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Entre la guerra y el acuerdo con Líbano: el conflicto de la frontera terrestre

Demarcar la frontera terrestre entre Israel y Líbano es un paso importante y necesario, pero ¿es correcto hacerlo bajo fuego? En este documento, investigadores del INSS dan una respuesta a esta pregunta y detallan los antecedentes y puntos de desacuerdo entre ambos países sobre esta cuestión.

En el marco de los esfuerzos liderados por Estados Unidos para poner fin por medios diplomáticos a los combates que desde hace casi cinco meses enfrentan a Israel y Hezbolá, también figuraba en la agenda la necesidad de demarcar una frontera adecuada entre Israel y Líbano. El gobierno libanés está ansioso por incluir la demarcación de fronteras en cualquier acuerdo de alto al fuego y ha adoptado la misma política al respecto que Hezbolá, vinculando el fin de los combates con el cese de las operaciones israelíes en la Franja de Gaza y presentando un enfoque maximalista y duro respecto a la demarcación de fronteras. Es probable que las negociaciones sobre la frontera terrestre entre ambos países sean exhaustivas debido a la complejidad de la cuestión y a las grandes diferencias entre ambas partes. Por lo tanto, sería un error llevarlas a cabo bajo fuego. Al mismo tiempo, como parte de un acuerdo para poner fin al conflicto, es factible incluir un acuerdo sobre el establecimiento de un mecanismo para debatir la cuestión en la siguiente fase, una vez que se hayan calmado los combates en la frontera entre Israel y Líbano.

Estados Unidos, cada vez más preocupado por la posibilidad de que los combates entre Israel y Hezbolá se intensifiquen y se conviertan en una guerra total, está trabajando para impulsar una iniciativa diplomática que conduzca a un alto al fuego. Francia y más recientemente el Reino Unido y Alemania, se han unido a los estadounidenses en este esfuerzo. Los estadounidenses han encomendado la tarea al asesor cercano del presidente Joe Biden, Amos Hochstein, quien logró con éxito el acuerdo marítimo entre Israel y Líbano, firmado en octubre de 2022. A instancias de los libaneses, Hochstein ha intentado a lo largo del último año recrear este éxito y conseguir que las partes acuerden una frontera terrestre permanente. Hasta ahora, no ha tenido éxito. Recientemente, Beirut volvió a plantear la cuestión de la demarcación de la frontera terrestre entre Israel y Líbano en el marco de los esfuerzos por garantizar un alto al fuego entre las FDI y Hezbolá, que han mantenido combates limitados a lo largo de la frontera norte de Israel desde que Hezbolá inició el conflicto el 8 de octubre. Los combates continúan desde entonces, en paralelo a la guerra de Gaza.

En sus discusiones con funcionarios estadounidenses, el primer ministro libanés, Najib Mikati, y su ministro de asuntos exteriores, Abdallah Bou Habib, se han mostrado satisfechos por la voluntad de la administración Biden de ayudar a negociar un alto al fuego y restablecer la tranquilidad en el sur de Líbano. Dicen estar comprometidos con una solución diplomática y con las decisiones internacionales, haciendo hincapié en la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU. Al mismo tiempo, han adoptado una postura inflexible y se han visto obligados a seguir la línea de Hezbolá. Lo han hecho no sólo en cuanto a vincular el fin de los combates en la frontera libanesa con el cese de las operaciones de las FDI en la Franja de Gaza, sino también en cuanto a sus exigencias a la hora de demarcar la frontera terrestre. Su postura inicial es intransigente. En sus reuniones diplomáticas y en las entrevistas que han concedido a los medios de comunicación, tanto Mikati como Habib han planteado la exigencia de que Israel se retire de cada centímetro de territorio libanés y, al mismo tiempo, hablan de la frontera de la Era del Mandato, adoptada como parte de los Acuerdos de Armisticio de 1949, como punto de referencia en lugar de la Línea Azul, la línea de retiro identificada en 2000 por las Naciones Unidas, sin prejuicio de cualquier futuro acuerdo fronterizo. Los informes de los medios de comunicación israelíes y libaneses sugieren que la cuestión también se planteó durante las recientes visitas de Hochstein a Israel (el 4 de enero y de nuevo el 4 de febrero) y a Beirut (el 11 de enero), pero por el momento, Hezbolá y, a su vez, el gobierno libanés se mantienen firmes en que no buscarán una vía diplomática mientras continúe la guerra en Gaza.

