China Advances US Retreat Latin America Start US dollar and Chinese yuan on the map of Brazil. Economic competition between the China and USA in Latin America countries

China avanza y Estados Unidos retrocede en América Latina y el Caribe

La reunión de los BRICS en Río los días 6 y 7 de julio ofrece una imagen de la competencia entre grandes potencias — China y Estados Unidos — en distintas regiones del mundo, incluida América Latina. China se ha convertido en el mayor socio comercial de muchos países latinoamericanos, invirtiendo fuertemente en infraestructura y forjando alianzas políticas que refuerzan sus objetivos estratégicos. Por su parte, la administración de Trump de Estados Unidos emitió un comunicado advirtiendo que los países participantes enfrentarían un aumento de aranceles. Esta declaración representa una continuación del ejercicio y afirmación de su autoridad tanto en el siglo pasado como en el actual.

El posicionamiento de varios miembros del grupo BRICS y países participantes resulta especialmente revelador sobre lo que implica la competencia entre grandes potencias tanto en la región como a nivel global. Lula, presidente de Brasil, fue el anfitrión de la reunión con el objetivo de mostrar el liderazgo de su política exterior, sin necesariamente antagonizar con Occidente. Rusia sigue enfrascada en la guerra en Ucrania, y Putin solo participó de forma virtual. Modi de la India estuvo presente, al igual que Ramaphosa de Sudáfrica.

Llamó la atención la ausencia de Xi Jinping, aunque el premier Li Qiang asistió. Más allá del núcleo duro de los BRICS, otros países también aprovecharon para promover sus intereses. Irán, que se sumó al grupo en 2024, envió una delegación a nivel ministerial para rechazar los recientes ataques a su territorio.

Mientras Estados Unidos parece estar retirándose de su rol tradicional de liderazgo global, China está aprovechando la oportunidad para expandir su influencia y redefinir la dinámica mundial. A través de políticas de desarrollo impulsadas por el Estado y un compromiso internacional activo, Pekín se ha posicionado como un actor central en el Sur Global, extendiendo su alcance más allá de Asia hacia regiones como África y América Latina.

La creciente presencia de China en la región ha sido impulsada principalmente por la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) y por un aumento considerable en el volumen del comercio, lo que ha transformado el panorama económico regional. Muchos expertos destacan el uso que hace China de la “diplomacia de la infraestructura” — financiando proyectos estratégicos y ambiciosos a lo largo de la región — como un factor clave en este ascenso.

Las cifras cuentan una historia contundente. Datos comerciales del Banco Mundial (Gráfico 1) muestran que, en la última década, China ha superado a Estados Unidos como principal socio comercial de gran parte de América Latina, alterando una dinámica que se mantenía desde principios de los años 2000.

Más allá del comercio, la influencia de China se profundiza a través de los 22 países de América Latina y el Caribe que se han adherido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Se han canalizado préstamos chinos para financiar grandes proyectos de energía, infraestructura y desarrollo que han reconfigurado las economías locales.

El impulso de China no es solamente económico; también es político. Pekín ha tomado medidas para fortalecer los lazos culturales, aumentar los intercambios académicos y fomentar el turismo en América Latina, incluyendo la eliminación de requisitos de visa para viajeros de algunos países. Este enfoque multifacético refleja la combinación pragmática de intereses económicos y diplomacia estratégica de China en su intento por asegurar recursos, expandir mercados y reforzar su estatus global.

Por otro lado, Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo un aliado estratégico y un socio comercial clave para América Latina. Agencias como USAID han canalizado millones de dólares hacia iniciativas económicas y militares en toda la región. Con los recientes cambios en la política de ayuda, migratoria y arancelaria, el reajuste de la política exterior de Washington está transformando el equilibrio geopolítico en América Latina y el Caribe.

A medida que ambas potencias despliegan sus estrategias — desde el fortalecimiento de lazos económicos hasta la defensa de sus intereses nacionales —, las decisiones de los Estados latinoamericanos siguen siendo fundamentales para definir su alineamiento con las potencias globales. El desenlace aún está por verse, pero algo es claro: el poder en la región se está renegociando activamente.

Los enfoques divergentes de China y Estados Unidos han preparado el escenario para una reconfiguración más amplia del poder en América Latina y el Caribe. Sin embargo, es esencial reconocer que las decisiones y políticas internas de cada país también juegan un papel crítico en la configuración de este panorama cambiante. Colombia es un claro ejemplo. Históricamente ha mantenido estrechos lazos diplomáticos con Estados Unidos, manteniendo a China a cierta distancia.

