ha dejado por lo pronto en suspenso la definición de la candidatura del MAS hacia las elecciones presidenciales de 2025. [20] Ambos grupos han intentado varias veces celebrar congresos nacionales para nombrar una nueva directiva (y cumplir así con la Ley Electoral) y definir un candidato presidencial. [21] Sin embargo, el TSE ha descalificado todas las sesiones e insiste a ambas facciones que celebren “un congreso conjunto” para cumplir con los estatutos del partido.
En septiembre de 2023, Morales anunció su candidatura a la presidencia, en desafío a Arce, quien se espera que busque la reelección. El exmandatario ha reclamado al Gobierno de intentar frenar su postulación y también ha amenazado con que habrá una “convulsión” en Bolivia si es que lo inhabilitan. [22]
El Congreso de Bolivia es bicameral, la Cámara de Diputados se integra por 130 diputadas y diputados, de los cuales el MAS tiene 75 [23] y 24 de ellos son arcistas; mientras que el Senado se integra por 36 parlamentarios [24], 21 pertenecen a la bancada del MAS, de los cuales 7 son arcistas. [25]
El partido también celebró dividido su aniversario 29, con los arcistas en La Paz y los evistas en Santa Cruz. Esta pugna se ha trasladado al Congreso, donde Arce perdió la mayoría debido a la escisión del MAS. El politólogo Fernando Mayorga dice que la fractura provocó que los legisladores cercanos a Morales avanzaran en acuerdos con la oposición para aprobar varias normas, como la suspensión del mandato de los magistrados del órgano Judicial, o bloquear otras, como la aprobación de créditos externos para las finanzas públicas. [26]
Esta situación ha ocasionado que desde el Gobierno se acuse a Morales de provocar un “escenario de crisis estructural” para “acortar” el mandato de Arce. El mandatario incluso ha dicho que es objeto de un “golpe blando” de los seguidores de Morales. Por otra parte, el expresidente, acusa la incapacidad y la corrupción del gobierno [27] y ha dicho que tiene “diferencias ideológicas, programáticas, orgánicas y hasta de ética” con Arce. También ha señalado que no hay oportunidades de que haya un acercamiento con el Gobierno porque este se ha derechizado. [28]
Confrontación con el poder Judicial
Parte de la lucha entre el exmandatario y el presidente pasa por el Poder Judicial, que Evo Morales considera afín a Luis Arce. Bolivia es el único país de América Latina que elige sus altas cortes judiciales [29] por voto popular desde 2009. Es así como se han llevado a cabo dos elecciones, en 2011 y 2017. [30] A finales de 2023 concluyó el periodo de los magistrados, sin embargo, la falta de acuerdos en el MAS (y con la oposición) para definir a los candidatos ha retrasado el proceso electoral del judicial. [31] El Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) también contribuyó a este retraso al declarar inconstitucionales algunas leyes aprobadas por el Parlamento para convocar las elecciones judiciales. Por estas razones, el TCP decidió prorrogar su mandato y el de los demás órganos judiciales para “evitar el vacío de poder”.
A principios de junio, en una sesión conjunta del Senado y la Cámara Baja, legisladores evistas y de oposición aprobaron un proyecto de ley que suspende a los magistrados de las altas cortes judiciales, sin la presencia de los legisladores arcistas. Esta reunión fue convocada por el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, afín a Morales. El TCP consideró que este proceso fue ilegal, ya que el senador no tenía el respaldo para erigirse como presidente de la Asamblea. [32] El Tribunal señaló que la función de la presidencia del Congreso corresponde al vicepresidente del país, David Choquehuanca, quién según Rodríguez, estaba a cargo de la Presidencia interina por un viaje del mandatario del país, Luis Arce. [33]
La norma también ilegaliza todas las sentencias que los magistrados aprobaron en el último año. Una fuente cercana al vicepresidente Choquehuanca declaró que anular dichos fallos sería “caótico” y argumentó que con ello se busca provocar una crisis política y social. Mientras que otros expertos, como el constitucionalista Israel Quino, consideran que la anulación de estos actos jurídicos es necesaria para que el país “vuelva al Estado de Derecho”. [34]
A finales de 2023 el TCP emitió una sentencia anulando la reelección indefinida en el país, lo que inhabilita a Morales para postularse a las elecciones de 2025. Esta resolución anula la de 2017, que permitió al expresidente reelegirse en el cargo ese año. Si el TCP no se renueva, no puede revisarse dicha sentencia.
