La presidencia de Brasil del BRICS+ rumbo a la cumbre de Río de Janeiro
Brasil está utilizando su presidencia del BRICS+ en 2025 para promover un orden mundial más inclusivo y sostenible, posicionándose como un mediador pragmático para los países en desarrollo y emergentes, y para preservar su independencia en política exterior. Para Europa, esto representa tanto desafíos — debido a la creciente heterogeneidad e independencia del grupo BRICS+ — como oportunidades para establecer una asociación estratégica con Brasil, por ejemplo, a través del acuerdo UE-Mercosur y de proyectos conjuntos en áreas como el clima, la salud y la tecnología. Es fundamental que Europa reconozca a Brasil como un socio en igualdad de condiciones, a fin de establecer normas globales conjuntamente y contribuir activamente a la configuración del orden internacional.
La presidencia brasileña del BRICS+
Con la asunción de la presidencia del BRICS+ en enero de 2025 — la primera tras la expansión de la alianza —, Brasil vuelve a desempeñar un papel clave en el escenario internacional, luego de haber liderado el G20 el año anterior. Bajo el lema “Fortalecer la cooperación en el Sur Global para una gobernanza más inclusiva y sostenible”, Brasil ha establecido prioridades claras: cooperación en salud global, comercio y finanzas, cambio climático, regulación de la inteligencia artificial, construcción de mecanismos multilaterales de paz y desarrollo institucional del bloque BRICS+.
Brasil está impulsando este último punto a través de eventos como el 11° Foro Parlamentario celebrado en Brasilia en junio de 2025, cuyo objetivo fue profundizar el diálogo político, la cooperación parlamentaria y promover la legitimidad democrática del bloque. Entre febrero y julio, la presidencia brasileña organizó una amplia agenda con más de cien reuniones ministeriales y técnicas. Los temas seleccionados reflejan los intereses de numerosos países emergentes y en desarrollo, y demuestran la intención de Brasil de actuar como puente entre el llamado “Sur Global” (término controvertido por su vaguedad y tendencia a la homogeneización) y los países industrializados establecidos.
El pragmatismo en política exterior como tema central
La política exterior de Brasil se ha caracterizado históricamente por el pragmatismo y un claro enfoque en los intereses nacionales. Durante décadas, el país ha seguido una estrategia orientada a preservar la mayor autonomía posible y a no subordinarse a las prioridades de las grandes potencias. Esta actitud se hace particularmente evidente en la actualidad: Brasil no se ha adherido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y votó en contra de la inclusión de Nicaragua y Venezuela a los BRICS. La fuerte dependencia de Brasil respecto a su principal socio comercial, China, también está siendo objeto de una visión crítica en algunos sectores de la política y diplomacia brasileñas. Sin embargo, el gobierno en Brasilia sigue negándose firmemente a ser encasillado o alineado en un bloque fijo, optando en cambio por la flexibilidad y la apertura, una estrategia que le garantiza la máxima libertad de acción. A diferencia de países como México, más estrechamente ligado a EE. UU. por su ubicación geográfica y vínculos económicos, Brasil puede equilibrar su política exterior entre distintos centros de poder y representar sus intereses con autonomía y confianza.
Heterogeneidad y dinámicas de los BRICS+
El grupo BRICS+ está lejos de ser homogéneo. Sus Estados miembros incluyen democracias, autocracias y dictaduras, y mantienen desacuerdos en múltiples temas. Por ejemplo, sobre si BRICS+ debe actuar como una fuerza antioccidental o como una plataforma para un orden mundial reformado y más inclusivo. La negativa del presidente Xi Jinping y del presidente Vladímir Putin a asistir a la cumbre BRICS+ en Río de Janeiro, los días 6 y 7 de julio, pone en evidencia las tensiones internas y la heterogeneidad de esta alianza de Estados.
Mientras que Putin podría participar de manera virtual, en Brasilia se especula sobre las razones de la ausencia de Xi. ¿Está molesto el socio chino por el rechazo de Brasil a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, o le incomoda la participación destacada de India en Río de Janeiro? Voces chinas justifican la ausencia de Xi con el argumento de que ya se ha reunido dos veces con el presidente Lula en menos de un año: una vez en la cumbre del G20 en Brasil en 2024 y más recientemente en la cumbre China-CELAC en Beijing, en mayo. Por su parte, el gobierno egipcio anunció que el presidente El-Sisi no asistirá a la cumbre debido a la situación en Medio Oriente. Otros invitados de alto nivel, como la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, también anunciaron que no viajarán a Río. Aún no se ha confirmado la participación de una delegación iraní.
Por un lado, la ausencia de los dos pesos pesados, Xi y Putin, podría debilitar el atractivo internacional y el peso político del encuentro, ya que la atención mediática y el impacto simbólico de una cumbre de este tipo dependen en gran medida de la presencia de los jefes de Estado. Por otro lado, esta configuración abre nuevos márgenes de maniobra, especialmente para aquellos países que no se alinean claramente con una postura antioccidental — en particular Brasil, India y Sudáfrica —. Estos países podrían aprovechar la oportunidad para establecer sus propias prioridades y promover una orientación más pragmática y abierta de los BRICS+.
