La partición de la India británica en 1947 dio origen a dos Estados soberanos, India y Pakistán, que heredaron legados coloniales similares, pero desarrollaron trayectorias de política exterior marcadamente divergentes. Estas diferencias no fueron puramente estratégicas, sino que se enraizaron en la manera en que cada Estado interpretó su condición poscolonial. Mientras India adoptó una política de no alineación para proteger su soberanía en un mundo bipolar, Pakistán se alineó tempranamente con las potencias occidentales, priorizando la seguridad por encima de la autonomía. Estas decisiones, impulsadas por inseguridades internas, traumas históricos y visiones de liderazgo, moldearon sus relaciones globales durante décadas. Este trabajo sostiene que las experiencias poscoloniales de ambos países influyeron profundamente en sus políticas exteriores: India buscó la autonomía estratégica y la proyección de poder blando, mientras Pakistán adoptó alineamientos basados en la dependencia, guiados por instintos de supervivencia e inseguridad regional.
Poscolonialismo e identidad de política exterior
El poscolonialismo se refiere a la condición de los Estados que han emergido del yugo del dominio colonial y están trazando su camino hacia la formación de una identidad independiente, tanto en el ámbito interno como en el global. Es un proceso político, cultural y psicológico que implica reafirmar la autonomía después de años de sometimiento (Cvetanovska et al., 2016).
Para la India, la diplomacia poscolonial fue una herramienta para construir una identidad independiente, distinta de la de los antiguos colonizadores y de las superpotencias de la Guerra Fría. La defensa de Nehru del Movimiento de Países No Alineados (MNA) en la década de 1950 estaba profundamente arraigada en el ethos poscolonial de la India: resistir la dominación, el militarismo y la dependencia de Occidente (IRJSSH, 2024).
La trayectoria poscolonial de Pakistán fue marcadamente diferente. El trauma de la partición, que incluyó una violencia generalizada y la pérdida de territorio, fomentó un intenso sentido de vulnerabilidad. Carente de fortaleza económica y rodeado de lo que percibía como hostilidades — particularmente la India —, el liderazgo pakistaní buscó rápidamente patrocinadores externos, considerando la alineación como esencial para su supervivencia. En 1954, Pakistán se unió a la Organización del Tratado del Sureste Asiático (SEATO) y posteriormente a la Organización del Tratado Central (CENTO), recibiendo a cambio una ayuda sustancial de Estados Unidos (Ahmar, 2024). Esta temprana dependencia de las potencias occidentales moldeó la política exterior de Pakistán en torno a garantías de seguridad externas más que a una diplomacia autónoma.
La evolución de la política exterior de la India
La política exterior de la India ha evolucionado a lo largo de tres grandes fases:
1. No alineamiento idealista (1947–1971)
2. Equilibrio pragmático (1971–1991)
3. Multialineamiento con autonomía estratégica (1991–presente)
En sus primeros años, la India buscó desempeñar un papel de liderazgo moral entre las naciones descolonizadas, promoviendo la paz, la no intervención y la cooperación Sur-Sur. El papel de Nehru en la creación del Movimiento de Países No Alineados en 1961 subrayó el deseo de la India de mantenerse al margen de las dicotomías de la Guerra Fría y forjar un lugar propio en el escenario mundial (Taneja, 2019).
Sin embargo, la guerra fronteriza de 1962 con China reveló las limitaciones del idealismo. Esta derrota militar llevó a una reconsideración de la política exterior, dando paso a vínculos más estrechos con la Unión Soviética. Para 1971, la India había firmado el Tratado Indo-Soviético de Paz, Amistad y Cooperación, lo que marcó una alineación parcial destinada a proteger los intereses regionales, especialmente mientras apoyaba la liberación de Bangladés (Ahmar, 2024).
La liberalización económica de 1991 representó un punto de inflexión. Con la apertura de su economía a los mercados globales, la política exterior comenzó a priorizar el comercio, la inversión y las asociaciones estratégicas. La India lanzó la política de “Mirar hacia el Este” (‘Look East’), hoy conocida como “Actuar hacia el Este” (‘Act East’), para fortalecer los lazos con la ASEAN y las potencias del Este Asiático. Al mismo tiempo, la India cultivó relaciones sólidas con Estados Unidos, particularmente en materia de defensa, cooperación nuclear y transferencia tecnológica (IRJSSH, 2024).
Bajo el liderazgo del primer ministro Narendra Modi, la India ha ampliado aún más su presencia global mediante su participación en plataformas multilaterales como el QUAD, los BRICS, el G20 y la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái). También ha invertido en diplomacia de poder blando, promoviendo el yoga, Bollywood y la educación superior como exportaciones culturales. La campaña de la India por un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y su presidencia del G20 en 2023 reflejan su aspiración de consolidarse como una potencia global de primer orden.