Los seguidores del expresidente exigen la renuncia de los magistrados de los máximos tribunales ya que alegan que el Poder Judicial “responde a las órdenes del oficialismo”. Por su parte, Evo Morales acusa al Gobierno de boicotear las elecciones judiciales. Tras una serie de bloqueos en carreteras por parte de los seguidores de Morales, el presidente Arce emitió una ley en febrero que busca llevar a cabo las elecciones en septiembre. El Tribunal Supremo Electoral anunció que espera que el Congreso logre emitir la convocatoria. [35]
La situación económica y el descontento social en Bolivia
La economía de Bolivia creció a un ritmo anual de 4.7% del 2005 al 2019. El Gobierno canalizó las ganancias de la exportación del gas natural a programas sociales y a aumentar los salarios que ayudaron a reducir la pobreza en 60% de 2006 a 37.2% en 2019. [36] También surgió una nueva clase media indígena. La producción de gas aumentó tras el decreto de Evo Morales de 2006 de nacionalizar los hidrocarburos. Además, Bolivia tiene las mayores reservas del mundo de litio, con 23 millones de toneladas métricas (TM). Junto con Chile y Argentina estos países conforman el “Triángulo del Litio”, con más de dos tercios de las reservas mundiales. Sin embargo, la producción de este elemento es todavía muy menor en Bolivia (600 toneladas al año), lo que ofrece amplias oportunidades de crecimiento hacia el futuro. [37]
Desde el fin del auge de las materias primas en 2014, Bolivia se apoyó en un gasto público alto y en el crédito interno para mantener el crecimiento económico. Con el tiempo, estas medidas aumentaron la deuda y redujeron las reservas internacionales y el ahorro fiscal acumulado. La pandemia por COVID-19 agravó la situación. Cuando esta terminó, la economía boliviana se recuperó. Sin embargo, el nivel de endeudamiento, la caída de la producción de gas natural y las modestas reservas internacionales han ejercido presión sobre el mercado cambiario, donde ha surgido un tipo de cambio paralelo. [38]
La producción de gas natural pasó de 56.6 millones de metros cúbicos diarios (Mmcd) en 2016, con una renta petrolera de 1755 millones de dólares, a 31.9 Mmcd en 2023, con un ingreso de 2048 millones de dólares, según información oficial. Bolivia registra una baja producción en los campos petroleros y gasíferos, por lo que debe importar gasolina y diésel, que luego se venden a precios subsidiados en el mercado interno, un gasto que cada vez es más difícil de sostener. [39]
Como resultado de la disminución de la producción del gas natural, bajó el monto de dólares que llegan al país”, señala el economista Jaime Dunn. Según los informes del Banco Central, las reservas internacionales pasaron de 15,122 millones de dólares en 2014 a 1796 millones en abril de 2024 [40], que se atribuyen al descenso de ingresos por las ventas de gas a Brasil y Argentina y a la falta de aprobación en el Congreso de créditos nuevos. [41] Los precios de los productos básicos también han aumentado. Desde hace meses se han observado largas filas de personas que intentan conseguir dólares y también la ampliación de un mercado paralelo de esta divisa.
