Blocking the Belt and Road conflicts to contain China letter tiles Chinese Yuan bank notes national flags word map Belt and Road concept

Bloquear la Franja y la Ruta: Activación y desactivación de conflictos para contener a China

Introducción

La competencia geopolítica contemporánea se ha alejado de los paradigmas tradicionales de conflicto militar directo para dar paso a formas más sofisticadas de rivalidad estratégica. En este nuevo escenario, donde las líneas entre la paz y la guerra se difuminan, el control de infraestructuras críticas y rutas comerciales emerge como un elemento fundamental del poder nacional.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) —concebida por Beijing como el proyecto geoeconómico más ambicioso desde el Plan Marshall— busca reconfigurar la arquitectura comercial eurasiática, estableciendo a China como el nodo central de un sistema integrado de conectividad. No obstante, los acontecimientos de 2025 revelan que este proyecto no opera en un vacío estratégico, sino que enfrenta una respuesta coordinada de potencias rivales que han desarrollado estrategias sofisticadas para limitar, fragmentar o condicionar su expansión.

Este artículo examina las estrategias de contención indirecta dirigidas contra la BRI, centrándose en una dimensión particular: el uso deliberado de la activación y desactivación de conflictos como herramienta de bloqueo geoeconómico. Mediante el análisis de dos casos paradigmáticos, se ilustra cómo las potencias rivales pueden emplear métodos geoeconómicos para bloquear, fragmentar o condicionar grandes proyectos de infraestructura mediante la manipulación estratégica de conflictos regionales.

Se examinarán dos eventos aparentemente desconectados, pero estratégicamente vinculados que han redefinido la lucha por el control de las rutas comerciales eurasiáticas. Por una parte, la escalada militar entre India y Pakistán en el sector sur, específicamente en la franja Rajasthan-Sindh-sur de Punjab; por otra, el acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán que revivió el proyecto del corredor Zangezur ahora bajo control estadounidense. Ambos eventos representan manifestaciones concretas de una nueva forma de rivalidad entre grandes potencias centrada en el uso instrumental de conflictos para el bloqueo sistemático de la BRI.

Geoeconomía como escenario de guerra

La geoeconomía, entendida como disciplina analítica, estudia de qué manera los factores geográficos, económicos y políticos se entrelazan para determinar el poder relativo de los estados en el sistema internacional. Dentro de este marco, las infraestructuras de conectividad trascienden su naturaleza técnica o comercial para convertirse en activos estratégicos capaces de alterar el equilibrio regional de poder.

La BRI representa, en su esencia, un intento chino por crear una red de dependencias económicas que le permita proyectar influencia política a lo largo de Eurasia. Esta red incluye corredores terrestres y marítimos que conectan Asia Oriental con Europa, África y el Medio Oriente, estableciendo a China como el nodo central de un sistema comercial integrado. Sin embargo, la naturaleza interconectada de este sistema también crea vulnerabilidades específicas: la interrupción de segmentos críticos puede generar efectos en cascada que comprometan la funcionalidad del conjunto.

Las estrategias de contención, entonces, no necesitan desmantelar completamente la BRI para ser efectivas. Basta con introducir puntos de fricción, incertidumbre o control externo en segmentos clave para alterar los cálculos costo-beneficio de los participantes y reducir el atractivo del sistema chino. Esta lógica de “bloqueo selectivo” permite a las potencias rivales ejercer una influencia desproporcionada con recursos limitados.

En este contexto, la activación y desactivación estratégica de conflictos emerge como una herramienta particularmente refinada. A diferencia del bloqueo directo —que requiere presencia militar permanente y genera costos políticos significativos—, la manipulación de conflictos permite introducir inestabilidad de manera indirecta, aprovechando tensiones preexistentes para generar disrupciones en corredores críticos de la BRI.

De este modo, la simultaneidad temporal de la crisis indo-pakistaní y la resolución del conflicto del Cáucaso no constituye una coincidencia geopolítica, sino la manifestación de una estrategia deliberada de contención geoeconómica que utiliza la activación y desactivación selectiva de conflictos para bloquear los pilares fundamentales de la BRI.

Caso 1: Activación del conflicto indo-pakistaní

El Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) constituye el proyecto ‘flagship’ de la BRI en Asia Meridional. Con una inversión estimada superior a los 60,000 millones de dólares, el CPEC busca conectar la región china de Xinjiang con el puerto de Gwadar en el mar Arábigo, proporcionando a China una ruta comercial alternativa que evite los estrechos estratégicos controlados por potencias marítimas rivales.