Brasil, en particular, que tradicionalmente ha seguido una política exterior pragmática y orientada por sus intereses, se percibe a sí mismo como un mediador que no busca comprometer al bloque en una confrontación con Occidente. Más bien, la diplomacia brasileña busca utilizar a los BRICS+ como una plataforma para reformar el orden internacional sin someterse a las prioridades de ninguna gran potencia en particular. El hecho de que Brasil no se haya unido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China ni haya apoyado el ingreso de Venezuela al grupo BRICS subraya este rumbo independiente y activo de no alineamiento.
Dentro de la política, la academia y la diplomacia brasileñas, se critica cada vez más la creciente heterogeneidad del grupo BRICS+. Aunque la expansión para incluir nuevos miembros como Indonesia y Etiopía ha ampliado su alcance global, también ha agravado los conflictos internos de intereses. En Brasilia hay voces que temen que esta diversidad pueda afectar la cohesión y la capacidad de acción del bloque. Sin embargo, esa misma diversidad también representa una oportunidad para Brasil: ya que le permite destacarse como una fuerza constructiva y promover el diálogo entre diferentes sistemas políticos y económicos. No obstante, es cuestionable si el actual gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) será capaz de aprovechar plenamente esta oportunidad.
Multipolaridad, geografía y nuevas zonas de influencia
El orden mundial multipolar que está emergiendo tras el fin de la dominancia unipolar de Estados Unidos tiende hacia la inestabilidad. Varios centros de poder compiten por influencia, la complejidad de las relaciones internacionales aumenta y el riesgo de conflicto va en ascenso. En este contexto, los BRICS+ también están ganando relevancia. Estamos viviendo una época en la que zonas de influencia — como las que promueven activamente Estados Unidos y Rusia — vuelven a cobrar importancia, ya sea en Europa del Este, Medio Oriente o en América del Norte y del Sur.
En este entorno, Brasil sigue una estrategia de contención (‘hedging’): equilibra hábilmente entre las grandes potencias sin comprometerse con ninguna, lo que le permite preservar su autonomía en política exterior. Un acto de equilibrio que se vuelve cada vez más difícil, como lo demuestran las recurrentes preguntas críticas desde Europa sobre la pertenencia de Brasil a los BRICS+. El pragmatismo diplomático brasileño resulta difícil de conciliar con la visión europea de un orden mundial multilateral basado en valores, y por lo tanto también es difícil de comprender para los europeos.
La ubicación geográfica de Brasil — como la nación más grande de Sudamérica, con acceso al Atlántico y como puente entre el Norte y el Sur — también influye de manera significativa en su postura de política exterior. La geografía desempeña un papel clave para entender ciertas acciones políticas. Su distancia respecto a los centros globales de conflicto permite a Brasil asumir un papel moderado y mediador. Mientras muchos conflictos en otras regiones del mundo están dominados por tensiones geopolíticas, Brasil puede actuar con mayor neutralidad y de manera más constructiva. Su riqueza en materias primas y el potencial asociado, así como su posición geográfica y estratégica particular, convierten a Brasil en un actor importante en la diplomacia internacional y en un socio clave para Europa.
Recursos, narrativas y poder blando
En el siglo XXI, el poder ya no se mide exclusivamente en términos de superioridad militar. Más bien, el acceso a recursos naturales — especialmente tierras raras —, la innovación económica y la capacidad de moldear narrativas globales están en el centro del ejercicio moderno del poder. El poder blando, es decir, la influencia a través de la diplomacia, el intercambio cultural y la construcción estratégica de narrativas, se ha convertido en un instrumento central de la política internacional.
Un ejemplo claro de la importancia del poder blando se evidenció durante la pandemia de COVID-19: China y Rusia utilizaron de forma estratégica la llamada “diplomacia de las vacunas” para ampliar su influencia en América Latina. La alianza de los BRICS también ganó relevancia y se presentó como un símbolo de cooperación en el llamado “Sur Global”. Europa, y también Estados Unidos, en cambio, fueron percibidos en la región, al inicio, como cautelosos y centrados en su propio beneficio. El llamado “nacionalismo de las vacunas” de la Unión Europea al comienzo de la pandemia tuvo un impacto duradero en la confianza de muchos países en la solidaridad europea. Esta experiencia sigue presente en la memoria latinoamericana hoy en día.
Brasil ha logrado avances importantes en la producción local de vacunas en los últimos años y se ha consolidado como un actor regional en el sector de la salud. No obstante, el país aún depende de cadenas de suministro internacionales, especialmente para obtener insumos y tecnologías clave. La apertura hacia China y Rusia en el sector sanitario, como resultado de la diplomacia de las vacunas, ha generado oportunidades adicionales para que estos actores fortalezcan su presencia e influencia tanto en Brasil como en la región.
