Alternative energy symbols like light bulb and solar panel on coin stacks showing Climate Change Performance Index success

El éxito del índice de desempeño frente al cambio climático en el desarrollo de inversiones ambientales: países del E-7

Resumen

El cambio climático es considerado uno de los mayores problemas reconocidos a nivel mundial en la actualidad. Por ello, tanto las causas del cambio climático como las posibles soluciones a este problema son objeto de constantes investigaciones. En este contexto, el propósito de este estudio es examinar empíricamente si el “Índice de Desempeño frente al Cambio Climático” (CCPI, por sus siglas en inglés) es exitoso en el aumento de las inversiones ambientales en los países del E-7, utilizando datos correspondientes al período 2008–2023. Para alcanzar este objetivo, se utilizó el estimador de Parks-Kmenta como método econométrico del estudio. Los resultados obtenidos ofrecen evidencia sólida de que un aumento en el desempeño frente al cambio climático impulsa las inversiones ambientales. Un alto desempeño climático orienta a gobiernos e inversores a dirigir sus recursos hacia este ámbito; en consecuencia, tienden a aumentar las inversiones ambientales. El estudio también analizó los efectos del crecimiento poblacional, el PIB real y la inflación sobre las inversiones ambientales. En este sentido, se concluyó que el crecimiento poblacional y la inflación afectan negativamente las inversiones ambientales, mientras que el PIB las impacta de forma positiva.

1. Introducción

Existe un amplio consenso en que la principal causa del cambio climático son las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano, provenientes del uso de combustibles no renovables (es decir, fósiles) y de un uso inadecuado del suelo. En consecuencia, el cambio climático puede tener serias consecuencias negativas, además de importantes impactos macroeconómicos. Por ejemplo, la tendencia al alza de las temperaturas, el aumento del nivel del mar y las condiciones meteorológicas extremas pueden afectar gravemente la producción y la productividad (FMI, 2008a; Eyraud et al., 2013). Debido al cambio climático global, muchos países ven hoy en día las inversiones ambientales — especialmente las inversiones en energías renovables — como una parte importante de sus estrategias de crecimiento. Hasta hace algunos años, la principal prioridad de muchos países era mejorar sus cifras de crecimiento económico. Sin embargo, el cambio climático global y la aparición de numerosos problemas relacionados están llevando a los países a implementar políticas más sensibles con el medio ambiente, que promuevan un crecimiento sostenible más allá del mero incremento en las cifras de crecimiento (Baştürk, 2024: 327). Esta orientación hacia nuevas políticas ha impulsado un aumento de las inversiones ambientales a nivel global.

El crecimiento relativo de la participación de las inversiones ambientales en el mundo no es únicamente un objetivo climático de mediano plazo. También incorpora nuevos conceptos a la agenda, como el fortalecimiento de la seguridad energética, la reducción del impacto negativo de la contaminación del aire en la salud y la posibilidad de encontrar nuevas fuentes de crecimiento (Accenture, 2011; McKinsey, 2009; OECD, 2011; PriceWaterhouseCoopers, 2008; Eyraud et al., 2013). Actualmente, las inversiones ambientales tienen una participación significativa en la producción de energía y electricidad. Según el World Energy Outlook (2023), las inversiones en energías limpias han aumentado aproximadamente un 40% desde 2020. El esfuerzo por reducir las emisiones es la razón principal de este aumento, pero no es la única. También existen razones económicas de peso para optar por tecnologías de energía ambiental. Por ejemplo, la seguridad energética es un factor clave en el aumento de estas inversiones. En especial, en países importadores de combustible, los planes industriales y la necesidad de distribuir empleos en energía limpia (es decir, renovable) en todo el país son factores determinantes (IEA WEO, 2023).

En la literatura económica, las inversiones ambientales suelen representarse mediante las inversiones en energías renovables. En este sentido, la Figura 1 presenta la producción global de electricidad a partir de energías renovables durante el período 2000–2020. De acuerdo con los datos obtenidos de IRENA (2024) y la Figura 1, la producción total de electricidad ha aumentado aproximadamente un 2.4% desde 2011, con las fuentes de energía renovable contribuyendo con un 6.1% a esta tasa, mientras que las fuentes no renovables aportaron un 1.3%. Tan solo en 2022, la electricidad renovable creció un 7.2% en comparación a 2021. La energía solar y eólica han sido las que más han contribuido al crecimiento de la electricidad renovable desde 2010, alcanzando un 11.7% de la matriz eléctrica global en 2022.