La vulnerabilidad fundamental del CPEC radica en su dependencia de la estabilidad territorial de Pakistán, particularmente en las provincias meridionales donde se concentran tanto las infraestructuras críticas como los recursos energéticos que sustentan el proyecto. Aquí es donde la estrategia de activación de conflictos adquiere su máxima expresión.

A partir de la escalada registrada en mayo de 2025, analistas de inteligencia consideran que el timing y la intensidad de la crisis indo-pakistaní sugieren una activación deliberada de tensiones preexistentes con objetivos geoeconómicos específicos. El impacto de una hipotética incursión india en la franja Rajasthan-Sindh-sur de Punjab no buscaría necesariamente la ocupación permanente de territorio pakistaní, sino la demostración de capacidad para interrumpir la continuidad territorial del corredor.

Esta estrategia de interdicción mediante activación de conflictos opera en múltiples dimensiones simultáneas. En el plano físico, el control temporal de esta franja cortaría efectivamente la conexión entre el sur de Pakistán y las rutas hacia China, forzando costosos desvíos o la suspensión temporal de operaciones. En el plano económico, la mera amenaza de interrupción aumentaría significativamente los costos de seguridad y seguro para las inversiones chinas, reduciendo la rentabilidad proyectada del corredor.

Más importante aún, en el plano psicológico, una demostración exitosa de capacidad de interdicción mediante escalada controlada generaría incertidumbre duradera sobre la seguridad de las inversiones chinas en la región. Esta incertidumbre no se limitaría al CPEC, sino que se extendería a otros proyectos de la BRI que dependen de la estabilidad de socios estratégicos. El mensaje implícito resulta claro: China no puede garantizar la seguridad de sus corredores comerciales frente a la activación estratégica de conflictos por parte de potencias rivales.

La dimensión temporal de esta estrategia resulta particularmente sofisticada. La activación de conflictos permite generar disrupciones inmediatas en el funcionamiento de los corredores, mientras que su eventual desactivación —una vez alcanzados los objetivos estratégicos— permite evitar los costos a largo plazo de un conflicto prolongado. Esta modulación de la intensidad del conflicto convierte a las tensiones regionales en instrumentos precisos de política geoeconómica.

El acceso a las reservas de hidrocarburos del sureste de Sindh añadiría una dimensión adicional a esta estrategia de activación. Al controlar temporalmente estos recursos durante periodos de escalada, India no solo obtendría beneficios económicos directos, sino que negaría a Pakistán y China ingresos que podrían utilizarse para financiar y expandir el CPEC. Esta lógica de “negación de recursos mediante conflicto” resulta particularmente efectiva en proyectos de infraestructura que requieren flujos de ingresos sostenidos para justificar las inversiones iniciales.

Caso 2: Desactivación del conflicto armenio-azerbaiyano

El segundo caso ilustra la cara complementaria de esta estrategia: el uso de la desactivación de conflictos como mecanismo para obtener control sobre infraestructuras críticas. El corredor Zangezur, renombrado como “Corredor de Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional” (TRIPP), representa un ejemplo paradigmático de cómo una potencia puede insertar puntos de control en redes de conectividad a través de la resolución instrumental de conflictos.

En agosto de 2025, la mediación estadounidense en el conflicto armenio-azerbaiyano le permitió a Washington obtener derechos exclusivos de desarrollo sobre este corredor por 99 años, transformando lo que podría haber sido un componente de la BRI en un activo bajo control occidental. Esta maniobra resulta particularmente ingeniosa porque utiliza la resolución de conflictos —aparentemente un bien público internacional— como vehículo para objetivos geoeconómicos más amplios.

La estrategia de desactivación de conflictos opera bajo una lógica diferente pero complementaria a la activación. Mientras que la activación busca generar disrupciones inmediatas en corredores existentes, la desactivación permite obtener control duradero sobre segmentos críticos de la red de conectividad mediante el establecimiento de nuevos marcos contractuales y regulatorios que emergen del proceso de paz.

El TRIPP ocupa una posición estratégica crucial en la red de conectividad eurasiática. Como parte del Corredor Transcaspiano (‘Middle Corridor’), proporciona una ruta terrestre directa entre Asia Central y Europa que evita tanto Rusia como Irán. Para China, este corredor representaba una alternativa vital para reducir su dependencia de rutas controladas por potencias rivales. No obstante, al asegurar el control contractual del segmento TRIPP mediante la desactivación instrumental del conflicto, Estados Unidos introdujo un “cuello de botella” estratégico en medio de esta red.