Oportunidades para una asociación estratégica con Europa
Es precisamente en este contexto que Europa debe buscar nuevas oportunidades para establecer su relación con Brasil sobre una base de asociación sólida y con visión a futuro. La UE cuenta con fortalezas considerables: innovación económica y tecnológica, experiencia diplomática y la capacidad de establecer estándares internacionales. Con la implementación de la Brújula Estratégica (‘Strategic Compass’), la UE ha perfeccionado sus instrumentos de política exterior y se enfoca en cuatro principios rectores: actuar, proteger, invertir y asociarse. Sin embargo, para tener éxito en la competencia global, Europa debe actuar con mayor rapidez y estar dispuesta a tratar a Brasil en condiciones de igualdad y tomarlo en serio como un socio equivalente.
La UE debe aprovechar de forma estratégica sus fortalezas económicas, tecnológicas y diplomáticas para una cooperación sostenible y de largo plazo. Esto incluye la promoción de proyectos conjuntos de investigación, la transferencia de tecnología y ciencia, y el apoyo al desarrollo de capacidades locales de producción, especialmente en el sector salud, pero también en ámbitos como la extracción sostenible de materias primas, la digitalización y la transformación ecológica. Especialmente en un momento en que la fiabilidad de Estados Unidos como socio está siendo cuestionada con argumentos fundados, Europa y Alemania pueden destacarse por su compromiso duradero, transparencia y confiabilidad. Además de la cumbre UE-CELAC en noviembre de 2025, otro instrumento clave sería retomar las consultas bilaterales entre los gobiernos de Alemania y Brasil antes de las elecciones presidenciales y parlamentarias brasileñas del otoño de 2026.
La conclusión del acuerdo UE-Mercosur, la cooperación en energías renovables, el impulso a la agricultura sostenible, el fortalecimiento de la colaboración en la industria de defensa y el diseño mutuo de estándares globales en salud, son áreas en las que Europa y Brasil pueden establecer parámetros conjuntos. Al mismo tiempo, es fundamental que la UE fortalezca su propia seguridad en el acceso a materias primas y garantice el acceso a tecnologías clave y tierras raras, a fin de mantener su capacidad de acción.
A largo plazo, una alianza estrecha con Brasil ofrece a la UE y a Alemania la oportunidad no solo de defender sus intereses económicos, sino también de desarrollar estándares globales de manera conjunta y de contribuir activamente a la configuración, reforma y fortalecimiento del orden internacional basado en normas. Sin embargo, para lograrlo, Europa debe respetar a Brasil como un actor independiente y en igualdad de condiciones, y reconocer y tener en cuenta sus intereses y experiencias particulares. Lo mismo aplica también para la contraparte. Gestos simbólicos como la participación del presidente brasileño Lula en el desfile militar en Moscú el 9 de mayo, con motivo del 80° aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, resultan perjudiciales para la cooperación con Europa. Dificultan una colaboración basada en la confianza y orientada al futuro entre Europa y Brasil, que podría aportar grandes beneficios para ambas partes y contribuir a la estabilidad del orden multilateral mundial.
Perspectivas: la COP30 y la agenda global de Brasil
En noviembre de 2025, Brasil será sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP30, que se celebrará en la región amazónica, en la ciudad de Belém, durante la fase final de su liderazgo bianual. Este evento representa un paso más en el posicionamiento de Brasil como actor global en materia de política climática y ambiental, y como mediador entre el llamado “Sur Global” y los países industrializados. La agenda brasileña se centra en el desarrollo sostenible, la protección de la biodiversidad y la promoción de las energías renovables. Esto refuerza la aspiración de Brasil de asumir responsabilidades no solo a nivel regional, sino también a escala global.
La COP30 ofrece una oportunidad adicional para que Europa y Brasil intensifiquen su cooperación en temas de protección climática y áreas relacionadas, y para que impulsen conjuntamente una agenda hacia un orden mundial más sostenible.
Conclusión
El orden mundial multipolar emergente es más inestable y propenso al conflicto que la etapa unipolar anterior. Brasil actúa con habilidad en medio de las tensiones entre las grandes potencias y utiliza sus recursos y flexibilidad diplomática para salvaguardar sus intereses nacionales. Europa debe reconocer esta realidad y dar forma activamente a su asociación con Brasil en función de sus propios intereses.
La influencia de la alianza de los BRICS+ debe ser vista con objetividad: ni sobreestimada ni subestimada, sino evaluada de manera realista en cuanto a su importancia y potencial. Solo mediante un compromiso estratégico y una dosis de mayor pragmatismo, la UE y Alemania podrán proteger sus intereses y contribuir a la estabilización de un mundo cada vez más fragmentado.
La cumbre de los BRICS+ y la próxima COP30 serán pruebas clave de la capacidad de Brasil y Europa para influir en un nuevo orden mundial complejo y actuar en condiciones de igualdad.