Hitos en la demarcación de la frontera entre Israel y Líbano

La frontera entre Israel y Líbano, de unos 120 kilómetros de longitud [1], fue demarcada hace más de un siglo en el marco del Acuerdo Franco-Británico sobre Fronteras Obligatorias que se firmó en Paris en diciembre de 1920. En ese acuerdo, las dos superpotencias europeas se repartieron el territorio del Imperio Otomano y acordaron las fronteras entre Líbano y Siria (el lector debe comprender que no se trataba de Líbano y Siria específicamente, sino entre el territorio de ambos y Palestina), que estaban bajo el mandato francés, y Palestina, que estaba bajo el control británico, abarcando desde el Mar Mediterráneo hasta Hama (que ahora conforma el triángulo fronterizo entre Israel, Siria y Jordania). El acuerdo dibujó el trazado general de la frontera, y las partes acordaron crear una comisión conjunta para demarcar el trazado exacto de la frontera. La comisión estaba dirigida por dos oficiales: el teniente coronel francés Paulet y el teniente coronel británico Newcombe. La comisión demarcó la frontera y, en marzo de 1923, ambos países aprobaron el acuerdo final. Fue ratificado en 1935 por la Sociedad de Naciones. El sistema utilizado por la comisión para demarcar la frontera – un proceso que duró un año entero y que dejó tras de sí una meticulosa documentación del trabajo – era anticuado y problemático; provocando enormes incoherencias en la frontera. La frontera que trazaron no correspondía totalmente con la acordada en Paris en 1920, pero se marcó sobre el terreno utilizando montones de piedras. Con el tiempo, estas pilas fueron eventualmente sustituidas por 71 postes conocidos como pilares fronterizos (BP, por sus siglas en inglés), de los cuales 38 se colocaron a lo largo de la frontera entre Israel y Líbano. Cabe señalar que la mayoría de estos BPs desaparecieron o fueron destruidos, lo que dificultó la demarcación posterior.

Durante todo el periodo del Mandato francés, hasta la independencia de Israel y Líbano, la frontera trazada por la comisión fue reconocida como frontera internacional. También fue la frontera que se utilizó para el Acuerdo de Armisticio de marzo de 1949 entre Israel y Líbano. Ese acuerdo, que los libaneses citan hoy como punto de referencia para demarcación, no era una demarcación detallada de la frontera. Más bien, el acuerdo se limitaba a establecer que la “línea de armisticio discurría a lo largo de la frontera internacional”. En otras palabras, a lo largo de la frontera trazada por las dos potencias mandatarias y aprobada en 1923. [2]

Tras la retirada de las IDF de Líbano en mayo de 2000 y como parte de la aplicación de la Resolución 425 del Consejo de Seguridad (de 1978), las Naciones Unidas intentaron demarcar la línea de retirada de las IDF utilizando un equipo de sus propios cartógrafos. Dibujaron lo que se conoció como la Línea Azul, que se desvía en varios puntos de la frontera de la época del Mandato, y se basaron en datos cartográficos y en la interpretación de éstos por parte de los miembros del equipo. Tanto Israel como Líbano aceptaron la Línea Azul como la línea hasta la cual se retirarían las fuerzas de las IDF del sur de Líbano, pero Líbano presentó reservas que se convirtieron en puntos de controversia entre las partes. El planteamiento de la ONU consiste en reconocer una línea fronteriza sobre la que ambas partes estén de acuerdo, aunque es dudoso que Líbano acepte la Línea Azul como base y probablemente insista en la línea de 1949.