La efectividad de esta estrategia radica en su capacidad para condicionar el uso del corredor sin necesidad de prohibirlo explícitamente. Washington puede emplear una variedad de instrumentos regulatorios, tarifarios y de seguridad para encarecer o complicar el tránsito de mercancías chinas, haciendo menos atractiva la ruta para comerciantes e inversores. Esta forma de “fricción administrativa” puede resultar tan efectiva como el bloqueo físico, pero con menores costos políticos y riesgos de escalada.

Además, el control del TRIPP permite a Estados Unidos modular su política hacia la BRI según sus necesidades estratégicas más amplias. Durante momentos de tensión bilateral, puede aumentar las restricciones sobre el corredor como forma de presión. En períodos de distensión, puede relajar estas medidas como gesto de buena voluntad. Esta flexibilidad convierte al corredor en un instrumento de negociación permanente en las relaciones sino-estadounidenses.

Lógica Integrada: activación y desactivación de conflictos como sistema de contención

La verdadera sofisticación de los casos analizados queda clara cuando se comprende que la activación y desactivación de conflictos no son tácticas aisladas, sino componentes de un sistema integrado de contención geoeconómica. La efectividad de cada elemento se potencia cuando opera en coordinación con el otro, creando una dinámica que maximiza la presión sobre la BRI mientras minimiza los costos para los implementadores.

La activación de conflictos genera disrupciones inmediatas y aumenta la percepción de riesgo asociada con los proyectos chinos. Simultáneamente, la desactivación selectiva de otros conflictos permite a las potencias rivales establecer marcos de control alternativos que canalizan los flujos comerciales hacia sistemas bajo su influencia. Esta combinación crea un efecto de “empujar y atraer”: empujar el comercio lejos de rutas controladas por China mediante la generación de inestabilidad, mientras se atrae hacia alternativas controladas por potencias rivales mediante la creación de estabilidad selectiva.

La dimensión temporal de esta estrategia integrada resulta crucial para su efectividad. Los ciclos de activación y desactivación pueden calibrarse para maximizar el impacto sobre los cálculos de inversión de largo plazo, generando suficiente incertidumbre para desalentar compromisos futuros sin crear niveles de inestabilidad que perjudiquen los intereses más amplios de las potencias implementadoras.

Dinámicas sistémicas

Las estrategias de activación y desactivación de conflictos trascienden sus objetivos tácticos inmediatos para generar efectos sistémicos más amplios sobre la BRI y la competencia geopolítica global. Estos efectos operan en múltiples niveles y escalas temporales, creando dinámicas que pueden alterar fundamentalmente los cálculos estratégicos de todos los actores involucrados.

En primer lugar, estas estrategias introducen un elemento de incertidumbre estructural más profundo que las formas convencionales de interferencia. Mientras que el bloqueo directo o las sanciones son predecibles en su aplicación, la manipulación de conflictos introduce elementos de volatilidad que son más difíciles de anticipar y mitigar. La conectividad internacional depende de la previsibilidad y confiabilidad de las rutas comerciales, pero cuando estas rutas quedan sujetas a la dinámica impredecible de conflictos activados estratégicamente, se erosiona la confianza de inversores y comerciantes en el sistema como conjunto.

En segundo lugar, la alternancia entre activación y desactivación crea un patrón de inestabilidad cíclica que complica la planificación a largo plazo. Los inversores deben considerar no solo el estado actual de estabilidad en una región, sino también la probabilidad de que conflictos latentes sean activados en el futuro para objetivos geoeconómicos. Esta consideración adicional se traduce en demandas por mayores rendimientos para compensar el riesgo percibido, aumentando el costo de capital para proyectos futuros de la BRI.

En tercer lugar, la estrategia de activación y desactivación puede generar efectos de demostración que influyen en las percepciones de terceros países sobre la viabilidad de la BRI. Cuando estos países observan que potencias medias pueden interrumpir efectivamente segmentos del sistema chino mediante la manipulación de conflictos locales, pueden sentirse empoderados para adoptar posturas más asertivas en sus propias negociaciones con Beijing. Esta dinámica puede erosionar gradualmente la posición de China como socio preferido en proyectos de infraestructura.

Por último, estas estrategias crean precedentes peligrosos para la estabilidad del sistema internacional. Si la activación y desactivación de conflictos se normaliza como herramienta de competencia geoeconómica, otros actores pueden adoptar tácticas similares, creando un entorno global más volátil e impredecible.