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La Figura 2 muestra las inversiones en energías renovables por tecnología entre 2013 y 2022. Como se observa en la Figura 2, las categorías de energía solar fotovoltaica y eólica terrestre dominan, representando el 46 % y el 32 % de la inversión global en energías renovables, respectivamente, durante el período 2013–2022.
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El crecimiento económico respaldado por inversiones ambientales está influenciado por el tipo y la cantidad de energía utilizada para aumentar la producción nacional. Por lo tanto, tanto la sostenibilidad ambiental de la energía empleada como el aumento de la eficiencia energética están directamente relacionados con la reducción de emisiones de carbono asociadas al consumo energético, y al mismo tiempo fomentan el crecimiento económico (Hussain y Dogan, 2021). En este contexto, para minimizar las emisiones y garantizar un crecimiento económico sostenible, deben utilizarse fuentes de energía renovable en lugar de recursos fósiles.

El aumento de las inversiones ambientales a escala global, en especial el impulso en las inversiones en energías renovables, es considerado una solución más integral al equilibrio actual entre crecimiento-desarrollo global y la degradación ambiental. En este sentido, como resultado de la última Conferencia de las Partes celebrada en París, conocida como COP21, se planteó la necesidad de alcanzar un acuerdo que cubriera el periodo posterior a 2020, año considerado como el fin del Protocolo de Kioto. El 12 de diciembre de 2015, el Acuerdo de París fue adoptado por unanimidad por los países parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Kaya, 2020). A raíz del Acuerdo de París y de los informes publicados por los Paneles Intergubernamentales sobre Cambio Climático, se intensificaron los esfuerzos internacionales para adaptarse a la lucha contra el cambio climático y el calentamiento global, generando mayor conciencia en esta área (Irfan et al., 2021; Feng et al., 2022; Anser et al., 2020; Zhang et al., 2021; Huang et al., 2021; Fang, 2023). El aumento en la demanda de fuentes de energía bajas en carbono dentro de las economías ha sido impulsado por inversiones ambientales, como las inversiones en energía renovable. Los países firmantes del Acuerdo de París se comprometen a lograr sistemas energéticos eficientes mediante la expansión de tecnologías de energía renovable en todo su territorio (Bashir et al., 2021; Fang, 2023).

Este estudio examina empíricamente el impacto del desempeño frente al cambio climático en el aumento de las inversiones ambientales para los países del E-7. El desempeño frente al cambio climático se expresa mediante el “Índice de Desempeño frente al Cambio Climático” (CCPI, por sus siglas en inglés), desarrollado por la organización alemana de medio ambiente y desarrollo ‘Germanwatch’. Este índice evalúa anualmente el desempeño en materia de protección climática de 63 países — tanto desarrollados como en desarrollo — y de la Unión Europea, y compara sus datos. En este marco, el CCPI busca aumentar la transparencia en las políticas y prácticas climáticas internacionales, y permite comparar el progreso alcanzado por diversos países en su lucha contra el cambio climático. El CCPI evalúa el desempeño de cada país en cuatro categorías principales: emisiones de gases de efecto invernadero (40% del puntaje total), energías renovables (20%), uso de energía (20%) y política climática (20%). Para calcular este índice, cada una de las categorías de emisiones, energías renovables y uso de energía se mide mediante cuatro indicadores: nivel actual, tendencia pasada, cumplimiento actual con el objetivo de mantener el aumento por debajo de los 2°C y cumplimiento de los países con la meta del 2030 para mantenerse por debajo de los 2°C. La categoría de política climática se evalúa anualmente mediante una encuesta exhaustiva que abarca dos dimensiones: política climática nacional y política climática internacional (https://ccpi.org/methodology/).