A diferencia de países como Brasil, Argentina y Perú, Colombia ha recibido relativamente poca inversión en infraestructura por parte de China. No obstante, con la elección de Gustavo Petro — el primer presidente de izquierda en la historia del país —, Colombia ha dado pasos decisivos para fortalecer su relación con China, lo que representa nuevos desafíos para que Estados Unidos mantenga su presencia estratégica en el país. Observamos — tanto en dimensiones políticas como económicas — que los cambios en la estrategia china, combinados con las políticas internas de Colombia, han reducido la dependencia del país respecto a Estados Unidos, mientras crece su interés por integrarse con China.

Políticamente, Colombia y Estados Unidos han mantenido durante mucho tiempo una sólida relación diplomática, reflejada en su membresía compartida en organizaciones internacionales, diálogos de alto nivel y múltiples acuerdos bilaterales. Sin embargo, en los últimos años han surgido tensiones diplomáticas. Disputas entre ambos líderes, el cambio de rumbo de USAID y una caída significativa en nuevos acuerdos bilaterales durante los últimos cuatro años han contribuido a un giro en esta asociación tradicionalmente estable.

En este contexto, los lazos diplomáticos entre China y Colombia se han fortalecido. Solo en 2023, ambos países firmaron 12 acuerdos de cooperación en comercio, tecnología y desarrollo económico, elevaron su relación a una asociación estratégica y Colombia ingresó a la Iniciativa de la Franja y la Ruta durante el Foro China–CELAC celebrado en mayo. Unas semanas después, Colombia también se unió al Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS.

Económicamente, Estados Unidos ha sido tradicionalmente el principal socio comercial de Colombia, respaldado por un tratado de libre comercio e importantes inversiones. Sin embargo, en los últimos años, la participación de Estados Unidos en el comercio ha disminuido de forma constante, mientras que la presencia de China ha crecido (ver figura 1). Aunque no existe un acuerdo comercial formal, los vínculos se han fortalecido durante el actual gobierno, incluyendo la apertura de una ruta comercial entre Buenaventura y Shanghái en 2025.

Además, la “diplomacia de la infraestructura” de China ha crecido significativamente: más de 100 empresas chinas operan actualmente en Colombia, y están en marcha proyectos de infraestructura de gran envergadura como la Línea 1 del Metro de Bogotá y el Regiotram, junto con inversiones en movilidad, tecnología y salud.

América Latina, y Colombia en particular, se encuentra en el centro de una competencia geopolítica, en la que China despliega inversiones calculadas y Estados Unidos ajusta su política exterior. Mientras Pekín aprovecha el comercio, la infraestructura y la diplomacia cultural para expandir su influencia, la reorientación de Washington abre espacio para nuevas alianzas y oportunidades.

Nuestro análisis demuestra que la reconfiguración del poder no es solo el resultado de una rivalidad externa, sino que está impulsada por las decisiones que toma cada país latinoamericano. Como lo muestra el caso colombiano, el destino de la región no depende únicamente de las superpotencias globales, sino también de sus propias decisiones y desarrollos políticos internos. Los próximos años pondrán a prueba la forma en que América Latina enfrenta estos cambios.

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Notas
Aviso legal Este artículo fue posible en parte gracias a una beca de la Carnegie Corporation de Nueva York (G-PS-24-62004, Small State Statecraft and Realignment). Las declaraciones realizadas y las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de los autores. El trabajo original está bajo la Licencia Internacional Creative Commons Attribution-No Comercial 4.0 (CC BY-NC 4.0): https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/
First published in: E-International Relations Original Source
Hyeran Jo

Hyeran Jo

Hyeran Jo es Profesora Asociada, Directora de Estudios de Posgrado y Becaria EDGES (2024-2027) en la Universidad Texas A&M. Estudia instituciones internacionales, derecho internacional y economía política internacional. Su investigación se centra en el funcionamiento de las organizaciones internacionales, el diseño de normas y acuerdos internacionales, y la cuestión del cumplimiento del derecho internacional por parte de actores no estatales. Imparte cursos de relaciones internacionales y diseño de investigación.

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Nathalie Mendez

Nathalie Méndez es Profesora Asociada y Directora de la Maestría en Gestión Pública de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo de la Universidad de los Andes, Colombia. Sus principales áreas de investigación son la Gestión Pública, la Gobernanza Colaborativa, el Liderazgo, la Política Latinoamericana, la Descentralización y la Administración Pública. Utiliza estrategias de diseño de investigación con métodos mixtos, incluyendo técnicas cualitativas y cuantitativas, para realizar investigaciones e intervenciones públicas y privadas.

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