Contra estrategias de China

Las estrategias de activación y desactivación de conflictos no operan en un vacío estratégico, sino que generan respuestas adaptativas por parte de China que pueden alterar su efectividad a largo plazo. Beijing ha desarrollado una variedad de contra estrategias diseñadas específicamente para reducir la vulnerabilidad de la BRI ante este tipo de interferencia indirecta.

Una de las respuestas más importantes ha sido el desarrollo de capacidades de mediación y prevención de conflictos. Reconociendo que muchos de los conflictos que pueden ser activados estratégicamente tienen raíces en disputas genuinas no resueltas, China ha expandido significativamente su participación en mediación internacional. Esta estrategia busca abordar las causas subyacentes de inestabilidad que pueden ser explotadas por potencias rivales.

Paralelamente, Beijing ha intensificado sus esfuerzos por crear sistemas de alerta temprana que le permitan anticipar la activación inminente de conflictos en regiones críticas para la BRI. Estos sistemas combinan inteligencia tradicional con análisis de big data y modelamiento predictivo para identificar patrones que sugieran la manipulación externa de tensiones locales.

China también ha diversificado geográficamente rutas y corredores de manera más sistemática, desarrollando múltiples caminos hacia los mismos destinos para reducir su dependencia de cualquier segmento individual de la red. Esta estrategia de “redundancia planificada” aumenta los costos del sistema, pero también aumenta su resiliencia ante bloqueos selectivos generados por conflictos activados.

Una tercera línea de respuesta ha sido el desarrollo de instrumentos financieros y de seguro especializados para proyectos en regiones de alto riesgo. Estos instrumentos permiten a China mantener la viabilidad económica de proyectos BRI aun en entornos de mayor inestabilidad, reduciendo el impacto de las estrategias de activación de conflictos.

Proyecciones Futuras

El análisis de las estrategias de activación y desactivación de conflictos dirigidas contra la BRI revela la creciente sofisticación de la competencia geopolítica contemporánea. Los casos examinados demuestran que las potencias rivales han desarrollado métodos efectivos para condicionar, fragmentar o interrumpir grandes proyectos de infraestructura sin recurrir a la confrontación militar directa, utilizando en cambio la manipulación estratégica de conflictos como herramienta de contención.

Estas estrategias representan una evolución de las formas tradicionales de contención que opera en el dominio geoeconómico, utilizando la interdependencia de los sistemas de conectividad y la vulnerabilidad de estos sistemas ante la inestabilidad regional como vector de influencia estratégica. Su efectividad radica no necesariamente en su capacidad para desmantelar completamente la BRI, sino en su habilidad para introducir fricciones cíclicas e incertidumbres estructurales que reducen el atractivo del sistema chino.

No obstante, la naturaleza adaptativa de la competencia geopolítica sugiere que estas estrategias de activación y desactivación generarán respuestas y contra respuestas que alterarán continuamente el equilibrio de ventajas. La capacidad de China para desarrollar alternativas y redundancias, combinada con sus crecientes capacidades de mediación y prevención de conflictos, puede eventualmente limitar la efectividad de estas tácticas de contención.

En el largo plazo, la competencia en torno a la BRI probablemente evolucionará hacia formas aún más sofisticadas de rivalidad geoeconómica, donde la capacidad para crear, controlar y proteger redes de conectividad —así como para manipular o resolver los conflictos que las afectan— se convertirá en una medida fundamental del poder nacional. Esta dinámica tendrá implicaciones profundas no solo para los protagonistas, sino para el conjunto del sistema internacional, que deberá adaptarse a una era donde la activación y desactivación estratégica de conflictos ha emergido como herramienta central de la competencia entre grandes potencias.

La sofisticación creciente de estas estrategias sugiere que el futuro de la competencia geopolítica se caracterizará por una mayor instrumentalización de conflictos regionales para objetivos geoeconómicos globales, creando nuevos desafíos para la estabilidad internacional y requiriendo el desarrollo de marcos normativos e institucionales adaptados a esta nueva realidad.

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Referencias
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First published in: World & New World Journal
Alonso Ronald Ortiz García

Alonso Ronald Ortiz García

Alonso Ronald Ortiz García es internacionalista y analista geopolítico. Es licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) y actualmente es candidato a Doctor en Políticas Públicas en el Centro de Investigación, Docencia y Análisis de Política Pública (CIDAPP). Ha complementado su formación académica con especializaciones en la Universidad de Cádiz, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Con experiencia profesional en administración pública, se ha especializado en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. Actualmente es profesor universitario en la Universidad Modelo en Mérida, Yucatán, México, y promueve activamente el estudio y la difusión de las Relaciones Internacionales y las Políticas Públicas en diversos foros académicos y medios de comunicación.

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