La Figura 3 muestra el mapa mundial con los resultados totales de los países evaluados en el CCPI 2025 y su desempeño general, incluyendo las cuatro categorías principales descritas anteriormente.
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Como se puede observar en la Figura 3, ningún país parece lo suficientemente fuerte como para obtener una puntuación “muy alta” en todas las categorías. Además, aunque Dinamarca sigue siendo el país mejor posicionado en el índice, aún no alcanza el rendimiento necesario para recibir una puntuación general de “muy alta”. Por otro lado, India, Alemania, la Unión Europea y los países/regiones del G20 estarán entre los de mejor desempeño en el índice de 2024. En contraste, Canadá, Corea del Sur y Arabia Saudita figuran como los países con peor desempeño dentro del G20. Asimismo, puede decirse que Turquía, Polonia, Estados Unidos y Japón se encuentran entre los países con peor desempeño en la clasificación general.

El Índice de Desempeño frente al Cambio Climático es un criterio importante porque indica si el cambio y el progreso en la lucha contra el cambio climático se están produciendo de manera significativa en todos los países. Este índice resulta útil para responder diversas preguntas clave sobre los países evaluados, tales como:

• ¿En qué etapa se encuentran los países dentro de las categorías evaluadas por el índice?
• ¿Qué políticas deberían adoptar los países después de conocer su situación en cada categoría?
• ¿Qué países están dando el ejemplo en la lucha real contra el cambio climático?

Estas preguntas constituyen también la motivación de este estudio. El grupo de muestra se seleccionó entre los países E-7, también conocidos como economías emergentes, los cuales incluyen a Turquía, China, India, Rusia, Brasil, México e Indonesia. La elección de estos países se basa en que atraviesan un proceso de desarrollo y transformación acelerado, y se considera que jugarán un papel influyente en el futuro debido a su creciente participación en el comercio mundial, sus enormes poblaciones y sus avances tecnológicos.

Además, al revisar la literatura relevante, se observa que existen pocos estudios que aborden empíricamente la clasificación relativa del desempeño frente al cambio climático. En particular, casi no hay investigaciones que evalúen el índice de desempeño climático para el grupo de muestra seleccionado. Por esta razón, se considera que este estudio será de gran importancia para llenar ese vacío en la literatura.

La siguiente sección de este trabajo, cuyo objetivo es examinar empíricamente si el desempeño frente al cambio climático influye en el desarrollo de inversiones ambientales en los países E-7, incluye una revisión de literatura nacional e internacional seleccionada sobre el tema. Posteriormente, se presenta el modelo del estudio y las variables elegidas. Luego, se comparten los hallazgos obtenidos y el estudio concluye con una discusión y propuestas de política.

2. Revisión de la literatura

2.1. Estudios sobre inversión ambiental

El uso excesivo de fuentes de energía basadas en combustibles fósiles, consideradas no renovables y contaminantes, junto con el proceso de industrialización, constituye una gran parte de las emisiones de carbono y se considera la principal causa del cambio climático. Por ello, los países han comenzado a invertir en energías renovables con el objetivo de minimizar los efectos del cambio climático y el calentamiento global, mediante la adopción de tecnologías consideradas más limpias y amigables con el medio ambiente.

Se estima que las inversiones energéticas globales superen los 3 billones de dólares estadounidenses para finales de 2024, de los cuales 2 billones se destinarán a tecnologías e infraestructura energéticas limpias y sostenibles. La inversión en energía amigable con el medio ambiente ha ganado impulso desde 2020, y el gasto total en energías renovables, redes y almacenamiento ya representa una cifra mayor que la inversión total en petróleo, gas y carbón (IEA, 2024).

Al revisar la literatura sobre economía de la energía, dado que las inversiones ambientales suelen estar representadas principalmente por inversiones en energías renovables, esta sección abordará estudios sobre inversiones en energías renovables y campos relacionados. Uno de los estudios más relevantes en esta área es el trabajo de Eyraud et al. (2013). En su estudio, los autores analizaron los determinantes de las inversiones ambientales y verdes (limpias) en 35 países desarrollados y en desarrollo. Según sus resultados, las inversiones ambientales se han convertido en la principal fuerza impulsora del sector energético, y China ha liderado este crecimiento en años recientes. Además, en términos econométricos, se concluyó que las inversiones ambientales están respaldadas por el crecimiento económico, un sistema financiero sólido que favorece tasas de interés bajas y precios altos del combustible.