Tras la Segunda Guerra del Líbano de 2006, Israel y Líbano acordaron demarcar físicamente la Línea Azul sobre el terreno, y para ello se formó un comité profesional. Este comité determinó la ubicación exacta de 470 puntos de referencia a lo largo de la Línea Azul, unos cuatro puntos por cada kilómetro. El objetivo de marcar la frontera con barriles azules era dejarla clara para la población local, el personal militar y las Naciones Unidas, y evitar cualquier cruce o violación involuntaria de la Línea Azul. Sin embargo, hasta ahora sólo se han colocado barriles en aproximadamente la mitad de los puntos de referencias (más de 270). Cada uno de ellos se colocó después de que Líbano e Israel hubieran examinado su posición exacta y dieran su aprobación.

Puntos de disputa entre Israel y Líbano a lo largo de la región fronteriza.

Tras el trazado y la demarcación de la Línea Azul, Líbano presentó reservas en relación con 13 puntos a lo largo de la Línea Azul, abarcando una superficie de 485,000 metros cuadrados (sin incluir el territorio en el triángulo de fronteras con Siria más allá de la Línea del Armisticio de 1949). Hoy en día, éste sigue siendo el principal punto de discordia entre ambos países. Según los libaneses, estos puntos se desvían de la frontera que se determinó en el Acuerdo de Armisticio de 1949 (véase el mapa del Apéndice A). Estos puntos se han debatido ampliamente a lo largo de los años en los contactos entre las partes en el marco de las reuniones tripartitas y el mecanismo de coordinación establecido por la FPNUL. En varias ocasiones, incluso se ha informado de que han llegado a entendimientos sobre una solución para siete de ellos (aunque no ha habido ningún anuncio oficial de que se hayan resuelto). En julio de 2023, antes del estallido del actual conflicto, el ministro de asuntos exteriores libanés afirmó que, de los 13 puntos en disputa, se había llegado a un acuerdo sobre siete, y que sólo quedaban seis por resolver. Sin embargo, dos meses después, el ejército libanés emitió un comunicado oficial en el que afirmaban que seguía considerando que los 13 eran violaciones cometidas por Israel (los libaneses consideraban que el territorio situado a su lado de la Línea de Armisticio de 1949 y de la Línea Azul ha sido ocupado por Israel) y que no se había concretado nada al respecto. Además, el ejército dijo que los representantes en el mecanismo tripartita de coordinación no tenían autoridad para aprobarlo. Recientemente, en el contexto de las negociaciones, la cuestión volvió a plantearse en una entrevista concedida por Mikati. El 1 de febrero, afirmó que siete de los trece puntos ya se habían resuelto, pero que aún quedaban importantes lagunas en las posiciones de ambas partes respecto a los seis restantes. Cinco días después, el ministro de asuntos exteriores esgrimió un argumento similar.

La siguiente tabla muestra los 13 puntos en disputa, la mayoría de los cuales podrían resolverse con algo de buena voluntad por ambas partes. Al mismo tiempo, una serie de puntos de importancia estratégica serán difíciles de resolver – principalmente el primer punto cercano a la costa en Rosh Hanikra (B1), dada su situación estratégica y su importancia para ambas partes. Esta fue una de las razones por las que Israel exigió en el acuerdo marítimo que se mantuviera el status quo en este punto en particular, que en un principio iba a ser el punto de partida de la demarcación marítima, y que se pospusiera el debate al respecto hasta que tuvieran lugar las negociaciones sobre la frontera terrestre.

Tabla: Reservas libanesas sobre la demarcación de la Línea Azul.
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Según algunos informes recientes, además de los 13 puntos conocidos, Líbano ya ha presentado más violaciones israelíes y ha exigido que Israel se retire de otras 17 zonas más allá de la Línea Azul, algunas de las cuales corresponden con las 13 zonas de contención anteriores. Esto contrasta con la postura declarada recientemente por el primer ministro y el ministro de asuntos exteriores libaneses, que sólo se refirieron a las 13 zonas en disputa. Los detalles de estos puntos, publicados por el periódico Al-Akhbar, afiliado a Hezbolá, figuran en el Apéndice B.