La escasez del dólar ha repercutido en los sectores importadores y exportadores. El producto más afectado ha sido el combustible que se compra en el exterior. Bolivia impuso hace más de 15 años un subsidio a la gasolina y diésel. Ahora, advierten los especialistas, el país no tiene dólares para adquirirlos. Esto es un problema porque Bolivia importa el 56% de la gasolina y el 86% del diésel que consume. El mandatario boliviano, Luis Arce, ha reconocido que la situación es “patética”. Según él, se debe a la “falta de una política hidrocarburífera clara en el país” durante los últimos años. [42] Para paliar la situación, ordenó la militarización del sistema de provisión de combustibles, con el objetivo de evitar el contrabando a los países vecinos del diésel subsidiado. [43]
Esta combinación de escasez de combustible y divisas ha alentado manifestaciones de comerciantes y transportistas en distintas ciudades del país. Varios sectores han tomado las calles para pedir una solución al alza de los costos de los productos de primera necesidad. [44] En el 2023 hubo casi 200 días de bloqueos. Para intentar resolver la situación, en febrero pasado, el ministro de Economía, Marcelo Montenegro, anunció una serie de reformas económicas como la relajación de las restricciones a las exportaciones y la creación de una subasta de diésel para los grandes productores. Al momento todavía parece que estas medidas son insuficientes. La tensión generada por la situación también ha afectado la popularidad de Arce, quien ha bajado en aprobación, según las encuestas, [45] hasta un 18%. [46] Algunas convocatorias a las protestas sociales se atribuyen a los simpatizantes de Evo Morales, aunque estos sectores lo niegan. [47]
Para agravar estos problemas, el país ha experimentado sequías y altas temperaturas, lo que ha dañado la producción agrícola y provocado incendios forestales en la Amazonia boliviana. El lago Titicaca, entre otras masas de agua, ha descendido a niveles mínimos históricos. Los habitantes del barrio de El Alto, en las alturas de La Paz, sólo reciben agua esporádicamente durante el día. [48]
Reacciones después del intento de golpe de Estado
En este contexto de pugnas políticas y deterioro económico, el 26 de junio pasado se reportó que hubo un intento de golpe de Estado bajo el liderazgo del general Juan José Zúñiga, que fue destituido y está en prisión. [49] El ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, dijo que la insurrección había sido planificada durante tres semanas. El funcionario indicó que la acción dejó 12 heridos por arma de fuego y condujo a la detención de unos 20 militares y civiles. También ya se nombró a un nuevo alto mando militar. Del Castillo recalcó que aunque el Gobierno había recibido información sobre intentos previos de desestabilización y “golpes de Estado blandos”, ninguno había alcanzado la magnitud de los eventos reportados. [50]
Analistas consideran que Zúñiga parece ser un general descontento y sin mayor apoyo. [51] Según varios reportes periodísticos, se percibía como el “general del pueblo”. [52] Fue nombrado comandante general del Ejército en noviembre de 2022 y ratificado en enero de este año por el presidente. Antes de eso, ocupó el puesto de jefe del Estado Mayor. Según el diario boliviano El Deber, Zúñiga era el militar más cercano a Arce y estaba enemistado con el expresidente Evo Morales. [53] De acuerdo con registros del Ejército, en 2020, Zúñiga ocupaba el puesto 48 de 65 oficiales de la promoción 1990.