Fang (2023) examinó la relación entre las inversiones en el sector de energías renovables, el índice de complejidad económica, la innovación tecnológica verde, el crecimiento de la estructura industrial y las emisiones de carbono en 32 provincias de China durante el periodo 2005–2019 utilizando el método GMM. Según los resultados, el índice de complejidad económica genera un aumento en los niveles de dióxido de carbono en China. En cambio, tanto el cuadrado del índice de complejidad económica, como las inversiones en energías limpias, la innovación técnica verde y la estructura industrial ayudan a reducir las emisiones de CO₂.

Otro estudio importante es el de Masini y Menichetti (2013), quienes analizaron los factores no financieros que influyen en las inversiones en energías renovables. Los resultados muestran que el conocimiento y la confianza en la competencia tecnológica impactan positivamente dichas inversiones. Además, la confianza en las medidas políticas solo influye en las inversiones en energía fotovoltaica (PV) e hidroeléctrica, mientras que la presión institucional tiene un impacto negativo. Finalmente, el estudio concluye que los inversores con experiencia tienen mayor disposición a financiar innovaciones en energía renovable.

Uno de los estudios clave sobre inversiones en energía renovable es el de Ozorhon et al. (2018). Con el fin de apoyar y facilitar el proceso de toma de decisiones en este tipo de inversiones, los autores identificaron los principales criterios que afectan las decisiones de los inversionistas mediante la revisión de la literatura y el análisis de prácticas sectoriales. Según los hallazgos, los criterios económicos — como políticas y regulaciones, disponibilidad de fondos y costos de inversión — son los factores más importantes en el proceso de decisión.

Por su parte, Xu et al. (2024) analizaron la relación entre las inversiones en energías renovables y el desarrollo de éstas mediante un análisis de valor umbral para China. De acuerdo con los resultados, el impacto de la inversión en energías limpias sobre el desarrollo de energías renovables presenta un valor umbral significativo, y la relación general entre ambas es de tipo no lineal en forma de “V”. En este punto, el estudio sugiere que el Estado debe continuar invirtiendo en el segmento de energías limpias, aumentar la capacidad financiera y garantizar una infraestructura financiera eficiente para el desarrollo de estas tecnologías en China.

2.2. Estudios sobre el cambio climático y su impacto en variables económicas

El uso generalizado de fuentes de energía basadas en combustibles fósiles, consideradas energías sucias, sigue generando una externalidad negativa en forma de emisiones de carbono, a pesar de las políticas implementadas a nivel global como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París (Rezai et al., 2021). La literatura económica sobre el cambio climático se enfoca particularmente en los efectos adversos que este fenómeno tiene sobre la economía. Uno de los estudios relevantes en esta área es el de Fan et al. (2019), quienes analizaron el impacto del cambio climático en el sector energético en 30 provincias de China, utilizando un modelo de regresión con efectos fijos. Como resultado, se encontró que los días con temperaturas altas y bajas afectan positivamente la demanda de electricidad.

Por otro lado, Singh et al. (2022) examinaron los efectos del cambio climático sobre la sostenibilidad agrícola en la India, con datos del periodo 1990–2017. El estudio concluyó que el sector agrícola indio se ha visto negativamente afectado por el cambio climático. En este sentido, se señala que India necesita adoptar políticas climáticas sólidas para reducir estos efectos adversos y fomentar el desarrollo agrícola sostenible.

Otro estudio importante es el de Gallego-Álvarez et al. (2013), que investigó cómo el cambio climático afecta el desempeño financiero utilizando una muestra de 855 empresas internacionales que operan en sectores con altas emisiones de gases de efecto invernadero/CO₂, durante el periodo 2006–2009. Los resultados revelan que la relación entre el desempeño ambiental y financiero es más fuerte en tiempos de crisis económica desencadenada por una crisis climática. Es decir, las empresas deberían seguir invirtiendo en proyectos sostenibles para alcanzar mayores beneficios.