Además de los puntos de contención a lo largo de la frontera entre Israel y Líbano, también hay una serie de puntos importantes en disputa en los Altos del Golán. Los libaneses han reclamado las zonas que Israel arrebató a Siria en 1967 durante la Guerra de los Seis Días, en el triángulo fronterizo entre Israel, Líbano y Siria. Según Beirut, Israel debe devolver estos territorios, que reclama como propios, antes de cualquier resolución del conflicto con Siria, que ha optado por no abortar la cuestión en estos momentos. Para complicar aún más la situación en estas zonas, Israel aprobó en 1981 la Ley de los Altos del Golán, que formalizó el cambio de estatus jurídico de la zona y determino que quedaba bajo la legislación, jurisdicción y autoridad israelí.

Estas disputas constituyen una parte importante de la narrativa de Hezbolá. La organización argumenta que lucha por la liberación de más territorio libanés de la ocupación israelí, al tiempo que exacerba las ya intensas disputas entre Beirut y Jerusalén y las utiliza como parte de su lucha contra Israel. Por lo tanto, no es casualidad que muchos de los ataques de Hezbolá durante los últimos casi cinco meses de combates se haya dirigido también contra las zonas del Monte Dov y las granjas de Shebaa. Se trata de dos zonas principales:

1. La parte norte del pueblo de Ghajar: Líbano reclama la soberanía sobre la parte norte del pueblo, situado en la frontera original entre Siria y Líbano. De hecho, la afirmación del Líbano no es del todo infundada, ya que la Línea Azul atraviesa la aldea, de acuerdo con las conclusiones del año 2000 realizadas por los cartógrafos la ONU, quienes trabajaron según los mapas que tenían en su poder. La parte norte de la aldea, por tanto, está en territorio libanés, aunque fue capturada por las fuerzas israelíes de Siria en 1967 y sus residentes son alauitas. Las quejas libanesas se intensificaron después de septiembre de 2022, cuando Israel levantó una valla al norte del pueblo para impedir las infiltraciones desde Líbano. El levantamiento de esta valla se hizo en coordinación con las IDF, que tuvieron en cuenta el sufrimiento de los residentes por tener su pueblo dividido en dos y de hecho de que la entrada sólo era posible a través de un puesto de control policial y militar fronterizo. El cierre de la aldea por el norte permitió abrirla a los visitantes. Además de la parte norte de la aldea, Líbano también reclama territorio al este de la aldea.
2. Las granjas de Shebaa: Se trata de una zona agrícola despoblada en el Monte Dov (las laderas del Monte Hermón), entre el pueblo de Ghajar y el pueblo libanés de Shebaa (en el triángulo fronterizo), que Beirut reclama su pertenencia. Desde la perspectiva israelí, esta región estratégica es de vital importancia para vigilar una región hostil. Prueba de ello fue en octubre de 2000, cuando tres soldados israelíes fueron secuestrados en una incursión transfronteriza. No es casualidad que el primer ataque de Hezbolá durante el conflicto actual, fuera contra el Monte Dov, que se ha convertido en un objetivo clave en los últimos meses.

En contraste con la postura oficial libanesa, Hezbolá también reclama más territorio israelí, que quiere “liberar de la ocupación”. Hay siete pueblos chiíes en la Alta Galilea que fueron abandonados o evacuados, y luego capturados por Israel durante la Guerra de la Independencia en 1948. Cabe destacar que, en las declaraciones oficiales de Beirut sobre la disputa fronteriza con Israel, no se mencionan estos pueblos. Sin embargo, es probable que, incluso después de que se resuelva la disputa sobre la demarcación fronteriza entre ambos países, Hezbolá siga refiriéndose a estas aldeas como territorio libanés ocupado. Esto forma parte de sus esfuerzos por mantener su estatus de “defensor de Líbano” y lo utilizará para incitar la hostilidad hacia Israel.