El Deber señala que Zúñiga tiene amplia cercanía con sectores mineros y sindicales. Sin embargo, en su trayectoria ha enfrentado acusaciones de desvío de fondos públicos, por lo que fue sancionado. En 2022, Zúñiga fue mencionado por Evo Morales como el líder de un grupo del Ejército que ejercía una “persecución permanente” en contra de dirigentes políticos como él. Esta facción de élite, conocida como los “Pachajchos”, hacían labores de inteligencia militar, [54] tenían influencia al momento de designar destinos de oficiales y su actuación era importante en el combate contra el contrabando. [55]
Tras la breve insurrección se prevé que la fractura entre el expresidente Evo Morales y el mandatario Luis Arce se profundice. Por una parte, la versión del Gobierno asegura haber sofocado en menos de cuatro horas y con éxito un intento de golpe militar. El coronel retirado de las fuerzas armadas, Jorge Santistevan, calificó a Zúñiga de ser un principiante y de encabezar un levantamiento sin consentimiento de los militares, con táctica improvisada y discurso vacío. “Esto fue una aventura, no un golpe”, afirmó el analista Omar Durán. [56]
Por otra parte, Evo Morales y sectores opositores definen lo ocurrido como “un autogolpe”, “un espectáculo político”, “una aventura” o “una parodia” de Luis Arce Catacora, acordado con el general Zúñiga y sus adeptos, para victimizar al presidente y levantar su popularidad. [57] Esta versión es consistente con lo que declaró Zúñiga cuando lo detuvieron. En varias publicaciones en la red social “X”, Morales ha comentado sobre la situación. Criticó la actuación del presidente, pidió una investigación a fondo de lo ocurrido e, incluso, pidió disculpas a la comunidad internacional por pedir su apoyo ante el aparente golpe” (cuya narrativa retomó después Argentina). [58]
Adicionalmente, el senador evista, Luis Adolfo Flores, argumentó, por ejemplo, que no hubo acción policial para impedir la toma de la plaza, y destacó la “inacción” del ministro de Defensa, Edmundo Novillo. Otro miembro de la Cámara Alta, William Torrez, coincidió en que no era un golpe genuino. [59] El presidente del Senado, Rodríguez, publicó en redes que entre los “magistrados autoprorrogados, un supuesto golpe o autogolpe, el pueblo boliviano se hunde en la incertidumbre. Este desorden institucional está llevando al país a una situación de caos y desconfianza”. [60]
Luis Arce dice que en el intento de golpe hay intereses extranjeros que buscan beneficiarse de los recursos naturales que tiene Bolivia. Además, dice que el expresidente Evo Morales está dispuesto a todo, incluso a cuestionar la actuación del gobierno, con tal de ser candidato para las elecciones en el 2025. [61]
Por otra parte, el fallido golpe de Estado en Bolivia podría agravar la actual escasez de dólares en el país andino, dijo el banco de inversión global BancTrust & Co., con sede en Londres. “Aunque el golpe aparentemente fracasó, la crisis dejará secuelas. La inestabilidad política y la debilidad del Gobierno probablemente dificultarán que las autoridades y el sector privado recurran a fuentes alternativas de financiación en divisas fuertes en el futuro, agravando la crisis actual”, dijo BancTrust & Co. en un comentario sobre la situación en Bolivia. [62]
Por otra parte, la fractura entre Arce y su mentor, Evo Morales, debilita a la democracia boliviana, bloquea cualquier estrategia contra la crisis económica, mantiene paralizado al Congreso y abre la puerta a aventuras como las del general Zúñiga. El investigador Armando Ortuño advierte que “el golpe militar fue síntoma del desorden político. Hay un gobierno débil que enfrenta varias crisis”. [63] Ortuño señala que en el corto plazo para enfrentar la crisis política debe haber algún tipo de acuerdo entre Arce y Morales. [64] Jean Pierre Lavaud, sociólogo francés, considera que el gran problema actual responde “la lucha interna en el MAS”. [65] Otro efecto factible de esta fractura es que la oposición gane en las próximas elecciones. [66]
Adicionalmente, el vicepresidente de Evo Morales, Álvaro García Linera, teme que este juego entre los dos líderes fomente la fortaleza de las fuerzas armadas. Será problemático si los partidarios de Morales usan a los militares para debilitar al presidente, en tanto que los evistas los utilizan para contener al exmandatario. García Linera sostiene que la estructura militar siempre tiene una agenda y puede ser riesgosa para la estabilidad nacional.
Aviso legal
El artículo fue realizado y publicado por el Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques del Senado de la República de México (webpage https://centrogilbertobosques.senado.gob.mx/). El análisis e investigación no representan la postura del Senado ni de los senadores que lo integran.