Kahn et al. (2021) estudiaron el impacto macroeconómico a largo plazo del cambio climático, utilizando un panel de datos de 174 países entre 1960 y 2014. Según los hallazgos, el producto per cápita se ve negativamente afectado por los cambios en la temperatura, pero no se observa un efecto estadísticamente significativo por los cambios en la precipitación. Además, los efectos de los choques de temperatura varían según los grupos de ingreso.

Alagidede et al. (2015) analizaron el efecto del cambio climático sobre el crecimiento económico sostenible en el África Subsahariana. Su estudio indicó que la relación entre el PIB real y el cambio climático no es lineal. Por su parte, Milliner y Dietz (2011) investigaron las consecuencias económicas de largo plazo del cambio climático; concluyeron que a medida que una economía se desarrolla, los sectores más sensibles al clima, como la agricultura, se vuelven más resilientes y menos dependientes.

Dell et al. (2008) examinaron el efecto del cambio climático sobre la actividad económica. Sus principales resultados muestran que un aumento en la temperatura disminuye significativamente el crecimiento económico en los países de bajos ingresos. En cambio, dicho aumento no afecta al crecimiento económico en países de altos ingresos.

En cuanto al efecto del cambio climático en la economía, también es fundamental el estudio de Zhou et al. (2023), que revisa la literatura sobre los efectos de los riesgos climáticos en el sector financiero. Según los estudios analizados, los desastres naturales y el cambio climático reducen la estabilidad bancaria, la oferta de crédito, los rendimientos en los mercados de acciones y bonos, y las entradas de inversión extranjera directa.

En Sri Lanka, Abeysekara et al. (2023) desarrollaron un estudio utilizando el modelo de equilibrio general ORANI-G-SL para analizar los impactos económicos del cambio climático sobre la producción agrícola. Los resultados indican que la reducción en la producción de diversos productos agrícolas conducirá a un aumento en los precios al consumidor, lo que provocará una disminución en el consumo total de los hogares. La caída proyectada en la producción de cultivos y el aumento en los precios de los alimentos incrementan el riesgo de la inseguridad alimentaria.

Otro documento relevante en esta área es el de Caruso et al. (2024), que examina la relación entre el cambio climático y el capital humano. Los hallazgos revelan un doble efecto: los daños del cambio climático tienen un impacto directo sobre la salud, la nutrición y el bienestar, mientras que los cambios en los mercados y los daños a la infraestructura generan efectos indirectos.

Además de estos estudios, la incertidumbre en torno a las políticas climáticas también influye en variables económicas. Investigaciones recientes han enriquecido la literatura sobre este aspecto. Por ejemplo, Çelik y Özarslan Doğan (2024) analizaron los efectos de la incertidumbre en las políticas climáticas sobre el crecimiento económico en EE. UU., utilizando la prueba de límites ARDL. Sus resultados confirmaron la existencia de una relación positiva y estadísticamente significativa entre la incertidumbre política climática y el crecimiento económico en Estados Unidos.

3. Especificación del modelo

Este estudio examina empíricamente si el Índice de Desempeño frente al Cambio Climático (CCPI) contribuye efectivamente al desarrollo de las inversiones ambientales en los países del E-7. Para más detalles relacionados con el modelo matemático en específico, consultar https://doi.org/10.15388/Ekon.2025.104.2.6

4. Conclusión y recomendaciones de política

Actualmente, muchas iniciativas tanto nacionales como internacionales se encuentran dentro del marco de la lucha contra el calentamiento global y el cambio climático. Además, numerosos países desarrollados y en desarrollo están redefiniendo sus políticas de crecimiento y desarrollo con el objetivo de prevenir estos desastres. Aunque estas políticas varían de un país a otro y entre regiones, en su mayoría apuntan a reducir las emisiones de carbono y garantizar la eficiencia energética. En este contexto, las inversiones en energías renovables, que representan inversiones ambientalmente sostenibles, constituyen el factor clave. Sin embargo, según Abban y Hasan (2021), el volumen de inversiones amigables con el medio ambiente no es el mismo en todos los países. Esto se debe a que los determinantes de estas inversiones varían de acuerdo con las condiciones de cada nación. Mientras que en algunos países los factores financieros y económicos incentivan más estas inversiones, en otros, las sanciones internacionales actúan como fuerza impulsora.