Desde la perspectiva israelí, sería un error negociar la demarcación de la frontera bajo fuego. Como se ha mencionado, la cuestión de la demarcación fronteriza ha surgido como parte de los esfuerzos diplomáticos para poner fin a los combates entre Hezbolá e Israel; la parte libanesa (y, al parecer, los mediadores) la plantearon como una de las coas que Israel podría ofrecer para promover un alto al fuego. Sin embargo, dada la escalada continua y la posibilidad de una guerra total, parece que no sería correcto que Israel incluyera las negociaciones sobre la futura frontera terrestre en las conversaciones encaminadas a garantizar un alto al fuego, a pesar de la importancia de una resolución acordada del asunto. Hay varias razones para ello:

 El tiempo: Es probable que las negociaciones sean largas y complejas, dados los profundos desacuerdos existentes, especialmente sobre tres puntos: Rosh Hanikra (B1); la aldea de Ghajar, y el Monte Dov con las granjas del Shebaa. Estas conversaciones no concluirán rápidamente y no conducirán a un alto al fuego a corto plazo, sobre todo teniendo en cuenta que la parte libanesa presenta actualmente una postura especialmente inflexible. Israel, por su parte, está interesado en el cese inmediato de los combates, para que los residentes evacuados del norte puedan regresar a sus hogares lo antes posible. Se supone que este argumento también convenza a los estadounidenses, que también están deseosos de conseguir un alto al fuego cuanto antes y evitar una conflagración regional.
 Un logro para Hezbolá y la pérdida de una moneda de cambio: Si Israel cediera territorio a Líbano – por poco que fuera – como resultado del actual conflicto, aumentaría la sensación de logro de Hezbolá, así como su pretendido estatus de “protector de Líbano”. También reforzaría sus argumentos para seguir siendo una organización armada, en contra de los deseos de los ciudadanos libaneses que quieren que entregue sus armas al ejército libanés. Además, Israel perdería una carta de negociación en las negociaciones previstas sobre la aplicación de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, especialmente en lo que respecta a su deseo de que Hezbolá se retire al norte del Río Litani. Lo mismo puede decirse de una solución parcial, relativa, por ejemplo, a los siete puntos fronterizos sobre lo que existe un acuerdo de principio. Aunque Hezbolá lo presentaría como una “victoria”, los desacuerdos y las razones de la continuación del conflicto seguirían sin abordarse.
 No hay ninguna dirección oficial en el lado libanés con la que Israel pueda firmar ningún acuerdo, dado el vacío político que existe ahí. Desde las últimas elecciones celebradas en Líbano, en mayo de 2022, ha estado en el poder un gobierno de transición y, desde el final del mandato del presidente Michel Aoun, en octubre de 2022, Líbano aún no ha elegido un sustituto. Según la constitución, es el presidente libanés quien tiene autoridad para firmar tales acuerdos; de hecho, fue Aoun quien firmó el acuerdo sobre la frontera marítima con Israel en su último día en el cargo. Del mismo modo, los opositores a cualquier acuerdo con Israel podrían cuestionar la autoridad del actual gobierno interino para entablar negociaciones sobre cualquier asunto con Israel.

En conclusión, alcanzar un acuerdo sobre el trazado de la frontera terrestre entre Israel y Líbano sería un elemento importante para forjar una nueva realidad en la región. Sin embargo, no sería correcto mantener un debate complejo sobre la cuestión, y desde luego no aceptar un acuerdo parcial que incluyera la cesión de territorio por parte de Israel, mientras Hezbolá no haya accedido a cesar los enfrentamientos actuales, que fue quien los inició. Por lo tanto, Israel debe rechazar la inclusión de esta cuestión en los acuerdos preliminares sobre un alto al fuego e insistir en que las negociaciones sobre la demarcación de la frontera terrestre sólo tengan lugar en una fase posterior.