La diplomacia orientada a la seguridad de Pakistán
A diferencia de la política centrada en la autonomía de la India, la política exterior de Pakistán ha estado anclada en alianzas estratégicas, impulsadas principalmente por ansiedades en torno a la seguridad regional. Sus primeras alianzas durante la Guerra Fría con Estados Unidos le proporcionaron apoyo militar y económico, incluyendo armas, ayuda y financiamiento para el desarrollo. Sin embargo, estos beneficios tuvieron el costo de una menor flexibilidad diplomática. Pakistán se convirtió en parte de la estrategia estadounidense de contención, más que en una voz de solidaridad poscolonial (Ahmar, 2024).
Durante la década de 1970, Zulfikar Ali Bhutto intentó diversificar los vínculos exteriores mediante la cooperación con China y los Estados islámicos. No obstante, Pakistán continuó enredado en la política de las grandes potencias. La invasión soviética de Afganistán en 1979 marcó otro punto de inflexión: Pakistán se transformó en un Estado de primera línea en la resistencia respaldada por Estados Unidos, suministrando armas y entrenamiento a los muyahidines. Si bien esto le otorgó relevancia geopolítica y ayuda en el corto plazo, también sembró las semillas del extremismo militante que más tarde desestabilizó la región (The Guardian, 2025).
En la era posterior al 11 de septiembre, Pakistán volvió a alinearse con Estados Unidos como un aliado clave en la Guerra contra el Terrorismo, recibiendo miles de millones en ayuda. Sin embargo, la desconfianza sobre su compromiso con la lucha antiterrorista provocó tensiones en la relación bilateral. Más recientemente, Pakistán ha fortalecido sus lazos con China a través del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), una iniciativa multimillonaria dentro de la Franja y la Ruta (IFR). El CPEC ha transformado la infraestructura y el acceso a la energía del país, pero ha generado preocupaciones por el aumento de la deuda y la pérdida de independencia estratégica (Financial Times, 2025).
Al mismo tiempo, Pakistán ha dependido en gran medida de los Estados del Golfo, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, para obtener rescates financieros. Sin embargo, su énfasis en la solidaridad islámica no siempre se ha traducido en apoyo diplomático, especialmente en el tema de Cachemira, donde los intereses económicos han comenzado a prevalecer sobre los lazos religiosos o ideológicos (Economic Times, 2025).
Análisis comparativo
Aunque nacidas del mismo vientre colonial, India y Pakistán siguieron caminos radicalmente diferentes en sus relaciones exteriores. El enfoque estratégico de la India ha evolucionado desde el idealismo nehruviano hasta el multialineamiento pragmático de Modi, lo que le ha permitido mantener relaciones simultáneas con Estados Unidos, Rusia y China. La India ha fortalecido su posición global mediante la diplomacia económica y el poder blando, invirtiendo en comercio, cultura y multilateralismo (IRJSSH, 2024).
Pakistán, por su parte, ha permanecido atrapado en un patrón de dependencia, alternando entre grandes potencias para satisfacer sus necesidades de seguridad y economía. Sus alianzas han sido, con frecuencia, transaccionales y orientadas a la seguridad, generando beneficios a corto plazo, pero vulnerabilidades a largo plazo. Esta dependencia del apoyo externo ha limitado la capacidad de Pakistán para definir y sostener una agenda de política exterior verdaderamente independiente (Cvetanovska et al., 2016).
El poder blando de la India y sus redes de diáspora han contribuido significativamente a mejorar su imagen global, mientras que las relaciones exteriores de Pakistán han sido más estrechas y reactivas. Además, la estrategia diplomática diversificada de la India le ha permitido ganar influencia global a pesar de las tensiones regionales, mientras que el enfoque diplomático más limitado de Pakistán ha restringido su capacidad para proyectarse más allá de sus aliados tradicionales.
Conclusión
Las políticas exteriores de India y Pakistán reflejan no solo sus cálculos estratégicos inmediatos, sino también la forma en que cada país internalizó su legado poscolonial. La India transformó su trauma colonial en una búsqueda de autonomía y liderazgo dentro del Sur Global. Su política exterior maduró del idealismo al realismo, culminando en una flexibilidad estratégica y una activa participación en los asuntos globales. En cambio, el camino de Pakistán estuvo marcado por una inseguridad existencial, que lo llevó a desarrollar una política exterior centrada en alianzas orientadas a la supervivencia.
Esta perspectiva comparativa revela las consecuencias a largo plazo de las decisiones tomadas en los primeros años poscoloniales. La política exterior de la India se ha vuelto más autosuficiente y global, mientras que Pakistán sigue siendo vulnerable a la dependencia, la volatilidad y la limitación diplomática. Comprender estas trayectorias divergentes es esencial para entender las tensiones persistentes en el subcontinente y el papel futuro de cada Estado en el escenario internacional.