Este estudio tiene como objetivo analizar empíricamente si el CCPI ha sido efectivo en el éxito de las inversiones ambientales en los países del E-7 durante el período 2008–2023, utilizando el estimador de Parks-Kmenta. En esta línea, la variable dependiente del estudio son las inversiones ambientales, representadas por las inversiones en energías renovables. Por su parte, el desempeño frente al cambio climático está representado por el “Índice de Desempeño frente al Cambio Climático” calculado por ‘Germanwatch’, el cual constituye la principal variable independiente del estudio. Las demás variables de control consideradas son el crecimiento poblacional, el PIB real per cápita y la inflación.

Los hallazgos del estudio ofrecen evidencia sólida de que un mayor desempeño frente al cambio climático impulsa las inversiones ambientales. Un alto nivel de desempeño climático orienta a gobiernos e inversores a destinar recursos a este sector, por lo tanto, las inversiones ambientales tienden a aumentar. Estos resultados son consistentes con los hallazgos de Raza et al. (2021), quienes afirman que el desempeño climático es un canal clave para el cambio ambiental general, y que la energía renovable juega un papel fundamental en este proceso.

Además, el estudio concluye que el crecimiento poblacional y la inflación afectan negativamente a las inversiones ambientales. Estos resultados son coherentes con los hallazgos de Suhrab et al. (2023), pero no coinciden con los de Yang et al. (2016). Mientras que Suhrab et al. (2023) obtuvieron resultados sobre los efectos negativos de la inflación en las inversiones verdes, Yang et al. (2016) se centraron en el efecto positivo de la población sobre la energía renovable. Finalmente, se encontró que el efecto del PIB real per cápita sobre las inversiones ambientales es positivo. Estos resultados también son consistentes con los de Tudor y Sova (2021), quienes concluyeron que el PIB real impulsa las inversiones verdes.

Este estudio ofrece a los responsables de política pública una serie de recomendaciones. Éstas se presentan a continuación:

• Uno de los factores importantes que afectan el desempeño frente al cambio climático es aumentar la conciencia de la población en estos países y brindarles el conocimiento necesario para que puedan exigir energía limpia. De esta forma, los consumidores demandarían energías ambientales y los inversores destinarían más recursos a este ámbito. Esto es clave para incrementar las inversiones ambientales.
• El desempeño frente al cambio climático también refleja el nivel de transparencia de las políticas energéticas implementadas por los países. Por tanto, mientras más alcanzables y claras sean las metas planteadas por los responsables de las políticas, mayor será el desempeño climático, lo que a su vez fortalecerá las inversiones ambientales.
• Por otra parte, los costos iniciales de instalación representan uno de los principales obstáculos para el desarrollo de las inversiones ambientales. En este sentido, los países deben crear mecanismos de apoyo que incentiven a los inversores a apostar por este tipo de proyectos.
• Las inversiones ambientales, al igual que otros tipos de inversiones físicas, están fuertemente influenciadas por los indicadores macroeconómicos de cada país. Por ello, una política económica estable y con visión de futuro fomentará el aumento de este tipo de inversiones. Los países del grupo de muestra representan economías en desarrollo, y en muchos de ellos, las tasas de ahorro interno son insuficientes para financiar inversiones. En este contexto, se requiere un sistema financiero que conecte eficientemente a quienes ofrecen fondos con quienes los demandan. Además, se debe fomentar el uso más amplio de instrumentos financieros nuevos y diversos para reunir el capital necesario destinado a las inversiones ambientales.

Referencias

Revista Política Internacional | Volumen VII Nro. 2 abril-junio de 2025. https://doi.org/10.5281/zenodo.15103813

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First published in: Vilnius University Press. | Ekonomika 2025, Vol. 104(2), pp. 95 -110 Original Source
Başak Özarslan Doğan

Başak Özarslan Doğan

Universidad Gelisim de Estambul, Facultad de Ciencias Económicas, Administrativas y Sociales, Departamento de Comercio Internacional y Negocios, Estambul-Turquía

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