Apéndice A

Mapa de las áreas en disputa de acuerdo al lado libanés
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Apéndice B

Denuncias libanesas de violaciones israelíes a lo largo de la Línea Azul
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Nota: estas son las zonas que Israel ocupa actualmente y que, según los libaneses, violan la Línea Azul. Esta lista fue publicada el 7 de septiembre de 2023 por el periódico Al-Akhbar, afiliado a Hezbolá.

Referencias

[1] “It’s time to talk about the Blue Line: Constructive re-engagement is key to stability,” March 5, 2021, https://unifil.unmissions.org/it%E2%80%99s-time-talk-about-blue-line-constructive-re-engagement-key-stability

[2] Haim Srebro, True and Steady: Mistakes in the Delimitation of the Boundaries of Israel and Their Correction (Tzivonim Publishing, 2022), p. 143.

First published in: INSS Original Source
Orna Mizrahi

Orna Mizrahi

Orna Mizrahi, investigadora principal del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, se unió al INSS en diciembre de 2018, después de una larga carrera en el sistema de seguridad israelí: 26 años en las FDI (teniente coronel retirado) y 12 años en la Seguridad Nacional. Consejo (NSC) en la Oficina del Primer Ministro (sirvió bajo 8 jefes del NSC). En su último cargo (2015-2018) como Asesora Adjunta de Seguridad Nacional para Política Exterior, dirigió la planificación estratégica de política regional e internacional en nombre del NSC para el Primer Ministro y el Gabinete israelí, y fue responsable de preparar los documentos para la Reuniones del Primer Ministro con líderes del ámbito internacional. Durante su servicio en las FDI, se desempeñó como analista de inteligencia en la División de Investigación de Inteligencia Militar y como oficial superior en la División de Planificación Estratégica. Se especializó principalmente en investigación y planificación estratégica sobre temas regionales, con énfasis en los países del primer círculo y el conflicto palestino-israelí. La Sra. Mizrahi tiene una maestría (cum laude) en Historia del Medio Oriente de la Universidad de Tel Aviv y dos licenciaturas. títulos de la Universidad de Tel Aviv: uno en Historia de Medio Oriente y el otro en Historia General y la Biblia (summa cum laude). Participa activamente en Forum Dvorah, que promueve la inclusión de las mujeres en el panorama político y de seguridad.

Stephane Cohen

Stephane Cohen

El teniente coronel (res.) Stéphane Cohen es investigador del INSS - Programa de investigación sobre Siria y Líbano. Criado y endurecido en el campo rural de Borgoña, Francia, Cohen se mudó a Israel a los dieciocho años y ocupó varios puestos de las FDI en la Fuerza Aérea de Israel y la Unidad de Cooperación Internacional. Su último puesto fue el de comandante de la unidad de enlace de las FDI con las fuerzas de la ONU en Siria, Líbano e Israel.Cohen ha recibido múltiples premios por su servicio destacado, incluido el Premio del Presidente del Estado de Israel y la Condecoración por Excelencia de la Fuerza Aérea de Israel. Hasta 2017, Cohen se desempeñó como Director del Programa Diplomático en The Israel Project (TIP), una organización sin fines de lucro con sede en Washington y Jerusalén que proporcionó datos a los responsables políticos, la prensa y el público sobre cuestiones que afectan a Israel y Oriente Medio. Cohen tiene un B.A. en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Abierta de Israel (2011) con honores, una Maestría en Seguridad y Diplomacia de la Universidad de Tel Aviv (2014) y se graduó del Curso de Observadores Militares de la ONU (2006). Cohen ha contribuido a varias publicaciones académicas, incluida la Revista de Asuntos Exteriores de Israel, el Centro Moshe Dayan de Estudios Africanos y de Oriente Medio e IPS, la Revista de Política y Asuntos Estratégicos de IDC.

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